jueves, 17 de octubre de 2013

Ahora que se cumple 40 años de aquel día fatídico del 19 de octubre de 1973, en que una tormenta en la zona arrasa con toda la vega de Benínar, no está mal actualizar aquella riada que a los nacidos en Benínar (en Darrical, Adra,  La Rábita,  Albuñol, …) nos marcaría para siempre y en cierta medida nos sentimos desamparados en primer lugar por el Cielo y en segundo lugar por aquellas personas llagadas al pueblo que pusieron valor a nuestras tierras a nuestras casas para la construcción de una presa y nos obligaron a marcharnos.

De las quince riadas durante todo el siglo XIX, los benineros reaccionaron volviendo a reconstruir la vega, hasta que llegó la última en la que nos sentimos totalmente hundidos y desamparados y nos dejamos llevar por las circunstancias creando en nosotros esa sensación de impotencia que no logramos superar de la que tanto nos lamentamos constantemente.

Sirvan unos trovos para expresar aquella noche fatídica que desde mi ventana hablando con mi vecino Andrés Perejil y familia, la vivimos desde que empezó el primer trueno hasta que cesó la lluvia y en la curva de la carretera a la altura del cementerio con la luz de los relámpagos en plena madrugada vimos como el río se iba tragando uno a uno todos los bancales de la vega.

Siempre pensé que los trovos
había que darle sentido.
Le faltaban argumentos.
Preñarlos de contenidos.
Vempaca:  En octubre dijo el río.

Ay barrancos, ay rambla, ay río,
sacasteis las escrituras
cuando no tenía sentido.
Vuestros son y vuestros eran
siempre se  ha reconocido.

¿No escuchasteis la campana tocando a muerto,
las mujeres se rompían los vestidos,
los hombres se han vuelto locos,
los pájaros lo barruntaron, se marcharon
y abandonaron sus nidos?.

Ay rambla, ay ramblilla, ay el rio
que nos llenaste el alma
de penas, llena de inmensos vacíos
desde aquella noche negra
no me acuerdo si he dormido.

Sin razones y sin motivos
arrasaste toda la vega,
humillados nos sentimos,
nos vaciasteis las despensas
nos dejaste, tocados y hasta hundidos.

 Ay rambla, ay barrancos, ay el río,
que aquella noche de octubre
dejaste de ser mi amigo,
te llevaste por delante
todos los esfuerzos míos.

!Ay el río!. !Ay el río!.
Que se han borrado del mapa
los bancales, aquellas azas de trigo.
Una parra quedó sola, llora y llora.
Pregunta: El parral donde se ha ido.

Tardaremos en levantarnos.
La siembra perdió el motivo.
Balates: ¿Para que levantar,
las acequias los brazales, hacer lomos?.
Ya todo perdió el sentido.

 Ay río,  ay los ríos.
Sabes que ya no tendremos
brazales  donde jugaban los chiquillos,
donde cantaban las ranas, las nanas
para dormir a mis críos.

Ay barrancos, ay rambla, ay río.                                                                               Has espantado a los jóvenes
los llenaste de motivos.               
Ya renuncian y maldicen
el lugar donde han nacido.

Ay barrancos, ay rambla, ay el río,
la fe en todos los santos.
¿”Hay que hacerse como niños”?.
Esa frase, ese dicho,
dejo de tener sentido.

Mi arenal junto al río.
Arenales de algodón
de remolachas de trigo.
Arenales: ¿Donde estáis?.

Quiero descasar contigo.

viernes, 4 de octubre de 2013

Entre políticos y robagallinas.



Es curioso lo que escribe un diputado de Almería en la primera legislatura de la democracia sobre Benínar, nada más y nada menos en el 1977, cuando los benineros estaban indignados, cabreados, totalmente  indefensos ante aquel poder que le había puesto precio a sus casas a sus tierras y le habían dicho: “Arreglársela como podáis, y, reclamar vuestros derechos al Maestro Armero”.  
Joaquín Navarro Estevan, Juez. senador por Almería en las elecciones generales de 1977. Miembro del ala izquierda del partido, organizada la corriente de Izquierda Socialista, el 11 de diciembre de 1980.
Profesor de la Universidad de Salamanca y de la Complutense de Madrid. Diputado de la I Legislación de España, entre otros cargos y distinciones.
Escribe dicho senador por Almería: 

   “Antes de desaparecer bajo las aguas de un pantano, Benínar era una
pedanía de Berja, allá en la Alpujarra almeriense. Tenía Benínar a la sazón
un juez de paz que se apuntaba a todas las guerras para impedir la paz. Un
día, cierto ciudadano voraz robó tres gallinas a su vecino, que
inmediatamente lo denunció ante el Juzgado de Paz. El juicio fue inmediato y
ejemplar, como los quieren Aznar, Acebes y Michavila. El robagallinas podía
ser condenado hasta con treinta días de arresto menor. La sentencia lo
condenó a doce años de reclusión. Pasaron un par de meses y la víctima pidió
explicaciones porque el vecino de larga mano y diente presto continuaba en
libertad. Hubo de intervenir el juez de instrucción de Berja que, con gran
hilaridad, decretó la nulidad radical de la ''sentencia firme'' del juez de
Benínar. Nulidad radical. Inexistencia. El juez de paz había actuado con
manifiesta incompetencia y total desprecio de la ley. A nadie se le ocurrió
que el robagallinas cumpliese con el adefesio judicial”.
Continúa en su escrito:
   “Para ser totalitario no es preciso vivir en un país totalitario. Lo
sabemos. Lo sabe mejor que nadie el pueblo vasco. Lo sabe el Gobierno
Ibarretxe, sometido a un permanente acoso institucional y mediático. Y lo
sabe el Parlamento vasco, cuyas atribuciones constitucionales y estatutarias
han pretendido ser sustituidas, usurpadas y humilladas, …”
Dicho escrito está tomado:  del diario español de ámbito nacional

Reclama, que desaparezca el totalitarismo del País Vasco y recurre a un robagallinas para mencionar a Benínar. Nos referimos a un político que se presenta a unas elecciones con el lema “de estar con el pueblo”, “con la gente humilde”, “en defensa de la clase trabajadora”. ¿Os suena los lemas electorales de los primeros años de la democracia?.

“Hay que derrocar a este gobierno totalitario y entregarle el poder al pueblo”.
Supongo que cuando estaba dando mítines en El Poniente de Almería diría:“Tenemos que derrocar cuanto antes a los benineros de su pueblo de su tierra de sus raíces para que llegue el agua a vuestros invernaderos”.

La verdad es que dicho diputado que yo sepa, jamás apareció por Benínar (recurrir a las hemerotecas), y por ello ningún beninero le contó (nadie lo recuerda) que existiese ese personaje del robagallinas. Si existió no era de Benínar.

domingo, 22 de septiembre de 2013

Vendedores en furgonetas.


Siento cargos de conciencia cada que escucho desde mi casa los que van pregonando : ¡Vamos niña a los melones!. ¡A los tomates!. ¡A las sandías!.
La de repercusiones sobre mi conciencia lo achaco al recuerdo de cuando mucho, mucho más de medio pueblo de Benínar, con su mulo o con su burro, con los capachillos llenos de dichos frutos, por las calles de Berja, Turón, Murtas o Dalías, Adra, iban pregonando: ¡A la rica breva!.
-         ¿A cómo los llevas?.
-         A dos pesetas la docena.
-         Eso es muy caro.
-         Ven. Acércate. Te las doy a probar. Te doy unas cuantas de regalo. Que me quedan pocas. Que llega la tarde y me levanté con el cielo lleno de estrellas para traerte gloria bendita a tu pueblo.
Es el mismo recurso o la compasión (depende como se mire) que emplean los vendedores que en estos momentos  por mi calle pregonan.
Recuerdo un día que mi cuñado, estaba en casa, estaba de visita  y al escuchar las voces de vendedor, me dice: Ni se te ocurra comprar nada a este tipo de vendedores ya que todo lo que llevan en la furgoneta, es robado. En todo el sector en que está mi finca, no sabemos cómo atajar  a este tipo de gente y además, en el cuartel de la guardia civil me han dicho, que ni se me ocurra ir a poner una denuncia (a comienzo de este siglo) que no supere las treinta mil pesetas. Nada,  180 euros. Aproximadamente 1000 kilos de naranjas que así las vendieron la temporada pasada. El importe de los jornales por recogerlas".
Cuanto más mayor es uno, más se sabe, y más cuesta tomar una decisión. Con lo bien que se queda el cuerpo cuando crees que en vez de comprar al supermercado de costumbre lo que se pregona lo compras al pregonero y de esa forma se está colaborando con alguien que  se  esfuerza por llevar un sueldo a su casa.
Todos los días en los medios de comunicación salen los que se apropian de lo ajeno que asaltan supermercados entre otros establecimientos y como lo sustraído yo llegue al importe de cuatrocientos euros no sirve para nada ir a comisaría y poner una denuncia. A pesar de sospechar que el que pregona en mi calle casi seguro que la mercancía no la ha plantado y regado en su huerto, se deberían de cambiar las leyes para que cada ayuntamiento pusiera a disposición áreas de regadío donde este tipo de personas pudiesen sembrar esos productos que pregonan. Mientras esto no ocurra, seguiré comprando al pregonero que pasa por mi calle porque volviendo al tema de las naranjas, el precio que tienen en mi supermercado en plena temporada es de sesenta céntimos, cuando yo sé, que mis sobrinos (los que están todo el año pendientes de los naranjos) dicha fruta desde hace bastante años siempre la han vendido por debajo de los veinte céntimos. En este aspecto, socialmente, este campo de producir, comprar, robar  y vender no funciona como debería.

Quiero que siga en mi recuerdo que los vendedores ambulantes que pregonan en mi calle son los mismos que pasaban o llegaban a Benínar pregonando pescado, cebollas para las matanzas, o marranillos pequeños tal y como describe Eugenia Doucet en su libro como eran aquellas ventas donde el regateo o el trueque llegaba a su máxima expresión.   

sábado, 14 de septiembre de 2013

Las rivalidades existentes entre las provincias en Andalucía.


 La última vez que estuve en nuestra tierra Almería (que tan solo hace unos días no puedo pasar mucho tiempo sin respirarla aunque huela a invernadero, menos, que como olían al principio los puñeteros ) como siempre llego a casa de mi hermano y nada más llegar, nos incorporamos a su grupo de amigos y hay un paisano que nada más verme, desde lejos grita: ¡miarma!.  Mira que le dije que yo vivo en la provincia de Cádiz y en la capital la palabra que más se utiliza es: ¡picha!. Los miarmas son los de Sevilla y los que vivimos en  Algeciras se nos identifica como los especiales. Pero nada, no quiere corregirse y me tiene  asociado con el otro extremo de Andalucía que según el menda, casi toda Sevilla vive de lo que sacan de los invernaderos de Almería. No hay forma de convencerlo que una cosa son los políticos y otra es la riqueza agrícola tanto de acetite, semillas destacando sobre todo el que produce Sevilla.  No quiero ni pensar lo que saldrá de la boca del amigo de mi hermano, cuando ha escuchado que: Todas las provincias están representadas en consejerías en el Gobierno de Andalucía menos los que somos de Almería.
Seguro que cuando reflexione la nueva presidenta, seguro que dice: ¡Anda, pues verdad!, no caí en la cuenta. La cuestión es que tal marginación, ya no tiene arreglo.
Yo que estuve un año interno en el diocesano y después en la escuela de formación,  he mamado (como se suele decir en Cádiz para ser un buen gadita)  de todos los acontecimientos  de mi capital y cuando salí de Almería al terminar la carrera, al casarme, por no encontrar trabajo como tantos de los de mi generación. Cada vez que llego a mi tierra, tengo que darle la razón al amigo de mi hermano, que cada vez mis paisanos quieren tener unos carnavales como los que tienen Cádiz, una feria como la que tiene Jerez y una Semana Santa como, .   En mi adolescencia y juventud, Almería tenía una feria, unos carnavales y , tantas cosas que merecían en aquellos tiemposun suspenso o un necesita mejorar. Todo lo que ha ido mejorando en dichos acontecimientos populares fue copiando del resto de las provincias de Andalucía. Dicho copieteo, todos los años, me indignaba, me cabreaba, pero con el tiempo lo fui asimilando y comprendiendo por la labor ejercida por la RTVA, la parte educativa. La fue realizando bien (bajo las directrices de los políticos sevillanos) y cada vez Almería se parece más a la Andalucía global, ¿ sin perder su identidad por supuesto como la tierra de las tres cosechas?.
Cuando en el mes que viene vuelva de nuevo a mi tierra, seguro que nada más pasar El Lance de la Virgen,  escucharé una voz en forma de trueno que seguro grita: 
"¡miarma!. Para que luego me digas que no tengo razón. ¿Almería no tiene nadie capacitado para ser consejero?. Yo acacharé la cabeza y miraré al suelo, porque no soy una persona  que entre a la ligera a la discusión y me parece que de Cádiz tenemos dos consejeros (que es lo que afecta a mis hijos yo ya estoy jubilado). Además pensándolo bien, el tener un consejero no va a mejorar la producción, comercialización, ni el precio de los tomates de invernadero.

Que le quite el sueño. Que le remuerda la conciencia,  a la presidenta.  El remordimiento le haga titubear en los discursos, por no nombrar un consejero de Almería, y el amigo de mi hermano que me diga miarma , pichao especial. Me da igual. Como se respondía en Benínar: Si lo dicen que lo digan, no fuendolo.  No estoy dispuesto a discutir con el menda (el amigo de mi hermano) de las rivalidades existentes entre provincias andaluzas hasta que no vuelvan otra vez las elecciones de Andalucía ni por supuesto argumentar sobre los carnavales de ninguna parte.   

jueves, 5 de septiembre de 2013

Las marcas que deja el regazo.


No dejo de mencionar una y otra vez lo que representan las matriarcas en el tema de Benínar. Me marcho al otro extremo del mundo (para los benineros representó siempre Cataluña) para volver de nuevo al Cerro de las Viñas. Pascualilla, (no sé conocía como Pascuala tal vez por marcharse joven o porque en el pueblo muchas personas morían ya de mayores con nombres de joven por mantener siempre el secreto de la juventud)  que nacería a últimos del siglo XIX y que por supuesto ya ha fallecido, que como tantos paisanos tuvieron que emigrar y ahora sus descendientes están pendientes de todo lo referente a Benínar. Es que su abuela no tiene otro lugar de ubicación que no sea aquel pueblo alpujarreño. Esta paisana a pesar de las penurias pasadas, de vivir la guerra civil, la posguerra, el año de la hambre, de sacar adelante a cuatro hijas sola, supo sembrar en sus nietas (mientras las cuidaba cuando sus madres estaban trabajando en alguna fábrica de Cataluña) lo positivo de aquella tierra que le escatimaba todos los días el pan y la sal. Nuestra paisana seguro que le contaba a sus nietas la historia de nuestro pueblo en forma de cuentos y los cuentos de nuestra niñez para todos son muy difíciles de olvidar. Repito, los descendientes de Pascualilla, (ya todos nacidos en Cataluña) entran en facebook, youTube, los blogs que hacen referencias a Benínar, seguro con un respeto impresionante puesto que allí en ese pueblo alpujarreño están sus raíces y sobre todo estaban los recuerdos y vivencias de uno de los seres más queridos y entrañables que tiene una persona que son sus abuelo.
Cuando he terminado de ver las fotos que el hijo de Antonio Blanco ha colgado en la red y ver tanta gente joven, tantos niños a la mente me ha llegado: Benínar que perdurará en el tiempo muchos años, ya que dichos niños van acompañados de sus abuelas que tal y como está la vida esos niños (mientras sus padres trabajan) se han dormido muchas veces en el regazo de sus abuelas, que para que el niño se durmiese seguro le contaba las mismas historias que Pascualilla le contaba a sus nietas.
Con la de penurias que pasaron y llevan en el cuerpo las matriarcas benineras, es estremecedor como  son capaces de cribar, espulgar, todos aquellos sueños que fueron soltando cuando eran adolescentes por la calle real y por la plaza. Los bailes  cuando llegaba una vez al año la Banda de Música de Ugijar. Los remolinos que por Navidad se hacían en la plaza y tantas y tantas historias que tienen un lugar de ubicación, que es Benínar, la bien guarnida, la que dormía en los brazos de la aurora, entre priscos olivares y fortalezas de roca.
¡Ay!. ¡Ay! . ¡Ay!  y muchas veces ay, son los suspiros que se les escapa a las matriarcas benineras que cada vez que los escuchan  sus hijos, sus nietos, seguro dicen: Ya está la abuela otra vez en la plaza, en la Ramblilla, a por agua a la Cañarroda,  o en el puente resistiéndose al achuchón o al beso robado del abuelo o tan vez, recogiendo romero del suelo de aquella alfombra que formaban los jóvenes  por todas las calles por donde pasaba la procesión  del Corpus, para meterlo en un pucherillo para que aquella mata, el romero bendecido (el que pasa por el romero y no coge de él, ni tiene amores ni espera tener)  protegiese aquella casa durante ese año.     

Si a todos los benineros les pasa como me pasa a mí, mientras se viva, todos los días del año, por cualquier motivo insignificante me llega a la cabeza aquella cara entrañable de mi abuela Antoñica la de Ramón y por supuesto a Doloricas la de Tienda. Dichos recuerdos que forman parte de mi no puedo ubicarlos en otro  sitio que no sea Benínar.  

jueves, 29 de agosto de 2013

El beninero que planta árboles.



Mi compañero y amigo de universidad Antonio Viera, se encontró un libro cuyo título es: El hombre que plantaba árboles, se identifica en su plenitud con su contenido, y como los dos compartimos la necesidad de sembrar árboles, me lo dedica y me lo regala.
Un cuento alegórico del autor francés Jean Giono, publicado en 1953. Cuenta la historia de los esfuerzos de un pastor para convertir un desolado valle en las estribaciones de los Alpes, cerca de la Provenza, en un bosque a lo largo de la primera mitad del siglo XX.

Antonio heredo una pequeña finca en Extremadura, que con el paso del tiempo fue aumentando el número de hectáreas y por supuesto lleva más de media vida plantando y plantando no solo encinas en dicha finca. Su filosofía es plantar y plantar a sabiendas que las encinas para que den frutos tiene que pasar muchos años. Mi amigo es de las pocas personas que habla con los árboles, los abraza y por ello, por el mero hecho de verlos crecer disfruta tanto como degustando  sus frutos, sus aromas y de su sombra.  

En estas pasadas y recientes fiestas de nuestro patrón San Roque, nada más entrar por el carril que da acceso a la finquita que tiene Antonio Blanco, me sorprende que a ambos lados del camino han aparecido almendros, olivos y viñedos que a pesar de la sequedad del terreno crecen, están cargados de fruto y han cambiado por completo la faz de aquel trozo de tierra.
El beninero Díaz Roda posiblemente no se ha encontrado con el mencionado libro, pero si es de los que comparte la misma filosofía que los árboles que tenemos es como consecuencia que alguien los ha plantado para que las generaciones siguientes disfruten de ellos.    

Seguro que al ser tan activo el beninero, seguro que estará dentro de ecologistas en acción, o en asociaciones parecidas. Nosotros los que plantamos árboles, nos diferenciamos de los ecologistas de asfalto, que nuestra infancia y juventud crecimos a la par que los árboles sufriendo con ellos las sequías, los vendavales y las inundaciones, nuestro vínculo directo con nuestro entorno forma parte de nuestra forma de ser y estar dejando para otros amantes de la naturaleza que se muevan en los  despachos, los periódicos, engordar estadísticas y un día al año van al campo a sembrar árboles y allí los dejan a su suerte para que  crezcan. 

Cada vez que me encuentro con mis paisanos para identificar a José Antonio Díaz Roda, pronunciamos el nombre de su padre Juan Díaz. El auténtico Juan Díaz en la actualidad ya pasó de los noventa años y todos los sábados su hijo lo tiene dedicado  a sus padres.  Desde Almería capital los traslada a  Cintas (Benínar) y allí los campea mientras él se dedica a sembrar árboles. Al tener la escuela de su padre, de la universidad de La Alpujarra, cuando siembre un árbol, ha estudiado antes la tierra, que planta tiene todas las posibilidades de sobrevivir en dicho suelo, establece  un seguimiento y como se solía decir en Benínar: El ojo del amo engorda el ganado, que traducido a lo campero es seguir su crecimiento mientras se vive.  
Juan Díaz es un ejemplo. Se debería tomar en serio la labor que está realizando en Cintas no solo para las fincas limítrofes, por allí deberían pasar todos los que viven en La Contraviesa para aprender de cómo se puede o se debe hacer para que una tierra sea sostenible.   
  
Tan solo dos comentarios más sobre el futuro de nuestra tierra, La Alpujarra. El ejemplo dejado por parte de La Administración, de las decisiones políticas.
Cuando terminaron de cerrar la presa de Benínar, comenzaron a sembrar y sembrar pinos. Treinta años después, allí están unos más grandes, la mayoría no encontraron el momento de crecer, pero sobre todo puede llegar un fuego y convertir toda la cuenca del pantano en un desolado territorio quemado.
Me decía mi amigo Antonio Viera que en base a las estadísticas la dehesa extremeña es casi imposible la propagación de un fuego, principalmente por el cómo están plantados las encinas, el seguimiento en su crecimiento, su poda para el aprovechamiento energético. Caso parecido el  cómo están plantados  los almendros y las higueras en toda La Contraviesa. La fatalidad de nuestra tierra, es que los árboles que quedan fueron plantados hace ya mucho tiempo por generaciones que ya no están entre nosotros. Los árboles que murieron  no fueron sustituidos ni nadie se dedica a sembrar más almendros ni más higueras. Juan Díaz cuando tomo la decisión de plantar no colocó en primer lugar su rentabilidad ni si llegará a sacar el máximo de cosechas, el beneficio pleno cuando dichos árboles lleguen a su madurez. Nuestro paisano se puso a plantar con la misma filosofía que se puso a sembrar  el pastor, Eleazar Bouffier, del libro antes mencionado.

No creo que Juan Díaz, se ponga a hablar con los árboles que ha plantado como lo hace mi amigo Antonio Viera, pero sí creo que siente una satisfacción especial que no son capaces de conseguir todos aquellos alpujarreños que se morirán sin haber plantado tan solo un árbol, escribir un libro o educar a un hijo.


Le pediremos a San Roque bendito que conceda ese don tan especial (como el don de la música o el de la pintura, etc.,  que concede a otras personas) de disfrutar sembrando como disfrutan mis amigos Antonio y Juan. No tiene otra solución nuestra tierra La Contraviesa, La Alpujarra  o Extremadura.

martes, 20 de agosto de 2013

¿De donde vienes?: De las fiestas de Benínar.



Después de las fiestas celebradas en el Cerro de las Viñas (Benínar) en honor a nuestro patrón San Roque otro año más llegamos cargados de ilusión por volver a encontrarnos y poder compartir todo lo acontecido desde el año pasado.
Existía un dicho popular que la mayoría de la gente cuando va a ver una corrida de toros, va contento, de fiesta, pletórico. No hacía falta preguntarle a donde iba, antes de preguntarle te contestaba: ¡Voy a los toros!.  Cuando salía y se le preguntaba de donde venía, contestaba,  melancólico, como aburrido, triste: Vengo de los toros.  Igualico, igualico, nos pasa a los benineros cuando nos juntamos todos los años para ir en procesión con nuestro patrón San Roque.

En primer lugar la ausencia de la familia formada por Juan Molina y Lolica la de Ramón no apareció nadie y todos comprendimos que el duelo, los duelos no son fáciles que terminen tan pronto.

De los cinco mayordomos que fueron nombrados el año pasado tan solo nos quedaron dos para estar disponibles los dos días de fiesta, pero no importó ya que la matriarca de los Medina Molina se puso las dos manos en la cadera, como solían hacer siempre que se enfrentaban a las faenas las benineras y dicha mujer  María Angustias distribuyó el trabajo y toda la familia cumplió en el puesto que fue colocado desde que llegaron los primeros hasta que se fueron los últimos. El patriarca de dicha familia Manuel, se encargó que tocar todos los resortes de la administración para que todo estuviese a punto. Como ocurre casi siempre, una sola familia descarga  sobre sus espaldas atender a todo el mundo lo mejor que se sabe hacer y en esta ocasión lo consiguieron. Desde el más chico hasta el más grande de la familia se pusieron al servicio de la comunidad una fiesta donde pudieron participar más de doscientas personas.

Ya todo preparado para empezar, como siempre viviendo en la incertidumbre del número que acudirían a la llamada. Gracias al patrón San Roque, que es el reclamo principal, el número de asistentes el día dieciséis cada vez son más aunque los benineros bautizados con al agua de la Fuente de la Cañarroda bendecida, cada vez por ley de vida somos menos. Quizás fue el año en el que el nombramiento de los nuevos mayordomos (los que se encargarán de preparar las próximas) fue más rápido y apenas se notó el momento de la asignación y aceptación de las  mayordomías.
     
La sorpresa para mí fue grande al encontrarme sentado en la mesa del paulo a un joven con una edad aproximada a los veinte años acompañando a su abuelo. Es el primer nieto que se incorpora para aprender en vivo y en directo las estrategias de los viejos jugadores de naipes benineros. Es curioso observar que este juego conocido como el paulo, perdura a pesar de saltarse una generación. Pasa de abuelos a nietos con la incorporación de este primer joven en mucho tiempo.

Se me encomendó que guardase unas sillas para cuando llegasen las autoridades y estando en guardia llegaron unos ojos, los que siempre me desarmaron, y ahora aunque sigan estando en un rostro cerca de los ochenta años, sin mediar palabra alguna se apoderó de mis sillas y no me quedó más remedio que correr a la otra punta, por no enfrentarme a las dos miradas, la de la  matriarca Mariangustias (la que ejercía como mayordoma, como anfitriona) y a los ojos de Vitorilla. Ya en la otra esquina comencé a preparar argumentos en mi defensa y me vino a la cabeza la mirada de pintor malagueño Picasso. Nunca tuve frente a frente los ojos del  pintor, pero sí los ojos de mi paisana, y, entonces comprendí que es cierto lo que dicen y cuentan de los efectos que produce una mirada, aunque esos ojos tengan cerca de los ochenta años. Si los ojos son como los que me miraron, te levantan, te quedas de pie,  se llevan tu silla te desarman todos toicos todos los argumentos.

Como olvidar la cara de mi prima María, que su yerno el director de la banda de música  tocó por primera vez en toda la Historia de Benínar de todas las bandas que por allí pasaron, el himno a San Roque. Me busca, me encuentra y me dice:
-         ¡Venga!. ¡Vamos!.  Que la banda nos espera. Que tenemos que cantar el himno a San Roque.  
Que yo recuerde, el patrón tiene tres himnos. ¿Cuál de ellos era?. Los canté por última vez los tres de golpe, puede que pasaran los cuarenta años. Le dije que no tenía letra y me contesta:
-         Pues así. Sin letra. Que se va a tocar por primera vez el himno a San Roque.

Hablando de caras. Mi paisana Amelia cuando tuvimos un ratico a solas  me dice:
-         Te encuentro una expresión triste. Tienes mala cara. ¿Qué te pasa?.
-         Todo el mundo no lleva los mismos genes, - le contesté –. Tu eres hija de Rosario y de Paco Ginebra.
Paco que era el único beninero que cuando llegaba de las labores del campo al atardecer, se sentaba en el tranco de su puerta donde los beninerillos le estaban esperando para que les contase un cuento. Fue el único beninero que dejó en la mente de los críos un cuento. Nadie en el pueblo  sabía ninguno y mucho menos inventárselos. 
Rosario ya mayor, viviendo en Vicar con su hija, cada vez que escuchaba la explosión de un cohete, se levantaba de la silla como un resorte, buscaba a su hija y le decía:
-         ¡Venga!. ¡Vamos a arreglarnos!.  Escuché un cohete y por lo tanto donde están los cohetes están las fiestas. Que le gustaban las fiestas a aquella pareja y como las disfrutaban. Su alegría era contagiosa.

Aparecieron otros datos, otros encuentros y otros titulares que los tengo anotados para otros relatos.