martes, 4 de julio de 2017

Una beninera en Roma


Un día me encontré con una paisana Lola Sánchez Blanco y parecía que me estaba esperando, por todos los espavientos que hizo nada más verme.
-          ¡Qué alegría verte!. ¡No te puedes ni imaginar la de veces que me he cordado de ti!. ¡Porque he estado en Roma!. 
Rápidamente, como todo beninero, pongo en marcha “mi memoria histórica”, sacando la conclusión que quien tenía delante era la primera beninera-ro  que visitaba dicho lugar.
La beninera, no podía perder ni un minuto de la narración pormenorizada de todo lo vivido. Comienza por donde se comienzan todas las conversaciones, por explicar, todas aquellas razones por la cuales ella se encontraba en el aeropuerto de Málaga facturando la maleta y portando en un bolso de mano, y otro un poco más grande donde llevaba el traje que se tenía que poner el día de la ceremonia.
La paisana, cuando recuerda el bolso que tenía en la mano, en el aeropuerto, retrocede en la exposición, puesto que no había explicado, en lo que había invertido, todas las horas de una semana, de día visitando tiendas de día y de noche, pensando en cómo tenía que aparecer en la Tv en los televisores de los benineros.
-          Mira niño – la beninera le explica al beninero – cuando el que me invita me dice que:  “en la ceremonia cuando el Papa de Roma, lo nombre obispo, - ella sabe que no tiene que identificarme al personaje, puesto que para eso somos benineros y tenemos una historia en común - ella tenía  que estar formar como pieza importante, puesto que  iba en calidad de madrina”. 
Los argumentos que dan la razón de ser madrina de un camerunes serán otro tema para desarrollar.
¡Qué sudores!. ¡Qué suponcio!. Me estaba viendo en la pantalla de televisión en todas las casas de la gente del pueblo.
Por otra parte me planteaba: “¿Visto como las europeas?. ¿Me visto como las africanas, puesto que el que se nombraba obispo había nacido en Camerún …?.
Como tú sabes, “los que me rodean todos son “unos pan blancos” – en Beninar cuando se produjo el cambio del pan amasado en casa a comer el pan que se elaboraba en la panadería para todo el pueblo, no todos los benineros aceptaron el cambio. Algunos se opusieron frontalmente a que dicho cambio se efectuase y por ello los opositores al cambio llamaban “pan blanco” como expresión de cambiar un manjar, a una cosa que no sabía “ni a chicha ni a limoná”, a todos aquellos, que argumentaban las ventajas del pan blanco - siempre termino por tener que tomar yo la decisión sin que los demás se pronuncien.
Conclusión, me compré un traje negro, como el que se ponen las Malagueñas para desfilar en las procesiones de semana santa, sin que me faltase un detalle. Mi traje negro, peineta, mantilla, rosario, evangelios, … El conjunto no lo podía yo dejar en cualquier parte ni que nadie me lo llevase.
Por eso, en la misma tienda me lo prepararon para que lo llevase en la mano.  
Por supuesto que los “pan blancos que me rodean”, no han visto que vestido me pondré para la ceremonia.
¡Niño ya con lo del vestido “se me ha perdido el hilo de la conversación”.
¡Ya!. Como te iba diciendo, …
Lo que me decía a continuación, era más rica en matices, las conclusiones que sacaba el beninero, que lo que le contaba la beninera. Tratándose como  se trataba de una mujer con carácter, donde siempre que ha tomado una decisión le ha dedicado, muchísimas horas de razonamiento y por tanto de sueño.
Una beninera en un avión de Málaga a Madrid y de Madrid a Roma con un paquete en el regazo, que nadie fue capaz de convencer, que podía ir el paquete descansando en unos huecos que tenía la beninera encima del asiento.
Uno de los fallos que cometieron – los que le acompañaron - fue colocar a la beninara en una ventanilla del avión para que experimentara el vértigo. La beninera quería eliminar el vértigo hablando, gesticulando y explicando al resto de pasajeros, lo que estaban contemplando sus ojos y su estómago.
El acompañante de la beninera, - cuando nuestra paisana comenzó a hablar – seguro que sacó la siguiente conclusión: “yo de Camerún, ella europea, nadie nos relacionará a no ser que yo abra la boca. Conclusión: en todo el trayecto no digo ni pio”.
La llegada al aeropuerto de Madrid, para la beninera fue colocarla en el espacio cerrado más grande del mundo y además lleno de gente de todos los países. La beninera, abre la boca al ver cómo iban vestidos, los que pasaban por su lado y quería explicar con gestos lo que estaban viendo sus ojos. La beninera tiene que ser arrastrada literalmente, puesto que cada dos o tres pasos se queda mirando descaradamente a aquellos rostros y con aquel ropaje que estaban ante sus ojos por primera vez.
El que escribe se acuerda, cuando llegó a la Rambla de Barcelona por primera vez - y muchísimo más joven que nuestra protagonista, - sacó la conclusión que tenía que sentarse para ir acostumbrando sus ojos a aquellos nuevos rostros y sus vestimentas, puesto que con la boca abierta uno se queda mirando sin ser consciente, que estaba entorpeciendo la circulación al resto de los viandantes.
La beninera continúa su relato y no tenía que decir, que cuando se montó en el avión en Madrid, Roma fueron tantas las emociones vividas, que le dio una especie de síncope y se quedó dormida hasta que fue despertada en el aeropuerto.
El que escribe piensa que “esa pastillita contra el mareo que se tomó en el aeropuerto de Madrid, para salir para Roma, se la tenían que haber dado nada más salir de casa para que al llegar al aeropuerto de Málaga la beninera fuese relajada.
El que escribe estaba esperando el momento cumbre del relato, puesto que de un momento a otro tenía que aparecer la frase:
-          “!Niño, me perdí, en la Plaza de San Pedro!”.
La beninera hace tal revelación con la intención que el beninero mantenga toda su atención en todo el relato. Por ello continua hablando de cuando ya vestida de “camarera de paso proceional de una hermandad de Semana Santa”, está sentada entre los familiares de que serían nombrados obispos.
No recuerdo si fue antes o después del nombramiento de cada obispo, los familiares más allegados, pasan a besar el anillo del Santo Padre. La cuestión, es que cuando la beninera tiene entre sus manos la mano de Juan Pablo II, para besar el anillo, nuestra protagonista entra en un estado, que no es capaz de controlar el tiempo y tienen que retirarla y volver a sentarla en el asiento que tenía.
Cuando vuelve en sí se quita los guantes con lento ceremonial y los guarda en el bolso, puesto que aquellos guantes habían sido tocados por las mano del Sumo Potífice.
Termina la ceremonia y nuestra protagonista se queda sentada esperando que algún camerunés venga a recogerla. Rezando el rosario, - ya desesperada – se encontraba cuando se encuentra rodeada de operarios que estaban retirando las sillas.
-          Niño, en un pís-pás, miro  ami alrededor, y todo lo que allí había que momentos antes, estaba lleno de sillas y gente sentada, todo había desaparecido. Aquel espacio, que no tengo referencia para decir lo grande que era, estaba totalmente vacío.
Me acordé de lo que dice el Evangelio de que: “confiados los padres, que su hijo estaba con familiares, se dan cuenta que falta a los tres días y tienen que volver atrás para buscarlo”.
-          Qué miedo. No.
-          Yo en pocas veces he sentido miedo y menos estando tan cerca el Papa. Lo que tenía un cabreo que en mi vida creo haber tenido uno tan grande.
Pensando, razone que en aquel sitio – como pasaba en la iglesia de Beninar, había que hablar lo imprescindible y bajito – no podía empezar a dar voces.
Me acerco a unos tíos vestidos de rojo, muy tiesos, los guardias del Papa y me pongo delante.
¡Niño, que miedo!. Una mujer como yo de metro cincuenta y poco más, delante de aquel mucho más largo – nombra a uno de Beninar, que el de rojo le superaba en dos cuartas – “que un día sin pan”, y  empiezo a preguntarle, con toda la educación del mundo y el tío ni se inmuta. Como aquel no me hacía caso, me marcho a otro y a otro. Biendo que ninguno de ellos decía ni pío, me vuelvo al primero, por donde empecé y con toda educación me pongo a explicarle lo que me pasa.
Como tenía todo el tiempo del mundo, empecé a preguntarle por cosillas, sin importancia. El tío sin inmutarse.
Me hecho el bolso a la espaldas y le amenazo con darle un bolsazo, al ver la poca educación que estaba demostrando. Nada.
No me acuerdo el tiempo que me pasé delante de aquel tío, lo que si me acuerdo es que no dijo ni pío, ni cuando le di con el bolso y salí corriendo.
Salí corriendo, porque estaba viendo que se acercaba hacia donde yo estaba una sotana con un negro dentro.
Yo empecé a mover los brazos y chillando, diciendo donde estaba y una de las veces de estirar el brazo, sale lanzado el rosario y es cuando aquella sotana, cambia de dirección y se va alejando de donde yo estaba.
Con el dineral que me había costado el rosario y por más vueltas que daba no lo encontraba.
La verdad es que si en aquellos momentos se me pone por delante algún camerunés, de los que estaban acompañando al obispo, creo que le arranco los pelos o le hubiese tirado un bocao, …
-          Y la peineta, el mantón, … Le pregunta el beninero.
-          La peineta, el mantón y todo lo demás ya lo había metido en el bolso de mano.  Un bolso tan chico y sin una bolsa de plástico para meter todo lo que me habían enganchado. No entiendo lo del bolso tan chico que tenía que llevar, pero formaba parte del conjunto. Un dineral, para llevarlo vacío.
En aquellos momentos, lo que me ponía cada vez más atacá, era la faja y los zapatos de tacón, Un deillo de tacón, pero no te puedes hacer una idea la tarde noche que me dieron los zapatos y la faja.
Ya de noche, aparece un taxi, se bajan de él dos de los cameruneses con la cara desfigurada y empiezan a disculparse.
Hasta que el bolso no se me escapó de las manos, les estuve dando bolsazos a los negros y al taxista que también se metió por medio.
Después ya tranquilos cuando le explico a los camerunenses, lo de la faja y los zapatos, los “pan blanco, me contestan, que porqué no me los había quitado. Serán “pan blanco”.
Continuó diciendo la que armó cuando llegó a la residencia y se encontró frente a frente con el recién nombrado obispo y le dijo:
-          Hasta que no esté otra vez en Málaga, ni se te ocurra, separarte de mi.
-          Tu estas durmiendo – le dice el obispo a la beninera – en una residencia de monjas y yo en una de curas.
-          Eso era antes, ahora tenemos que dormir los dos juntos en la misma habitación, tú en una cama, yo en una buena butaca y con un taburete, para poner las piernas en alto para que no se me hinchen.
Que dicho sea de paso niño, - lo de niño es referencia al beninero -  no veas como roncaba el camerunés.
-          ¿Pero conseguiste dormir – le pregunta el beninero - en la residencia de curas en Roma?.
-          Dormir, lo que se dice dormir poquísimo, por los ronquidos del obispo.
Entre ellos empezaron a hablar en cahachau, creo, intentando encontrar soluciones a donde yo tenía que dormir. Yo les decía de vez en cuando: No sabéis quien tenéis delante de vosotros, una beninera que puede ser vuestra abuela y además cabezona.
Intentaron engañarme. Ya te contaré la desconfianza.
Llamaron a una monja para que me convenciese. Hablando en italiano como si la entendiese. Yo cerre los ojos y no dije ni mú.
Nos acostamos de madrugada, pero al final no sé si era la residencia de curas o monjas, donde dormimos, pero el obispo y yo dormimos en la misma habitación. 
Los dos o tres días siguientes me los pasé sentados en una silla, dentro o fuera de los despachos donde entraba el obispo.
El obispo entendió clarico, clarico, que yo tenía que estar con él como su sombra.
¿Tú qué dices niño?. Si me ha invitado como madrina. ¿Tú crees, que a una mujer mayor como yo, con la edad que tengo, se le puede invitar a Roma, dejar que me pierda y encima me querían  endosar a un amigo suyo para que me ensañase Roma?.  Ya ves Roma, que se parece al Cucanal – es una ladera que estaba frente al pueblo donde la agricultura se había abandonado y por ello la mayoría de los balates estaban en el suelo – muchos balates rotos y piedras sueltas por todos lados.
La conversación se fue relajando entre ambos paisanos y lo que más le impresionó fue tener entre sus manos la mano de Juan Pablo II – que la beninera le enseñó el par de guantes, al beninero, pero no se los dejó tocar – y la tarde noche  que vivió perdida en la plaza de San Pedro en Roma.

Ahora con su muerte lo que recuerdo de ella, es la única en el pueblo que hizo lo que creía oportuno en cada momento.
Esta es la mujer que recuerdo llena de energía y tomando sus decisiones sin importarle el qué dirán. La mujer que ayudo a todos los que llamaron a su puerta. Llegó un momento en que era la que leía todas las cartas que llegaban desde Cataluña (gran parte de la población era analfabeta) y también contestaba  escribiendo dichas cartas. Su casa siempre fue la casa en la que podía entrar todo el mundo, desde los obispos que llegaban a Benínar hasta aquellas mujeres que se encontraban en una situación difícil y complicada para que ella les ayudase con consejos y con dinero..
Tomó la decisión de marcharse los últimos días de su vida a Granada cuando vio que su pueblo ya no existía. Su casa había desaparecido lo mismo que habían desaparecido aquellas personas que  necesitaba ayudar y ella realizarse como mujer.
Este escrito tiene fecha del 2009 pero ahora con su muerte me lo encontré y he vuelto a estar con mi amiga Lola Sánchez. 

Lola Sánchez Blanco vivió en la gloria tódo los días que vivió en Benínar ya que se sentía útil  para la comunidad y realmente lo fue. 

martes, 27 de junio de 2017

Fátima no puede celebrar el fin del Ramadán.


Hoy sale en el periódico Europa Sur que han llagado a Tarifa 152 africanos en distintas pateras. Este año se está superando el número de personas que llegan según las estadísticas de años anteriores  a las costas de Andalucía. 
Este fenómeno lo comparo con los años cincuenta y sesenta cuando en mi  pueblo. la zozobra llegaba como una nube que caía sobre  Benínar cuando nos llegaba la noticia que una familia más se había  marchado  a Cataluña. La mayoría de la gente no aceptaba ver como poco a poco el pueblo se estaba quedando vacío. 
Mis paisanos no llegaban en patera a su destino, pero que importa la forma de marcharse de donde  naciste, te has criado. El cielo. Las fuentes, los árboles, las calles, ... Los montes la tierra y los sabores. Los cinco sentidos serán los que analicen en cada momento comparativamente lo que esté haciendo. Será imposible que te los puedas quitar de tu mente sobre todo los sabores.
Lo que le pasó a Fátima cuando paso el Estrecho de Gibraltar hace ya unos cuantos años. Lo que les pasó a los benineros-as cuando llegaron a Cataluña. A los de mi pueblo, A los andaluces les llamaron los charnegos, A Fátima como a sus hermanos se les identifican como a los moros. Ojo con esa frontera que no tienen prevista su existencia los emigrantes que aparecerá constantemente en el día a día y en este caso será más alta y costosa a las mujeres que a los hombres.
Fátima por fin ha tenido “la suerte” de ser contratada últimamente interna para cuidar de una mujer mayor y “otra vez la suerte” al consentir la familia de la anciana que viva con ella una hija pequeña. Fátima se ha convertido en madre soltera. De no tener esa suerte, la hija de Fátima tendría que estar con la abuela en Marruecos.
Fátima tiene que estar día y noche en dicho trabajo y tan solo un día le dan de permiso para ausentarse del hogar donde trabaja  y por tanto la  celebración del final del Ramadán otro año más que lo tiene que posponer. Me continúa diciendo que su familia está totalmente desestructurada, pero que aún así desearía estar ese día en la casa donde nació, salir a la calle y encontrarse con sus amigas de infancia y celebrar ese día como siempre ha soñado esa celebración. 
Fátima dice que jamás quiere parecerse a su hermano que logró pasar una cantidad de droga, que con ella montó una carnicería y que presume de tener mucho dinero y que cuando se habla de la mezquita, lo que hace es sacar defectos y de ser un degenerado. Me continúa diciendo que eso no nos corresponde a nuestra generación, que nuestros hijos ya nacidos en Europa que actúen como ellos quieran, pero ellos, los llegados ya mayores a otra tierra tienen que ser musulmanes hasta que mueran. 
Esta marroquí llego a España para atender a una persona que estaba afectada por el cáncer y cuando murió la enferma que atendía regresó a Algeciras y encontró un trabajo es su especialidad de pastelera. Fátima estaba pletórica al dejar atras las costumbres y chismorreos de su barrio y le daban la oportunidad de ejercer su profesión. La pastelería donde trabajó era marroquí. De allí fue contratada por una pastelería española. Les enseñó cómo se hacían los pasteles de su tierra y volvió  a encontrarse sin trabajo. Se acabaron sus sueños de ejercer su profesión.  Unos cuantos años viviendo de la caridad hasta que volvió a encontrar otra vez otro trabajo para cuidad interna de una anciana.
Yo me pregunto: ¿Para qué trabajo están preparados esos que nos llegan en pateras de forma incesante?. ¿Cuál es su sueño de futuro del trabajo que van a encontrar?.  ¿Fueron puestos en aviso por teléfono de la situación en que viven sus paisanos que cruzaron el charco con anterioridad?. Que de preguntas que son difíciles de contestar incluso para los que somos europeos.
Lo que es cierto es que les quedan dos posturas (basado en la experiencia de mis paisanos benineros que se marcharon a Cataluña). Renunciar al entorno donde nacieron e incluso a sus familias, a sus raíces de forma drástica casi llenos de rencor; o para aliviar su día a día,  pasar penurias, cerran los ojos y su mente la trasladan a estar debajo de aquel árbol a la sombra, a estar en aquella calle charlando con sus amigos de antaño, de entrar en su casa y el olor a comida que estaba preparando su madre. Ttansforma su rostro con una sonrisa al menos el tiempo en que está con los ojos cerrados.
Cada vez que nos encontramos Wenceslao (compañero de trabajo en la playa de los Lances en Tarifa) y yo, siempre me recuerda: Que razón tenías cuando vimos aparecer en la playa aquella patera llena de personas y tu al verlas dijiste que a partir de ahora llegarán muchos más y de forma incesante.

Yo espero que la solución a este problema no sea como la que se adoptó en Benínar. Hacer una presa, derribar el pueblo, transformar el habita, hacerlo desaparecer del mapa  y todo el mundo que vivia allí que tiene sus raíces a encontrar un nuevo sitio donde vivir.  

lunes, 29 de mayo de 2017

El algodón de la alameda y los gitanos.

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En estos días de primavera donde te sorprende un aguacero cuando vas paseando por las orillas del río y el agua ordeña el algodón de los álamos se siente uno como un rey que le han preparado una alfombra de copos de algodón para disfrutarlos  solo.  Aunque llueva, te paras te quitas los tenis, los calcetines y ves como los pies se sumergen en ese algodón y es realmente un premio que la naturaleza te otorga para que disfrutes tu solo.  Te cambia el semblante.  Te abrazas al tronco de dicho árbol y sientes como una energía especial te recorre desde la cabeza a los pies. Llegas a casa y te preguntan:  ¿Dónde has estado?. Cierras los ojos y la sonrisa te dura una jartá.
Como cabía esperar me llegan los recuerdos de las alamedas de mi pueblo, Benínar.  Allí las alamedas las visitábamos en otoño.   
Salímos del pueblo con dirección a la Fuentecilla la Virgen y a cocinar bajo el puente como hacían los gitanos.
Se escogía  la comida de medio día, puesto que es cuando el sol está dando de pleno en una alameda cerca del pueblo. Al final del puente. Donde el Barranco el Capitán se encuentra con el río.
La alameda nos ha preparado una amplia alfombra  formada  de hojas de color cobre, sobre unos incipientes tallos de hierba.  A su vez, los álamos han guardado un buen número de hojas, para ir soltándolas cuando nosotros estemos sentados o tumbados. Los álamos también han afilado sus ramas, para que cuando el humo de la candela descubra, delate los rayos del sol, las ramas se convertirán en espadas  que los dividan en dos, de la misma forma que los gitanos con su navaja en ese mismo sitio abrían la cañavera en canal para hacer canastos.
Tumbados en una alfombra de hojas de álamo color cobre viejo, contemplando las batallas renovables, cuando a los álamos se les ayuda a encontrar los rayos del sol con el humo. Esta vez nosotros aportamos el humo, antes lo hacían los gitanos.
Los álamos ponen las espadas, nosotros ponemos el humo y el Cejol, nos manda la brisa para mover las ramas, - las espadas, -  y se libra la batalla.  
No todos los que hemos acudido a esa fiesta de los sentidos, tienen en esos momentos pensamientos belicosos,  de espadas seccionando los rayos del sol. Unos nos quedamos  tumbados sobre la alfombra de hojas  recordando nuestra niñez revolcándonos en aquella alfombra de hojas.  Otros se marchan a la Fuentecilla la Virgen o la Acequia de la Mecíla a buscar renacuajos y ranas.  
Las ranas al escuchar los ruidos, con los ojos muy abiertos, sacan la cabeza por entre los juncos y los berros y viendo las intenciones de los visitantes vuelven a esconderse. Las ranas, las lagartijas, los caracoles y las pequeñas culebras eran nuestras diversiones cuando éramos críos.
El resto de los excursionistas, ha decidido visitar el huerto y el parral que tiene uno de los excursionistas, justo al otro lado del barranco.
Las parras están sembradas, alineadas, a todo lo largo de la acequia y sus sarmientos, crecen todos los años un trocito con la intención de llegar algún día justo al malecón de la carretera.
Alguien pega un grito para que todos acudan puesto que ya la comida está brindando todos sus aromas. La fritailla de conejo está a punto para ser el argumento principal de la salida. Todos sentados en el suelo con el tenedor en la mano alrededor de la sartén, van cogiendo las tajadas, - los tropezones se decía en Beninar, -  y mojando trozos de pan.    
De postre son boniatos. - recogidos del huerto de al lado, -  que se fueron asando en las brasas de la candela y gajos de uva  que se dejaron olvidados en los extremos de los sarmientos cuando llegaron los cortadores de racimos. Gajos de unas cuantas uvas, de color de oro.
No podía faltar sacar a colación aquellas caravanas de gitanos que acudían con frecuencia a pasar la noche debajo del puente, mientras recolectaban cañas para hacer canastos y intercambiarlas por comida en el pueblo.
Es otra generación de gitanos, pero todos de la misma estirpe que un día se encontraron con García Lorca y que escribiese sobre ellos. Aquellos gitanos que su camino era el río desde Adra hasta Ugijar. Los benineros temblaban por creer aquellas gentes que los huertos eran suyos, lo mismito que era la luna y que todas las estrellas.  Huertos de aliviar el hambre a aquella gente sin tierra. Que la luna le ayudaba a llenar cestas de caña de fruta fresca, de albahaca  y hierba buena.
 ¡Oh ciudad de los gitanos! ¿Quién te ve y no te recuerda? Que te busquen en mi frente; juego de luna y arena.
Quien deja  una historia de amor en el pueblo, fue de una gitana que se enamoró de Federo un gitano beninero.  Se encontraron en la fuente y ella se fue detrás de él y en tres días formaron una pareja. Que duró solo tres días, que pena penita pena.

Un bello niño de junco, anchos hombros, fino talle, piel de nocturna manzana, boca triste y ojos grandes, nervio de plata caliente, ronda la desierta calle. Sus zapatos de charol rompen las dalias del aire.

martes, 18 de abril de 2017

Las cicatrices en la cabeza..

Abdúla aparece periódicamente en casa para ayudarme en las labores de casa. Esta mañana ha llegado con la cabeza totalmente rapada, le digo que se diese la vuelta para verlo por detrás y  esa parte del cráneo la tiene llena de cicatrices.

Me ha llegado el recuerdo de cuando los beninerillos nos citábamos en los alrededores de donde estaban las escuelas para jugar a aquellos juegos de antaño que también describe en su poesía un paisano (más o menos de mi misma edad) bajo el seudónimo de “el diablo”.  
Como norma, no en todas las ocasiones, pero sí en muchas, siempre se terminaba la reunión con un imberbe corriendo y una lluvia de piedras le perseguía hasta la entrada del pueblo. Por supuesto que no siempre le tocaba al mismo ni aquellas heridas eran mostradas pensando que lo acontecido que si se detallaban las razones de las pedradas a algun miembro de la familia podría ser peor. Las rotaciones del apedreado eran inevitables.
Casi todos los de mi generación si nos rapásemos la cabeza como Abdula, seguro que aparecerán las cicatrices de aquella forma de resolver nuestras diferencias. Uno corriendo y todos detrás lanzando piedras sobre aquel que había sido juzgado y condenado sobre la marcha. Yo que pensaba que era una característica beninera, resulta que es un comportamiento que también aparece en África y en otros lugares. 
No deja de ser un comportamiento no del todo erradicado, puesto que he visto en la tele (eliminadas las piedras al alcance de la plebe) que en la conmemoración del día de Cataluña, al público se le ha distanciado cien metros más del año anterior, puesto que en los años anteriores, los insultos lanzados (les causaban a los políticos el mismo daño que una pedrada) y los gestos, era el recurso de los indignados al no tener una piedra  a su alcance.
Pero las pedradas más fuerte que no dejaron cicatrices en el exterior de la cabeza a los beniner@s las tenemos dentro.
Hoy me he vuelto a encontrar con Abdulá desde hace un tiempo y me he vuelto a acordar de las pedradas que da la vida. A él, el vivir el pobre como puede y yo viviendo de recuerdos, de cicatrices cerradas pero marcadas en mi cabeza.
Cuando se valoraron las fincas, casas, (…) de Benínar, cada uno sabía lo que había firmado y cobrado por lo suyo, pero no lo del vecino de casa o del huerto. ¿Quién sembró la duda de la diferencia entre secreto de estado o oscurantismo?.    
Los que tramitaron todo aquel tinglado de expropiar, que aún viven algunos, que nos los podemos encontrar  un día por la calle,  apelo a ellos que dichos funcionarios nos expliquen la diferencia, es decir: ¿Tenían claro lo aconsejado a aquellos ilusos que aquel consejo de mutismo total no era lo corecto?.
Lo de apelar a que nos expliquen suena (les suena a ellos) a cachondeo puesto que han pasado ya unos cuantos años (cuando se cerraron las compuertas de la presa ya estábamos en democracia y los socialistas ya estaban gobernando en Sevilla), los beninar@s tienen la duda (el que escribe tiene la duda) que todo lo relacionado con su pueblo, con Benínar, con el pantano suena a dictadura bananera.
Se puede explicar y en democracia tenemos derecho a saber:
-         Todo lo relacionado con la expropiación. No solo a los últimos que quedamos, también había que incorporar a aquellos que los expropiaron las hambres.
-         Si queremos volver, si necesitamos volver a Nuestras Raíces, ¿podemos en vida?.
Lo del regreso eterno con los pies por delante ya fueron generosos y se nos concedió un nicho en el nuevo cementerio siempre y cuando tubiese una lápida de todos los entarramientos en el cementerio que había cerca de la población.     
Puede que los datos se encuentren a disposición del público en general y el que está escribiendo no los encuentra, (…), los desconoce, aunque no es mi intención estar al margen de todo lo relacionado con mi pueblo, Benínar. Casi a diario suelo visitar los medios de comunicación que se editan en Almería y hasta ahora jamás me he tropezado con los siguientes:
-         ¿Tiene contador de aguas el pantano?. No creo que sea admisible que no lo tenga puesto qué, cada año debe aparecer una cuenta de resultados de lo almacenado, vendido.
-         ¿Existe un responsable que en un momento dado pueda colocar números y estadísticas encima de la mesa?.
-         ¿Existen estadísticas, cuentas y estimaciones de lo que hasta estos momentos se le ha sacado de beneficio al pantano?. ¿Quién las tiene?. En democracia se deben cumplir el dicho: “Las cuentas claras y el chocolate espeso”. ¿Son datos que no debe conocer la plebe, están solo reservados para determinadas mentes “eruditas” en la materia?. Es decir datos que solo conocen y custodian los políticos de turno.
-         El que escribe lego en esta materia (como en tantas otras), no puede ir a su ayuntamiento a estilo compadre, es decir esperando la entrada o salida del alcalde al ayuntamiento y hacerle la siguiente pregunta: ¿Qué cuantía  le entrega al consistorio la Junta de Andalucía por tener dentro de su término municipal una fuente de energía que produce unos beneficios?. Se me puede contestar (sobre la marcha): “Hasta ahora ni un euro”. Eso es lo que me contestó cuando le pregunte  a un paisano muy placeado en la política local, la pregunta que podía plantearle al alcalde. Libremé Dios de escribir estas preguntas al alcalde de Berja y que me las conteste por escrito.
-         ¿En el recibo que paga todo contribuyente por el consumo del agua, existe-n gravámenes, vinculado con lo beninero, que se globaliza sobre el consumo?.
Aunque el tema tiene “tela del telón (…)”, tengo que terminar puesto qué, como me decía (mi parienta) Encarna Rubillo: “Cuando veo que el escrito es muy largo, ya me he cansado y ni lo empiezo a leer”.
-         Pero Encarna esta es la pedrá más grande que nos dieron a los benineros.

-         Dejaté, dejaté, que al buen entendedor con pocas palabras te ha entendido. 

jueves, 16 de marzo de 2017

Montañas del Sol y la Luna.

Alczar de Venus desde la Contraviesa. Paisajes de Granada.
En el 1833 un viajero romántico Richard FORD,  británico que vivió en Sevilla y Granada, se dio sus escapaitas por los alrededores de cada una de las ciudades  y es de suponer que cuando estaba viviendo en Granada fuese o viniese a lomos de algún asno, para ir del  Sol a la Luna o en sentido contrario. Por los datos, los que dejo escritos, ese pasaría por el río que pasaba frente a Benínar. Seguro.    
Nada más  por dejar escrito, Richard (¿a que suena  a colega como lo escribo al no colocarle lo de FORD?.  Pero es que,  al leer lo reflejado en “Almería visto por los viejeros, …”, esa forma de ser , es de los que brillan con luz propia como lo hacen estos días de carnavales los copleros en Cádiz) esta definición, que la escuchase, le leyese o se la inventase, nada más por ello : 
“Alpujarras, último refugio de montaña de los moriscos. Según algunos, las sierras de Gádor y Contravieja son el núcleo de las “Montañas del Sol y la Luna” de los moros”.  
Nada más por ello, se le puede perdonar lo que aparece en el libro publicado por I.E.A., que al inglés le gustaba:  “A lucir su ingenio burlesco a costa de los españoles”.
Otro parrafito del colega Richard:
“Los habitantes son medio moros, aunque hablan español. Las mujeres, con sus mejillas color albaricoque, (¡tela marinera!) sus ojos y cabello negro, miran de forma salvaje al infrecuente forastero desde sus ventanas como escotillas, apenas mayores que sus cabezas”.
En éste párrafo está más perdió que el “barco laroz”.  ¿Las benineras en tan corto espacio de tiempo, en tan solo un siglo, de Richard Ford a Eugenia Doucet  han podido evolucionar dentro de una  sociedad cerrada, hermética,  de ser unas salvajes a plantarse delante de un vendedor y hacer "encaje de bolillo" con los sueños de la venta?.
Escribe Eugenia Doucet de las benineras:
“Los vendedores (de cerdos, de cántaros, de cebollas matanceras, de retales de tela, de especies, talabarteros, de todos los oficios moriscos, )  procedentes  de una línea sanguínea, enriquecida por los años  de comercio judío y morisco, taimaría gitana y jovialidad andaluza, los cogían las mujeres de una calle, lo rodeaban y dialécticamente lo derrotaban”. 
Otra definición de aquella zona cuando pasó por allí Richard, cuando el que escribe la vivió intensamente,  en su plenitud, de cantos de pájaros, de melodías de acequias y brazales, de frutales en su floración y después llenos de frutas, de silencios de cerros rotos por el canto de una perdiz, en sui niñez y adolescencia, dice el inglés:
“A pesar del tráfico, los caminos son inicuos y es que así fue siempre, porque, como dice un poeta moro de estos lugares: 
El único remedio para el viajero es parar; los valles son jardines del edén, pero los caminos lo son del infierno”.
¡Ay!,  !Alpujarra!, Alpujarra querida. Donde se tiene  que ir para ver, para oler, saborear, para andar, puesto que por allí no se pasa ni para ir, ni para venir a ninguna parte.

Sierra de la Contraviesa


martes, 21 de febrero de 2017

En un periodo corto de tiempo se pasa del hambre al desperdicio


Terminada la guerra civil y coincide por aquel tiempo en que las lluvias son escasas, no solo un año si unos cuantos,  la producción agraria no daba para que todos tuviesen seguro un trozo de pan, es en el 1948, cuando termina la racha de aquella sequía y en Benínar aquel año pasa a los anales como el año el hambre.
Me contaba  un paisano  que sobre los años 44-45, comenzó a trabajar cuando tenía 10 o 12 años, guardando borregos en el Meloncillo.
Al ver que su padre se había marchado a la guerra y no regresaba le pregunta aquel zagal a su madre que cuando regresaba su padre y su madre le contesta:
-     Ojalá tardase unos cuantos años más ya que si estuviese aquí cada año te nacía un nuevo hermano.

El sueldo para el pastorcillo estaba en aquellos tiempos, en una peseta y la comida. Partiendo de la base que aquel negocio durante un año solo tenía el beneficio de la venta de borregos nacidos en aquel año. A aquellas ovejas no se les ordeñaban por dos motivos, el primero por estar la manada de ovejas a casi siete kilómetros del pueblo y la segunda razón por ser aquellos años muy escasos en pastos. Por ello la producción de queso era nulo al año.

Aquel trabajo no duraba todo el año. Duraba el tiempo en que se destetaban, se pastoreaban dos o tres meses y se  podían vender los borregos. La guardería de aquellos animales estaba en los parajes de El Meloncillo y El Pabilo a siete kilómetros del pueblo. Vendidos los borregos, las borregas se devolvían con la manada de ovejas y aquel zagal se queda sin trabajo.

Vuelta de nuevo al pueblo a encontrar trabajo, en el que estaba especializado: Pastorcillo.
Por recomendaciones, por lástima, por compasión, … ese era el currículum que podía aportar aquel aprendiz de pastor que formaba parte de una buena camada de bocas que como los pajarillos cada vez que escuchaban el sonido todos abren la boca, en este caso cuando escuchaban el sonido de unas  herraduras, acudían todos a la puerta por si quien llegaba, eran las herraduras de la suerte. Especifico suerte, porque no en todos los casos aquellas bocas quedaban saciadas.

La competencia que tenía aquel pastorcillo era tremenda de zagales de su misma edad en el pueblo y mismas circunstancias que necesitaban tener algún trabajillo. Me decía el nombre y donde vivía de un zagal de doce años que se le calló el pelo, se quedó calvo sin encontrar razón alguna que el hambre. El trabajo de pastorcillo tenía la ventaja que cuando picaba el hambre y se estaba solo en el campo sin que nadie lo viese, se enganchaba a la teta de una cabra procurando que los tragos afectasen lo menos posible al volumen de la ubre.
   
Por fin es contratado para cuidar tres cabras.
Un día cuando regresa del pastoreo, cuando se recogían los benineros cuando  ya no se podía trabajar en el campo por falta de luz, la dueña de las cabras le dice al aprendiz:
- !Has estado jugando o perdiendo el tiempo!. !No te das cuenta que tienen la barriga vacía las cabras!. ¡Te das cuenta que las ubres esta, casi vacías!.
El pastorcillo jugándose el tipo le contesta:
- Te preocupa como tienen la barriga las cabras y te trae sin cuidado como tengo yo la barriga.

En aquellos tiempos no se podía responder de aquella manera tan desafiante; es despedido y al otro día a presentar otra vez el currículum que lo tenía grabado en la cara.
La cara, al manifestar de forma palpable el hambre era la parte más importante  en  el currículum. Su cuerpo canijo era estremecedor.                              
Nuestro paisano en  el 1.951, llega a zancadas  a su casa, faltándole la respiración y recuperado el resuello comienza a darle puñetazos al viento a la vez que le dice a su madre:
- Se va a construir una casa para el médico. Me he encontrado al alcalde Frasquito Baños y me ha dicho si quería trabajar cobrando 20 pesetas y que si fuese albañil cobraría cinco pesetas más.
- Pero deja de dar puñetazos a las musarañas - le está diciendo la madre - y termina. ¿Las 20 pesetas que son al mes o al día?.
-     ¡Al día mama, al diiiiiiiiaaaaaaaaa!.

Le miro un rato a los ojos intentando expresar toda la ternura que era capaz de soltar en aquellos momentos  a aquel paisano que está recordando su pasado porque yo se lo he preguntado, pensando que aquello que había vivido aquella generación de zagales en Benínar debería quedar escrito para que todas las generaciones posteriores valorasen de donde se parte y hasta donde nos han situado ellos.
Dicen los medios de comunicación que un tercio de las comidas de los hogares se tira a la basura. Los patos que viven en el rio donde yo vivo, al atardecer, cuando le tiran el pan que sobra en las casas, a esa hora están tan hartos, que no se mueven de donde están. Cuando acudo ya casi a la hora de cierre al supermercado y veo que ha sobrado un poco de boquerones, un poco de sardinas, etc., donde irán esos “desperdicios”. Cuando acudo a mi parroquia y veo la de bolsas de ropa que los encargados se ven desbordados, no puedo más que acordarme de mis paisanos que vivieron en todos los pueblos de La Alpujarra en aquellos años después de la guerra. Cada vez que cruzo la carretera de Algeciras a Tarifa y se contempla el Estrecho de Gibraltar que a tan solo catorce kilómetros unos cuantos grupos de africanos están esperando, sueñan con llegar a este lado, me acuerdo de mis paisanos con nombres y apellidos que cuando emigraron lo hicieron en las mismas circunstancias y que en su gran mayoría cuando piensan en Benínar piensan en todas las calamidades que pasaron en su niñez y reniegan de su tierra. Es tremendo pensar que casi todos mis paisanos que tomaron la decisión de marcharse renieguen a sus montes, el río, las fuentes, las calles donde dieron sus primeros pasos, sus primeros juegos con los niños de su edad, recogieron sus primeras alcaparras de los montes, escucharon los trinos de los pájaros y sobre todo donde se encuentran enterrados sus descendientes, no comprendo cómo se puede renunciar a todo eso. A todos esos que aun no han llegado a esa simbiosis con su tierra, la tierra de sus ancestros, que cierren los ojos y se pongan a escuchar: 

https://www.youtube.com/watch?v=M_gSydN_BYM

lunes, 13 de febrero de 2017

Los reales que te den se los das a tu abuela



Un ingeniero catalán de treinta años sentado en uno de los  malecones de una carretera alpujarreña justo en  El Collado, miraba donde antes estaba el pueblo de Benínar. Tenía entre sus manos un pequeño cofre lleno de cenizas. Contempla el valle, la planicie de las aguas mansas del pantano y en nada se parecía a la imagen que le describió  su abuelo.
Aquel nieto pidió una semana de vacaciones para dedicarla a que las cenizas de su abuelo recorriesen todos aquellos lugares descritos en sus cuentos, los que aun  permanecían frescos en la memoria del ingeniero.
El  joven en el momento de planificar el viaje no encontró ni direcciones ni teléfonos de  los paisanos de su abuelo. Se les olvidó a su familia seguir manteniendo  relaciones con la gente de su pueblo natal y cuando llegan estos momentos en la vida de todas las personas, es cuando se  mide lo grande que es la soledad; mira a su alrededor, tenía que iniciar el entierro  y se encontraba solo.
El anciano le  había pedido que aquel viaje lo hiciese cuando el trigo de las cementeras estaba granando y entre el trigo florecían las amapolas.
Desde que entró en el hospital - donde el anciano decía que no saldría con vida, - cada vez que acudía su nieto a visitarlo al final solía decirle:
-          Mi vida; que no se te olvide el encargo.   
Su abuelo pedía que  cuando muriese lo incinerasen y sus cenizas quedasen depositadas en el  cementerio de Benínar.
Sentado en el malecón aquel joven cierra los ojos y pretende escuchar las palabras de su cuentacuentos preferido:
-          Nene - le decía el abuelo al nieto, - en mi entierro me dejas debajo del puente un ratito y después dejas mis cenizas en el cementerio para que descanse al lado de mis  padres, entre mis  paisanos.
Aquel emigrante se había marchado del pueblo a comienzos de los cincuenta y la imagen que guardaba de su pueblo se la había trasmitido a aquel nieto cuando tenía edad que le contasen cuentos al estar sentado en las rodillas.
En todos los cuentos su abuelo solía empezar diciendo:
-          En Benínar donde yo nací había una vega llena de árboles frutales que eran regados por las aguas del río. Los nidos de los jilgueros y verderones, los solíamos encontrar en los naranjos llenos de azahar y los nidos de las perdices en el secado debajo de una bolina, …
Una de las persona clave para aquel joven recuerda que  siempre se le transformaba el rostro cuando dentro de su narrativa aparecía antes o después la palabra Reducto. Aquel espacio sería donde  trascurrieron  todos los juegos de la niñez de la persona que siempre le llevo y le esperó en la puerta del colegio cuando el ingeniero tenía edad de ir a la escuela. 
El nieto catalán sentado en el malecón ni ve la plaza, ni El Reducto ni el puente, la iglesia, ( … ) de sus cuentos. A sus oídos no llega el sonido fresco y trasparente de las aguas cristalinas donde su abuelo había bebido tantas veces, ni escucha el chapoteo de los niños en las pozas del río… No está oliendo  como decía su abuelo que olía Benínar a tomillo y a cal.
El ingeniero tenía otros encargos:
-          Le pides perdón por las veces que me burlé de  Antonio el de Carpo y Antonio Campoy y si ya han muerto,  le pones un ramo de flores silvestres en la tumba donde estén  descansando.
Para mis  padres y abuelos, como se habrán quedado enterrados en el suelo del  viejo cementerio, coges cuatro amapolas  y cuatro espigas de las que nacen entre la cementera y las tiras al agua.
Infórmate a donde llegan las aguas del pantano; ve a los      ayuntamientos donde lleguen sus aguas. Al primero que encuentres, le pides un real.
Los reales que te den te los traes a Barcelona y se los pones en la tumba de tu abuela. Siento remordimiento por haberle recateado  cada perra gorda que me pedía para ir a comprar. Esos reales es la herencia beninera.
Tu abuela sabes que era extremeña y nunca se creyó que mi herencia estaba en Benínar.

Nota:
El que escribe y relee una y otra vez el contenido, se siente unido:
-          Gaoshan de Taiwuán.
-          Karajá de Brasil.
-          Innuit de Canada.
Tantos y tantos pueblos que en nombre del progreso son atropellados. Lo más lamentable es que en estos momentos en América del Sur, en  China o en África, se está empleando la misma táctica y el mismo argumento para expulsar a sus moradores de los pueblos donde han nacido y donde están enterrados sus antepasados.