martes, 5 de diciembre de 2017
Vengan pastores
Ya vienen los Reyes Magos los he visto por el río,
traen montañas de ragalos, vienen cargaitos perdios,
y al pesebre vienen a adorarlo
traen incienso y mirra y al portar van a llevarlo
y van a llevarlo.
Vengan pastores vengan al portalito
traigase la zambomba, guitarra y bombo
que en el portal vamos a contemplar:
Que María está bailando, San José taconeando
y el niño que está en la cuna las palmas está
Mi padre toca el pandero y mi madre la guitarra
y mi hermano el pequeño dando todo el día la tabarra
y el abuelo baila que te baila.
Ya estamos todos los pastores pues llegó mi hermana
pues llegó mi hermana.
VENGAN PASTORES, VENGAN AL PORTALITO ...
En el pueblo hemos decidido entre todos hacer el belén
y hasta el alcalde ha venido para su figurita poner.
En el momento de enchufar las luces se ha quemado el pesebre
y todo empezó a arder hasta San José.
VENGAN PASTORES VENGAN AL PORTALITO ...
Traigo unos mantecaitos, traigo un trago de vino
y este que viene conmigo viene borracho perdio.
Cuando mi madre lo vea no veas que le dará
yo le diré que lo deje que estamos en Navidad
estamos en Navidad.
VENGAN PASTORES VENGAN AL PORTALITO ...
domingo, 1 de octubre de 2017
De la trashumancia a la búsqueda del sudor.
Me llama mi hermano desde Capiléira diciendo que está haciendo una ruta ciclista con un grupo de amigos por toda Sierra Nevada.
Le digo:
⦁ Ya que estas en ese sitio irás a visitar donde pasaba el verano la familia de Antoñica la Matías. Los Hojirres y los Marines.
⦁ Y quien sabe en qué sitio tenían el corral. Se ven algún que otro corral en ruinas y seguro que en alguno de ellos estarían los pastores benineros. Apenas se ven manadas de cabras o de ovejas.
Como soy el más viejo soy el último, pero no es solo el esfuerzo por llegar a la cumbre lo que me detiene, son las vistas y por supuesto los recuerdos de nuestros paisanos que se pasaban allí todo el verano. ¿Qué comerían?. ¿Dónde dormirían?. Más de tres meses allí sin relacionarse con nadie.
Continúo con lo que vivimos de niños en Benínar mi hermano y yo cuando en el pueblo que había tres manadas de ganado.
Yo recuerdo cuando las manadas de cabras se les ponía todos los cencerros (¿qué habrá sido de aquellos cacharros?). Al comienzo del verano las manadas de cabras u ovejas iniciaban la comitiva una burra cargadas de cacharros de cocina entre otras cosas y recorrerían las calles por donde iban las procesiones de los santos. De allí partían camino del rió arriba y después de andar un buen trecho se desviánban en el encuentro de los dos ríos (Verde con el de Alcolea) comenzando a subir los cerros viendo a lo lejos a Ugíjar. Desde allí nadie se acuerda de aquellos cominos de trashumancia que tenían sus curvas, las subidas, las bajadas, donde tenían que llega. Tendrían que pasar dos noches durmiendo bajo las estrellas antes de llegar a su destino. Posiblemente cargando el pastor de algún borrego recién nacido.
Todos esos detalles que pasaban de padres a hijos ha llegado la generación que saben leer y escribir, pero no saben describir, trazar en un plano dicho camino, ni mucho menos escribir las vivencias. Estoy totalmente seguro que sus padres les contaron aquella forma de vivir de sus antepasados. Míra en aquel barranco, debajo de aquella encina, aquella cueva del camino, la de detalles hasta llegar al sito elegido y vivir en el monte sin hablar con nadie tres mese largos. La pastora con sus hijos pequeños, nada más que cuidar de ellos tenía de sobra trabajo para que ninguno de ellos se despeñara por aquellas pendientes.
Antes de partir había que llamar a Miguel el gitano para que esquilara las ovejas. Aquella lana de cada oveja se formaría una especie de bola que se irían contando: Esta para Frasquita, esta para Lola, …, una vez apartados lo que sería el pago de los pastos, los que quedaban eran para utilizarlos en el trueque para obtener alimentos básicos como la harina, el aceite, las patatas y las legumbres.
Recuerdo que Antonica la Matías que por ser mi prima María y yó los padrinos de su hjio Faustino a María le regaló la lana necesaria para el colchón de matrimonio ya que en aquellos tiempos los colchones de los pobres eran rellenados con farfolla (Los pétalos que envuelven a las mazorcas de maíz) y los de los ricos de lana.
Como le pasa a mi hermano y sus amigos quizás andan el mismo camino con las bicicletas sin saber que dicho camino fueron andados por sus antepasados todos los veranos con la intención de que el ganado cambiase de pastos ya que en el pueblo estaban agotados. Como han cambiado los tiempos y de qué forma. Antes dichos caminos fueron andados con albarcas y ahora en pedales. Antes andando para realizar un trabajo, para la supervivencia y ahora el mismo camino por deporte.
Tanto el pastor como la pastora sabían que estarían tres meses largos sometidos a un silencio total. La pastora entretenida posiblemente haciendo trabajos derivados de la lana, cuidando de sus hijos, y el pastor andando todo el día de pico en piedra y de piedra a pico.
¿Dónde vivirían aquellos tres meses largos los pastores y sobre todo la mujer que le acompañaba con sus hijos menores?. ¿Qué alimentos disponían en aquella montaña a kilómetros de los pueblos más cercanos?. Me imagino a aquellos pequeños viajando en aguaderas a la ida o la vuelta o buscando un médico ya que alguno tenía fiebre. Lo que sí estoy convencido es que sus alimentos básicos serían, la leche, el queso, los calostros y los requesones. Una vez sacado de la leche los dos productos el líquido se derramaría por el monte cuando en el pueblo el líquido se aprovechaba echándoselo a los cerdos para alimentarlos. Aquellos cerdos antes de la matanza se les tenía que cambiar de alimento ya que su carne tenía un olor especial.
Recuardo cuando llegaba Antoñica la Matias a mi casa, con calostros o requesones. A estos últimos se les cubría de miel o azúcar y aquello era un manjal.
Como añoro aquellos requesones o calostros que nos llevaba
sábado, 26 de agosto de 2017
Me encuentro en Inglaterra ya que mi hija va a dar a luz en breve. En ese compás de espera me pongo delante del ordenador y tengo unos cuantos temas por desarrollar
- Un beninero, yo, que ha volado ya en infinidad de ocasiones a ayudar a mi hija que para que ella trabaje en un hospital en Bradford, necesita de abuelos, que cuiden a sus nietos. Me vine a la cabeza esa canción: Harto ya de estar harto ya me canse, .... Para nada, puesto que cuando suena el teléfono y dice que me ha comprado los pasajes, ..., Allí estamos mi mujer o yo o los dos juntos, .... Aquí en Algeciras donde vivimos también tenemos nietos que nos necesitan..
- Podría hablar de las iglesias y catedrales que he visitado que entrar en esos sitios es pasar por encima de una impresionante cantidad de lápidas muy grandes donde supongo se encuentra escrito las proezas de sus moradores; porque una vez dentro no hay imágenes, ¿A quien le rezas un padre nuestro si te falta para empezar la imagen?. Aquí en mi tierra no solo colocamos imágenes, dentro de las iglesias o ermitas, es que además las vestimos. Aquí en Inglaterra al entrar dentro de un templo tan solo se puede contemplar o valorar el estilo de su construcción.
- Podría desarrollar las comidas que se sirven en sus bares: !!!HAZZZZ....!!!, con lo que a mí me gusta unas lentejas con chorizo, un plato de puchero con tacarninas o una tortilla de papas con los huevos de mis gallinas. De lo que tienen delante los que están sentados en sus bares. Una cerveza que con un poco más de volumen puedo introducir para lavar a mi perra del tamaño que tienen, con lo que a mi me gusta una copita de los vinos desde Chiclana pasando por el Puerto de Santa María, Sanlucas y terminando en Jerez.
- Ves tú. Sus arboledas son esplendidas sus ríos con caudal y sus parados verdes en todas las épocas del año. Es lo que envidio y por donde me gusta pasear. Tierra y agua y apenas se siembra, en todo momento estoy moviendo la cabeza intentando encontrar una razón.
Podría desarrollar dichos temas pero ahora y desde hace días lo que siento necesidad es de escribir sobre las últimas fiestas de San Roque de Benínar que se celebran en un campig en lo alto de una montaña a kilómetros de las poblaciones cercanas. Como se decía en mi pueblo allí en la quinta puñeta. Pero allí fue donde me encontré con unos cuantos paisanos más o menos de mi edad que me contaron historias que ya se las he contado a mis hijos y espero contárselas a mis nietos sobre mi padre Paco el de Ramón, y su abuela Doloricas la de la tienda, sus abuelos..
Pero lo que más me ha llamo la atención es ver a Paco el de la Niña, sentado en el bordillo de los aparcamientos y con decisión de no entrar donde se encontraban la gente, bien escuchando misa, comiendo, charlando o bailando. ¿Me ha dado pena?: No. Lo que si me hizo pensar en su actuación.
La historia de la que yo formo de ella, este personaje que es Paco Ruiz, fue siempre el que en cierta medida decidía quien serían los mayordomos para la siguiente celebración. Él era el que con los papeles de las narraciones de Moros y Cristianos en la mano decidía quien era el mejor de los mozos para que fuese rey, cristiano o moro y los papeles restantes. Él era el que en el espacio llamado La Yesera o en cualquier otro sitio a las afueras del pueblo repasaba y corregía una y otra vez la actuación de los actores. Se sabía de memoria toda la comedia aunque cuando un actor actuaba subido en un mulo o en un caballo, Paco estaba junto a él por si aparecían dudas o que en actor no supiese continuar allí estaba él para el empujoncito. Le recuerdo estar casi siempre los tres días de fiesta con los brazos puestos en las barandillas de la estatua de don Eugenio contemplando como se iban transcurriendo la celebración de las fiestas por si en un momento determinado hubiese una incidencia o un imprevisto. Él había asumido desde pequeño que era el responsable de todos los acontecimientos de las fiesta. Que al pueblo llegasen gigantes y cabezudos para los pasacalles, que saliese de la plaza del pueblo infinidad de globos que eran elevados con un algodón empapado en alcohol se le prendía fuego y el globo ascendía que era la atracción de los críos. Cuando el pueblo desapareció y los santos fueron llevados a Hirmes una pedanía de Benínar, él era el que traía en su coche los santos hasta el campig y se los volvía a llevar después de las celebraciones. Él era el único durante mucho tiempo con carrera universitaria de todos los jóvenes que ponían la fiesta en marcha y por ello él era el que mejor resumía las fiestas pasadas y por ello todo lo que se podía mejorar. Paco Ruiz no fue elegido ni nombrado por nadie para tomar la responsabilidad del timglao de las fiestas, tampoco nadie dudaba de su buen hacer y de sus decisiones aunque muy pocos las alababan ni reconocían su esfuerzo.
No recuerdo el año en que Paco Ruiz fue despojado de todo ese control a pesar de tener su mente tan clara como en todos los años que fue el responsable total y no creo que ante un micrófono ante toda la gente que se congrega en el campig todos los que han pasado "como responsables" reconociese su labor preocupación y trabajo de tantos años.
No creo que llegue a diez los años queme lleva, es decir es un poco más mayor que yo, pero esa sensación que ahora mismo tiene Paco Ruiz la sentiré yo, cuando mi hija al otro lado del teléfono me diga, no te preocupes que todo está controlado, que si quieres venir vienes pero realmente ya no me haces falta.
A diez años vista, o quizás antes, Paco Ruiz, yo me sentaré también a su lado en el bordillo del aparcamiento, esperando que lleguen a las tantas de la madrugada los feriantes después de divertirse. Mientras viva yo quiero estar en ese momento, donde están mis raíces, donde están mis hijos y mis nietos mis abuelos y mis vecinos, en ese trocito de cielo cuajado de estrellas, respirando ese aire que solo se respira con ese aroma nada más que en las fiestas de Benínar. Yo quiero estar presente aunque no me necesiten.
Ramiro de Maeztu dijo una frase antes de morir:
"Vosotros no sabéis porque me matáis pero yo sí sé por lo que muero".
Tanto Paco Ruiz como el que escribe posiblemente hablando los dos en las próximas fiestas de San Roque sentados en el bordillo de los aparcamientos podremos decir:
"Vosotros no sabéis argumentar la razón de anularme de no tenerme en cuenta para nada. Yo si se que tengo que estar en el campig de Benínar el 15 y 16 de agosto (mientras viva) cerca de San Roque y la Virgen del Carmen".
martes, 4 de julio de 2017
Una beninera en Roma
Un día me encontré con
una paisana Lola Sánchez Blanco y parecía que me estaba esperando, por todos los espavientos que
hizo nada más verme.
-
¡Qué alegría verte!. ¡No te puedes ni
imaginar la de veces que me he cordado de ti!. ¡Porque he estado en Roma!.
Rápidamente, como todo
beninero, pongo en marcha “mi memoria histórica”, sacando la conclusión que
quien tenía delante era la primera beninera-ro
que visitaba dicho lugar.
La beninera, no podía
perder ni un minuto de la narración pormenorizada de todo lo vivido. Comienza
por donde se comienzan todas las conversaciones, por explicar, todas aquellas
razones por la cuales ella se encontraba en el aeropuerto de Málaga facturando
la maleta y portando en un bolso de mano, y otro un poco más grande donde llevaba el traje que se tenía que poner el
día de la ceremonia.
La paisana, cuando
recuerda el bolso que tenía en la mano, en el aeropuerto, retrocede en la
exposición, puesto que no había explicado, en lo que había invertido, todas las
horas de una semana, de día visitando tiendas de día y de noche, pensando en cómo
tenía que aparecer en la Tv en los televisores de los benineros.
-
Mira niño – la beninera le explica al
beninero – cuando el que me invita me dice que:
“en la ceremonia cuando el Papa de Roma, lo nombre obispo, - ella sabe
que no tiene que identificarme al personaje, puesto que para eso somos
benineros y tenemos una historia en común - ella tenía que estar formar como pieza importante, puesto
que iba en calidad de madrina”.
Los argumentos que dan la razón de ser madrina de un camerunes serán otro tema para desarrollar.
¡Qué
sudores!. ¡Qué suponcio!. Me estaba viendo en la pantalla de televisión en
todas las casas de la gente del pueblo.
Por
otra parte me planteaba: “¿Visto como las europeas?. ¿Me visto como las
africanas, puesto que el que se nombraba obispo había nacido en Camerún …?.
Como
tú sabes, “los que me rodean todos son “unos pan blancos” – en Beninar cuando
se produjo el cambio del pan amasado en casa a comer el pan que se elaboraba en
la panadería para todo el pueblo, no todos los benineros aceptaron el cambio.
Algunos se opusieron frontalmente a que dicho cambio se efectuase y por ello
los opositores al cambio llamaban “pan blanco” como expresión de cambiar un
manjar, a una cosa que no sabía “ni a chicha ni a limoná”, a todos aquellos,
que argumentaban las ventajas del pan blanco - siempre termino por tener que
tomar yo la decisión sin que los demás se pronuncien.
Conclusión,
me compré un traje negro, como el que se ponen las Malagueñas para desfilar en
las procesiones de semana santa, sin que me faltase un detalle. Mi traje negro,
peineta, mantilla, rosario, evangelios, … El conjunto no lo podía yo dejar en
cualquier parte ni que nadie me lo llevase.
Por
eso, en la misma tienda me lo prepararon para que lo llevase en la mano.
Por
supuesto que los “pan blancos que me rodean”, no han visto que vestido me
pondré para la ceremonia.
¡Niño
ya con lo del vestido “se me ha perdido el hilo de la conversación”.
¡Ya!.
Como te iba diciendo, …
Lo que me decía a
continuación, era más rica en matices, las conclusiones que sacaba el beninero,
que lo que le contaba la beninera. Tratándose como se trataba de una mujer con carácter, donde
siempre que ha tomado una decisión le ha dedicado, muchísimas horas de
razonamiento y por tanto de sueño.
Una beninera en un
avión de Málaga a Madrid y de Madrid a Roma con un paquete en el regazo, que
nadie fue capaz de convencer, que podía ir el paquete descansando en unos
huecos que tenía la beninera encima del asiento.
Uno de los fallos que
cometieron – los que le acompañaron - fue colocar a la beninara en una
ventanilla del avión para que experimentara el vértigo. La beninera quería
eliminar el vértigo hablando, gesticulando y explicando al resto de pasajeros,
lo que estaban contemplando sus ojos y su estómago.
El acompañante de la
beninera, - cuando nuestra paisana comenzó a hablar – seguro que sacó la
siguiente conclusión: “yo de Camerún, ella europea, nadie nos relacionará a no
ser que yo abra la boca. Conclusión: en todo el trayecto no digo ni pio”.
La llegada al
aeropuerto de Madrid, para la beninera fue colocarla en el espacio cerrado más
grande del mundo y además lleno de gente de todos los países. La
beninera, abre la boca al ver cómo iban vestidos, los que pasaban por su lado y
quería explicar con gestos lo que estaban viendo sus ojos. La beninera tiene
que ser arrastrada literalmente, puesto que cada dos o tres pasos se queda
mirando descaradamente a aquellos rostros y con aquel ropaje que estaban ante
sus ojos por primera vez.
El que escribe se
acuerda, cuando llegó a la Rambla de Barcelona por primera vez - y muchísimo
más joven que nuestra protagonista, - sacó la conclusión que tenía que sentarse
para ir acostumbrando sus ojos a aquellos nuevos rostros y sus vestimentas,
puesto que con la boca abierta uno se queda mirando sin ser consciente, que
estaba entorpeciendo la circulación al resto de los viandantes.
La beninera continúa su
relato y no tenía que decir, que cuando se montó en el avión en Madrid, Roma fueron
tantas las emociones vividas, que le dio una especie de síncope y se quedó
dormida hasta que fue despertada en el aeropuerto.
El que escribe piensa
que “esa pastillita contra el mareo que se tomó en el aeropuerto de Madrid, para
salir para Roma, se la tenían que haber dado nada más salir de casa para que al
llegar al aeropuerto de Málaga la beninera fuese relajada.
El que escribe estaba
esperando el momento cumbre del relato, puesto que de un momento a otro tenía
que aparecer la frase:
-
“!Niño, me perdí, en la Plaza de San
Pedro!”.
La beninera hace tal
revelación con la intención que el beninero mantenga toda su atención en todo
el relato. Por ello continua hablando de cuando ya vestida de “camarera de paso
proceional de una hermandad de Semana Santa”, está sentada entre los familiares
de que serían nombrados obispos.
No recuerdo si fue
antes o después del nombramiento de cada obispo, los familiares más allegados,
pasan a besar el anillo del Santo Padre. La cuestión, es que cuando la beninera
tiene entre sus manos la mano de Juan Pablo II, para besar el anillo, nuestra
protagonista entra en un estado, que no es capaz de controlar el tiempo y
tienen que retirarla y volver a sentarla en el asiento que tenía.
Cuando vuelve en sí se
quita los guantes con lento ceremonial y los guarda en el bolso, puesto que
aquellos guantes habían sido tocados por las mano del Sumo Potífice.
Termina la ceremonia y
nuestra protagonista se queda sentada esperando que algún camerunés venga a
recogerla. Rezando el rosario, - ya desesperada – se encontraba cuando se
encuentra rodeada de operarios que estaban retirando las sillas.
-
Niño, en un pís-pás, miro ami alrededor, y todo lo que allí había que momentos
antes, estaba lleno de sillas y gente sentada, todo había desaparecido. Aquel
espacio, que no tengo referencia para decir lo grande que era, estaba
totalmente vacío.
Me
acordé de lo que dice el Evangelio de que: “confiados los padres, que su
hijo estaba con familiares, se dan cuenta que falta a los tres días y tienen
que volver atrás para buscarlo”.
-
Qué miedo. No.
-
Yo en pocas veces he sentido miedo y
menos estando tan cerca el Papa. Lo que tenía un cabreo que en mi vida creo
haber tenido uno tan grande.
Pensando,
razone que en aquel sitio – como pasaba en la iglesia de Beninar, había que
hablar lo imprescindible y bajito – no podía empezar a dar voces.
Me
acerco a unos tíos vestidos de rojo, muy tiesos, los guardias del Papa y me
pongo delante.
¡Niño,
que miedo!. Una mujer como yo de metro cincuenta y poco más, delante de aquel
mucho más largo – nombra a uno de Beninar, que el de rojo le superaba en dos
cuartas – “que un día sin pan”, y empiezo a preguntarle, con toda la educación
del mundo y el tío ni se inmuta. Como aquel no me hacía caso, me marcho a otro
y a otro. Biendo que ninguno de ellos decía ni pío, me vuelvo al primero, por
donde empecé y con toda educación me pongo a explicarle lo que me pasa.
Como
tenía todo el tiempo del mundo, empecé a preguntarle por cosillas, sin
importancia. El tío sin inmutarse.
Me
hecho el bolso a la espaldas y le amenazo con darle un bolsazo, al ver la poca
educación que estaba demostrando. Nada.
No
me acuerdo el tiempo que me pasé delante de aquel tío, lo que si me acuerdo es
que no dijo ni pío, ni cuando le di con el bolso y salí corriendo.
Salí
corriendo, porque estaba viendo que se acercaba hacia donde yo estaba una
sotana con un negro dentro.
Yo
empecé a mover los brazos y chillando, diciendo donde estaba y una de las veces
de estirar el brazo, sale lanzado el rosario y es cuando aquella sotana, cambia
de dirección y se va alejando de donde yo estaba.
Con
el dineral que me había costado el rosario y por más vueltas que daba no lo
encontraba.
La
verdad es que si en aquellos momentos se me pone por delante algún camerunés,
de los que estaban acompañando al obispo, creo que le arranco los pelos o le
hubiese tirado un bocao, …
-
Y la peineta, el mantón, … Le pregunta
el beninero.
-
La peineta, el mantón y todo lo demás ya
lo había metido en el bolso de mano. Un bolso tan chico y sin una bolsa de plástico
para meter todo lo que me habían enganchado. No entiendo lo del bolso tan chico
que tenía que llevar, pero formaba parte del conjunto. Un dineral, para
llevarlo vacío.
En
aquellos momentos, lo que me ponía cada vez más atacá, era la faja y los
zapatos de tacón, Un deillo de tacón, pero no te puedes hacer una idea la tarde
noche que me dieron los zapatos y la faja.
Ya
de noche, aparece un taxi, se bajan de él dos de los cameruneses con la cara
desfigurada y empiezan a disculparse.
Hasta
que el bolso no se me escapó de las manos, les estuve dando bolsazos a los
negros y al taxista que también se metió por medio.
Después
ya tranquilos cuando le explico a los camerunenses, lo de la faja y los
zapatos, los “pan blanco, me contestan, que porqué no me los había quitado.
Serán “pan blanco”.
Continuó diciendo la
que armó cuando llegó a la residencia y se encontró frente a frente con el
recién nombrado obispo y le dijo:
-
Hasta que no esté otra vez en Málaga, ni
se te ocurra, separarte de mi.
-
Tu estas durmiendo – le dice el obispo a
la beninera – en una residencia de monjas y yo en una de curas.
-
Eso era antes, ahora tenemos que dormir
los dos juntos en la misma habitación, tú en una cama, yo en una buena butaca y
con un taburete, para poner las piernas en alto para que no se me hinchen.
Que
dicho sea de paso niño, - lo de niño es referencia al beninero - no veas como roncaba el camerunés.
-
¿Pero conseguiste dormir – le pregunta
el beninero - en la residencia de curas en Roma?.
-
Dormir, lo que se dice dormir poquísimo,
por los ronquidos del obispo.
Entre
ellos empezaron a hablar en cahachau, creo, intentando encontrar soluciones a
donde yo tenía que dormir. Yo les decía de vez en cuando: No sabéis quien
tenéis delante de vosotros, una beninera que puede ser vuestra abuela y además
cabezona.
Intentaron
engañarme. Ya te contaré la desconfianza.
Llamaron
a una monja para que me convenciese. Hablando en italiano como si la
entendiese. Yo cerre los ojos y no dije ni mú.
Nos
acostamos de madrugada, pero al final no sé si era la residencia de curas o
monjas, donde dormimos, pero el obispo y yo dormimos en la misma habitación.
Los
dos o tres días siguientes me los pasé sentados en una silla, dentro o fuera de
los despachos donde entraba el obispo.
El
obispo entendió clarico, clarico, que yo tenía que estar con él como su sombra.
¿Tú
qué dices niño?. Si me ha invitado como madrina. ¿Tú crees, que a una mujer
mayor como yo, con la edad que tengo, se le puede invitar a Roma, dejar que me
pierda y encima me querían endosar a un
amigo suyo para que me ensañase Roma?.
Ya ves Roma, que se parece al Cucanal – es una ladera que estaba frente
al pueblo donde la agricultura se había abandonado y por ello la mayoría de los
balates estaban en el suelo – muchos balates rotos y piedras sueltas por todos
lados.
La conversación se fue
relajando entre ambos paisanos y lo que más le impresionó fue tener entre sus
manos la mano de Juan Pablo II – que la beninera le enseñó el par de guantes, al
beninero, pero no se los dejó tocar – y la tarde noche que vivió perdida en la plaza de San Pedro en
Roma.
Ahora con su muerte lo que recuerdo de ella, es la única en el pueblo que hizo lo que creía oportuno en cada momento.
Ahora con su muerte lo que recuerdo de ella, es la única en el pueblo que hizo lo que creía oportuno en cada momento.
Esta es la mujer que
recuerdo llena de energía y tomando sus decisiones sin importarle el qué dirán.
La mujer que ayudo a todos los que llamaron a su puerta. Llegó un momento en
que era la que leía todas las cartas que llegaban desde Cataluña (gran parte de
la población era analfabeta) y también contestaba escribiendo dichas cartas. Su casa siempre fue
la casa en la que podía entrar todo el mundo, desde los obispos que llegaban a
Benínar hasta aquellas mujeres que se encontraban en una situación difícil y
complicada para que ella les ayudase con consejos y con dinero..
Tomó la decisión de
marcharse los últimos días de su vida a Granada cuando vio que su pueblo ya no
existía. Su casa había desaparecido lo mismo que habían desaparecido aquellas
personas que necesitaba ayudar y ella realizarse como mujer.
Este escrito tiene fecha del 2009 pero ahora con su muerte me lo encontré y he vuelto a estar con mi amiga Lola Sánchez.
Este escrito tiene fecha del 2009 pero ahora con su muerte me lo encontré y he vuelto a estar con mi amiga Lola Sánchez.
Lola Sánchez Blanco
vivió en la gloria tódo los días que vivió en Benínar ya que se sentía útil para la comunidad y realmente lo fue.
martes, 27 de junio de 2017
Fátima no puede celebrar el fin del Ramadán.
Hoy sale en
el periódico Europa Sur que han llagado a Tarifa 152 africanos en distintas pateras. Este
año se está superando el número de personas que llegan según las estadísticas de años anteriores a las costas de Andalucía.
Este fenómeno lo comparo con los años
cincuenta y sesenta cuando en mi pueblo. la zozobra llegaba como una nube que caía sobre Benínar cuando nos llegaba la noticia que una familia más se había marchado a Cataluña. La mayoría de la gente no aceptaba ver como poco a poco el
pueblo se estaba quedando vacío.
Mis paisanos no llegaban en patera a su destino, pero que importa la forma de marcharse de donde naciste, te has criado. El cielo. Las fuentes, los árboles, las calles, ... Los montes la tierra y los sabores. Los cinco sentidos serán los que analicen en cada momento comparativamente lo que esté haciendo. Será imposible que te los puedas quitar de tu mente sobre todo los sabores.
Mis paisanos no llegaban en patera a su destino, pero que importa la forma de marcharse de donde naciste, te has criado. El cielo. Las fuentes, los árboles, las calles, ... Los montes la tierra y los sabores. Los cinco sentidos serán los que analicen en cada momento comparativamente lo que esté haciendo. Será imposible que te los puedas quitar de tu mente sobre todo los sabores.
Lo que le
pasó a Fátima cuando paso el Estrecho de Gibraltar hace ya unos cuantos años.
Lo que les pasó a los benineros-as cuando llegaron a Cataluña. A los de mi
pueblo, A los andaluces les llamaron los charnegos, A Fátima como a sus hermanos
se les identifican como a los moros. Ojo con esa frontera que no tienen
prevista su existencia los emigrantes que aparecerá constantemente en el día a día y en este
caso será más alta y costosa a las mujeres que a los hombres.
Fátima por
fin ha tenido “la suerte” de ser contratada últimamente interna para cuidar de
una mujer mayor y “otra vez la suerte” al consentir la familia de la anciana
que viva con ella una hija pequeña. Fátima se ha convertido en madre soltera. De no tener esa suerte, la hija de Fátima tendría que
estar con la abuela en Marruecos.
Fátima tiene
que estar día y noche en dicho trabajo y tan solo un día le dan de permiso para ausentarse del hogar donde trabaja y por tanto la celebración del final del Ramadán otro año más que lo
tiene que posponer. Me continúa diciendo que su familia está totalmente
desestructurada, pero que aún así desearía estar ese día en la casa donde nació,
salir a la calle y encontrarse con sus amigas de infancia y celebrar ese día
como siempre ha soñado esa celebración.
Fátima dice
que jamás quiere parecerse a su hermano que logró pasar una cantidad de droga,
que con ella montó una carnicería y que presume de tener mucho dinero y que
cuando se habla de la mezquita, lo que hace es sacar defectos y de ser un degenerado.
Me continúa diciendo que eso no nos corresponde a nuestra generación, que
nuestros hijos ya nacidos en Europa que actúen como ellos quieran, pero ellos,
los llegados ya mayores a otra tierra tienen que ser musulmanes hasta que
mueran.
Esta
marroquí llego a España para atender a una persona que estaba afectada por el cáncer
y cuando murió la enferma que atendía regresó a Algeciras y encontró un trabajo
es su especialidad de pastelera. Fátima estaba pletórica al dejar atras las costumbres y chismorreos de su barrio y le daban la oportunidad de ejercer su profesión. La pastelería donde trabajó era marroquí. De allí fue
contratada por una pastelería española. Les enseñó cómo se hacían los pasteles
de su tierra y volvió a encontrarse sin
trabajo. Se acabaron sus sueños de ejercer su profesión. Unos cuantos años viviendo de la caridad hasta que volvió a encontrar
otra vez otro trabajo para cuidad interna de una anciana.
Yo me
pregunto: ¿Para qué trabajo están preparados esos que nos llegan en pateras de
forma incesante?. ¿Cuál es su sueño de futuro del trabajo que van a encontrar?.
¿Fueron puestos en aviso por teléfono de
la situación en que viven sus paisanos que cruzaron el charco con
anterioridad?. Que de preguntas que son difíciles de contestar incluso para los
que somos europeos.
Lo que es
cierto es que les quedan dos posturas (basado en la experiencia de mis paisanos
benineros que se marcharon a Cataluña). Renunciar al entorno donde nacieron e
incluso a sus familias, a sus raíces de forma drástica casi llenos de rencor; o
para aliviar su día a día, pasar penurias, cerran los ojos y su mente la
trasladan a estar debajo de aquel árbol a la sombra, a estar en aquella calle
charlando con sus amigos de antaño, de entrar en su casa y el olor a comida que estaba preparando su madre. Ttansforma su rostro con una sonrisa al menos el tiempo en que está con los ojos cerrados.
Cada vez que
nos encontramos Wenceslao (compañero de trabajo en la playa de los Lances en
Tarifa) y yo, siempre me recuerda: Que razón tenías cuando vimos aparecer en la
playa aquella patera llena de personas y tu al verlas dijiste que a partir de
ahora llegarán muchos más y de forma incesante.
Yo espero
que la solución a este problema no sea como la que se adoptó en Benínar. Hacer
una presa, derribar el pueblo, transformar el habita, hacerlo desaparecer del
mapa y todo el mundo que vivia allí que
tiene sus raíces a encontrar un nuevo sitio donde vivir.
lunes, 29 de mayo de 2017
El algodón de la alameda y los gitanos.
En estos
días de primavera donde te sorprende un aguacero cuando vas paseando por las orillas
del río y el agua ordeña el algodón de los álamos se siente uno como un rey que
le han preparado una alfombra de copos de algodón para disfrutarlos solo. Aunque llueva, te paras te quitas los tenis,
los calcetines y ves como los pies se sumergen en ese algodón y es realmente un
premio que la naturaleza te otorga para que disfrutes tu solo. Te cambia el semblante. Te abrazas al tronco de dicho árbol y sientes
como una energía especial te recorre desde la cabeza a los pies. Llegas a casa
y te preguntan: ¿Dónde has estado?.
Cierras los ojos y la sonrisa te dura una jartá.
Como cabía
esperar me llegan los recuerdos de las alamedas de mi pueblo, Benínar. Allí las alamedas las visitábamos en otoño.
Salímos del
pueblo con dirección a la Fuentecilla la Virgen y a cocinar bajo el puente como
hacían los gitanos.
Se escogía la comida de medio día, puesto que es cuando
el sol está dando de pleno en una alameda cerca del pueblo. Al final del
puente. Donde el Barranco el Capitán se encuentra con el río.
La alameda
nos ha preparado una amplia alfombra
formada de hojas de color cobre,
sobre unos incipientes tallos de hierba.
A su vez, los álamos han guardado un buen número de hojas, para ir
soltándolas cuando nosotros estemos sentados o tumbados. Los álamos también han
afilado sus ramas, para que cuando el humo de la candela descubra, delate los
rayos del sol, las ramas se convertirán en espadas que los dividan en dos, de la misma forma que
los gitanos con su navaja en ese mismo sitio abrían la cañavera en canal para
hacer canastos.
Tumbados en
una alfombra de hojas de álamo color cobre viejo, contemplando las batallas
renovables, cuando a los álamos se les ayuda a encontrar los rayos del sol con
el humo. Esta vez nosotros aportamos el humo, antes lo hacían los gitanos.
Los álamos
ponen las espadas, nosotros ponemos el humo y el Cejol, nos manda la brisa para
mover las ramas, - las espadas, - y se
libra la batalla.
No todos los
que hemos acudido a esa fiesta de los sentidos, tienen en esos momentos
pensamientos belicosos, de espadas
seccionando los rayos del sol. Unos nos quedamos tumbados sobre la alfombra de hojas recordando nuestra niñez revolcándonos en
aquella alfombra de hojas. Otros se
marchan a la Fuentecilla la Virgen o la Acequia de la Mecíla a buscar
renacuajos y ranas.
Las ranas al
escuchar los ruidos, con los ojos muy abiertos, sacan la cabeza por entre los juncos
y los berros y viendo las intenciones de los visitantes vuelven a esconderse.
Las ranas, las lagartijas, los caracoles y las pequeñas culebras eran nuestras
diversiones cuando éramos críos.
El resto de
los excursionistas, ha decidido visitar el huerto y el parral que tiene uno de
los excursionistas, justo al otro lado del barranco.
Las parras
están sembradas, alineadas, a todo lo largo de la acequia y sus sarmientos,
crecen todos los años un trocito con la intención de llegar algún día justo al
malecón de la carretera.
Alguien pega
un grito para que todos acudan puesto que ya la comida está brindando todos sus
aromas. La fritailla de conejo está a punto para ser el argumento principal de
la salida. Todos sentados en el suelo con el tenedor en la mano alrededor de la
sartén, van cogiendo las tajadas, - los tropezones se decía en Beninar, - y mojando trozos de pan.
De postre
son boniatos. - recogidos del huerto de al lado, - que se fueron asando en las brasas de la
candela y gajos de uva que se dejaron
olvidados en los extremos de los sarmientos cuando llegaron los cortadores de
racimos. Gajos de unas cuantas uvas, de color de oro.
No podía
faltar sacar a colación aquellas caravanas de gitanos que acudían con
frecuencia a pasar la noche debajo del puente, mientras recolectaban cañas para
hacer canastos y intercambiarlas por comida en el pueblo.
Es otra
generación de gitanos, pero todos de la misma estirpe que un día se encontraron
con García Lorca y que escribiese sobre ellos. Aquellos gitanos que su camino
era el río desde Adra hasta Ugijar. Los benineros temblaban por creer aquellas
gentes que los huertos eran suyos, lo mismito que era la luna y que todas las
estrellas. Huertos de aliviar el hambre a
aquella gente sin tierra. Que la luna le ayudaba a llenar cestas de caña de
fruta fresca, de albahaca y hierba
buena.
¡Oh ciudad de los gitanos! ¿Quién te ve
y no te recuerda? Que te busquen en mi frente; juego de luna y arena.
Quien
deja una historia de amor en el pueblo,
fue de una gitana que se enamoró de Federo un gitano beninero. Se encontraron en la fuente y ella se fue
detrás de él y en tres días formaron una pareja. Que duró solo tres días, que
pena penita pena.
Un bello niño de junco, anchos hombros, fino talle, piel de
nocturna manzana, boca triste y ojos grandes, nervio de plata caliente, ronda
la desierta calle. Sus zapatos de charol rompen las dalias del aire.
martes, 18 de abril de 2017
Las cicatrices en la cabeza..
Abdúla aparece periódicamente en casa para ayudarme en las labores de casa. Esta mañana ha llegado con la cabeza totalmente rapada, le digo que se diese la vuelta para verlo por detrás y esa parte del cráneo la tiene llena de cicatrices.
Me ha llegado el recuerdo de cuando los beninerillos nos
citábamos en los alrededores de donde estaban las escuelas para jugar a
aquellos juegos de antaño que también describe en su poesía un paisano (más o
menos de mi misma edad) bajo el seudónimo de “el diablo”.
Como norma, no en todas las ocasiones, pero sí en muchas,
siempre se terminaba la reunión con un imberbe corriendo y una lluvia de
piedras le perseguía hasta la entrada del pueblo. Por supuesto que no siempre
le tocaba al mismo ni aquellas heridas eran mostradas pensando que lo
acontecido que si se detallaban las razones de las pedradas a algun miembro de la familia podría ser peor. Las rotaciones del apedreado eran inevitables.
Casi todos los de mi generación si nos rapásemos la cabeza
como Abdula, seguro que aparecerán las cicatrices de aquella forma de resolver
nuestras diferencias. Uno corriendo y todos detrás lanzando piedras sobre aquel
que había sido juzgado y condenado sobre la marcha. Yo que pensaba que era una
característica beninera, resulta que es un comportamiento que también aparece
en África y en otros lugares.
No deja de ser un comportamiento no del todo erradicado,
puesto que he visto en la tele (eliminadas las piedras al alcance de la plebe)
que en la conmemoración del día de Cataluña, al público se le ha distanciado cien
metros más del año anterior, puesto que en los años anteriores, los insultos
lanzados (les causaban a los políticos el mismo daño que una pedrada) y los
gestos, era el recurso de los indignados al no tener una piedra a su alcance.
Pero las pedradas más fuerte que no dejaron cicatrices en el
exterior de la cabeza a los beniner@s las tenemos dentro.
Hoy me he vuelto a encontrar con Abdulá desde hace un tiempo
y me he vuelto a acordar de las pedradas que da la vida. A él, el vivir el
pobre como puede y yo viviendo de recuerdos, de cicatrices cerradas pero
marcadas en mi cabeza.
Cuando se valoraron las fincas, casas, (…) de Benínar, cada
uno sabía lo que había firmado y cobrado por lo suyo, pero no lo del vecino de
casa o del huerto. ¿Quién sembró la duda de la diferencia entre secreto de
estado o oscurantismo?.
Los que tramitaron todo aquel tinglado de expropiar, que aún viven algunos, que nos los podemos encontrar un día por la calle, apelo a ellos que dichos funcionarios nos
expliquen la diferencia, es decir: ¿Tenían claro lo aconsejado a aquellos ilusos que aquel consejo de mutismo total no era lo corecto?.
Lo de apelar a que nos expliquen suena (les suena a ellos) a
cachondeo puesto que han pasado ya unos cuantos años (cuando se cerraron las compuertas de la presa ya estábamos en democracia y los socialistas ya estaban gobernando en Sevilla), los beninar@s tienen la duda (el que escribe tiene la duda) que todo lo relacionado con su pueblo,
con Benínar, con el pantano suena a dictadura bananera.
Se puede explicar y en democracia tenemos derecho a saber:
-
Todo
lo relacionado con la expropiación. No solo a los últimos que quedamos, también
había que incorporar a aquellos que los expropiaron las hambres.
-
Si
queremos volver, si necesitamos volver a Nuestras Raíces, ¿podemos en vida?.
Lo del regreso eterno con los pies
por delante ya fueron generosos y se nos concedió un nicho en el nuevo cementerio siempre y cuando tubiese una lápida de todos los entarramientos en el cementerio que había cerca de la población.
Puede que los datos se encuentren a disposición del público
en general y el que está escribiendo no los encuentra, (…), los desconoce, aunque
no es mi intención estar al margen de todo lo relacionado con mi pueblo,
Benínar. Casi a diario suelo visitar los medios de comunicación que se editan
en Almería y hasta ahora jamás me he tropezado con los siguientes:
-
¿Tiene
contador de aguas el pantano?. No creo que sea admisible que no lo tenga puesto
qué, cada año debe aparecer una cuenta de resultados de lo almacenado, vendido.
-
¿Existe
un responsable que en un momento dado pueda colocar números y estadísticas
encima de la mesa?.
-
¿Existen
estadísticas, cuentas y estimaciones de lo que hasta estos momentos se le ha
sacado de beneficio al pantano?. ¿Quién las tiene?. En democracia se deben
cumplir el dicho: “Las cuentas claras y el chocolate espeso”. ¿Son datos que no
debe conocer la plebe, están solo reservados para determinadas mentes
“eruditas” en la materia?. Es decir datos que solo conocen y custodian los
políticos de turno.
-
El
que escribe lego en esta materia (como en tantas otras), no puede ir a su
ayuntamiento a estilo compadre, es decir esperando la entrada o salida del
alcalde al ayuntamiento y hacerle la siguiente pregunta: ¿Qué cuantía le entrega al consistorio la Junta de
Andalucía por tener dentro de su término municipal una fuente de energía que
produce unos beneficios?. Se me puede contestar (sobre la marcha): “Hasta ahora ni un euro”. Eso es lo que me contestó cuando le pregunte a un paisano muy placeado en la política
local, la pregunta que podía plantearle al alcalde. Libremé Dios de escribir estas preguntas al alcalde de Berja y que me las conteste por escrito.
-
¿En
el recibo que paga todo contribuyente por el consumo del agua, existe-n gravámenes,
vinculado con lo beninero, que se globaliza sobre el consumo?.
Aunque el tema tiene “tela del telón (…)”, tengo que terminar
puesto qué, como me decía (mi parienta) Encarna Rubillo: “Cuando veo que el
escrito es muy largo, ya me he cansado y ni lo empiezo a leer”.
-
Pero
Encarna esta es la pedrá más grande que nos dieron a los benineros.
-
Dejaté,
dejaté, que al buen entendedor con pocas palabras te ha entendido.
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