martes, 18 de abril de 2017

Las cicatrices en la cabeza..

Abdúla aparece periódicamente en casa para ayudarme en las labores de casa. Esta mañana ha llegado con la cabeza totalmente rapada, le digo que se diese la vuelta para verlo por detrás y  esa parte del cráneo la tiene llena de cicatrices.

Me ha llegado el recuerdo de cuando los beninerillos nos citábamos en los alrededores de donde estaban las escuelas para jugar a aquellos juegos de antaño que también describe en su poesía un paisano (más o menos de mi misma edad) bajo el seudónimo de “el diablo”.  
Como norma, no en todas las ocasiones, pero sí en muchas, siempre se terminaba la reunión con un imberbe corriendo y una lluvia de piedras le perseguía hasta la entrada del pueblo. Por supuesto que no siempre le tocaba al mismo ni aquellas heridas eran mostradas pensando que lo acontecido que si se detallaban las razones de las pedradas a algun miembro de la familia podría ser peor. Las rotaciones del apedreado eran inevitables.
Casi todos los de mi generación si nos rapásemos la cabeza como Abdula, seguro que aparecerán las cicatrices de aquella forma de resolver nuestras diferencias. Uno corriendo y todos detrás lanzando piedras sobre aquel que había sido juzgado y condenado sobre la marcha. Yo que pensaba que era una característica beninera, resulta que es un comportamiento que también aparece en África y en otros lugares. 
No deja de ser un comportamiento no del todo erradicado, puesto que he visto en la tele (eliminadas las piedras al alcance de la plebe) que en la conmemoración del día de Cataluña, al público se le ha distanciado cien metros más del año anterior, puesto que en los años anteriores, los insultos lanzados (les causaban a los políticos el mismo daño que una pedrada) y los gestos, era el recurso de los indignados al no tener una piedra  a su alcance.
Pero las pedradas más fuerte que no dejaron cicatrices en el exterior de la cabeza a los beniner@s las tenemos dentro.
Hoy me he vuelto a encontrar con Abdulá desde hace un tiempo y me he vuelto a acordar de las pedradas que da la vida. A él, el vivir el pobre como puede y yo viviendo de recuerdos, de cicatrices cerradas pero marcadas en mi cabeza.
Cuando se valoraron las fincas, casas, (…) de Benínar, cada uno sabía lo que había firmado y cobrado por lo suyo, pero no lo del vecino de casa o del huerto. ¿Quién sembró la duda de la diferencia entre secreto de estado o oscurantismo?.    
Los que tramitaron todo aquel tinglado de expropiar, que aún viven algunos, que nos los podemos encontrar  un día por la calle,  apelo a ellos que dichos funcionarios nos expliquen la diferencia, es decir: ¿Tenían claro lo aconsejado a aquellos ilusos que aquel consejo de mutismo total no era lo corecto?.
Lo de apelar a que nos expliquen suena (les suena a ellos) a cachondeo puesto que han pasado ya unos cuantos años (cuando se cerraron las compuertas de la presa ya estábamos en democracia y los socialistas ya estaban gobernando en Sevilla), los beninar@s tienen la duda (el que escribe tiene la duda) que todo lo relacionado con su pueblo, con Benínar, con el pantano suena a dictadura bananera.
Se puede explicar y en democracia tenemos derecho a saber:
-         Todo lo relacionado con la expropiación. No solo a los últimos que quedamos, también había que incorporar a aquellos que los expropiaron las hambres.
-         Si queremos volver, si necesitamos volver a Nuestras Raíces, ¿podemos en vida?.
Lo del regreso eterno con los pies por delante ya fueron generosos y se nos concedió un nicho en el nuevo cementerio siempre y cuando tubiese una lápida de todos los entarramientos en el cementerio que había cerca de la población.     
Puede que los datos se encuentren a disposición del público en general y el que está escribiendo no los encuentra, (…), los desconoce, aunque no es mi intención estar al margen de todo lo relacionado con mi pueblo, Benínar. Casi a diario suelo visitar los medios de comunicación que se editan en Almería y hasta ahora jamás me he tropezado con los siguientes:
-         ¿Tiene contador de aguas el pantano?. No creo que sea admisible que no lo tenga puesto qué, cada año debe aparecer una cuenta de resultados de lo almacenado, vendido.
-         ¿Existe un responsable que en un momento dado pueda colocar números y estadísticas encima de la mesa?.
-         ¿Existen estadísticas, cuentas y estimaciones de lo que hasta estos momentos se le ha sacado de beneficio al pantano?. ¿Quién las tiene?. En democracia se deben cumplir el dicho: “Las cuentas claras y el chocolate espeso”. ¿Son datos que no debe conocer la plebe, están solo reservados para determinadas mentes “eruditas” en la materia?. Es decir datos que solo conocen y custodian los políticos de turno.
-         El que escribe lego en esta materia (como en tantas otras), no puede ir a su ayuntamiento a estilo compadre, es decir esperando la entrada o salida del alcalde al ayuntamiento y hacerle la siguiente pregunta: ¿Qué cuantía  le entrega al consistorio la Junta de Andalucía por tener dentro de su término municipal una fuente de energía que produce unos beneficios?. Se me puede contestar (sobre la marcha): “Hasta ahora ni un euro”. Eso es lo que me contestó cuando le pregunte  a un paisano muy placeado en la política local, la pregunta que podía plantearle al alcalde. Libremé Dios de escribir estas preguntas al alcalde de Berja y que me las conteste por escrito.
-         ¿En el recibo que paga todo contribuyente por el consumo del agua, existe-n gravámenes, vinculado con lo beninero, que se globaliza sobre el consumo?.
Aunque el tema tiene “tela del telón (…)”, tengo que terminar puesto qué, como me decía (mi parienta) Encarna Rubillo: “Cuando veo que el escrito es muy largo, ya me he cansado y ni lo empiezo a leer”.
-         Pero Encarna esta es la pedrá más grande que nos dieron a los benineros.

-         Dejaté, dejaté, que al buen entendedor con pocas palabras te ha entendido. 

jueves, 16 de marzo de 2017

Montañas del Sol y la Luna.

Alczar de Venus desde la Contraviesa. Paisajes de Granada.
En el 1833 un viajero romántico Richard FORD,  británico que vivió en Sevilla y Granada, se dio sus escapaitas por los alrededores de cada una de las ciudades  y es de suponer que cuando estaba viviendo en Granada fuese o viniese a lomos de algún asno, para ir del  Sol a la Luna o en sentido contrario. Por los datos, los que dejo escritos, ese pasaría por el río que pasaba frente a Benínar. Seguro.    
Nada más  por dejar escrito, Richard (¿a que suena  a colega como lo escribo al no colocarle lo de FORD?.  Pero es que,  al leer lo reflejado en “Almería visto por los viejeros, …”, esa forma de ser , es de los que brillan con luz propia como lo hacen estos días de carnavales los copleros en Cádiz) esta definición, que la escuchase, le leyese o se la inventase, nada más por ello : 
“Alpujarras, último refugio de montaña de los moriscos. Según algunos, las sierras de Gádor y Contravieja son el núcleo de las “Montañas del Sol y la Luna” de los moros”.  
Nada más por ello, se le puede perdonar lo que aparece en el libro publicado por I.E.A., que al inglés le gustaba:  “A lucir su ingenio burlesco a costa de los españoles”.
Otro parrafito del colega Richard:
“Los habitantes son medio moros, aunque hablan español. Las mujeres, con sus mejillas color albaricoque, (¡tela marinera!) sus ojos y cabello negro, miran de forma salvaje al infrecuente forastero desde sus ventanas como escotillas, apenas mayores que sus cabezas”.
En éste párrafo está más perdió que el “barco laroz”.  ¿Las benineras en tan corto espacio de tiempo, en tan solo un siglo, de Richard Ford a Eugenia Doucet  han podido evolucionar dentro de una  sociedad cerrada, hermética,  de ser unas salvajes a plantarse delante de un vendedor y hacer "encaje de bolillo" con los sueños de la venta?.
Escribe Eugenia Doucet de las benineras:
“Los vendedores (de cerdos, de cántaros, de cebollas matanceras, de retales de tela, de especies, talabarteros, de todos los oficios moriscos, )  procedentes  de una línea sanguínea, enriquecida por los años  de comercio judío y morisco, taimaría gitana y jovialidad andaluza, los cogían las mujeres de una calle, lo rodeaban y dialécticamente lo derrotaban”. 
Otra definición de aquella zona cuando pasó por allí Richard, cuando el que escribe la vivió intensamente,  en su plenitud, de cantos de pájaros, de melodías de acequias y brazales, de frutales en su floración y después llenos de frutas, de silencios de cerros rotos por el canto de una perdiz, en sui niñez y adolescencia, dice el inglés:
“A pesar del tráfico, los caminos son inicuos y es que así fue siempre, porque, como dice un poeta moro de estos lugares: 
El único remedio para el viajero es parar; los valles son jardines del edén, pero los caminos lo son del infierno”.
¡Ay!,  !Alpujarra!, Alpujarra querida. Donde se tiene  que ir para ver, para oler, saborear, para andar, puesto que por allí no se pasa ni para ir, ni para venir a ninguna parte.

Sierra de la Contraviesa


martes, 21 de febrero de 2017

En un periodo corto de tiempo se pasa del hambre al desperdicio


Terminada la guerra civil y coincide por aquel tiempo en que las lluvias son escasas, no solo un año si unos cuantos,  la producción agraria no daba para que todos tuviesen seguro un trozo de pan, es en el 1948, cuando termina la racha de aquella sequía y en Benínar aquel año pasa a los anales como el año el hambre.
Me contaba  un paisano  que sobre los años 44-45, comenzó a trabajar cuando tenía 10 o 12 años, guardando borregos en el Meloncillo.
Al ver que su padre se había marchado a la guerra y no regresaba le pregunta aquel zagal a su madre que cuando regresaba su padre y su madre le contesta:
-     Ojalá tardase unos cuantos años más ya que si estuviese aquí cada año te nacía un nuevo hermano.

El sueldo para el pastorcillo estaba en aquellos tiempos, en una peseta y la comida. Partiendo de la base que aquel negocio durante un año solo tenía el beneficio de la venta de borregos nacidos en aquel año. A aquellas ovejas no se les ordeñaban por dos motivos, el primero por estar la manada de ovejas a casi siete kilómetros del pueblo y la segunda razón por ser aquellos años muy escasos en pastos. Por ello la producción de queso era nulo al año.

Aquel trabajo no duraba todo el año. Duraba el tiempo en que se destetaban, se pastoreaban dos o tres meses y se  podían vender los borregos. La guardería de aquellos animales estaba en los parajes de El Meloncillo y El Pabilo a siete kilómetros del pueblo. Vendidos los borregos, las borregas se devolvían con la manada de ovejas y aquel zagal se queda sin trabajo.

Vuelta de nuevo al pueblo a encontrar trabajo, en el que estaba especializado: Pastorcillo.
Por recomendaciones, por lástima, por compasión, … ese era el currículum que podía aportar aquel aprendiz de pastor que formaba parte de una buena camada de bocas que como los pajarillos cada vez que escuchaban el sonido todos abren la boca, en este caso cuando escuchaban el sonido de unas  herraduras, acudían todos a la puerta por si quien llegaba, eran las herraduras de la suerte. Especifico suerte, porque no en todos los casos aquellas bocas quedaban saciadas.

La competencia que tenía aquel pastorcillo era tremenda de zagales de su misma edad en el pueblo y mismas circunstancias que necesitaban tener algún trabajillo. Me decía el nombre y donde vivía de un zagal de doce años que se le calló el pelo, se quedó calvo sin encontrar razón alguna que el hambre. El trabajo de pastorcillo tenía la ventaja que cuando picaba el hambre y se estaba solo en el campo sin que nadie lo viese, se enganchaba a la teta de una cabra procurando que los tragos afectasen lo menos posible al volumen de la ubre.
   
Por fin es contratado para cuidar tres cabras.
Un día cuando regresa del pastoreo, cuando se recogían los benineros cuando  ya no se podía trabajar en el campo por falta de luz, la dueña de las cabras le dice al aprendiz:
- !Has estado jugando o perdiendo el tiempo!. !No te das cuenta que tienen la barriga vacía las cabras!. ¡Te das cuenta que las ubres esta, casi vacías!.
El pastorcillo jugándose el tipo le contesta:
- Te preocupa como tienen la barriga las cabras y te trae sin cuidado como tengo yo la barriga.

En aquellos tiempos no se podía responder de aquella manera tan desafiante; es despedido y al otro día a presentar otra vez el currículum que lo tenía grabado en la cara.
La cara, al manifestar de forma palpable el hambre era la parte más importante  en  el currículum. Su cuerpo canijo era estremecedor.                              
Nuestro paisano en  el 1.951, llega a zancadas  a su casa, faltándole la respiración y recuperado el resuello comienza a darle puñetazos al viento a la vez que le dice a su madre:
- Se va a construir una casa para el médico. Me he encontrado al alcalde Frasquito Baños y me ha dicho si quería trabajar cobrando 20 pesetas y que si fuese albañil cobraría cinco pesetas más.
- Pero deja de dar puñetazos a las musarañas - le está diciendo la madre - y termina. ¿Las 20 pesetas que son al mes o al día?.
-     ¡Al día mama, al diiiiiiiiaaaaaaaaa!.

Le miro un rato a los ojos intentando expresar toda la ternura que era capaz de soltar en aquellos momentos  a aquel paisano que está recordando su pasado porque yo se lo he preguntado, pensando que aquello que había vivido aquella generación de zagales en Benínar debería quedar escrito para que todas las generaciones posteriores valorasen de donde se parte y hasta donde nos han situado ellos.
Dicen los medios de comunicación que un tercio de las comidas de los hogares se tira a la basura. Los patos que viven en el rio donde yo vivo, al atardecer, cuando le tiran el pan que sobra en las casas, a esa hora están tan hartos, que no se mueven de donde están. Cuando acudo ya casi a la hora de cierre al supermercado y veo que ha sobrado un poco de boquerones, un poco de sardinas, etc., donde irán esos “desperdicios”. Cuando acudo a mi parroquia y veo la de bolsas de ropa que los encargados se ven desbordados, no puedo más que acordarme de mis paisanos que vivieron en todos los pueblos de La Alpujarra en aquellos años después de la guerra. Cada vez que cruzo la carretera de Algeciras a Tarifa y se contempla el Estrecho de Gibraltar que a tan solo catorce kilómetros unos cuantos grupos de africanos están esperando, sueñan con llegar a este lado, me acuerdo de mis paisanos con nombres y apellidos que cuando emigraron lo hicieron en las mismas circunstancias y que en su gran mayoría cuando piensan en Benínar piensan en todas las calamidades que pasaron en su niñez y reniegan de su tierra. Es tremendo pensar que casi todos mis paisanos que tomaron la decisión de marcharse renieguen a sus montes, el río, las fuentes, las calles donde dieron sus primeros pasos, sus primeros juegos con los niños de su edad, recogieron sus primeras alcaparras de los montes, escucharon los trinos de los pájaros y sobre todo donde se encuentran enterrados sus descendientes, no comprendo cómo se puede renunciar a todo eso. A todos esos que aun no han llegado a esa simbiosis con su tierra, la tierra de sus ancestros, que cierren los ojos y se pongan a escuchar: 

https://www.youtube.com/watch?v=M_gSydN_BYM

lunes, 13 de febrero de 2017

Los reales que te den se los das a tu abuela



Un ingeniero catalán de treinta años sentado en uno de los  malecones de una carretera alpujarreña justo en  El Collado, miraba donde antes estaba el pueblo de Benínar. Tenía entre sus manos un pequeño cofre lleno de cenizas. Contempla el valle, la planicie de las aguas mansas del pantano y en nada se parecía a la imagen que le describió  su abuelo.
Aquel nieto pidió una semana de vacaciones para dedicarla a que las cenizas de su abuelo recorriesen todos aquellos lugares descritos en sus cuentos, los que aun  permanecían frescos en la memoria del ingeniero.
El  joven en el momento de planificar el viaje no encontró ni direcciones ni teléfonos de  los paisanos de su abuelo. Se les olvidó a su familia seguir manteniendo  relaciones con la gente de su pueblo natal y cuando llegan estos momentos en la vida de todas las personas, es cuando se  mide lo grande que es la soledad; mira a su alrededor, tenía que iniciar el entierro  y se encontraba solo.
El anciano le  había pedido que aquel viaje lo hiciese cuando el trigo de las cementeras estaba granando y entre el trigo florecían las amapolas.
Desde que entró en el hospital - donde el anciano decía que no saldría con vida, - cada vez que acudía su nieto a visitarlo al final solía decirle:
-          Mi vida; que no se te olvide el encargo.   
Su abuelo pedía que  cuando muriese lo incinerasen y sus cenizas quedasen depositadas en el  cementerio de Benínar.
Sentado en el malecón aquel joven cierra los ojos y pretende escuchar las palabras de su cuentacuentos preferido:
-          Nene - le decía el abuelo al nieto, - en mi entierro me dejas debajo del puente un ratito y después dejas mis cenizas en el cementerio para que descanse al lado de mis  padres, entre mis  paisanos.
Aquel emigrante se había marchado del pueblo a comienzos de los cincuenta y la imagen que guardaba de su pueblo se la había trasmitido a aquel nieto cuando tenía edad que le contasen cuentos al estar sentado en las rodillas.
En todos los cuentos su abuelo solía empezar diciendo:
-          En Benínar donde yo nací había una vega llena de árboles frutales que eran regados por las aguas del río. Los nidos de los jilgueros y verderones, los solíamos encontrar en los naranjos llenos de azahar y los nidos de las perdices en el secado debajo de una bolina, …
Una de las persona clave para aquel joven recuerda que  siempre se le transformaba el rostro cuando dentro de su narrativa aparecía antes o después la palabra Reducto. Aquel espacio sería donde  trascurrieron  todos los juegos de la niñez de la persona que siempre le llevo y le esperó en la puerta del colegio cuando el ingeniero tenía edad de ir a la escuela. 
El nieto catalán sentado en el malecón ni ve la plaza, ni El Reducto ni el puente, la iglesia, ( … ) de sus cuentos. A sus oídos no llega el sonido fresco y trasparente de las aguas cristalinas donde su abuelo había bebido tantas veces, ni escucha el chapoteo de los niños en las pozas del río… No está oliendo  como decía su abuelo que olía Benínar a tomillo y a cal.
El ingeniero tenía otros encargos:
-          Le pides perdón por las veces que me burlé de  Antonio el de Carpo y Antonio Campoy y si ya han muerto,  le pones un ramo de flores silvestres en la tumba donde estén  descansando.
Para mis  padres y abuelos, como se habrán quedado enterrados en el suelo del  viejo cementerio, coges cuatro amapolas  y cuatro espigas de las que nacen entre la cementera y las tiras al agua.
Infórmate a donde llegan las aguas del pantano; ve a los      ayuntamientos donde lleguen sus aguas. Al primero que encuentres, le pides un real.
Los reales que te den te los traes a Barcelona y se los pones en la tumba de tu abuela. Siento remordimiento por haberle recateado  cada perra gorda que me pedía para ir a comprar. Esos reales es la herencia beninera.
Tu abuela sabes que era extremeña y nunca se creyó que mi herencia estaba en Benínar.

Nota:
El que escribe y relee una y otra vez el contenido, se siente unido:
-          Gaoshan de Taiwuán.
-          Karajá de Brasil.
-          Innuit de Canada.
Tantos y tantos pueblos que en nombre del progreso son atropellados. Lo más lamentable es que en estos momentos en América del Sur, en  China o en África, se está empleando la misma táctica y el mismo argumento para expulsar a sus moradores de los pueblos donde han nacido y donde están enterrados sus antepasados.

domingo, 29 de enero de 2017

Sabañones que nos ahorramos al no vivir en Benínar.


Algunos paisanos nada más leer lo de los sabañones seguro ya se han mosqueado por sacar un tema tan fragante,  por vivir donde viven, estando las temperaturas unos cuantos días bajo cero, pero, superadas aquellas circunstancias, en la actualidad viven colegiadamente con chimenea en el salón de casa. Este tema como tantos otros pertenecen a un pasado que provoca escalofrío.
Cómo tratar los sabañones - 7 pasos - unComo
En Benínar no nos acordamos como los pronunciábamos, si decíamos sabañones o sabayones, lo que sí está claro, es  que fue el sabañón (como tantos otros) uno de los motivos de marcharnos del pueblo. Si es que nadie del pueblo se libraba de ellos. Si es que los paisanos que llegaban de Barcelona con vacaciones al pueblo (casi siempre en verano) una de las conversaciones  que siempre destacaban: “Es que allí no nos salen sabañones en las orejas, ni en las manos ni en los pies”. ¡Dios mío, con lo que picaban!. Cuando en pleno invierno se cogían las aceitunas y al empezar el día en aquellos brazales escarchados, en aquellas circunstancias aunque saliesen en las orejas, en los pies o ya se sentían en las manos  había que empezar y de rodilladas delante de la espuerta con o sin sabañones; donde los tuvieses, había que aguantarse y recoger aceitunas con ardíles, con energía, sin perder el tiempo.
Recuerdo a Isabel la de Andrés Perejil, que seguro de una forma desesperada se pone unos pantalones de su marido por no estar arrodillada con las rodillas desnudas en el barro y con ellos entra en el pueblo como la primera mujer que viste pantalones.
En Beníar en este mes de enero o se tenían sabañones o cabrillas en las piernas. Las cabrillas ( la mayoría de las venas de las piernas quedaban marcadas)  era extraño ver aquellas mujeres (las que tenían parné en el pueblo) andar por las calles con aquellas piernas en aquel estado. Nos decían a los críos que salían las cabrillas  como consecuencia de pasar tanto tiempo sentadas en la mesa camilla con el brasero. Las cabrillas diferenciaban a dos clases sociales, las que tenían sabañones que salían al estar todo el día cogiendo aceitunas o lavando en el río, en contacto con el agua helada, y las que tenían cabrillas al no sentir la necesidad de salir de casa o salir  lo imprescindible.   
Recuerdo a una persona mayor haciendo trabajos de esparto con los dedos llenos se sabañones me digo: Aprende, toma nota, si te haces viejo como yo en el pueblo, cuando no puedas trabajar en el campo, trabajaras en el esparto como yo.
Como no sabíamos en Benínar si lo que nos salía en las orejas, en las manos o en los pies eran sabañones o sabayones (como seguro les pasa a esos miles de personas que viven en Italia o en Grecia y en otros países donde llegaron huyendo de la guerra y  cenan  en tiendas de campaña), a mis paisanos, (que seguro ni se acuerdan, ni han pronunciado dicho nombre desde hace muchos años eso que tanto picaba en las orejas sobre todo a los críos que siempre estábamos en la calle), desconocían que  un sabayón es una bebida o una crema localizada por primera vez en Argentina que se prepara de la siguiente forma:
Se ponen las yemas del huevo al baño María, en un recipiente metálico sobre un cazo con agua caliente, a fuego suave. Se añade (un tío pepe, uno cualquiera de San Lucas, o un Moriles, un moscatel de Málaga, … y una copita larga de anís?) el vino, el azúcar (si puede ser de caña mejor) y la ralladura de limón, batiendo con energía hasta que la crema espese y quede espumosa. A esa crema se le añade picaita fruta de temporada y a degustar. También se le puede añadir algo de hierba buena.
Desde que salí de Benínar no volvía a pronunciar la palabra sabayones hasta que ya con hijos un amigo argentino me preparó uno en la Playa de los Lances en Tarifa. Después de aquel día en Tarifa dicha palabra la he pronunciado unas cuantas veces tanto en invierno como en verano, pero esta vez sin sentir en mis manos aquella sensación tan desagradable.
Pero tampoco era tan malo para aquella juventud que recogían aceituna en el los parajes de  los Majalones, El Meloncillo o en La Vegueta, (donde estaban los olivos más grandes y más antiguos del pueblo). Era un trabajo donde todo el día podían estar juntos aquellas parejas que estaban enamoradas. El hombre agarrado como podían en aquellas ramas amaradas con sogas (ordeñando las ramas) para que no se rompieran con el peso del vareador y en el suelo de rodillas aquella cría enamorada que levantaba la cara para ver a su amante y regalarle una sonrisa.
Naranjitas dulces fui a recogerlas esta madrugada
para que tu mi vida, gajo a gajo tu desayunaras,
para que este día no sientas el frío ni veas la escarcha.   









jueves, 3 de noviembre de 2016

Amigo si tu lo ves dile que de él no me olvido y que siempre lo querre.


En Benínar los tres primeros días del mes de noviembre tenía tres nombres. El uno día de todos los santos. El dos día de los difuntos. El tres día de los finados. El primer día estaba totalmente claro que era el de todos aquellos que estaban en los altares los dos siguientes al cura le era difícil explicar la diferencia o los que asistíamos a misa no llegábamos a diferenciar a enterarnos entre muertos y finados. Las comadres del pueblo daban una razón convincente que la diferencia entre muertos y finados, y estos eran los que no solían ir a misa, maldecían, tenían un comportamiento extraño,  el resto de la población serían los muertos. Lo que no aclaraban las comadres del pueblo eran los que iban directamente al Cielo y los que tenían que pasar por lo menos entre llamas en el Purgatorio para poder entrar definitivamente en el Cielo. A la entrada del pueblo había una pequeña ermita que siempre se pretendía que estuviese encendida una mariposa (un vaso que contenía la mitad de agua, mitad aceite y flotando la mariposa con una pequeña llama). La tía Frasquita era la encargada de mantener con las donaciones que las llamas no se apagasen.
En Benínar hemos conocido tres cementerios. El que estaba cerca de la iglesia que lo convirtieron en un parral. El segundo se supone construido a principio de siglo veinte que con la construcción de la presa decidieron poner en su lugar una loza de hormigón que en la actualidad está totalmente desquebrajada y el último es el cementerio donde todos los años los benineros que quedan suelen ir para asistir en dicho lugar a una misa. ¿Quién se encuentra en este definitivo cementerio?. Cuando lo decidió los que en aquellos momentos estaban construyendo la presa dijo: Que se corra la voz que todos aquellos que quieran el traslado de sus difuntos y se encuentren en nichos en un día determinado se realizará el traslado al nuevo cementerio. ¿Quién acudió a dicho traslado?. Los que vivían en Berja y en el Poniente de Almería, aquellos familiares los que estaban repartidos por el resto de la península sobre todo los de Cataluña pocos acudieron y además eran los cadáveres que estaban enterrados en el suelo, que en este sentido no se realizó trabajo alguno. La mayoría de los nuevos nichos construidos quedaron pendientes de ser ocupados. Como siempre que nos encontramos los beniner@s son pocos los que se sientan sin mirar para nada el reloj y comienzan a recordar a todos aquellos que en cierta medida dejaron huella en todos nosotros, bien por conocerlos o por los comentarios de nuestros mayores que escuchamos desde que teníamos uso de razón.
En este escrito pretendo recordar todos aquellos paisanos o paisanas que están en mis recuerdos, empezando por los últimos que se fueron recientemente.
El último a Jesús el funcionario que manifestaba que se jubilaría cuando cumpliese los sesenta años y a meses de cumplirlos  con tan solo cincuenta y nueve años se marchó para siempre. En el mes anterior murió Pepe el de Angustias recién cumplidos los setenta que su familia decide que se entierre en el pueblo donde vive su familia por supuesto fuera de Andalucía. Ambos han muerto de golpe que cuando han aparecido la noticia en los medios de comunicación que tenemos los paisanos hemos sentido un terremoto en nuestros sentimientos. Lo cierto es que ninguno de estos dos estan sus restos en el cementerio que nos queda y son muchísimos los beniner@s que no están en el cementerio que nos construyeron para justificar aquel atropello de la presa. No tengo delante las lápidas de los que están en la actualidad enterrados pero será un tercio o menos de todos los benineros que han ido muriendo y que no están allí. Entre los que se entierran en Cataluña y los que se entierran en otros lugares de España y sobre todo los que dejaron en el viejo cementerio que cuenten las lápidas actuales y que se cuenten los que están en nuestro recuerdo. Nos ponemos a recordar los que se quedaron en el antiguo cementerio bajo una loza desquebrajada de hormigón, que nos cruzamos con ellos por las calles, que nos sentamos en cualquier brazal y charlamos sin tener para nada presente el tiempo como trascurría y los que nos contaron nuestras abuelas pueden dar una suma de setecientos habitantes mientras que no creo que llegue a doscientos los nichos que existen en dicho cementerio.
La mayoría de nuestros muertos se parecen a aquellos que fueron enterrados en fosas comunes durante la Guerra Civil sin ser identificados y que cuando se produjo dicho acontecimiento ya teníamos una Junta de Andalucía presumiendo de democracia y de muchas cosas más. Que poco nos parecemos a otros pueblos de Europa que cuando aparece cualquier cementerio aparecen en gran mayoría las lápidas de los que allí se encuentran y sobre todo ese espacio es un espacio digno y con lápidas con nombres y apellidos. Al que escribe le faltan tres lápidas. Las tres lápidas de sus abuelos.

lunes, 29 de agosto de 2016

Los Amigos de Gines descubren Benínar

Foto:

Este año ellos no estaban. Los que se dejaron la piel en el camino en ayudar en todo lo que estaba en sus manos a sus paisanos. Los que nos han enseñado a los benineros la honradez, que el ser buenas personas está por encima de todo.
Escuchando las sevillanas de Amigos de Gines en sus cuarenta años de historia casi los mismos que Benínar fue desalojada, para la construcción de la presa parece como si este grupo compusieran estas sevillanas pensando en la familia de Juan el de María de Benínar.   Escuchando las sevillanas de  los amigos de Gines:
Vivan las buenas personas
que vivan las buenas gentes
que vivan las buenas gentes
esas que nunca traicionan
esos que nunca te venden


Siempre que escucho una canción lo asocio a una situación, a un determinado momento. Pienso que su letra siempre le cuadra a  una o varias personas como un traje a medida. Siempre que escucho estas sevillanas me acuerdo a la familia Juan Cuerdas para los benineros, Juan el de María.
Les toca vivir en el momento justo que llega al pueblo el teléfono, que se lo montan en su casa, si o sí. Pero no era solo para ellos, (particular) era para el pueblo entero donde su mujer, Carmen cada vez que sonaba tiene que salir corriendo por las calles para avisar a quien reclamaba el dichoso trasto. Carmen es la “conserje” de todos los beniner@s aunque todo ese esfuerzo es de forma altruista, ni recibe un sueldo de la administración, ni incluso un plato de arroz con leche, o el pucherico de morcillas de la matanza como agradecimiento por parte de nadie.
He escrito lo de conserje, al ejercer  su marido de alcalde y por tanto al no existir secretario (siempre ausente) pues allí estaba Carmen para lo que fuese menester, para dar información y ayuda al que lo necesitaba. Además la señora del alcalde siempre fue y lo sigue siendo cristiana de las que lo ejercen en Aguadulce que es donde están viviendo.
Continuo con lo que cantan los Amigos de Gines      
Todo lo das sin fijarte,  y nunca llevas la cuenta
vas derramando tu alma
sin ver a quien se la entregas


Vivan las buenas personas
que vivan las buenas gentes
que vivan las buenas gentes
esas que nunca traicionan
esos que nunca te venden


Juan es nombrado alcalde por el Gobernador Civil, y le toca los peores momentos por los que va a pasar su pueblo ya que está proyectado la construcción de una presa y que sus habitantes tienen que marcharse para siempre.
Con los terrenos comunales, con certificaciones, con declaraciones juradas, con ponerse de acuerdo con los tasadores de tierras y casas, etc., (era el único representante legal del pueblo) y pudo haber puesto precio a ese trabajo realizado. Pues nada de nada. Con el pasado el tiempo siempre aparece algún disconforme que termina por “soltar sapos y culebras por esa boca que tos tenemos” de alguna equivocación en la que le afecto y por eso protesta.
Pues Juan Cuerdas, su esposa Carmen y sus hijas siempre han estado en primera fila siempre que se han reunido los benineros y siempre fueron respetados y siempre le manifestaron todo el pueblo el afecto y el cariño.
De una forma muy especial y particular como olvidar aquellas tardes de verano en su puerta, ya casi ido el sol, el que escribe, con los Fernandez y los Doucet, Maricarmen tocando la guitarra y todos cantando a coro: Por un Sorbito de Champán y Clavelitos. Bueno casi todo lo de Mocedades, Raphael y la tuna. Aquellos momentos no los he vuelto a vivir a pesar de llevar treinta años en un coro rociero en este lugar al sur del sur de Andalucía.
Cada vez que escucho lo de los políticos corruptos Juan el de María me demostró que todos no lo son. Existen políticos honrados.
Cada vez que escucho que “la pela es la pela” Carmen la Cojayera me demostró que a lo largo de muchos años  se puede servir a toda una comunidad de forma altruista y sentir la satisfacción de ser útil dentro de tus posibilidades.

Vivan las buenas personas
que vivan las buenas gentes
que vivan las buenas gentes
esas que nunca traicionan
esos que nunca te venden