sábado, 1 de octubre de 2011

LOS NEGOCIOS DE BENÍNAR. (I).

Pretendo desarrollar en unos cuantos capítulos los negocios que existían en Benínar desde el 14 de diciembre de 1955, fecha en la que España es admitida en las Naciones Unidas y la fecha de octubre de 1973 que se produce la gran riada. Toda el agua que pasó por nuestro río, se llevó toda la vega, llegó al mar por Adra, llenando toda la calle principal (La Carrera) de éste municipio de latas de conserva.

Saco a relucir lo de las latas de conserva, por asegurar sin equivocarme que durante todo este periodo acotado, los beniner@s, ni las conocían y sobre todo, tuvieron en sus manos un abre latas.

Si descartamos los abrelatas y por aquellos tiempos aún no se conocían las bolsas de plástico, ya nos iremos centrando mejor en lo que podía tener una tienda en el pueblo. Por supuesto, aún no había llegado al pueblo un tetrabrik, puesto que la pastora repartía la leche por las calles y la fruta se cogía directamente del árbol (cada una en su época) y allí mismo, ...

De artículos de ferretería nada de nada; lo de las cajas de herramientas en cada casa, la tienen los beniner@s, cuando en su piso actual necesitaban alicates, tenazas, cinta aislante y destornilladores. Todas las averías en cualquier casa del pueblo (al menos por aquellas fechas) se podían resolver con un cuchillo y unas tijeras. Por supuesto aquellos alpujarreñ@s aún no sabían (si lo sabían lo habían visto en la capital) lo que era ni para que servía una tubería. Ni agua potable, ni alcantarillado, ni lavadora ni lavavajillas, etc.

A última hora aparecerían en las tiendas algo de droguería, (comenzaban los estragos de la publicidad de la radio y la TV) pero esos productos las benineras, recurrirían a comprarlos en escasas ocasiones, retorciendo la boca y el cuello cuando se le preguntaba por sus resultados. Como el jabón casero de toda la vida, el que fabricaba cada cual en su casa, y la técnica de colocar la prenda al sol, en el río, encima de las piedras y regarla de vez en cuando daba unos resultados que las prendas quedaban como los chorros del oro.

A estas alturas del escrito, pienso en el supermercado al que acudo todos los días a comprar y como siga eliminando (mentalmente) estanterías, en cualquier cuartucho de cualquier calle, estaría montado en la actualidad un mercadona.

No hay comentarios: