miércoles, 30 de abril de 2014


Comer hasta que no os conozcáis.
Tengo un vecino que se gasta un pastón en cada cumpleaños de cada uno de sus hijos, ya que lo moderno es ir a celebrarlo a aquellos locales que tiene cacharricos para que jueguen los infantes. Esto cuando nos llega a los benineros solemos exclamar: ¡Ojú!. ¡Cómo han cambiado los tiempos!.
Los guñuelos que aparecen en la foto seguro que son obra de mi prima Gaicos, los que devoraron todos los benineros que asistieron al último encuentro de paisanos en El Cerro de Las Viñas. Al ver la foto, la boca se me hace agua, ya que me llegan a las papilas gustativas el recuerdo de aquellos pasteles que hacía Carmen la de Martirio la dulcera oficial de todas las bodas que se celebraban en Benínar.
No sé cómo se lo arreglaba Carmen, que llegasen a mi casa casi un lebrillo de guñuelos, siempre que se celebraba una boda. Ella decía: Para que coma mi niño.
Las bodas que se celebraban en el pueblo, en primer lugar había que ir casa por casa recopilando sillas,  para que hubiese suficientes asientos para todos los invitados. Por supuesto que también había que concentrar en aquella casa toda la cacharrería del pueblo para montar aquella comilona. La  celebración  siempre en la casa de la novia.
Carmen se pasaba casi dos días las cuarenta y ocho horas friendo lebrillos y lebrillos de buñuelos, ya que era lo más barato y lo más abundante ya que el ingrediente   principal era la harina y el aceite de oliva para freírlos. A la gente había que hartarla de buñuelos, que era lo abundante y ya hartos los invitados, era cuando se pasaban las bandejas de los soplillos elaborados a base de la clara del huevo y almendra y el otro plato, las madalenas elaboradas principalmente con las  yemas de los huevos. Lo complicado era conseguir huevos. Había que contratar a los recoveros de Turón y Locainena para que diesen una batida por todos los cortijos de la Baja Alpujarra ya que las gallinas de aquellos tiempos no ponían todo el año como las de ahora, las de antes ponían por temporada, posiblemente en un nido escondido, preparada por ella, terminada la puesta, se ponían yuecas, desaparecían y pasados los veintiún día aparecía con sus polluelos  y en la cría de sus hijos aquella gallina pasaban el resto del año.
Recuerdo la boda de Isabel Pérez, que fue la primera novia que llegó en coche hasta la puerta de la iglesia, cuando la novia salía de su casa y a escasos cien metros ya estaba en la iglesia, pero llegó en coche y fue la boda más rumbosa que hubo en Benínar por los años cincuenta que marcaría un listón por rumbosa que después ninguna la superaría. Fueron muchas las cuartillas de trigo,  las alcuzas de aceite, la de docenas de huevos gastadas en aquella boda. El padre de la novia viendo como se devoraban los buñuelos, en el quicio de la puerta levantando las manos exclamaba: ¡Comer!. ¡Comer, hasta que no os conozcáis!. Con “el hambre canina” que la población tenía en aquellos tiempos, aquel acontecimiento era el único en el año en que se podía comer gratis y además pasteles.
Qué tiempos aquellos de como escaseaban  los lebrillos de buñuelos, en un pueblo donde la mayoría de los mozos cuando decidían vivir juntos, casarse, los novios se escapaban una noche, (“se ha llevado la novia” se solía decir) aparecían a los dos días y a la siguiente madrugada eran casados en la iglesia casi de forma clandestina. Qué alivio para aquellos padres que los pecados de sus hijos fueron perdonados (al ser confesados antes del casamiento) y ya no vivían en pecado mortal. Que importancia se le daba a perder la honra a la mujer. Como no recordar al cartero del pueblo vecino de Locainena que se llevó la novia, pero a casa del cura para que allí permaneciera custodiada hasta la preparación del casorio.
      


lunes, 14 de abril de 2014

Prefiero cavar que ir al gimnasio.


Recuerdo algunos benineros que disfrutaban cavando, sobre todo cuando se llegaba a la última cavada, se miraba atrás y se contemplaba el huerto preparado para la siembra;  como el pintor al terminar un cuadro o el artesano su última pieza. Recuerdo que Eugenia Doucet, recién llagada a Benínar   no podía resistir contemplar a un beninero que pasaba por delante de su casa con la azada al hombro. Decía que era la mejor fotografía que había visto en toda su vida de cómo andaba erguido andando por la calle empinada como andar por el llano. Que aquel hombre era el descrito por García Lorca: “…, la vara de mimbre de Antoñico el Camborio”. Bien es verdad que es necesario haber nacido con dicho don,  como estar dotado para percibir sonidos y disfrutar de ellos, o, juntarlos todos en una composición musical, componer, crear el  ritmo, el son; el percibir olor, texturas  del estado de la tierra, eso lo disfrutan solo unos cuantos.
A lo que me quiero referir, es que cada vez se está perdiendo  disfrutar cavando, del olor especial que tiene la tierra cuando admite la azada. Utilizo la comparación para que todo el mundo me entienda, se parece al olor que tienen las hembras cuando entran en celo y lo perciben los machos de su especie. 
Hoy he terminado de cavar el huerto y he siento la satisfacción de tener preparada la tierra para recibir las semillas y que crezcan las plantas. Dicha satisfacción es superior a sentir el cansancio. Es superior a que mis hijos aún no se han incorporado  a la siembra del huerto y no encuentro la forma de convencerlos. Es superior a los desánimos  que me intentan trasmitir  mis colegas jubilados que tienen huerto y lo han abandonado por las epidemias que suelen aparecer que comprar los insecticidas, al final salen los productos más caros que si se compran en un supermercado. La satisfacción de la tierra labrada solo lo puedo compartir con muy poca personas y mucho menos con los que viven en una capital que tan lejos viven de la tierra de la que se alimentan.   
Recuerdo que cuando mis hijos eran pequeños y visitábamos a los primos de Almería en la casa de sus abuelos maternos, en la puerta de la casa descargaban un camión de arena para que los críos pequeños jugasen en ella y sobre todo según la teoría del que aportaba la arena: “los niños pequeños tienen que comer tierra”. Para disfrutar cavando tienes que mamarlo desde chiquitito y aún así, ese don no cuaja en todas las personas. 
Dos cosas para terminar:
-         No sé que porcentaje de abuelos que nacieron y vivieron en pueblos, el contacto directo con la siembra, con los animales, las fases de la luna y su influencia en  la siembra por ejemplo, que dichos conocimientos morirán con ellos sin poder trasmitírselos a sus nietos. Y si se los transmiten no los comparten. Deberían reclamar un trozo de huerto a sus ayuntamientos para disfrutar de ellos, y enseñar a sus nietos  que las lechugas por ejemplo no salen de las máquinas. Pero sobre todo que vean cómo crecen las plantas y que sus manos toquen la tierra. Recuerdo a un maestro del piano en la actualidad, (me lo recuerda cada vez que nos encontramos) que cuando era pequeño su abuelo vino a casa le enseñé el huerto y el niño exclamaba: “Abuelo hay zanahorias vivas”.

-         Me estoy planteando montar una academia para que los críos del barrio a la vez que van a clases de todas las asignaturas,  al no  existir las que enseñan a nuestros infantes el lenguaje de la tierra, la siembra, …, y como no a cavar, dicho ejercicio físico además de ser más completo que jugar al fútbol, la siembra siempre da resultados, no como estar toda la niñez y adolescencia ejerciendo un deporte, que cuando se llega una determinada edad, casi todos se plantean su continuidad (sobre todo los que no están dotados para el fútbol por ejemplo) puesto qué, dichos deportes,  ni dan garbanzos, ni cebollas, ni boniatos.     

martes, 1 de abril de 2014

Africanos que sueñan con zapaticos nuevos y brillantes.

Es una foto que terminan de colocar en el foro de Benínar es lo que me ha motivado para sentarme a escribir. A los benineros nos pasa, que todo lo medimos o comparamos con lo ocurrido en nuestro querido pueblo. Allí se nos colocó “las piedras de toque” y en base a ellas hacemos nuestras valoraciones.  En la foto aparecen dos benineros que emigraron en los años cincuenta para trabajar en Montevideo. Vestidos en los años cincuenta como no podían costearse dicha ropa ni el alcalde del pueblo. Paseando por una de las avenidas de dicha ciudad cuando los de su pueblo andaban por caminos y trochas tirando de la soga que iba amarrada a un burro.
Cada vez que aparecen noticias sobre los africanos que intentan saltar las vallas, tanto los informadores como los políticos que manejan el cotarro, no han mamado (palabra que se utiliza en Cádiz a todos aquellos que llegan a dicha ciudad y comienzan a alabarla y el gaditano le contesta dicha palabra), no han vivido el día a día en un pueblo donde poco a poco se va despoblando. Eso le pasa a los informadores y políticos cuando tocan dicho tema. Les faltan matices, palabras precisas, se les nota que hablan por oídas no por conocimientos. Informan del salto a la valla, pero no de las razones por las cuales están arriesgando su vida en el salto. Les falta argumentar lo fundamental, que les impulsan a dichas personas a salir de su aldea. Les falta argumentar que volver significa, volver fracasado a su tierra cuando se está en plenitud de facultades y has gastado todo los ahorros de toda la familia.
Es necesario recurrir a la imaginación para poder describir, (los benineros que inmigraron no dejaron nada escrito) cual es el momento que deciden de marcharse de su pueblo, cuales fueron las razones que les impulsaron a tomar dicha decisión, la salida del pueblo hasta llegar a Cádiz, al puerto de salida, que medio de transporte utilizarían y cuanto tiempo en llegar desde Adra a la tacita de plata, Cádiz. Cuando embarcan y cuanto tiempo tardan en atravesar el charco. Donde más tenemos que poner imaginación es en el dinero que llegan a reunir en Benínar para iniciar el recorrido.
Recuerdo un personaje al que no llegue a conocer, que se decía de él, que salió para trabajar en Cataluña, y que vuelve fracasado y lo más grave en aquel pueblo, que se había rebajado a lo más bajo desde el punto de vista social, que en el recorrido había estado pidiendo. O no pudo adaptarse, no encontró trabajo, …, el caso es que regresa al poco tiempo de marcharse y lo que se decía de forma destacada, es que llegó con dinero en el bolsillo en breve espacio de tiempo y le preguntaban con guasa sus  paisanos:
-         Con el tiempo trascurrido desde que te fuiste hasta que has vuelto, seguro que en todo el recorrido de vuelta has tenido  que estar pidiendo. El contestaba.
-         Si te parece iba a volver dando.
A aquel beninero que no llega a adaptarse, en la actualidad se le preguntaría, por el número de coches que han lavado en la calle, la cantidad de pañuelos vendidos en los semáforos, el número de horas de gorrilla o el número de palomas asadas que cazaron en los parques.
No es el caso de los benineros que se marcharon a “hacer las Américas”, que en tan solo cinco años trabajando en vaya usted a saber en qué, como inmigrante, en su gran mayoría llegaron otra vez a Benínar, al pueblo de donde partieron con dinero suficiente como para comprase una finquita y llegar a vivir en su pueblo con una calidad de vida aceptable. 
Al margen de desarrollar cada una de las incógnitas planteadas anteriormente, lo que nos dice la foto es que de simples agricultores alpujarreños, en nada de tiempo llegaron a comprarse un traje, una corbata, unos zapatos relucientes y pasear por una capital dando dan la impresión de pertenecer a una clase social que en la España de comienzos de siglo XXI diríamos, “clase social media”.
Esas miles de personas que en la actualidad se encuentran deambulando cerca de las fronteras de Ceuta y Melilla, en espera de pasar a la UE, no sé si han sufrido tanto en el desplazamiento desde su país como sufrieron nuestros paisanos para llegar a Montevideo. No sé en qué tipo de trabajo están especializados. No sé a qué trabajo se podrán incorporar cuando lleguen a saltar la valla. No sé si después de vivir cinco años en la UE, podrán regresar a su país y comprarse una finquita. Por más que pienso y pienso en dichos inmigrantes, creo que los únicos que pueden valorar su situación son todos aquellos benineros, los alpujarreños  que decidieron marcharse de su pueblo para “hacer fortuna” en una tierra desconocida, como por ejemplo a Cataluña o a cualquier país europeo, por ejemplo a Suiza y Alemania.
Haber que gobernante de la UE tiene el coraje y argumentos  para montar una oficina "u lo que sea" en el monte Gurugú, sentar en dicha oficina  los mejores psicólogos, “u los que sea”, llamar a cada uno de dichos  africanos (pendientes del salto) y convencerlos que su sueño de conseguir un trabajo digno y una vida mejor en Europa no lo van a conseguir y por lo tanto tienen que darse la vuelta y volver a su lugar de origen. Aunque lo más difícil para el que emigra sea volver a su pueblo y llegar fracasado.

Tengo fe en la nueva generación de políticos españoles (puede ser una razón que me mueva a votar en mayo) que cuando se encuentre en el Parlamento Europeo, a sus colegas parlamentarios les convenzan para que convenzan a los africanos (tanto esfuerzo inútil para su gran mayoría formar parte de los que acuden a comer a los comedores de Caritas) que ni intenten salir de sus pueblos de origen ni llegar hasta las fronteras de Ceuta y Melilla. ¿O no es una solución aceptable para solucionar el problema fronterizo?. ¿O no tenemos que tener fe en nuestros políticos que dicho tema lo van a arreglar?.  ¿Serán capaces de que la solución sea volverlos invisibles y así el problema desaparece?.

jueves, 13 de marzo de 2014

Eugenia añora Benínar.

Eugenia hoy se siente con una emoción especial al recordar aquel día que se casó con un birgitano. En aquellos tiempos tenía “el corazón partió”, entre Canadá y España.
Por favor, habla del dia de mi boda, hoy es el  aniversario de aquel dia,  y habla de como me acuerdo con emocion de Maria Angustias y Encarna, su cunada, que han venido a nuestra casa en Teniente Joya por la manana en preparacion del viaje a la iglesia .  Ellas me han  ayudado a vestirme, me han dado atenciones especiales  y he sentido amistad de verdad.  Cuando no nos gusto las diferentes floras que yo habia comprado el dia antes , y  estabamos triste,  Maria Angustias ha ido corriendo a su huerto en la lluvia para coger azahar para mi.  Esa flor, en el Canada, esta  considerado una de la mas bonita para una boda pero demasiado  cara y  casi imposible  de encontrar.  Comprendes, Paco,   que aunque yo estaba  en Berja la gente de Beninar estaba a mi alcanzo todavia: Lola y Antonio, Juan y Angelica, Clemencia, Federico, Encarna, Maria Angustias y Manuel y la madre de ella. Todavia siento  gratitude en el corazon por las acciones de  Angustias y Encarna en aquel  dia. 
Eugenia Doucet termina de mandarme un correo desde Canadá para que yo lo cuelgue en todos los lugares de Benínar en la ret.
Le pregunto:
-         ¿Empapelo todas las calles de Beninar como se llenaban de carteles cuando había elecciones, cuando llegó la democracia en España?.
Me contesta:
-         Si. Por favor. Casi parecido.
A pesar de cumplir ya los noventa años sigue tan enamoradiza como una adolescente de Andalucía. Casi seguro que si escuchase un piropo de los que se decían en nuestro pueblo, se ruborizaría, se pondría colorada. Ella vive en Canadá, como me pasa a mí que vivo en Algeciras o Marina en Barcelona, o Maricarmen la de la Señorita Aracelis entre Málaga y Vitoria, por poner un ejemplo, Los que nos sentimos benineros-as cuando estamos cansados, como ella, se sienta en su butaca, cierra los ojos y comienza a escribirnos una carta a sus amistades en Berja y en Benínar: 

Cuantas veces te he compuesto  cartas en mi mente y esas cartas no  van mas lejos que mi cabeza.  Es que quiero decirle todo y hacerlo bien y lo veo  como cosa casi imposible.

Me llega a la cabeza las conversaciones mantenidas con Bitorilla y con María Fernández en las últimas fiestas, cuando yo les preguntaba de las cosas que se acordaban de Benínar. Daban un suspiro que se me ponían los pelos como escarpias y comenzaban a decir: ¡Ay! si yo te contase. La de cartas que Rosario la de Joaquín tiene en su cabeza que quiere decir tanto sobre su pueblo que si se pusiera a escribirlas le pasaría como a Eugenia.   

Primero he visto  ultimamente otro sitio en email sobre Beninar y alli he visto a MariCarme en la fiesta de San Roque cantando  algo que su marido ha compuesto para la fiesta.  Creo que Beninar esta mas vivo que nunca.  Increible.  Los antepasados  han hecho un trabajo maravilloso cuanto ellos estaban viviendo alli, y veo que los hijos estan trabajando igual  pero de otra manera y Beninar esta floreciendo de otro modo. 

¿Cómo no se va acordar de Maricarmen y de toda su familia si casi con sesenta años aquella adolescente la beninerilla le provocó a aquella canadiense para que aprendiese a tocar la guitarra?. Llegaba Eugenia con sus dos hijas Carolina y Magdalena (la que hacían el número diez y once de sus hijos) casi todas las tardes a la puerta de Juan el de María y Carmen y Maricarmen (la primera beninera en toda la historia del pueblo que en tocar la guitarra) salía ella más tiesa y orgullosa con su guitarra en la mano que parecía que estaba en la ventana esperando verlas aparecer para para estar toda la tarde noche cantando, las coplas de Mocedades, del Dúo Dinámico, de Marisol, de Joselito, los boleros que llegaban de Sudamérica, pero sobre todo las canciones de la  tuna. Eugenia no se marchaba de aquel lugar sin haber cantado un puñado de veces:
Clavelito, clavelito, clavelitos de mi corazón, … 
Me gustaria tener mas noticias para sentirme parte de  su familia como antes. 
Estoy muy bien aqui, una residencia para jubilados.  Lo unico de malo es que no encuentro gente como yo ,  tienen menos educacion, no han viajado, y los pocos que si, no  tienen bastante memoria para hablar de su pasado.  Tambien, tengo mas energia que los otros,, nunca  veo las  cosas negativamente, aunque a veces lo son, y eso me hace diferente.  Mis amigos estan fuera de aqui, tambien fuera de mi ciudad, entonces el ordenador es un cielo  para mi.  Desde laNavidad, cuando un nieto  ha hecho el Skype possible para mi. 
Mi corazon con medicacion no me  molesta ahora aparte de tener que tomar algo para tener la sangre siempre igual.  La cosa que me molesta son las dos rodillas.  Te acuerdas como me  dolia en el viaje que hemos hecho con Racheline cuando ella ha visitado ruinas y yo no he podido hacerlo..  Tengo un andador y voy donde quiero, restaurant, cinema, visitas con amigos.  Ultimamente escribo cosa que son bastante buenas.
Aparte de conocer la Provincia de Almería mejor que cualquier beninero-a, puesto que en su libro narra los pueblos que visitó antes de decidirse de vivir en Beninar, de la misma forma conocía toda Andalucía. Gracias a ella llegaron canadienses, franceses, ingleses, alemanes, etc., para que ella les enseñase interpretase el sentir del pueblo andaluz  y por ello sabe de nuestra tierra todo lo bueno porque ella jamás admitía ni admite lo negativo.  
En la biblioteca de mi ciudad tenemos una noche cada mes donde nos encontramos algunos  que quieren hablar el espanol.   Es fantastico. Son Canadienses que van a Espana para unos meses  al ano y que quieren conocer mas el idioma, son gente de paises de habla espanol, que quieren oir su idioma otra vez, y el ambiente es muy agradable.  Alli he encontrado dos mujeres que son ahora mis amigas.
Nadie ha vendido lo positivo, el potencial turístico que tiene Almería y Andalucía como ella siempre lo ha mostrado y con quien estuviese hablando. Estoy totalmente convencido que hasta el día que se muera seguirá convenciendo a todos los que le rodean (con el mismo coraje que los musulmanes insisten que antes de morir se tiene que visitar La Meca) que si salen de viaje, primero a Almería, Andalucía y después lo que sea.   
Tengo recuerdos de la amistad entre mi y sus familias que todavia me emocionan.  Con saludos a todos y abrazos tambien, Eugenia. 
Como se acuerda de todas las familias de Benínar, mejor no pongo sus nombres y que todos los benineros-as se sientan abrazadas-os por Eugenia Doucet. La canadiense-beninera.

martes, 11 de marzo de 2014

Murió Antonio con el mancajillo en la mano.

En Benínar la tía Leocadia diseñó una forma de vida que con la muerte de Antonio Fernández Enriquez queda rota definitivamente. Como si se tratase de alta política, en este caso el diseño no vale y es necesario confeccionar otro que se adapte a los nuevos tiempos. El que ella inventó  no quiere decir que no sirva para satisfacer las necesidades básicas que necesitan las personas cuando llegan a una cierta edad, es que ya las nuevas generaciones deciden cuando una persona es o no es útil.
Leocadia centra su vida en que todas sus hijas permaneciesen juntas y para que su diseño funcionara se marcha de Benínar para centrase en Adra y alrededores más en concreto en Las Cuatro Higueras, barriada entre Balerma y Adra.
Yo pienso que el diseño de los invernaderos la primera que pensó en ellos fue  Leocadia, puesto que, con las hectáreas que podían reunir sus dos hijas como no fuese en cultivos intensivos de invernadero aquel terreno no daba para mantener las dos familias y las que se irían incorporando al núcleo familiar.
De la misma forma que se inventó los invernaderos, ella pensó, mi corona, mi matriarcado lo legaré a mis dos hijas y ellas que hagan lo mismo con las suyas, de tal forma que mi diseño perdure por lo menos un siglo. Su diseño se centraba en ser útil y sentirse útil. Siempre. Hasta la muerte. Aquel lugar elegido será donde permanecerán todos juntos ayudándose mutuamente, repartiéndose las responsabilidades según las capacidades de cada uno hasta el agotamiento.
Leocadia no se si llegó a ver toda aquella finca con los invernaderos construidos, lo que sí que vio, estaba segura que pasaría, es que todos se irían convirtiendo en personas mayores y los viejos de aquella gran familia trabajarían hasta que sus fuerzas se agotasen,  que todos formando un solo frente viviesen sintiéndose útiles hasta que perdiesen el sentido de la responsabilidad.
En aquel espacio se debería levantar un monolito formado por un conjunto de brazos que sostienen a un crío recién nacido. He escrito bien lo del recién nacido puesto que poner en movimiento a un hijo cuesta más de veinte años y las personas mayores que allí han vivido, que yo recuerde seis, muy pocos años han necesitado de los brazos de los demás para estar funcionando, hasta que les llegó la muerte. Hasta que se agotaron por ley de vida.
El matriarcado de María, Dolores y de Marilola, que son las que en la actualidad poseen dicho peso sobre sus hombros en ningún  momento se han salido del guión trasmitido aprendido y aplicado  por la abuela Leocadia. No sé si ellas están dispuestas a modificar el guión de la abuela el de toda la vida, pero creo que las circunstancias, la vida moderna, presiento que no será lo mismo.
Terminan de mandarme un correo con el siguiente título:
Carta desde un geriátrico.
De pena;  y además cerca de donde vivo existe dos que a uno de ellos suelo visitar de vez en cuando. Allí llegan o los dejan cuando alguien ha decidido que ya no son útiles.
Nuestro querido Antonio ha llegado a los noventa y dos años, delgado como un silbido y sin ir periódicamente al ambulatorio a que el médico le actualizase la tarjeta 21. Él ha decidido el momento de sentarse frente a los que fueron sus compañeros durante toda su vida y ver cómo iban  encarando y seleccionando los pimientos, berenjenas, (…), completando cajas, seleccionando los más grandes, eliminando los manchados, los torcidos.  Nuestro querido Antonio él decidió valorar su utilidad a los noventa años, nada más y nada menos y su familia respetó su decisión de estar de mirón viendo como otros trabajan.      
Ha muerto un agricultor en el Poniente de Almería y ni va a salir en los periódicos ni en los medios de comunicación y que yo recuerde no he visto ningún monumento en los pueblos de la zona donde se reconozca la labor de tantos agricultores que se han dejado la piel en el trabajo diario y hasta ahora suelen morir con el mancajillo en la mano. La de lecciones magistrales que nos han dado siendo casi todos analfabetos, pero gracias a ellos Almería tiene un potencial agrícola que otras quisieran tener.


jueves, 27 de febrero de 2014

Paco de Lucía y Camarón

A pesar de llevar cerca de los cuarenta años viviendo  en Algeciras (aunque se duerma en Algeciras donde se vive es en Campo de Gibraltar) nunca vi por la calle ni a Paco de Lucía ni a Camarón. Bueno los vi en concierto hace ya años y la verdad es que apenas me acuerdo de ningún detalle de aquellos actos en concreto. Aquí a Paco y Camarón en la zona lo que realmente  te llega de Paco son  sus anécdota y su forma de ser. Es el hijo de Lucía, la vecina, el que andaba y jugaba cuando era niño y era joven. Lo destacado e importante se lo dan los de fuera. Conozco a gente que han estado relacionado con ellos y por tanto he escuchado infinidad de anécdotas, quizás más de Camarón que de Paco, aunque Camarón viviese en el otro extremo de la Bahía de Algeciras.
Lo que si he recorrido infinidad de veces son los espacios por donde ellos han pasado, han andado, observaron y en cierta medida formaron su carácter, puesto que el carácter, la forma del ser humano, del estar y de vivir lo da la tierra y las gentes con los que te relacionas sobre todo en momentos claves de la vida de una persona.
Esta mañana escuchaba que Paco se ha marchado a los sesenta y seis años, dos veces seis las cuerdas de una guitarra. No se si se conservarán dos guitarras de las tantas que ha tenido Paco en la zona. Esta mañana cuando fui a la plaza de abastos, escuché en un puesto: “Paco apenas si volvía por Algeciras, porque la gente es mupesa y lo agobiaban”. Tampoco la Playa del Rinconcillo donde él se sentía en plenitud, donde seguro le salieron las mejores de sus obras, no es la que era, ni viven los que estaban. En resumidas cuentas, la Algeciras que configuró la personalidad del creador de Entre dos Aguas no se parece para nada a aquellas cosas que le formaron parte de su personalidad como era, el mar, la mar y el barrio donde fue niño y fue joven no está los mismos vecinos, ahora ocupado principalmente por marroquíes.
Para estar en la mar del que se nos ha ido te tienes que ir justo al centro del Estrecho de Gibraltar y tener a tu lado alguna persona mayor de esas curtidas por el mar que le pueden poner mil nombres a la dirección y fuerza del viento que te vaya explicando el pupular de todos los peces  cuándo van para el Mediterráneo o regresan al Atlántico, ir a coger erizos, burgaillos y hortigas y ver la gran riqueza que existe en el espacio de la costa ocupado por las mareas. Para conocer sus pasos te tienes que meter en el centro del Parque de los Alcornocales a buscar hongos y tagarninas y ser acompañado también por una persona que sea de la zona, de las que trasmiten el conocimiento por conocer todos los animales y pájaros, cuando se van y cuando llegan, los que saben hablar con la tierra.
Cuando escuchas la composición entre dos aguas son unos minutos, cuando estar en el Estrecho de Gibraltar o en el Parque de los Alcornocales, es estar un día entero escuchando, tocando, viendo y respirando todo eso que le fue necesario vivir a Paco cuando era joven para componer lo que compuso y eso a mi manera si que lo he compartido con Paco de Lucía.
Cuando sin estar programado nos juntamos unos cuantos amigos con unas cuantas guitarras, es cuando me acuerdo de Camarón. En esos momentos es cuando fuerzas especiales, suben del centro de la tierra  o bajan del firmamento que uno se pone a cantar o a bailar y son momentos (pocos y escasos) que solo he vivido en esta tierra. Camarón se nos fue y Paco se nos ha ido lo mismo que se fueron los romanos. ¡Unpone!,  pero aún nos quedan siete ciudades con el mismo potencial lleno de energía que andando por ellas es fácil cerrar los ojos y sentirte romano. O escuchar entre dos aguas las del Mediterráneo y las del Atlántico donde se abran y se mezclan en el estrecho o reunirte con amigos y cantar como solo se canta y se vive el cante en esta tierra por Camarón.

miércoles, 26 de febrero de 2014

Pan duro para los patos. I

 Son unos cuantos años de estudio y pensar modos y maneras sobre si los gorriones y las tórtolas que llegaban a comerse el pienso de mis gallinas formaban parte de cómo yo tenía programada mis necesidades o por el contrario debía de seguir alimentándolas a todas las aves que llegaban al huerto por eso de ser un filantrópo.
En un principio era agradable ver los árboles que rodean mi casa donde los gorriones se pasaban sobre todo por las tardes armando la grande disputándose la mejor rama para dormir. Los que pasaban por la calle se quedaban boquiabiertos al escuchar el alboroto. Por supuesto que la acera estaba siempre llena de lo que ellos iban soltando durante toda la noche. Las tórtolas anidaban en el río cercano y tenían la comida preparada para comer ellas en primer lugar y nada más salir del nido sus crías, las situaban encima del gallinero, mostrarle la comida. y marcharse rápidamente para sacar la siguiente nidada. A las tórtolas solo les faltó decirme: Te dejo mis dos hijos para que les des de comer.
Los gorriones tenían más jeta, pues no solo se comían el grano, también, en la temporada de bravas e higos, pues yo tenía que comer los que a ellos les sobraba y con las uvas, con todas las frutas del huerto.
Llegó un momento en que las compras de pienso eran tan frecuentes, que empecé a plantearme de conseguir unos cepos de alambre como los que utilizábamos los críos en Benínar, que por medio de un amigo los conseguí. En mi pueblo los críos aportábamos comida a la casa mediante coger pájaros en el campo. No llegué a utilizarlos por eso del remordimiento de matar un ave. Me he convertido en un urbanista y todo lo tengo en el supermercado. Renuncié a la escuela que tuvimos los beninerillos de alimentarnos de las frutas y verduras y animales que se conseguían en el campo, un capitalino defensor de una naturaleza animales y plantas teóricamente, idílica. 
En este febrero del dos mil trece  en todo este mes se han hincado, se han comido  en toda Almería y provincia unos cuantos miles de kilos de animales en filetes. Mis paisanos  han comido carne de cualquier animal. Pero ellos los almerienses no tienen el remordimiento sobre su conciencia de haberlos sacrificado. Me he pasado unos cuantos años, preguntando por supuesto por mi tierra e incluso en la extremeña la forma y manera que los gorriones y las tórtolas se fuesen a alimentar al campo,  de donde proceden y que comiesen lo que en cada momento da la tierra. Me fabriqué una jaula trampa y en una ocasión llegó a tener dentro tres docenas de gorriones pero ni yo podía sacrificarlos ni nadie me ayudaba, les abrí la puerta y todos se marcharon, a pesar, que en esta tierra donde vivo en el Campo de Gibraltar existen bares específicos que una de sus especialidades de renombre por temporada, son los pajarillos fritos, como le pasa a los caracoles. Son manjares. Dicen.
Hace poco tiempo me encontré en casa de un familiar en Málaga con un comedero fabricado con una garrafa de aceite bacía de veinte litros, me llamó la atención, pregunté y me dieron el siguiente razonamiento: Los gorriones no llegan al grano, se tienen que meter dentro de la botella y eso no lo harán nunca. Si colocas los boquetes a una cierta altura podrán meter la cabeza las gallinas, pero no llegarán las tórtolas. De esta manera estoy un poco más tranquilo, me he quitado remordimientos adicionales y por supuesto he dejado de comprar la mitad del grano que antes compraba.
Sé que cada vez veo más claro que pertenezco y pienso como piensa mucha gente en la UE. Esta decisión mía de que los gorriones y las tórtolas han de buscarse la vida tal y como cada cual se la busca y no depender  del pienso de los demás, es una decisión coherente que se debe aplicar al tema de las fronteras, las que tengo tan cerca de donde vivo, el Estrecho de Gibraltar. No es fácil pronunciarse a la ligera de los que nos llegan de fuera y de compartir lo que tenemos. La satisfacción de compartir lo que tenemos con los que llegan siempre fue gratificante pero todo tiene sus medidas.  
Y en el tema de los animales y pájaros nuestros hijos deberían pasar un periodo de tiempo en un pueblo donde los animales, donde vivan en vivo y en directo que nacen, crecen se reproducen y forman parte de los alimentos, además de responsabilizarse y disfrutar de ellos que tomen conciencia que las tajadas que tienen en el plato han delegado en otros, controlarlos, cuidarlos, alimentarlos y sacrificarlos.      

Otro día escribiré sobre la cantidad de patos que tiene el río que está frente a mi casa que son alimentados diariamente por todos los vecinos con el pan que se les pone duro y por ello les sobra.