miércoles, 22 de julio de 2015

Ahora tan solo les faltan devotos.



Me decía mi amigo Antonio compañero de la universidad que en Trigueros, pueblo de la provincia de Huelva,  cuando estallo la Guerra del 1936, el comité se reunía en la iglesia del pueblo. Eliminaron todos los santos que había en la iglesia y que cuando llegaron a San Antonio Abad, patrón del pueblo nadie se atrevía a ponerle las manos encima y se aprobó por unanimidad que se le dice el número uno del carnet del partido comunista. Un problema menos para aquellos revolucionarios que se disputaban el número uno del carnet.
En Benínar ocurrió que aquellos alpujarreños eran mucho más lanzados, en este caso a San Roque, el patrón, lo arrojaron por encima del puente al agua del río pero como la escultura es de madera, fue flotando en el agua hasta llegar a una presa y allí se la encontraron y la guardaron  escondida hasta que terminó la guerra.
Lo que intento por todos los medios averiguar es la reacción de aquellos  benineros,  del mil novecientos treinta y seis ante todos los santos que tenía la iglesia. Es de suponer que actuarían como los de Trigueros. Bueno peor, ya que a San Roque, se lo quitaron del medio sin pensar que existían los milagros.
Todo esto sale a colación por ser reciente la fecha de volver a juntar a todos los santos que había en la Iglesia de Benínar (que fueron repartidos por las iglesias cercanas cuando destruyeron la iglesia por “razones del progreso por la construcción de la presa”) en una ermita reconstruida en la pedanía de Hirmes.
He visto en la cara de mis paisanos la satisfacción de tener otra vez ante su mirada a todos aquellos santos juntos y mucho más cuando han escuchado repicar de la campana.
Aún tenemos entre nosotros (y quiera Dios que sea por mucho tiempo) a paisanos que por su edad vivieron en aquellos días en que el cura escapó por los pelos vestido de mujer camino de Berja y como aquellos nuevos dueños del pueblo tomaron posesión del edificio de la iglesia. Aquel inmueble quedó en manos de personas que les importaba un carajo aquellos santos.  Parece que ha quedado borrado de la mente de la  otra parte de benineros que ocurrió en aquellos tres años. Ni está escrito en ninguna parte. Es de suponer, que  todos aquellos santos que había antes de la guerra fueron quitados de en medio y que los que en la actualidad veneramos son figuras que fueron llegando al pueblo después que terminase la guerra en tan solo diez años. Sigo suponiendo que el interior de la iglesia sufría una remodelación para ir colocando en sus nichos a los santos que llegaron. En mi niñez se decía que la Virgen de Fátima fue comprada por Emilia en agradecimiento al sanar su hijo Pedro por pasar una larga enfermedad. De la llegada de las demás imágenes, nadie me contó nada.   
Recurro a dos imágenes la de Málaga por mi tiempo en dicha ciudad en la universidad y la imagen que en la ciudad donde vivo Algeciras que levanta pasiones. Todas aquellas ciudades o pueblos que estuvieron un tiempo en el bando de los perdedores de la guerra eliminaron parte del patrimonio religioso y Benínar, Málaga, Algeciras entre otras ciudades sufrieron dichas pérdidas.
Señor de Algeciras, una imagen de Jesús Cautivo obra de Carlos Bravo Nogales en 1944.
 El Cristo de la buena Muerte, el que procesionan  La legón  en Málaga sufrió varios ataques y mutilaciones antes de ser definitivamente destruida en 1931 durante la quema de iglesias y conventos de Málaga del 11 y 12 de mayo de ese mismo año 1931. Hoy en día, fue esculpida en 1941 por Francisco Palma Burgos, inspirándose en la imágen original de Pedro de Mena.
Lo que realmente me llena de interés de todo lo acontecido últimamente con la reconstrucción de la Ermita de Hirmes de lo último vivido por  los benineros es el interés mostrado por volver otra vez después de 85 años  a la reconstrucción de la ermita, volver a llenarla de santos, de los cuales tan solo se sacan en procesión  dos imágenes, la Virgen del Carmen y San Roque. La Virgen de Fátima, San José, San Marcos, La Inmaculada, el Corazón de Jesús, el Niño Jesús que fueron procesionados en el día fijado en el calendario, en mi niñez y juventud cada año, y, es más, cuando no llegaba la lluvia y los campos estaban secos se sacaba en procesión a San Marcos para que fuese propicia la lluvia. Me pregunto: ¿Cuántas velas se les encenderán a las imágenes no procesionadas y cuantas-os benineros se pondrán de rodillas delante de  dichas imágenes para encomendarse o encomendar sus impotencias?.
Todos decimos: ¡Por fin todos vuelven a estar juntos!. Para mí  dicha expresión no encaja en mi mente, que  estos herederos (los jóvenes sobre todo) del patrimonio de Benínar entiendan “lo de por fin están juntos” ya que se caracterizan por su escepticismo y por las escasas veces que encienden velas (carecen de santos de su devoción o son otros santos distintos de los que están en Hirmes) y se ponen de rodillas ante los santos de sus antepasados.
Hace escaso tiempo he estado en Inglaterra y la mayoría de las iglesias están vacías, nada más entrar en ellas da la impresión que el culto de antes ha desaparecido, que la juventud no acude a ellas y ya murieron los creyentes. Por último me aparece con frecuencia en mi mente la siguiente pregunta: ¿Qué le dicen a nuestros hijos y nietos las imágenes que nosotros hemos logrado juntar otra vez y veneramos?.
Que de milagros tienen que ponerse a obrar todos los santos de nuestra Ermita de Hirmes para que la juventud repartida desde Algeciras a Cataluña para que los beninerillos-as se les hagan devotos, se encomienden a ellos y que suban a verlos y les enciendan media docena de velas. Una por cada antepasado.       

viernes, 10 de julio de 2015

Treinta y tres años no fueron capaces de borrar de mi memoria.








Todo empezó aquel agosto del año 1982, la última vez que se celebraron las fiestas del día de san Roque. Nunca se me ha olvidado aquella imagen de estar portando con el marido de María  la imagen del patrón y empezaron los cohetes, las tracas, en el Reducto y en la plaza. Aquella humareda y explosiones y mirando las paredes de la iglesia que parecía que se venían abajo, habían aguantado todas las pedradas que le habían llegado desde el Cerro el Algarrobo con los barrenos para obtener las piedras para  la construcción de la persa. En aquel caos aparece María. Con las manos y con el rostro, exclama, comienza a decir, … En aquel momento todos teníamos la sensación de estar en la puerta del infierno y Lucifer invitándonos a entrar.  Eran las últimas fiestas que se celebraban en Benínar, estaba dentro del embalse y por ello tenía que desaparecer, pero como ocurre ante la desaparición de un ser querido, nos preguntábamos una y otra vez: ¿Cual es la razón. ¿Por qué tiene que desaparecer?. No lo entiendo. ¿No se encuentran otra solución?.
Los ingenieros (los más listos del mundo mundial pero con una carencia total de sentimientos), la solución que ya habían planificado fue la demolición de todo el pueblo y por supuesto incluida una iglesia que en su fachada tenía una fecha que había sido construida en el 1575. Este bien cultural de La Alpujarra no le ocurre como:
 El castillo de Vélez Blanco que en el 1945  es cedido al Museo Metropolitano de Nueva York, donde más tarde quedó montado tal como puede verse en la actualidad. 
Aquellos responsables es de suponer que llamasen al cura para que se llevase las imágenes de La Inmaculada, del Carmen, San Roque, San José, etc. Las imágenes fueron repartidas por las iglesias del entorno y en  casas de particulares.
Así han estado hasta el año 2015 en que se ha vuelto a reconstruir la ermita en la pedania Hirmes de aquel pueblo que se llamó Benínar.
Estando en aquella explanada en Hirmes mientras se celebraba la bendición por el Sr. Obispo de la ermita y del altar por  mi mente pasaron  de golpe todas aquellas imágenes de aquellas procesiones celebradas cada año, de aquella Virgen de Fátima que regaló Emilia por salir de aquella enfermedad complicada su hijo Pedro. La de rezos de mi abuela Mamanona, de mis mayores, de mis abuelos, de mis padres y donde nacieron mis primeros amores.
No entendía, ni encontraba palabras adecuadas para unir argumentos para narrar, contar, decir, que de toda aquella iglesia tan solo se han salvado los santos (no todos) y la campana. Los bautizos, las bodas, los entierros, las de horas hincadas de rodillas rezando, (encomendando, pidiendo el cambio de rumbo)  en los reclinatorios, en el suelo, todo aquellos haces y sacos de rosarios, misas, procesiones y novenas, llenos de sentimientos, todo aquello, en aquel recinto, alguien decidió, que entrase la máquina y derribarse aquel recinto.

Con el paso del tiempo los benineros nos hemos interesado por todos aquellos pueblos que pasaron por el mismo calvario por el que paso el nuestro y hemos comprobado, como en la mayoría  de toda la geografía de España, en circunstancias similares al nuestro, al menos, los campanarios sobresalen por encima del agua, ello significa que se respeto de lo más sagrado de un pueblo que es por donde pasan todos sus habitantes cuando nace, se casa, cuando uno se inca de rodillas para rezar por ir las cosas torcidas, y, sobre todo se celebra la misa  de cuerpo presente.
   
La nueva ermita ha sido levantada a base de donaciones de hirmeros  y benineros y vendiendo loterías. Del pueblo, de los vienes comunales tan solo nos ha quedado el recurso de vender lotería (o no se dispone de un euro de otra procedencia) para pagar los bocadillos que se reparten cada vez que nos encontramos para cualquier celebración llegados cada cual de donde fue desterrado. 
Otra indignación más que en ese día me hacía apretar los labios y tragar suspiros, pensando que en mi ciudad Algeciras y Almería capital se encuentra levantadas todas las calles para montar el carril bici. Otro dato: Tan solo hace  unos días en el 2015 por fin tenía agua potable aquella población de Hirmes, la que fuese pedanía de Benínar que fue sacrificada para abastecer de agua a los invernaderos del Poniente Almeriense.
Los benineros e hirmeros hemos aportado tanto, se nos ha pedido tanto, que cuando a nosotros nos ha llegado lo que nos corresponde, ya somos mayores y creo, (al menos yo) que lo que nos queda es la resignación y agradecer que para la inauguración de la nueva ermita, acudan las autoridades. 
Tiene guasa dar las gracias y la bienvenida a unas autoridades que jamás se han pronunciado (ni estas ni las de antes) por lo que hicieron con mi pueblo y con su patrimonio. 
Datos:
 Se constituyó la Comunidad Autónoma de Andalucía el 28 de febrero de 1980 El dictador estaba enterrado y España era demócrata. Es una pregunta que nos hacemos los benineros (al menos yo): ¿En que consiste la democracia?. ¿Se puede restituir en cierta medida el mal ocasionado a un pueblo?.
Termino con un artículo publicado en Plaza de Benínar.

  DIÁSPORA BENINERA

LA DEMOCRACIA POR UN BENINERO.

La democracia comienza a enraizar en una población, cuando el 51% está vestido, tiene donde cobijarse, tiene un frigorífico donde guarda sus alimentos y tiene un mínimo de recursos fijos. Pero sobre todo, sus jóvenes tienen acceso, gratuito a la educación.
  E
En estas condiciones es cuando ese 51% tiene capacidad para escuchar a los que intentan vestir a los desnudos, reguardar a los sin techo y hacer presión para que tengan su parcelita donde se
sientan partícipes de la cosecha y sobre todo que puedan desarrollar su creatividad.

Quintero, en un pregón en los Carnavales de Cádiz lanza una frase:

“Para saber y comprender a Cádiz hay que mamar en Cádiz”.

Para saber lo ocurrido a los benineros, se puede aplicar dicha frase.

En Beninar la democracia se puede mirar como un caso atípico dentro de la provincia, pero dentro de la aldea global en la que estamos sumergidos es de vital importancia estudiar las condiciones de vida de su población.

Es un caso atípico dentro de Almería, puesto que ningún pueblo de la provincia, desde comienzos de los setenta, está sometido a las presiones:
- Que se tienen que marchar de su pueblo, puesto que El Poniente Almeriense demanda un pantano.
- Sus casas, sus tierras serán valorados, por dos personas que han llegado al pueblo y están respaldadas por la autoridad de aquellos momentos en Almería, España y que por mucho que protesten “la autoridad es la autoridad”.
- En aquellos momentos, la autoridad recién llegada al pueblo para la expropiación, “no entienden”, “no escucha”, “tiene la orden de sus superiores”, que la peseta es la peseta y los sentimientos, no entran a ser valorados por las pesetas.

En el caso de la aldea global en la que estamos sumergidos, a los benineros se les trata como se les trató, por ejemplo, a Los Navajos, Los Sius de América, Los Apatamas en Argentina o los que en la actualidad viven en la cordillera del Atlas en Marruecos.

No sé qué explicaciones le dieron a los chinos que se tuvieron que marchar de sus tierras, para crear en dicho recipiente natural, la presa mayor del mundo mundial. Seguro que los argumentos fueron los mismos que empleó El Ingeniero Jefe de La Presa de Beninar que después fue consejero de la Junta de Andalucía.

La transformación de dicho personaje en un brevísimo espacio de tiempo de actuar como un dictador, - el representante de Franco en La Alpujarra: un "franco en África en los años treinta", con tan solo treinta años, - en Beninar y después ser un demócrata en El Parlamento de Andalucía es para ser estudiada.

Para un beninero, la democracia es etérea, si no se le pone nombres y apellidos y sobre todo, los sumergidos en la democracia la van llenando de contenido.

Como se solía decir en Beninar:
“Cuanto más tropezones uno se encuentre en la sopa, más se nos va llenando la cara de satisfacción”.

              

lunes, 22 de junio de 2015

!Niño!: Con cada copa me duermo un demonio


 


Recuerdo que en Benínar si mencionábamos la palabra borracho a nuestra mente llegaba la imagen del primo Juan el de Juan Antonio. No recuerdo cuando se hizo mayor. Cuando se cumplían los treinta o los cuarenta en el pueblo, todos los hombres vestían de la misma forma y era imposible adivinar su edad. Se hacían viejos, cuando comenzaban a deformarse y por su forma de nadar.  Cuando llegó ese momento de vestir de mayor Juan todo lo dejo aparcado y se dedicó a estar todo el día en los bares del pueblo y en eso pasaba el día, ya que por la noche como podía llegaba a su casa para acostarse.
Le llegó una especie de regalo, una herencia,  con la que no contaba (lo que hoy en día puede ser una pensión) al morirse una hermana de su madre en Granada y ser los legítimos herederos él y su hermana Carmen. En el pueblo aquella herencia rompió el refrán que decía: “Quien tiene un amigo en Graná ni tiene amigo ni tiene na”.  Granada tenía en aquella época una influía en Benínar tremenda.  Lo que ocurría en dicha capital marcaba lo que en aquellos momentos había que hacer, tanto en lo personal como en lo colectivo.
En aquel tiempo el tema de las pensiones aún no habían llegado a La Alpujarra y las personas mayores no solían emborracharse, quizás una copita de anís antes de marcharse a la vega, pero eran muy pocos, tan solos los que tenían  un real en el bolsillo; la gran mayoría  tampoco tenían una cosecha a la vista para vender y dejar la copa fiada en el bar. Lo de bar es un decir puesto que en el pueblo se le llamaban tabernas hasta que Joaquín montó un bar con TV y discoteca.
En Beninar después de la guerra civil, llegó otra revolución. En el pueblo existieron unas cuantas revoluciones, la siembra de plantas para la sosa, el esparto, las minas de plomo, la siembra de parras, y la última hacer murallas en el río para encauzarlo y ampliar la vega.
Juan tenía unas paratillas (terrazas de cultivo) a la vera del río y hablando con los vecinos les propuso hacer una muralla estrechando el cauce del río y por ello se formó un pago (la vega del pueblo estaba dividida en trozos de tierra con una determinada acequia y todas las tierras que regaba dicha acequia se le ponía el nombre de pago en esta caso el Pago de los Arenales). La acequia de Los Arenales no existía antes del nacimiento de Juan. Al estar soltero y lleno de energías él, Juan el de Juan Antonio, era el que  siempre estaba trabajando en la muralla. La madre le llevaba la comida a medio día para que no perdiese tiempo en su trabajo. Los demás vecinos acudían para la construcción de la muralla cuando podían, Juan siempre estaba a pie de obra y mientras descansaba, acercaba arena, piedras  o cal. Sin él hubiese sido aquella muralla algo parecido a la Torre de Babel. Se hubiese empezado pero no se hubiese terminado.  Puede que la formación de aquel pago, Juan, sacase la conclusión  hacerse borracho por el desencanto.
Cuando ya la muralla estuvo totalmente terminada y su finca entarquinada, no se sabe si por su situación de soltería, el morir sus padres, por aparecer  la herencia de su tía de Granada, por, …, lo cierto es que dejo sin sembrar aquel trozo de vega de parras, de naranjos, o de algodón lo que en aquellos tiempos sembraban sus vecinos. Decide no hacer nada y comenzó a buscar compañía en las tabernas hasta asumir que se había convertido en alcohólico.
Cuando yo tenía edad de guardar una cabra (los compromisos que asumíamos los críos para ayudar a la familia), recuerdo un día que me lo encuentro sentado encima de la muralla y en aquella tarde estaba ebrio; me senté a su lado y le pregunto:
-         ¿Cómo es que no estás borracho hoy?.
Me mira de arriba abajo, se pone la mano sobre la barbilla sin dejar de mirarme y tarda tiempo en contestarme. La cabra había saltado al bancal y se estaba comiendo el maíz que estaba creciendo.  Le tiro una piedra a la cabra para que se fuese del maizal y Juan me dice que la deje mientras yo estuviese sentado con él.
-         Tenemos que hablar de la vida, - le digo - puesto que si estas callado me marcho.
-         ¿Y que conversación se puede tener con un mocoso como tu sobre la vida?. ¿Una persona de cuarenta años que conversación puede mantener con un mequetrefe como tú?.
-         ¿Te puedo decir lo que se dice de ti en el pueblo?. Bueno lo que dicen las chismosas no, pero sí lo que dice Mamanona:
Le da pena como los críos se rían de ti cuando te ven borracho, de lo que dicen las chismosas de cómo vas vestido y de cómo tienes que tener la casa de sucia.
Con el trabajo que te ha costado hacer la muralla y ahora el bancal lo tienes abandonado.
Que deberías de buscar una mujer y casarte como lo ha buscado tú hermana que ha encontrado un hombre, un viudo en Murtas. Han formado una familia.
Tu deberías ir a Turón, Darrical o a Hirmes y buscar una mujer ya que tienes finquitas que no todo el mundo lo tiene.
-         ¿Qué te ha mandado Mamanona para que me digas todas esas cosas?.
-         No. Esas cosas yo las he escuchado después del rosario cuando se quedan para charlar todas las mujeres en la puerta de la iglesia y la única que te defiende, la que habla bien de ti  es tu tía, Mamanona.
Al escuchar lo que le estaba diciendo, se tumba boca arriba, cierra los ojos y al poco tiempo se incorpora y dice:
-         Me voy  debajo de aquella higuera que una buena siestesita me va a poner a tono.
Ya que estaba en la parata más alta y debajo de la higuera, me dice:
-         No encuentro ningún argumento para explicarte mocoso la razón de ser un borracho.  Son temas de mayores. Con cada trago me ahogo un diablo.
Dile a las chismosas del pueblo que los pellejos (la piel de un macho cabrío se sacrificaba, se le untaba pez y se le daba la vuelta como un calcetín, se amarraban las extremidades y se llenaba de vino para poder transportalo a lomos de las bestias de un pueblo a otro)  que llegan de Murtas o las damajuanas que traen los Reinosos de Ujijar todas las semanas todo ese vino no me lo bebo yo solo.
Pregúntales cómo van a reaccionar sobre la construcción del pantano para que tengan agua otros. Toda la vega se irá al carajo.
 Mejor no le digas a nadie nada.


PD.
El escribir sobre borrachos, la idea me surgió estando en Inglaterra ya que me encontré con unos cuantos. Pero. Como me marca tanto  Benínar, mi pueblo,  donde pase toda mi niñez y juventud, me dije: Habla, escribe, desarrolla lo que conoces. Cada borracho-a de Inglaterra seguro que también ellos levantaron su muralla, o murallitas, y ...     

                                                                                       

jueves, 11 de junio de 2015

ABUELOS EN OTROS MENESTERES


La Virgen y el Niño con Santa Ana y San Juan el Bautista de da Vinci

Considero como normal que si me necesita mi hija para  cuidar a mi nieto mientras los padres están trabajando, que haga la maleta y me marche a Inglaterra, allí donde ellos tienen su trabajo. Estén donde  estén mi disposición es total. 
Para nada se parece el clima de aquella tierra, a la tierra donde vivo. Allí el sol es cicatero o las nubes lo quitan de en medio para ellas soltar agua (que para eso fueron creadas), casi de forma agobiante.
Mi nieto se encuentra en una edad que no admite estar en casa sin hacer nada y es por ello que le ponía el plástico al carro y yo me vestía con el mismo material y casi todo el día lloviese o tronase, o "cayesen chuzos de punta" (como se decía en mi pueblo, Benínar, para situar al que teníamos delante de cómo está el clima), estábamos fuera, recorriendo aquellas calles, los mercados, museo, etc., tan distintos a las nuestras de Andalucía.
Pero lo que más me ha impactado es ser el único abuelo que empujaba el carro de un bebe en un espacio de tiempo de casi un mes entero en una ciudad inglesa. !Ni uno me tropecé!. Aquí donde vivo en Algeciras en el paseo marítimo los que empujamos los carros somos en su gran mayoría los abuelos, por ello, al ser yo el único, empecé a observar a todos aquellos que más o menos de mi edad me tropezaba con ellos en la calle para ir “comiéndome el coco” (en algo había que pensar) analizando la procedencia de dichos abuelos. Como coincidencia, en el avión tres mujeres de mi edad (las únicas que hablaban en castellano), les pregunto la razón de su viaje y me contestan: 
- Con lo agustito que se está en Cádiz. Si no fuera por tener que cuidar de mis nietos, prontillo ve venía aquí a pasar frio.
Aquella ciudad que en el siglo de la revolución  industria fue la pionera en el tema textil, aquel tiempo dejó una serie de edificios que en la actualidad están restaurando, y transformándolos en diminutos apartamentos, que  dichos espacios de habitabilidad no son para las comunidades de paquistaníes o vayan ustedes a saber de dónde proceden aquellos abuelos, con grandes barbas, turbantes, blancos, negros o mezclados. Cuando digo lo de mezclados es cuando uno antes de dar una definición, se comienza a girar la mano hasta que a uno le sale el nombre adecuado o parecido a un determinado color.  Dichos apartamentos deduzco que no están destinados para dichas comunidades, ya que en su gran mayoría cada mujer lleva unos cuantos menores, cogidos al carro cuando nos cruzamos por la calle.
Conclusiones mías que aquellas mujeres con burka o con pañuelo tapando  la cabeza acudan a los abuelos para que le den una vuelta, un paseo a sus nietos.  Y que digo, (sigo suponiendo) que le den el biberón o le cambie los pañales, o lo más entrañable dejarlos dormidos en el regazo.
En este campo los abuelos mencionados anteriormente son casi clavaitos, iguales  en su forma de actuar que los ingleses.
No sé cuando descubrirán dichos abuelos, los blancos, los negros, los paquistaníes los mezclados (otra vez me sale el giro de la mano) que atender a sus nietos se encuentran por encima de otras ocupaciones u otros deberes. ¿Cuantas generaciones tienen que pasar en dichos pueblos para que llegue la generación de abuelos que dediquen parte de su tiempo para cuidar a sus nietos?.
En Benínar, La Alpujarra, dicho tema se ha resuelto en tan solo una generación, la nula dedicación de mi padre a sus nietos (los cogían en brazos y ya era un gran paso) y la entrega incondicional de mi generación a tales menesteres.         

Los ingleses en renta per cápita, en porcentajes en el paro, …,  y en tantas cosas nos llevan leguas de distancias a los alpujarreños, pero en el tema del papel que en la actualidad tienen que desempeñar los abuelos dentro de la unidad familiar, nosotros le superamos a ellos en la misma distancia que ellos en ser más modernos, (¿más ricos?) que nosotros. Otro tema en los que “me fui comiendo el coco” es: Los mayores, los borrachos y los hospitales. Después escribiré de ello. 

sábado, 28 de marzo de 2015

Domingo de Ramos como no estrenes algo se te caen las manos


Mi padre en America con un amigo

Ayer cuando pasaba por delante de una tienda de siempre, la que conoces al tendero de toda la vida, por la C/ Tarifa en mi ciudad Algecìras, me dice el tendero: Cómprame algo que llega el Domingo de Ramos, ... Es un refrán que no se escucha por estos lares, seguro que yo se lo dije en alguna ocasión. Pasé de largo, pero después de dar unos pasos me acordé (de lo que significaba ese día en mi pueblo), de dicho refrán, me volví, y me compre unos pantalones.
¡Por supuesto que sí!. Tengo que continuar con la tradición de mi añorado pueblo Benínar. Aunque nadie aprecie que voy estrenando pantalones, seguro que todos mis paisanos en ese día estrenan como yo alguna prenda de vestir. Hoy que estrena cualquier prenda sin argumentos, en mi niñez y adolescencia las prendas de vestir pasaban de generación a generación, de hermanos a hermanos, vecinos y primos, llenos de remiendos. Entonces estrenar una prenda de vestir formaba parte de los argumentos para ser un emigrante. Recuerdo que cuando llegaban los benineros que ya estaban trabajando en Cataluña, "tan bien vestidos", los que aún permanecían en el pueblo al verlos de aquel porte, pensaban: Nada más que por vestir así, tengo que ser emigrante. Cuando se reunían las personas mayores en la iglesia aquello parecía un convento, todas uniformadas igual, todas de luto riguroso, adaptando aquella forma de vestir prácticamente desde que se casaba el último hijo o se llegaba a los cincuenta. Quien mejor lo puede valorar en la actualidad son todos aquellos del llamado tercer mundo que están mirando las fronteras  de Ceuta o de Melilla.    
En mi pueblo se estrenaba vestimenta, los niños y los jóvenes dos veces al año, (y no siempre estaba al alcance de todos), el Domingo de Ramos y el día del patrón San Roque.
Todos las generaciones que dan el paso de la Cordillera los Andes, de la Cordillera del Atlas, (por mencionar pueblos en los que aún no ha llegado el llamado progreso) de lo primitivo a lo moderno, tienen que llevar  una serie de apegos a sus raíces a su tierra, gustos, (mis hijos dicen manías), recuerdos, que cuando llegan determinadas fechas tenemos que hacer determinados gestos, costumbres determinadas, saludos, al sol a la luna y a la tierra que aunque estemos solos en la celebración, (las nuevas generaciones pasan olímpicamente de tales gestos al menos los míos), pensamos en nuestros seres queridos que se marcharon y en ese día estamos ausentes para los presentes pero abrazados a los que nos precedieron.
En la procesión del Domingo de Ramos tengo los dos brazos sobre mi pecho con los puños cerrados y recordando aquellos pantalones que estrené cuando era un crío, la camisa, cuando adolescente o los zapatos cuando estrené mi juventud y los siento que están a mi lado, aquellos quintos, (los jóvenes que nacimos el mismos año y que nos tallaron el mismo día cuando cumplimos los veintiún años para ir a la mili) aquellas mozas que nos mirábamos nos sonreíamos y nos llenábamos de rubor, perdíamos el paso, parecía  simular  que habíamos tropezado, pero en ningún momento perdíamos la compostura de lo solemne de la procesión.
Que sería yo sin mis recuerdos de cuando vivía en Benínar, aquel pueblo alpujarreño. Los recuerdos de la tierra que me vio nacer son el salvavidas, donde necesito recurrir cada vez que me llega una tormenta que me deja sin barca y me encuentro en pleno mar mirando a mi alrededor y no sé en qué dirección nadar.
Recuerdo a mi padre en sus últimos años que no se acordaba que había desayunado pero era capaz de mantener una conversación durante horas de cuando hizo la mili, de poner ramos en las ventanas de la jóvenes del pueblo el Domingo de Resurrección, de sus conversaciones con los jóvenes de su edad en el reducto todas las noches del año.

Cada vez que voy al mercado y me cruzo con una persona mayor de china, un ecuatoriano, un marroquí, me pregunto: ¿En qué irán pensando?.   

martes, 24 de febrero de 2015

El cuarteto que no acudió al entierro de Eugenia la de Facundo


Uno de los entierros que jamás se me olvida es el de una prima hermana de mi madre, Eugenia la de Facundo. Puede que fuese en mi época de estudiante en que “era libre”, y se me podía encontrar en cualquier parte, y en ésta ocasión coincidió que estaba en Granada cuando se murió aquella paisana.
Fue el entierro que más me impactó, al que para portar el féretro de la calle, del coche  a dentro de la iglesia, fue necesario pedir a un granadino que pasaba por allí que ayudase para formar el cuarteto que portaba el féretro. 
Acostumbrado a los entierros de Benínar que cada vez que se moría un paisano, ese día se declaraba como festivo y todos, hombres para acompañarlo al cementerio y mujeres para velar al muerto. Allí estaba Eugenia, en Granada, donde había vivido toda su vida, de la aristocracia del pueblo (al que acudía de vez en cuando), por morirse fuera, nadie acude cuando escuchan  las campanas tocar a duelo, ni siquiera cuatro hombres para portar su féretro.     
Cuando pienso en la parienta Eugenia me acuerdo de unos cuantos paisanos, que jamás acudieron a los encuentros que tenemos los benineros;  preguntas por ellos (fuimos todos vecinos en un pequeño pueblo alpujarreño) y casi nadie sebe nada de ellos, sacamos la conclusión que  por su forma de ser y su carácter (los benineros nos conocemos todos “como la madre que nos pario”) cuando le llegue la muerte, será un entierro parecido al de Eugenia la de Facundo, que tendrán que pedir el favor a los que pasen en esos momentos por la calle que trasladen el féretro dentro de la iglesia, si es que le dicen misa de cuerpo presente. Eugenia tenía que entrar a una iglesia ya que o había sido monja o estaba bastante relacionada con ellas.
En el foro me encontré la noticia, que se ha muerto Faustino (con cincuenta y cinco años), el de Antoñica la de Matías y nadie de los que se asoman al foro se ha enterado de su fallecimiento.
No sé si Faustino era aquel hijo de Matías que vivía con la base económica de un puñado de cabras en los montes que están encima de El Ejido. Si no es este o será un hermano de todos los que parió aquella gran señora Antoñica.
No recuerdo exactamente los motivos por los que visitaba con frecuencia en mi niñez la casa donde vivía aquella familia que su base económica era una manada de cabras que no todas eran de su propiedad. Llegó a ser la familia más numerosa que tenía Benínar.
De aquella familia recuerdo muchas cosas pero sobre todo destaco una en especial:

Puede que yo volviese de a por agua de la fuente o cualquier otro motivo, lo que es cierto, es que, me encuentro en la puerta de Leocadia, en la entrada al pueblo. Antoñica la de Matías está llorando con un hijo recién nacido  en los brazos diciendo que venía de hablar con el cura para bautizarlo y que no lo bautizaba al no tener padrinos. Leocadia al verla llorar le estaba preguntando los motivos y le contesta Antoñica:
-         -- ¿A quién le pido yo que sean los padrinos de mi hijo?. Está malico y el bautizo lo puede curar.
Leocadia se compadece y decide  que acompañemos su nieta María y yo a Antoñica a la iglesia para lograr que el cura bautizase a aquel bebé. Aquel recién nacido fue bautizado siendo los padrinos dos mequetrefes, estrenando la adolescencia.       

Lo que si es cierto, es que el hijo de aquella gran mujer se llamaba Faustino nombre impuesto por mi madre que fue la madrina. 

martes, 20 de enero de 2015

Jamás les contaré a mis nietos el cuento de Caperucita.


Con la de historias que estoy dejando escritas en este blog sobre mi pueblo Banínar,  cada vez que tenga que dormir a mis nietos, me iré a una página y adaptaré dicha narración a la edad que tengan. Ya me las imaginaré  como pueda. A todos los niños se les debe contar “cuentos” (historias adaptadas a su edad). Qué puñetas tiene que ver Caperucita, Alicia que vivía en la quinta puñeta,  los siete enanitos y el lobo que se comía a todos los que pasaban por el camino, … Todos esos cuentos que tiene que ver con  en la historia de mi familia. A los niños hay que crear en ellos la necesidad del conocimiento de su Historia, en la que ellos son sus herederos y protagonistas.
Casi seguro que comenzaré diciendo: Cuando yo tenía tu edad, … También puede que diga: “En mi pueblo recuerdo que, …”
A mis nietos no les cuento yo que la abuela vivía sola en el bosque y que la nieta era la que le llevaba la comida. Los abuelos, los suyos los de mis nietos viven muy cerca de ellos, no necesitaran que les lleven la comida, lo que realmente necesitaran es que vayan a visitarlos cada vez que puedan y que puedan ser muchas veces. 
Seguro que los abuelos que nos encontramos en los asilos, desde la cuna empezaron a contarle lo de la abuela en el bosque, la de Caperucita. Lo digo por conocimiento de causa ya que suelo visitar  los asilos que están cerca de donde vivo y la mayoría de sus moradores cada vez que se le pregunta por la visita de sus nietos suelen decir: ¡Ahuuuuu!. Reproducen el mismo aullido del lobo que se comió a la abuela primero y a la nieta después.     
A mis nietos no les cuento que cuando vayan al bosque vayan con algo para defenderse del lobo que les puede atacar. Cuando yo mencione los bosques que rodean a nuestra ciudad empezaré por enseñarle el nombre de las plantas. Cuando tengan edad, visitaremos el Parque de los Alcornocales para que identifiquen todas las plantas y seres vivos que conoce su abuelo y por supuesto pondré el máximo de interés donde pisan, que cogen y como cuidarlo, mejor mantenerlo. Estoy empezando el proyecto de los árboles que tenemos que plantar.
A mis nietos intentaré que sepan a diferenciar y a distinguir las orejas que se encuentran cada día cada vez que salen a la calle, los ojos o las miradas, y sobre todo que huyan de todos aquellos que muerden con la boca cerrada. Como se dejen morder no habrá cazador que les saque del vientre del que les ha comido como si no hubiese pasado nada. Que para nada confíen que puede haber un alma caritativa que le abrirá el vientre al lobo y que saldaran, sin mordiscos, magulladuras y desengaños  como si el pasar por un trance parecido se vuelve a ser la misma persona.
También es verdad que tengo un hijo tan pragmático que como me  escuche contarle a su hijo los cuentos tradicionales, (los que he mencionado anteriormente) seguro que me dice: Déjate de chalauras, esos cuentos están prohibidos por los yanitos.