domingo, 11 de mayo de 2014

Museo de Benínar

 
    Gratitud para todos aquellos que entran y escriben en el foro al seguir alimentando el recuerdo del pueblo amado y desaparecido. Desaparecido físicamente pero no en el recuerdo y por ello aún continúa existiendo, respirando con cada anécdota, en cada nostalgia cada vez que se encuentran unos cuantos benineros para celebrar y recordar aquel pueblo que fue sacrificado al dios del agua almacenada para que creciesen y se multiplicasen los invernaderos en el Poniente de Almería.
Benínar tiene hijos que fueron a la universidad y nietos de aquellos que fueron bautizados en aquel pueblo alpujarreño, que se les supone el dominio de la escritura, que no aparecen, aún no han dicho “esta boca es mía” y que debían de aportar sus recuerdos para hacer cada vez más grande la HISTORIA DE BENINAR. Si muchos de nosotros no guardamos aquellos objetos cotidianos de nuestra casa del pueblo, y nos lamentamos, se nos pone un nudo en el estómago,  cada vez que nos acordamos de ellos, estos universitarios, se arrepentirán por no dejar escrito sus vivencias o las historias de sus padres. ¿Escucharon las historias de sus abuelos?. 
No todos los nacidos en ese rincón de La Alpujarra muestran interés en que el nombre de Benínar siga apareciendo constantemente en los medios de comunicación. De todos los que quedamos, tan solo un puñado seguimos insistiendo en que la memoria de nuestro pueblo perdure en el tiempo. Somos pocos pero en cierta medida se vuelve a repetir el tema sefardí a finales del siglo XX, ya  que fuimos expulsados de nuestras casas, de nuestro pueblo pero no de la añoranza de nuestro entorno.
Fueron muy pocos los que  estuvieron pendientes de ir guardando todos aquellos objetos que forman parte del recuerdo, que fueron imprescindibles para que aquella sociedad rural funcionase, que en la actualidad podrían estar todos juntos en un edificio, en un museo con el nombre de nuestro pueblo.
Enumero unos cuantos objetos que no están controlados y no se sabe si  quedaron enterrados o están en otros lugares al apoderarse de ellos algún oportunista, (con el mirar para otra parte de los responsables de la construcción de la presa de aquel espolio que se estaba produciendo cuando todas las viviendas fueron derribadas por una máquina). Por ejemplo: Los pupitres de la escuela, la pizarra, los tinteros. La puerta del sol. La otra gran puerta de entrada de la iglesia. La pila de bautismo, el sagrario,  aquel que en su puerta tenía el relieve del ave que alimenta a sus crías, los candelabros, los reclinatorios, el arca donde se guardaban las velas para los entierros. Las puertas de ciertas casas, con sus rejas y ventanas. Los lebrillos, artesas, aquellas vasijas de cobre o de latón que tenían remiendos por todas partes. Las piletas (recipientes construidos partiendo de una piedra del Cucanal). Cribas, serones, gerpiles, los aperos de labranza. Los rulos con sus piedras de las almazaras y de los molinos. Teníamos cuatro molinos de harina y dos almazaras. Las dos prensas de las dos almazaras, las piedras de partir almendras con sus martilojos (no pasaron horas y horas, días y días nuestras madres o nuestras abuelas). Las horcas de las eras, las palas que sacaban el pan recién hecho en los hornos. Las romanas y romanillas que iban de casa en casa cuando se necesitaban. Las devanaderas. Los candelabros que se utilizaban en cada velatorio. Las labores de ganchillo o las de bolillo guardados en aquellas arcas. Que de sueños e ilusiones se ponían en aquellos trabajos las que se iban a casar en las que participaban madres, abuelas, vecinas para preparar el ajuar de la niña. Todo eso forma parte de una sociedad en la que se desenvolvieron generaciones y generaciones de nuestros antepasados.
La caja de los muertos. Donde se portaban a los muertos pobres desde su casa al cementerio y una vez allí se enterraban directamente en el suelo en el hoyo que algún familiar había preparado. Aún el recuerdo, lo más fuerte, cuando: Los que se morían en los cortijos o en las barriadas, por supuesto los pobres,   eran portados  encima de una puerta por cuatro personas, hasta llegar a la iglesia donde ya en la caja de Las Ánimas después de la misa se les llevaban al cementerio a enterrarlos directamente en el suelo.  
Los jefazos del pantano decidieron llevar al nuevo cementerio aquellos restos que estaban en los nichos, los restos que estaban en el suelo, (de todos los pobres de Benínar que no se podían costear una caja) se les ocurrió cubrirlos con una losa de hormigón que en la actualidad está totalmente descuartizada. No sé quien la hizo añicos, si los de dentro o los de fuera.
Si alguna vez se decide la construcción de un museo (aquí realmente quien puede aportar la gran mayoría es HIJOS DE BENINAR, en la persona de Paco Ruiz)  con lo poco que aún queda yo aportaré entre otras cosas el picaporte de mi casa. El picaporte representaba en el pueblo la llamada, (que desolación si no se espera una llamada, si no tienes quien te llame) de lo que se esperaba o también de lo inesperado. 

miércoles, 30 de abril de 2014


Comer hasta que no os conozcáis.
Tengo un vecino que se gasta un pastón en cada cumpleaños de cada uno de sus hijos, ya que lo moderno es ir a celebrarlo a aquellos locales que tiene cacharricos para que jueguen los infantes. Esto cuando nos llega a los benineros solemos exclamar: ¡Ojú!. ¡Cómo han cambiado los tiempos!.
Los guñuelos que aparecen en la foto seguro que son obra de mi prima Gaicos, los que devoraron todos los benineros que asistieron al último encuentro de paisanos en El Cerro de Las Viñas. Al ver la foto, la boca se me hace agua, ya que me llegan a las papilas gustativas el recuerdo de aquellos pasteles que hacía Carmen la de Martirio la dulcera oficial de todas las bodas que se celebraban en Benínar.
No sé cómo se lo arreglaba Carmen, que llegasen a mi casa casi un lebrillo de guñuelos, siempre que se celebraba una boda. Ella decía: Para que coma mi niño.
Las bodas que se celebraban en el pueblo, en primer lugar había que ir casa por casa recopilando sillas,  para que hubiese suficientes asientos para todos los invitados. Por supuesto que también había que concentrar en aquella casa toda la cacharrería del pueblo para montar aquella comilona. La  celebración  siempre en la casa de la novia.
Carmen se pasaba casi dos días las cuarenta y ocho horas friendo lebrillos y lebrillos de buñuelos, ya que era lo más barato y lo más abundante ya que el ingrediente   principal era la harina y el aceite de oliva para freírlos. A la gente había que hartarla de buñuelos, que era lo abundante y ya hartos los invitados, era cuando se pasaban las bandejas de los soplillos elaborados a base de la clara del huevo y almendra y el otro plato, las madalenas elaboradas principalmente con las  yemas de los huevos. Lo complicado era conseguir huevos. Había que contratar a los recoveros de Turón y Locainena para que diesen una batida por todos los cortijos de la Baja Alpujarra ya que las gallinas de aquellos tiempos no ponían todo el año como las de ahora, las de antes ponían por temporada, posiblemente en un nido escondido, preparada por ella, terminada la puesta, se ponían yuecas, desaparecían y pasados los veintiún día aparecía con sus polluelos  y en la cría de sus hijos aquella gallina pasaban el resto del año.
Recuerdo la boda de Isabel Pérez, que fue la primera novia que llegó en coche hasta la puerta de la iglesia, cuando la novia salía de su casa y a escasos cien metros ya estaba en la iglesia, pero llegó en coche y fue la boda más rumbosa que hubo en Benínar por los años cincuenta que marcaría un listón por rumbosa que después ninguna la superaría. Fueron muchas las cuartillas de trigo,  las alcuzas de aceite, la de docenas de huevos gastadas en aquella boda. El padre de la novia viendo como se devoraban los buñuelos, en el quicio de la puerta levantando las manos exclamaba: ¡Comer!. ¡Comer, hasta que no os conozcáis!. Con “el hambre canina” que la población tenía en aquellos tiempos, aquel acontecimiento era el único en el año en que se podía comer gratis y además pasteles.
Qué tiempos aquellos de como escaseaban  los lebrillos de buñuelos, en un pueblo donde la mayoría de los mozos cuando decidían vivir juntos, casarse, los novios se escapaban una noche, (“se ha llevado la novia” se solía decir) aparecían a los dos días y a la siguiente madrugada eran casados en la iglesia casi de forma clandestina. Qué alivio para aquellos padres que los pecados de sus hijos fueron perdonados (al ser confesados antes del casamiento) y ya no vivían en pecado mortal. Que importancia se le daba a perder la honra a la mujer. Como no recordar al cartero del pueblo vecino de Locainena que se llevó la novia, pero a casa del cura para que allí permaneciera custodiada hasta la preparación del casorio.
      


lunes, 14 de abril de 2014

Prefiero cavar que ir al gimnasio.


Recuerdo algunos benineros que disfrutaban cavando, sobre todo cuando se llegaba a la última cavada, se miraba atrás y se contemplaba el huerto preparado para la siembra;  como el pintor al terminar un cuadro o el artesano su última pieza. Recuerdo que Eugenia Doucet, recién llagada a Benínar   no podía resistir contemplar a un beninero que pasaba por delante de su casa con la azada al hombro. Decía que era la mejor fotografía que había visto en toda su vida de cómo andaba erguido andando por la calle empinada como andar por el llano. Que aquel hombre era el descrito por García Lorca: “…, la vara de mimbre de Antoñico el Camborio”. Bien es verdad que es necesario haber nacido con dicho don,  como estar dotado para percibir sonidos y disfrutar de ellos, o, juntarlos todos en una composición musical, componer, crear el  ritmo, el son; el percibir olor, texturas  del estado de la tierra, eso lo disfrutan solo unos cuantos.
A lo que me quiero referir, es que cada vez se está perdiendo  disfrutar cavando, del olor especial que tiene la tierra cuando admite la azada. Utilizo la comparación para que todo el mundo me entienda, se parece al olor que tienen las hembras cuando entran en celo y lo perciben los machos de su especie. 
Hoy he terminado de cavar el huerto y he siento la satisfacción de tener preparada la tierra para recibir las semillas y que crezcan las plantas. Dicha satisfacción es superior a sentir el cansancio. Es superior a que mis hijos aún no se han incorporado  a la siembra del huerto y no encuentro la forma de convencerlos. Es superior a los desánimos  que me intentan trasmitir  mis colegas jubilados que tienen huerto y lo han abandonado por las epidemias que suelen aparecer que comprar los insecticidas, al final salen los productos más caros que si se compran en un supermercado. La satisfacción de la tierra labrada solo lo puedo compartir con muy poca personas y mucho menos con los que viven en una capital que tan lejos viven de la tierra de la que se alimentan.   
Recuerdo que cuando mis hijos eran pequeños y visitábamos a los primos de Almería en la casa de sus abuelos maternos, en la puerta de la casa descargaban un camión de arena para que los críos pequeños jugasen en ella y sobre todo según la teoría del que aportaba la arena: “los niños pequeños tienen que comer tierra”. Para disfrutar cavando tienes que mamarlo desde chiquitito y aún así, ese don no cuaja en todas las personas. 
Dos cosas para terminar:
-         No sé que porcentaje de abuelos que nacieron y vivieron en pueblos, el contacto directo con la siembra, con los animales, las fases de la luna y su influencia en  la siembra por ejemplo, que dichos conocimientos morirán con ellos sin poder trasmitírselos a sus nietos. Y si se los transmiten no los comparten. Deberían reclamar un trozo de huerto a sus ayuntamientos para disfrutar de ellos, y enseñar a sus nietos  que las lechugas por ejemplo no salen de las máquinas. Pero sobre todo que vean cómo crecen las plantas y que sus manos toquen la tierra. Recuerdo a un maestro del piano en la actualidad, (me lo recuerda cada vez que nos encontramos) que cuando era pequeño su abuelo vino a casa le enseñé el huerto y el niño exclamaba: “Abuelo hay zanahorias vivas”.

-         Me estoy planteando montar una academia para que los críos del barrio a la vez que van a clases de todas las asignaturas,  al no  existir las que enseñan a nuestros infantes el lenguaje de la tierra, la siembra, …, y como no a cavar, dicho ejercicio físico además de ser más completo que jugar al fútbol, la siembra siempre da resultados, no como estar toda la niñez y adolescencia ejerciendo un deporte, que cuando se llega una determinada edad, casi todos se plantean su continuidad (sobre todo los que no están dotados para el fútbol por ejemplo) puesto qué, dichos deportes,  ni dan garbanzos, ni cebollas, ni boniatos.     

martes, 1 de abril de 2014

Africanos que sueñan con zapaticos nuevos y brillantes.

Es una foto que terminan de colocar en el foro de Benínar es lo que me ha motivado para sentarme a escribir. A los benineros nos pasa, que todo lo medimos o comparamos con lo ocurrido en nuestro querido pueblo. Allí se nos colocó “las piedras de toque” y en base a ellas hacemos nuestras valoraciones.  En la foto aparecen dos benineros que emigraron en los años cincuenta para trabajar en Montevideo. Vestidos en los años cincuenta como no podían costearse dicha ropa ni el alcalde del pueblo. Paseando por una de las avenidas de dicha ciudad cuando los de su pueblo andaban por caminos y trochas tirando de la soga que iba amarrada a un burro.
Cada vez que aparecen noticias sobre los africanos que intentan saltar las vallas, tanto los informadores como los políticos que manejan el cotarro, no han mamado (palabra que se utiliza en Cádiz a todos aquellos que llegan a dicha ciudad y comienzan a alabarla y el gaditano le contesta dicha palabra), no han vivido el día a día en un pueblo donde poco a poco se va despoblando. Eso le pasa a los informadores y políticos cuando tocan dicho tema. Les faltan matices, palabras precisas, se les nota que hablan por oídas no por conocimientos. Informan del salto a la valla, pero no de las razones por las cuales están arriesgando su vida en el salto. Les falta argumentar lo fundamental, que les impulsan a dichas personas a salir de su aldea. Les falta argumentar que volver significa, volver fracasado a su tierra cuando se está en plenitud de facultades y has gastado todo los ahorros de toda la familia.
Es necesario recurrir a la imaginación para poder describir, (los benineros que inmigraron no dejaron nada escrito) cual es el momento que deciden de marcharse de su pueblo, cuales fueron las razones que les impulsaron a tomar dicha decisión, la salida del pueblo hasta llegar a Cádiz, al puerto de salida, que medio de transporte utilizarían y cuanto tiempo en llegar desde Adra a la tacita de plata, Cádiz. Cuando embarcan y cuanto tiempo tardan en atravesar el charco. Donde más tenemos que poner imaginación es en el dinero que llegan a reunir en Benínar para iniciar el recorrido.
Recuerdo un personaje al que no llegue a conocer, que se decía de él, que salió para trabajar en Cataluña, y que vuelve fracasado y lo más grave en aquel pueblo, que se había rebajado a lo más bajo desde el punto de vista social, que en el recorrido había estado pidiendo. O no pudo adaptarse, no encontró trabajo, …, el caso es que regresa al poco tiempo de marcharse y lo que se decía de forma destacada, es que llegó con dinero en el bolsillo en breve espacio de tiempo y le preguntaban con guasa sus  paisanos:
-         Con el tiempo trascurrido desde que te fuiste hasta que has vuelto, seguro que en todo el recorrido de vuelta has tenido  que estar pidiendo. El contestaba.
-         Si te parece iba a volver dando.
A aquel beninero que no llega a adaptarse, en la actualidad se le preguntaría, por el número de coches que han lavado en la calle, la cantidad de pañuelos vendidos en los semáforos, el número de horas de gorrilla o el número de palomas asadas que cazaron en los parques.
No es el caso de los benineros que se marcharon a “hacer las Américas”, que en tan solo cinco años trabajando en vaya usted a saber en qué, como inmigrante, en su gran mayoría llegaron otra vez a Benínar, al pueblo de donde partieron con dinero suficiente como para comprase una finquita y llegar a vivir en su pueblo con una calidad de vida aceptable. 
Al margen de desarrollar cada una de las incógnitas planteadas anteriormente, lo que nos dice la foto es que de simples agricultores alpujarreños, en nada de tiempo llegaron a comprarse un traje, una corbata, unos zapatos relucientes y pasear por una capital dando dan la impresión de pertenecer a una clase social que en la España de comienzos de siglo XXI diríamos, “clase social media”.
Esas miles de personas que en la actualidad se encuentran deambulando cerca de las fronteras de Ceuta y Melilla, en espera de pasar a la UE, no sé si han sufrido tanto en el desplazamiento desde su país como sufrieron nuestros paisanos para llegar a Montevideo. No sé en qué tipo de trabajo están especializados. No sé a qué trabajo se podrán incorporar cuando lleguen a saltar la valla. No sé si después de vivir cinco años en la UE, podrán regresar a su país y comprarse una finquita. Por más que pienso y pienso en dichos inmigrantes, creo que los únicos que pueden valorar su situación son todos aquellos benineros, los alpujarreños  que decidieron marcharse de su pueblo para “hacer fortuna” en una tierra desconocida, como por ejemplo a Cataluña o a cualquier país europeo, por ejemplo a Suiza y Alemania.
Haber que gobernante de la UE tiene el coraje y argumentos  para montar una oficina "u lo que sea" en el monte Gurugú, sentar en dicha oficina  los mejores psicólogos, “u los que sea”, llamar a cada uno de dichos  africanos (pendientes del salto) y convencerlos que su sueño de conseguir un trabajo digno y una vida mejor en Europa no lo van a conseguir y por lo tanto tienen que darse la vuelta y volver a su lugar de origen. Aunque lo más difícil para el que emigra sea volver a su pueblo y llegar fracasado.

Tengo fe en la nueva generación de políticos españoles (puede ser una razón que me mueva a votar en mayo) que cuando se encuentre en el Parlamento Europeo, a sus colegas parlamentarios les convenzan para que convenzan a los africanos (tanto esfuerzo inútil para su gran mayoría formar parte de los que acuden a comer a los comedores de Caritas) que ni intenten salir de sus pueblos de origen ni llegar hasta las fronteras de Ceuta y Melilla. ¿O no es una solución aceptable para solucionar el problema fronterizo?. ¿O no tenemos que tener fe en nuestros políticos que dicho tema lo van a arreglar?.  ¿Serán capaces de que la solución sea volverlos invisibles y así el problema desaparece?.

jueves, 13 de marzo de 2014

Eugenia añora Benínar.

Eugenia hoy se siente con una emoción especial al recordar aquel día que se casó con un birgitano. En aquellos tiempos tenía “el corazón partió”, entre Canadá y España.
Por favor, habla del dia de mi boda, hoy es el  aniversario de aquel dia,  y habla de como me acuerdo con emocion de Maria Angustias y Encarna, su cunada, que han venido a nuestra casa en Teniente Joya por la manana en preparacion del viaje a la iglesia .  Ellas me han  ayudado a vestirme, me han dado atenciones especiales  y he sentido amistad de verdad.  Cuando no nos gusto las diferentes floras que yo habia comprado el dia antes , y  estabamos triste,  Maria Angustias ha ido corriendo a su huerto en la lluvia para coger azahar para mi.  Esa flor, en el Canada, esta  considerado una de la mas bonita para una boda pero demasiado  cara y  casi imposible  de encontrar.  Comprendes, Paco,   que aunque yo estaba  en Berja la gente de Beninar estaba a mi alcanzo todavia: Lola y Antonio, Juan y Angelica, Clemencia, Federico, Encarna, Maria Angustias y Manuel y la madre de ella. Todavia siento  gratitude en el corazon por las acciones de  Angustias y Encarna en aquel  dia. 
Eugenia Doucet termina de mandarme un correo desde Canadá para que yo lo cuelgue en todos los lugares de Benínar en la ret.
Le pregunto:
-         ¿Empapelo todas las calles de Beninar como se llenaban de carteles cuando había elecciones, cuando llegó la democracia en España?.
Me contesta:
-         Si. Por favor. Casi parecido.
A pesar de cumplir ya los noventa años sigue tan enamoradiza como una adolescente de Andalucía. Casi seguro que si escuchase un piropo de los que se decían en nuestro pueblo, se ruborizaría, se pondría colorada. Ella vive en Canadá, como me pasa a mí que vivo en Algeciras o Marina en Barcelona, o Maricarmen la de la Señorita Aracelis entre Málaga y Vitoria, por poner un ejemplo, Los que nos sentimos benineros-as cuando estamos cansados, como ella, se sienta en su butaca, cierra los ojos y comienza a escribirnos una carta a sus amistades en Berja y en Benínar: 

Cuantas veces te he compuesto  cartas en mi mente y esas cartas no  van mas lejos que mi cabeza.  Es que quiero decirle todo y hacerlo bien y lo veo  como cosa casi imposible.

Me llega a la cabeza las conversaciones mantenidas con Bitorilla y con María Fernández en las últimas fiestas, cuando yo les preguntaba de las cosas que se acordaban de Benínar. Daban un suspiro que se me ponían los pelos como escarpias y comenzaban a decir: ¡Ay! si yo te contase. La de cartas que Rosario la de Joaquín tiene en su cabeza que quiere decir tanto sobre su pueblo que si se pusiera a escribirlas le pasaría como a Eugenia.   

Primero he visto  ultimamente otro sitio en email sobre Beninar y alli he visto a MariCarme en la fiesta de San Roque cantando  algo que su marido ha compuesto para la fiesta.  Creo que Beninar esta mas vivo que nunca.  Increible.  Los antepasados  han hecho un trabajo maravilloso cuanto ellos estaban viviendo alli, y veo que los hijos estan trabajando igual  pero de otra manera y Beninar esta floreciendo de otro modo. 

¿Cómo no se va acordar de Maricarmen y de toda su familia si casi con sesenta años aquella adolescente la beninerilla le provocó a aquella canadiense para que aprendiese a tocar la guitarra?. Llegaba Eugenia con sus dos hijas Carolina y Magdalena (la que hacían el número diez y once de sus hijos) casi todas las tardes a la puerta de Juan el de María y Carmen y Maricarmen (la primera beninera en toda la historia del pueblo que en tocar la guitarra) salía ella más tiesa y orgullosa con su guitarra en la mano que parecía que estaba en la ventana esperando verlas aparecer para para estar toda la tarde noche cantando, las coplas de Mocedades, del Dúo Dinámico, de Marisol, de Joselito, los boleros que llegaban de Sudamérica, pero sobre todo las canciones de la  tuna. Eugenia no se marchaba de aquel lugar sin haber cantado un puñado de veces:
Clavelito, clavelito, clavelitos de mi corazón, … 
Me gustaria tener mas noticias para sentirme parte de  su familia como antes. 
Estoy muy bien aqui, una residencia para jubilados.  Lo unico de malo es que no encuentro gente como yo ,  tienen menos educacion, no han viajado, y los pocos que si, no  tienen bastante memoria para hablar de su pasado.  Tambien, tengo mas energia que los otros,, nunca  veo las  cosas negativamente, aunque a veces lo son, y eso me hace diferente.  Mis amigos estan fuera de aqui, tambien fuera de mi ciudad, entonces el ordenador es un cielo  para mi.  Desde laNavidad, cuando un nieto  ha hecho el Skype possible para mi. 
Mi corazon con medicacion no me  molesta ahora aparte de tener que tomar algo para tener la sangre siempre igual.  La cosa que me molesta son las dos rodillas.  Te acuerdas como me  dolia en el viaje que hemos hecho con Racheline cuando ella ha visitado ruinas y yo no he podido hacerlo..  Tengo un andador y voy donde quiero, restaurant, cinema, visitas con amigos.  Ultimamente escribo cosa que son bastante buenas.
Aparte de conocer la Provincia de Almería mejor que cualquier beninero-a, puesto que en su libro narra los pueblos que visitó antes de decidirse de vivir en Beninar, de la misma forma conocía toda Andalucía. Gracias a ella llegaron canadienses, franceses, ingleses, alemanes, etc., para que ella les enseñase interpretase el sentir del pueblo andaluz  y por ello sabe de nuestra tierra todo lo bueno porque ella jamás admitía ni admite lo negativo.  
En la biblioteca de mi ciudad tenemos una noche cada mes donde nos encontramos algunos  que quieren hablar el espanol.   Es fantastico. Son Canadienses que van a Espana para unos meses  al ano y que quieren conocer mas el idioma, son gente de paises de habla espanol, que quieren oir su idioma otra vez, y el ambiente es muy agradable.  Alli he encontrado dos mujeres que son ahora mis amigas.
Nadie ha vendido lo positivo, el potencial turístico que tiene Almería y Andalucía como ella siempre lo ha mostrado y con quien estuviese hablando. Estoy totalmente convencido que hasta el día que se muera seguirá convenciendo a todos los que le rodean (con el mismo coraje que los musulmanes insisten que antes de morir se tiene que visitar La Meca) que si salen de viaje, primero a Almería, Andalucía y después lo que sea.   
Tengo recuerdos de la amistad entre mi y sus familias que todavia me emocionan.  Con saludos a todos y abrazos tambien, Eugenia. 
Como se acuerda de todas las familias de Benínar, mejor no pongo sus nombres y que todos los benineros-as se sientan abrazadas-os por Eugenia Doucet. La canadiense-beninera.

martes, 11 de marzo de 2014

Murió Antonio con el mancajillo en la mano.

En Benínar la tía Leocadia diseñó una forma de vida que con la muerte de Antonio Fernández Enriquez queda rota definitivamente. Como si se tratase de alta política, en este caso el diseño no vale y es necesario confeccionar otro que se adapte a los nuevos tiempos. El que ella inventó  no quiere decir que no sirva para satisfacer las necesidades básicas que necesitan las personas cuando llegan a una cierta edad, es que ya las nuevas generaciones deciden cuando una persona es o no es útil.
Leocadia centra su vida en que todas sus hijas permaneciesen juntas y para que su diseño funcionara se marcha de Benínar para centrase en Adra y alrededores más en concreto en Las Cuatro Higueras, barriada entre Balerma y Adra.
Yo pienso que el diseño de los invernaderos la primera que pensó en ellos fue  Leocadia, puesto que, con las hectáreas que podían reunir sus dos hijas como no fuese en cultivos intensivos de invernadero aquel terreno no daba para mantener las dos familias y las que se irían incorporando al núcleo familiar.
De la misma forma que se inventó los invernaderos, ella pensó, mi corona, mi matriarcado lo legaré a mis dos hijas y ellas que hagan lo mismo con las suyas, de tal forma que mi diseño perdure por lo menos un siglo. Su diseño se centraba en ser útil y sentirse útil. Siempre. Hasta la muerte. Aquel lugar elegido será donde permanecerán todos juntos ayudándose mutuamente, repartiéndose las responsabilidades según las capacidades de cada uno hasta el agotamiento.
Leocadia no se si llegó a ver toda aquella finca con los invernaderos construidos, lo que sí que vio, estaba segura que pasaría, es que todos se irían convirtiendo en personas mayores y los viejos de aquella gran familia trabajarían hasta que sus fuerzas se agotasen,  que todos formando un solo frente viviesen sintiéndose útiles hasta que perdiesen el sentido de la responsabilidad.
En aquel espacio se debería levantar un monolito formado por un conjunto de brazos que sostienen a un crío recién nacido. He escrito bien lo del recién nacido puesto que poner en movimiento a un hijo cuesta más de veinte años y las personas mayores que allí han vivido, que yo recuerde seis, muy pocos años han necesitado de los brazos de los demás para estar funcionando, hasta que les llegó la muerte. Hasta que se agotaron por ley de vida.
El matriarcado de María, Dolores y de Marilola, que son las que en la actualidad poseen dicho peso sobre sus hombros en ningún  momento se han salido del guión trasmitido aprendido y aplicado  por la abuela Leocadia. No sé si ellas están dispuestas a modificar el guión de la abuela el de toda la vida, pero creo que las circunstancias, la vida moderna, presiento que no será lo mismo.
Terminan de mandarme un correo con el siguiente título:
Carta desde un geriátrico.
De pena;  y además cerca de donde vivo existe dos que a uno de ellos suelo visitar de vez en cuando. Allí llegan o los dejan cuando alguien ha decidido que ya no son útiles.
Nuestro querido Antonio ha llegado a los noventa y dos años, delgado como un silbido y sin ir periódicamente al ambulatorio a que el médico le actualizase la tarjeta 21. Él ha decidido el momento de sentarse frente a los que fueron sus compañeros durante toda su vida y ver cómo iban  encarando y seleccionando los pimientos, berenjenas, (…), completando cajas, seleccionando los más grandes, eliminando los manchados, los torcidos.  Nuestro querido Antonio él decidió valorar su utilidad a los noventa años, nada más y nada menos y su familia respetó su decisión de estar de mirón viendo como otros trabajan.      
Ha muerto un agricultor en el Poniente de Almería y ni va a salir en los periódicos ni en los medios de comunicación y que yo recuerde no he visto ningún monumento en los pueblos de la zona donde se reconozca la labor de tantos agricultores que se han dejado la piel en el trabajo diario y hasta ahora suelen morir con el mancajillo en la mano. La de lecciones magistrales que nos han dado siendo casi todos analfabetos, pero gracias a ellos Almería tiene un potencial agrícola que otras quisieran tener.


jueves, 27 de febrero de 2014

Paco de Lucía y Camarón

A pesar de llevar cerca de los cuarenta años viviendo  en Algeciras (aunque se duerma en Algeciras donde se vive es en Campo de Gibraltar) nunca vi por la calle ni a Paco de Lucía ni a Camarón. Bueno los vi en concierto hace ya años y la verdad es que apenas me acuerdo de ningún detalle de aquellos actos en concreto. Aquí a Paco y Camarón en la zona lo que realmente  te llega de Paco son  sus anécdota y su forma de ser. Es el hijo de Lucía, la vecina, el que andaba y jugaba cuando era niño y era joven. Lo destacado e importante se lo dan los de fuera. Conozco a gente que han estado relacionado con ellos y por tanto he escuchado infinidad de anécdotas, quizás más de Camarón que de Paco, aunque Camarón viviese en el otro extremo de la Bahía de Algeciras.
Lo que si he recorrido infinidad de veces son los espacios por donde ellos han pasado, han andado, observaron y en cierta medida formaron su carácter, puesto que el carácter, la forma del ser humano, del estar y de vivir lo da la tierra y las gentes con los que te relacionas sobre todo en momentos claves de la vida de una persona.
Esta mañana escuchaba que Paco se ha marchado a los sesenta y seis años, dos veces seis las cuerdas de una guitarra. No se si se conservarán dos guitarras de las tantas que ha tenido Paco en la zona. Esta mañana cuando fui a la plaza de abastos, escuché en un puesto: “Paco apenas si volvía por Algeciras, porque la gente es mupesa y lo agobiaban”. Tampoco la Playa del Rinconcillo donde él se sentía en plenitud, donde seguro le salieron las mejores de sus obras, no es la que era, ni viven los que estaban. En resumidas cuentas, la Algeciras que configuró la personalidad del creador de Entre dos Aguas no se parece para nada a aquellas cosas que le formaron parte de su personalidad como era, el mar, la mar y el barrio donde fue niño y fue joven no está los mismos vecinos, ahora ocupado principalmente por marroquíes.
Para estar en la mar del que se nos ha ido te tienes que ir justo al centro del Estrecho de Gibraltar y tener a tu lado alguna persona mayor de esas curtidas por el mar que le pueden poner mil nombres a la dirección y fuerza del viento que te vaya explicando el pupular de todos los peces  cuándo van para el Mediterráneo o regresan al Atlántico, ir a coger erizos, burgaillos y hortigas y ver la gran riqueza que existe en el espacio de la costa ocupado por las mareas. Para conocer sus pasos te tienes que meter en el centro del Parque de los Alcornocales a buscar hongos y tagarninas y ser acompañado también por una persona que sea de la zona, de las que trasmiten el conocimiento por conocer todos los animales y pájaros, cuando se van y cuando llegan, los que saben hablar con la tierra.
Cuando escuchas la composición entre dos aguas son unos minutos, cuando estar en el Estrecho de Gibraltar o en el Parque de los Alcornocales, es estar un día entero escuchando, tocando, viendo y respirando todo eso que le fue necesario vivir a Paco cuando era joven para componer lo que compuso y eso a mi manera si que lo he compartido con Paco de Lucía.
Cuando sin estar programado nos juntamos unos cuantos amigos con unas cuantas guitarras, es cuando me acuerdo de Camarón. En esos momentos es cuando fuerzas especiales, suben del centro de la tierra  o bajan del firmamento que uno se pone a cantar o a bailar y son momentos (pocos y escasos) que solo he vivido en esta tierra. Camarón se nos fue y Paco se nos ha ido lo mismo que se fueron los romanos. ¡Unpone!,  pero aún nos quedan siete ciudades con el mismo potencial lleno de energía que andando por ellas es fácil cerrar los ojos y sentirte romano. O escuchar entre dos aguas las del Mediterráneo y las del Atlántico donde se abran y se mezclan en el estrecho o reunirte con amigos y cantar como solo se canta y se vive el cante en esta tierra por Camarón.