domingo, 10 de enero de 2016

Los sefardíes del siglo XXI

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No me sale del alma pronunciar que soy de Cádiz, a pesar de llevar viviendo cuarenta años. Siempre que me preguntan sigo diciendo que soy de Almería.
“Los que vivimos en Cádiz decidimos  que nos sentimos gaditanos, ¡gaditanos! y pudimos nacer donde nos dio la gana”. Es un dicho (que puede que se lo inventase el mismísimo Antonio Burgos, al ser sevillano y sentirse gaditano o a lo mejor es más antiguo, que más da)  que se escucha en casi todas las esquinas y por personalidades destacadas; pero nada: ¿Cuál es la razón después de cumplir mis sesenta años y haber vivido en un buen puñado de sitios distintos que me brote como brotan las aguas de Cuesta Viñas de todos los sabores seguir diciendo cada dos por tres que soy de Almería si prácticamente desde que empecé a cotizar  a la Seguridad Social no tengo una sola hora de cotización en dicha tierra?. Almería jamás me dio de comer ni oportunidad alguna de desarrollarme profesionalmente. Sigo diciendo, ere que ere  cada oportunidad que me da el día, la ocasión, en una conversación en una tertulia, lo digo de una forma, que da la impresión, que me siento orgulloso de ser de la tierra de las tres cosechas. Muchas más veces me sale la frase, “de la tierra de tres cosechas, si no digo de la tierra las lagañas”. Para que no debo de escribir las susodichas tres cosechas ya que a la mayoría de mis paisanos yo sé que les sienta mal. En la actualidad cuando se está entre paisanos, pronunciar dicha frase es como decir sin venir  a cuanto, …,  como cuando se mienta, lagarto lagarto. Es como si se mentase  a alguien  de la familia que metió la pata y que desde siempre se ha evitado que dicha frase se pronuncie.   
Cuando yo nací  en el barrio de Pescadería, asustada mi madre de parir en Benínar al no tener ni comadrona. Estudie interno en el Colegio Diocesano, el que recuerdo estaba en la plaza de la catedral, también que estudie en la Escuela de Formación Profesional Francisco Franco. El tiempo de mi  formación profesional viví en  casa de unos paisanos que regentaban una tintorería que existía a la entrada de la que hoy se conoce cono Avda. Pablo Iglesias, a veinte pasos de Puerta de Purchena. Posteriormente mis padres se compraron un piso en C/ Velazco (justo a la espalda de los almacenes Escámez Moralez). Por eso cada vez que escucho en Cádiz la canción: “Y Tantos pasitos dí y tantos pasitos di, que antes de llegar a Sevilla la cuenta yo la perdí”. Para mi esa canción es de Puerta de Purchena no de Sevilla.  Que  llegué en los últimos coletazos de las tres cosechas y no eran por ser cosechadas por mí familia, era porque sus cosechadores comenzaron a marcharse masivamente a buscar trabajo fuera de su lugar de nacimiento, que se fueron tantos que cuando yo me marche a trabajar a Barcelona, estadísticamente eran muchos más los nacidos en Almería que estábamos  trabajando en Cataluña que todos los que aún seguían viviendo en su tierra de nacimiento.
Hablando recientemente con un ingeniro agrícola (muy bien situado en el sector), me decía que Almeria es la que sostiene a Andalucía. A este le pasa como a mí, el nombre de la provincia donde nació le rompe los esquemas del razonamiento.  Afortunadamente ya no es la tierra de las tres cosechas de antaño pero tampoco es para tanto presumir de dicha provincia ya que somos desgraciadamente muchos los que vivimos fuera y que yo conozca, una vez ya jubilados volver a terminar los días en la provincia de nacimiento es para pensárselo, tanto que los que nos fuimos nos lo pensamos y sacamos la conclusión del no retorno. Almería puede que sea tan rica y tan productiva que sea “la que sostiene a Andalucía”, pero en ese despegue ni ha pensado ni tiene presente a todos aquellos que nos hecho el hambre.
Los que estamos fuera añoramos entornos  que ya no existen, me refiero al huerto, la parra la higuera, el balate, la parata, la acequia, la era, etc.;  gentes y entornos que formaron parte de nuestra juventud que  ya no nos los encontramos. Almeria en la actualidad tiene formas y costumbres que son más, la feria  que marca Sevillana los  carnavales de Cádiz, o la Semana Santa de Málaga (se nota la educación de Andalucía Televisión). Somos los conversos del siglo XXI que si se volviese a repetir otro 28 de febrero esta vez si se superaría el 50 por ciento. Tierra que fue la nuestra, con sus características y idiosincrasia que cada vez que volvemos que vamos repletos de ilusiones, nada más pasar unos días las ilusiones son desencantos y las ganas de volver a volver, cada vez se hacen más distanciadas. A pesar de volver a La Alpujarra (que se vende en los medios de comunicación como morisca, es decir como si no hubiese sido transformada en una miguica desde los Reyes Católicos)  lugar donde me crié.
Aunque no venga a cuento si visitas los foros de los pueblos alpujarreños, compruebas como año tras año va menguando su población. La despoblación comenzó en los años sesenta y aún nadie ha sido capaz de pararla.
Cuando hablas con lagañosos que viven definitivamente en Cataluña se sienten orgullosos de todos los acontecimientos de Andalucía y menos de un cuarto de lo que acontece en Almería. Preguntarle a esos andaluces-catalanes por calles, plazas, barrios y seguro que te contestan de los lugares famosos de Andalucía donde  por supuesto no entra ninguna calle, ningún barrio ni ninguna plaza de su Almeria. Los lugares de su tierra nadie se los ha vuelto a recordar. De la misma forma que los medios de comunicación cuando hablan del Estrecho de Gibraltar es mencionar las toneladas de droga que capturan todos los años, cuando hablan de Almería hablan de plástico, plástico y más plástico, no escucho para nada de la revolución e investigación en agricultura que se lleva a cavo.    
A mi tierra la han modernizado tanto que ya no la conoce ni la madre que la pario.

Seguiré escribiendo no por esos derroteros de transformación y modernización, (al parecer sin agua y sin encontrar como encontrarla): escribiré sobre lo pasado y vivido de este almeriense que presume que nació y vivió sus primeros años en Almería pasando muchas veces al día por Puerta de Purchena aunque lo lleve muy a gala y le repita a sus nietos muchas veces cosas de mi tierra. Mi nieto Marco que nació en Cádiz pero se está criando  el Condado de York en el Reino Unido, eso sí que puntúa en cualquier  curriculum. Eso sí que mola ser bilingüe (que no es una indirecta a ninguno de nuestros políticos) presumir como yo presumo que soy alpujarreño, antes de ser de Cádiz. Prefiero presumir de ser alpujarreño de Hirmes. Ya no digo Benínar ya que se la cargo el progreso?. Benínar ya no existe. Me pregunto: ¿A quién le adjudicamos el papel en la actualidad al ejercido por los Reyes Católicos con los sefardíes, con los que en la actualidad, la mejor generación preparada se tiene que marchar de su tierra?.  

martes, 22 de diciembre de 2015

Villancicos cantados en ingles alpujarreño


Este año las navidades me va a tocar compartirlas con todos aquellos benineros que dejaron su tierra para incorporarse a una que no era propia ni en su idioma, ni en su forma de configurar estos días. Sobre todo añorando a toneladas esos mismos días vividos en su pueblo de procedencia. Me pasa lo mismo con todos aquellos que veo errantes, que a la legua se les nota que no son nativos, que no se la  tierra de donde vienen, que no se su idioma y sobre todo que no se si a ellos les ocurre como a mí me ocurre; en estos días estoy fuera de todo, como una gaviota en un campo de fútbol o un balón flotando en un lago. Es una situación que en otros momentos de mi vida me hubiese dado por beber (aunque no recuerdo estar borracho tan solo una vez en mi vida en la matanza de mis abuelos que cogí por mi cuenta una botella de anís) para pasar borracho todo ese tiempo, pero en estos momentos, me siento sereno compartiendo en la añoranza con parte de mi familia la Misa del Gallo (no sé si habrá en el pueblo donde me encuentro ya que he visitado diez veces la iglesia, estaba abierta pero no había nadie) en el piso de un bloque de apartamentos. 
Foto del eterno Camarón de la Isla 
Estar en un grupito flamenco con todos los instrumentos propios de estos días como se suele decir en Cádiz, (mi tierra adoptiva),  compartiendo todas esas cosas propias de estos días como siempre recuerdo he estado desde que vivo en mi querida tierra gaditana. Este año me ha tocado compartir la soledad de todos los emigrantes de mi tierra Andalucía  cuando llegaron por primera vez a Cataluña. Comparto la soledad en estos días con todos aquellos emigrantes que intentan llegar a nuestro continente y ven como los que viven en dicha tierra se divierten y ellos, los recién llegados les miran de lado como diciendo: “Que estarán haciendo esta cuadrilla de chalaos”. Lo de chalaos era el calificativo que utilizábamos en Benínar para explicar en una sola palabra aquello que no se comprendía o no éramos capaces de explicar.
Muy cerca de donde vivo existan dos residencias de ancianos que a la hora de la Misa del Gallo, iré a la puerta de cada una de ellas con una botella y dos copas, las llenaré, una me la beberé y la otra la dejaré en la puerta de cada una de las residencias que seguro que en esos momentos estarán en el undécimo sueño.
Seguro que al otro día cuando se despierten sus cuidadores, dirán que un chalao dejó una copa en la puerta de entrada, por supuesto que no dirán ni razonarán que el chalao que dejó  la copa de vino de madrugada quería compartir la soledad con el que en esos momentos estuviese despierto.
No se cuento tiempo estaré en este bando de personas fuera de sitio o fuera de sistema de mis estructuras mentales, de los que no celebran la Misa del Gallo. Antes de dormirme esa noche cantaré con la boca cerrada hasta quedar ronco los villancicos de siempre, beberé y comeré pestiños hasta que me entre el sueño.

Al fin, que no me puedo quejar ya que en la asociación de vecinos de mi bloque aquí en Inglaterra, se reúnen periódicamente y me ha invitado. La primera vez me he quedado un poco fuera de juego al ser todas mujeres (¿30?) menos yo. Había una que traducía que me decía que mientras las mujeres se reúnen en una casa los hombres se ven al bar. Yo he llevado de aperitivo tapitas de morcilla. 
Lo mejor ha sido cuando han empezado a cantar villancicos en su idioma y yo que me sabía unos cuantos  he dejado el pabellón español con dignidad al cantar dichos villancicos, como he podido en ingles, (ingles alpujarreño por supuesto).  
Me han pedido que cante un villancico de Cádiz. Les he mirado a los ojos y le he dicho al intérprete:
- ¿Ellas saben acompañarme con las palmas?.

martes, 8 de diciembre de 2015

El Cielo para un alpujarreño es mejor con árboles y prados


Me llega a través de este medio que se ha marchado para siempre (es un decir ya que las personas no desaparecen del todo siempre y cuando nos acordemos de ellas es lo que me dice Díaz Roda cuando me ha dado a noticia)  Antonio el de Lola Díaz, o el de Rosendo a los noventa años. Ley de vida. El que me dijo en una de las últimas veces que hable con él:

-         ¡Niño! Para que seguir plantando si lo que he sembrado se ha secado. Para que seguir batallando por el agua si no llueve y cuando lo hace es torrencialmente destruyendo todo lo que encuentra a su paso. Con el paso de los años el agua, la tierra, la siembra son superiores a mis fuerzas.
Hoy es un día especial. Antonio ha estado paseando casi toda la mañana por el centro del Reino Unido, por la rivera  de un río caudaloso. Nada más entrar en dicho espacio mi paisano me llego de golpe como si lo tuviese delante. El pensar que existe otra tierra, otro mundo donde todos los deseos se cumplen, donde las buenas intenciones están por encima de las malas, donde existe el Cielo prometido lo que nos enseñaron y a donde recurrimos para coger fuerzas y seguir batallando. 
Antonio y Lola siempre fueron positivos daban ánimos porque se esforzaron hasta la extenuación en radiar  lo negativo.
Antonio el de Rosendo ha estado compartiendo casi toda la mañana lluviosa acompañándonos a mi nieto Marco y a mí paseando por un bosque mágico.
El encuentro se produjo en el puente (como no iba a aparecer un puente) que cruza el río. Yo estaba contemplado el gran caudal  cuando se me acerca un anciano y comienza a hablarme en ingles. Le contesto que no conozco dicho idioma y por ello no le entiendo. La sonrisa a Antonio (juraría que era Antonio) le ha llegado de oreja a oreja, me ha dado un abrazo y me ha empezado a hablar con palabras propias de los alpujarreños que apenas si durante todo el tiempo que hemos estado juntos yo apenas si me ha dado tiempo a contestarle. Con la de personas que uno llega a conocer y situado a miles de kilómetros del Cerro de las Viñas. ¿Porqué era Antonio el de Lola Díaz el que ocupó mi mente todo el tiempo?. En él se daban todas las coordenadas. Es que tenía razón en todo lo que decía. Era una verdad tan palpable que mi comentario estaba de sobra. Me decía:
-         Ya liberado convertido en espíritu  he querido venir a un sitio como este 


  donde todo está verde, los árboles son inmensos de los que se necesita dos o más personas para abrazarlos y por los caminos en las cunetas se pudren las de los árboles en invierno. El abono que siempre soñé para mis árboles y para mi huerto. Y como no si en ese sitio hay un beninero nadie mejor que él para saber de qué hablamos. Existen tantas palabras que sin querer se omiten pero confías que el que te esta escuchando comprende en el más amplio sentido de contenido al haber vivido muchos momentos de la misma clase y casi auténticos que una expresión de la cara es suficiente para seguir intentando explicarte.
Ahora que ya los años no cuentas, quería encontrarme con una tierra como esta. Que el agua me empapase. Que no me importase meterme en el barro. Que no tuviese que esperar mi turno para regar ni llenarme de paciencia viendo como el hilacho de la Fuente de la Cañarroda era tan delgado o tan canijo que el llenar tan solo un cántaro uno se podía hacer una buena soga partiendo de un buen manojo de esparto. Ver este caudal de agua es creer firmemente que no existe la miseria.

Ya estaba cansado de vivir en una tierra donde se van secando las fuentes, donde las cosechas todos los años son canijas, donde se ha inventado el riego por goteo para aprovechar el agua, (no se cuento tiempo durará el invento cuando no se tenga agua) donde desde hace muchos años no caían las gotas de lluvia por mi cara y me importaba diez pepinos llegar a mi casa chorreando. Ya porque estoy muy mayor, pero si esto lo llego a descubrir en mis años más joven hubiese viajado muchas veces a esta tierra y hubiese salido   a pasear cada vez que lloviese y me hubiese revolcado en esas praderas verdes, donde las ovejas están pastando.
Recuerdo que Antonio el Sordo, cuando visito Cádiz en los viajes del imserso por primera en su vida el título de todas sus conversación y argumentos se centraban en que en aquella tierra están las cunetas llenas de hierba y las máquinas la siegan en los prados. Con el trabajito que nos ha costado a los benineros recopilar un manojo se hierva  para que comiesen los conejos del corral.
No imagino al Cielo sin este tipo de clima, sin que llueva casi todos los días ni que la hierba llegue a secarse en ninguna época del año. Campos siempre verdes.
Toda mi vida entre los secanos de El Meloncillo, Las Coscojas, Cintas y tantos otros, más secos que la esparteña un yesero y jamás imaginaba que en otra parte del mundo existiese este paisaje. Ahora comprendo a toda esa gente que huye de los desiertos de África o de Oriente Medio de sus países y se marcha al menos donde llueve.

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Te acuerdas en aquellas fechas en que las acequias estaban bajo mínimos que solo daban para regar a los huertos de cabecera y que los que estaban en la parte de abajo tenían que regar sus parras a base de cántaros de agua de la Fuente del Murallon. Te acuerdas como se miraban los que podían regar cuando se encontraban por la calle con los que se les secaban las plantas.
La tierra, la lluvia y el sol donde aparezcan en su justa medida ése es el Cielo y ya que para mí los años no cuentas es donde quiero permanecer siempre.
La hierba era tan escasa para los animales, que ello implicaba que sus dueños también estaban acostumbrados a pasar fatiguitas. Imagina lo que he sufrido viendo como los olivos, almendros, higueras, etc, que cuando los sembrabas y el año era bueno en aguas crecían un metro, pero como los años buenos escaseaban, esas mismas plantas se quedaban canijas durante un tiempo hasta que se secaban.              
Menos mal que fui de los benineros que más recursos tubo. Fui parralero, quiosquero, medianero, albañil, etc., intenté por todos los medios trabajar en mi tierra donde aparecía un trabajo con un poco de futuro. Quise arrimar el hombro siempre y ser positivo para cambiarle el semblante a los que me rodeaban, pero el carácter de las personas se pueden cambiar pero por más vueltas que le he dado a la cabeza lo que no es posible que ya no es posible cambiar  es la imagen de los niños  chapoteando en los charcos de la plaza:
“Que llueva que llueva, la Virgen de la Cueva, los pajaritos cantes, …”

El caudal de los ríos y por ello el de las acequias. las sementeras a un metro de altura, los maizales con más de dos metros, el musgo en los balates y en los troncos viejos etc. Es la lluvia la que decide donde y cuando hemos de escoger la tierra donde vivir. Es el Cielo donde quiero estar eternamente, donde no falta la lluvia.
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¿Tu recuerdas en alguna ocasión el musgo sobre las piedras de los balates?
¿La lluvia ha abandonado La Alpujarra o nosotros o nosotros no cumplimos los pastos que exige al agua y por ello nos abandono?.

domingo, 1 de noviembre de 2015

No era solo el luto, lo peor era no tener la faltriquera vacía.





 
La imagen de Barbarica dice tanto para los benineros que en ella veo representa lo que fue la dura realidad de vivir la vejez en Beninar para una parte de la población. Es verdad que siempre estaban en su entorno rodeados de sus familiares y de sus seres queridos. En la actualidad se come pero están tremendamente solos. Cuando ya dejaban de trabajar por motivos de la edad, gran parte de ellas regresan a su casa en el pueblo procedente de los cortijos con las faltriqueras vacías.
Cuando yo conocí a dicha mujer estaba labrando en un cortijo que tenía Antonio Cabras en la Cañarroa. Aquel cortijo cosechaba tan poco que sus labradores no podían caer en la tentación del engaño. Ella y su marido eran los encargados de labrar  aquellas tierras sembradas de almendros y escasos olivos. Cuando ellos abandonan el cortijo  nadie retomó la labranza de aquellos secanos. Agotados por la edad, se vienen a vivir al pueblo a una casa que hacia esquina con la plaza y una de las calles de acceso.  
Poco tiempo le duró el marido a Barbarica y como era costumbre en todas las benineras, era vestirse de luto toda su vida y en aquella edad mostrar una miaja de compasión ante sus paisanos. En el armario de su casa (si es que lo tenía) tendría colgado un vestido para ponerse mientras se lavaba el de diario, una muda y otra sin estrenar para la mortaja. 
Aquella familia ni escuchó nunca "cotizar a la Seguridad Social ni por supuesto tenía una paga para su vejez". Ni el sueldo de toda su vida de trabajo le dio para ahorrar dinero para la jubilación. Aquella mujer vivía prácticamente de lo que le llevaban sus vecinas para que comiese, cuando se acordaban de ella. Un visito de leche, no;  su edad no le permitía dominar un animal, una cabra y sobre todo los ánimos no estaban por llevarla a que comiese todos los días por los caminos, o que le armasen una bulla por meterse en alguna propiedad para que aquel animal comiese. Tampoco tenía a su disposición comer huevos ya que su casa era de las pocas del pueblo que tuviese corral. Además tampoco tendría dinero para comprar trigo a las gallinas. Amasar el pan fuera estaba de su alcance, ya que su casa no tenía un horno y mucho menos harina ni leña para calentar el horno o la chimenea. Barbarica mal vivía de la generosidad de la gente. Pero lo de aquella mujer no era un caso aislado en el pueblo. Podría empezar a poner nombre con sus apellidos del estado en que vivían las personas mayores de Benínar sobre todo aquellas que no tenían hijos o sus hijos se habían marchado del pueblo. Cada una de estas personas tiene una historia. Sigo con la historia de Barbarica.
Un día como tantos otros, se me ocurre visitar a mi abuela. Me dicen que no estaba y que estaba en casa de Barbarica. Entro en dicha vivienda y me encuentro a la dueña, mi abuela Mamanona y su prima Gaicos, sentadas alrededor de la mesa camilla y nada más entrar me ocultan lo que estaban haciendo, mejor dicho lo que  empezaban a hacer. Su cara les delataban que estaban ocultando algo en compinche. Mi abuela me contaría días después, que ella comparte con sus amigas lo que yo le llevo a escondidas de la tienda de mi madre.
-         Mira niño, - me decía mi abuela- cuando tú me traes un bote de leche condensada, la conciencia no me deja tranquila si no lo comparto con mis amigas, ya que ellas jamás podrían probarla si yo no las invito. Yo se que tú te la juegas, sacando de la tienda de tus padres la leche, los plátanos, las galletas, etc., y me las traes para que yo me lo coma, pero yo no puedo empezar a comer y mis amigas están pasando hambre. Lo cierto es que dicha comida si yo no se la llevo ellas no pueden comprarlas.
Niño un tazón de leche lleno de migajones de pan antes de dormirme sería dormir si no en el Cielo si cerca de él.    
Del presupuesto que me habían asignado mis padres para seguir un trimestre más estudiando en Almería, me fui a casa de Encarnilla la Ogirre (tenía una manada de cabras y repartía leche por el pueblo) y le dí una cantidad por que llevase a mi abuela todos los días un poco de leche.
No sé cuantas veces sonreiría al día Barbarica ya que motivos no tenía desde luego, sí lo hacía cuando nos tropezábamos en la calle; es de suponer que aquella sonrisa contenida era por haberle contado mi abuela a sus amigas que le había contado a su nieto lo del bote de leche condensada. 

domingo, 18 de octubre de 2015

La generación que no bebió aguardiente.

 

Esa copita de anís al clarear el día, bebida a sorbitos, con la azada, la oz, el manejo de esparto bajo el brazo, aquellos momentos mientras que se comentaba lo acontecido en el pueblo, era más gratificante que la cervecita que hoy nos tomamos los benineros-as en cualquier terraza ya que aquellos sabían lo que tenían pendiente de hacer en ese día, en ese mes, en esa época del año en concreto, sabían donde se habían dejado el tajo en la vega, en el secano en la acequia, ... La palabra aburrimiento aún no se conocía en aquel pueblo. Eso copita de anís que se tomaban nuestros mayores antes de ir al trabajo en el que el tiempo lo marcaba el bebedor durante toda su vida antes de empezar el trabajo las generaciones de después se lo perdieron.   

La familia de los Pérez, se dispersa como tantas otras, no es la única familia que decide romper con lo establecido, con la tradición, con las costumbres, que no se sienten unidos para nada al negocio familiar donde generaciones tras generaciones de sus antepasados han vivido dentro de un entorno y unos vecinos.

Puede que a la nueva generación de los Pérez les influyese estas tres nuevas apariciones, pero cuando se es joven lo normal es enfrentarse con coraje a todos los desafíos. Hasta aquellos momentos, y después, lo que era normal, era emigrar, en bastantes ocasiones a América conseguir suficiente dinero para volver al pueblo y con lo ahorrado mejorar el status social de la familia, parecerse a los ricos del pueblo. Hacerse una de las casas más grande del pueblo como en la que vivían los Pérez, en el mejor sitio y hasta con balsa de agua es de suponer que alguno de ellos ese dinero vino de América como el oficio.

Los tres posibles motivos de la desaparición de la destilería fueron:     

Pedro Antonio de Alarcón en el 1874 que se edita el libro LA ALPUJARRA.
Pero la principal riqueza  de Murtas y uno de los ramos más importantes de la producción alpujarreña  consiste en la producción de aguardiente perdiéndose la cuenta del número de alambiques que hay establecidos, …
-        -  La filoxera arrasa con todas las cepas de las lomas de La Alpujarra.
Según el diplomático francés:
Gemma Molleví Bortoló* y DaVid v sSErrano e gGiné** en el 1878 aparece el foco en Andalucía la  expansión de la enfermedad fue relativamente rápida. Donde se convirtió en plaga y arrasa con todos los viñedos.
-         -. El gobierno implanta unas cuotas a todos aquellos productores de licores entre ellos el aguardiente.

/decretos.../10-de-1904-mar-28-1904.p... Por el cual se dispone administrar por cuenta del Gobierno la renta sobre producción y rectificación del aguardiente.

-         - Las nuevas generaciones  no aceptan aquella forma de vida, al ser contagiados por el exterior y deciden marcharse del pueblo y ningún argumento familiar ni de gente influyente del pueblo  va a modificar su decisión de marcharse.

Pienso que el último argumento es el que más posibilidades  en el cierre de la destilería.

Cuando llega el momento de reaccionar cuando el pueblo entero está enterado que se va a construir el pantano y que todo aquello, casas y huertos se destruirían las generaciones que nos toco en aquellos momentos ser jóvenes, en su gran mayoría ya habíamos decidido marcharse del pueblo y montar sus raíces en otros lugares.
Me preguntaba Indaloxes: ¿Si en la actualidad existiese físicamente Benínar cómo sería el pueblo?. Estaríamos como ocurre en la actualidad en Hirmes, Darrical o Locainena.
No le contesté, pero ahora le contesto: Viviríamos allí unos cuantos viejos, como ocurre en la mayoría de los pueblos alpujarreños y vendrían emigrantes para atender a los viejos y cuidar de los huertos.   
Antes de todo esto, durante toda la mitad del siglo pasado, hasta  comienzo del 1900, de tener el pueblo por encima de los mil habitantes, pasa a la mitad de siglo a tener menos de los quinientos habitantes cuando llega la noticia de la construcción del pantano. Toda aquella gente joven que había antes y después de la guerra civil del 1936, se habían ido marchando poco a poco principalmente a Cataluña, (los que se marcharon a América volvieron con dinerillo que lo invierten en comprar fincas den el pueblo) bajo la influencia de aquellos pioneros que se marcharon, encontraron trabajo y fueron llamando al resto (o los que estaban en el pueblo insistían en marcharse) de los benineros-as con el argumento que allí encontrarían un mejor trabajo y un sueldo mucho mayor que el que tenían en el pueblo.  No es una exclusiva de Benínar que los pueblos se quedasen sin gente joven, creo que se puede decir que en todos los pueblos de La Alpujarra ha ocurrido lo mismo. En la actualidad: ¿Cuántas escuelas quedan en los pueblos alpujarreños y las que quedan, cuantos son los críos que acuden  a ellas?.

Aunque sea saltarme a otro tema, tengo que poner que la mayoría de todos los emigrantes que llegan a nuestras costas, vuelven a repetirse lo mismo que cuando nosotros fuimos emigrantes, todos traen una dirección o un teléfono de un paisano que los está esperando en Europa para cobijarlos mientras encuentran un trabajo y pueden montar su hogar. Cuando yo llegue a Barcelona recién casado, llamé a mis paisanos, la familia de los Fernández que aunque llegamos a las tres de la madrugada allí estaban ellos despiertos esperándonos y acogiéndonos en su casa.

De los Pérez que se marcharon,  uno logro  ser alcalde de uno de los pueblos más grande de la provincia Roquetas. Otro hermano desarrolla su profesión en uno de los bufetes más importantes de Madrid. El tercer hermano se quedo en el pueblo. No tengo noticias de cuantas veces se reunieron periódicamente ni de cuantas veces volvieron por el pueblo una vez conseguidos sus objetivos. De ellos no guardo imagen en mi mente de haberlos visto por el pueblo desde los años cincuenta y después, pero si me los imaginaba entrar por la puerta de aquel lugar que mantenía el olor a aguardiente cuando yo esta dentro. Seguro que ellos lo tendrían en su mente y de forma progresiva con el paso de los años.

jueves, 24 de septiembre de 2015

El último matriarcado de Almeria


                 La foto se titula: El último matriarcado - Los mosou

Yo he vivido en un pueblo, Benínar, donde el matriarcado  era palpable y ese estatus, esa forma de ser social no se cambia ni se planifica a ser de otra forma en tan solo un siglo.

Cuando Indaloxes en su escrito en Plaza de Benínar apunta sobre el encuentro de una bebé ahogada en el río:
“Se organizaron partidas para buscar a la madre, nada se encontró, solo el río conoce ese secreto”.
En la Benínar que yo conozco, no se organizaban partidas ya que todo estaba calculado y previsto.

Hay principios que duran mucho tiempo y sobre todo si se refiere a la continuidad de la especie, que cuesta mucho eliminar. El comportamiento del macho o padre sí que ha evolucionado con el paso del tiempo pero la madre que nos parió sigue siendo la madre que nos parió, dio teta, etc, etc. Los hijos siempre en Benínar han marcado el jugo de una pareja, la razón de la existencia del pueblo.
Yo viví en Beninar la llegada de bebés en madres solteras y la reacción de la población era ayudar a la madre a sacar adelante a aquellos recién llegados aunque no estuviese planificada  su presencia. Bien por la influencia de la Iglesia o la reacción de la propia población, (...), por la supervivencia, como se decía en el pueblo: “A lo hecho pecho”.  
En el 1870 estamos hablando de una población que en Benínar, en cierta medida no es estable, gente que llegaba y no siempre se quedaba. Las estadísticas muestran que desde ese año, hasta últimos de ese siglo, llega a tener el pueblo por encima  del millar de habitantes, por la demanda de la mano de obra que en aquellos tiempos requerían las minas de plomo.   

En aquella población todo estaba controlado, no existían los secretos, todo estaba bajo el control de todos. Allí se sabía cuando se llegaba, cuando se marchaban y las razones de organizar el viaje. Por supuesto que los que se marchaban tenían sus argumentos, pero “las chismosas” (aquellas matriarcas tenían que encontrar la razón de todo) “sacando puntas  y señales”.  Nada de lo que ocurría a su alrededor se le escapaba de su control.
Aquellas matriarcas sabían interpretar lo que decía una cara, lo que significaba un gesto, pero sobre todo los ruidos a su alrededor. A aquellas benineras les llegaban los sonidos nítidos de sus vecinos y no controlaban, estaban pendientes por si necesitaban en cualquier momento ayuda.

Otro control sobre la natalidad se realizaba sobre el padre. Todos los niños-as que nacían fuera del matrimonio antes de que naciesen ya se sabía quien era el padre de la criatura. En la propia lógica si aquellas mujeres no habían salido del pueblo, un macho la dejó preñada tenía que ser del pueblo. Nadie viaja y menos las solteras, y que cuando  tenían que salir iban con su correspondiente controladora.
Si una mujer soltera se quedaba preñada, era un desafío para las “chismosas”, para encontrar el padre de la criatura. Y lo conseguían. Y aquel progenitor tenía que escuchar las conclusiones de las chismosas. A aquellas mujeres no se les escapaba nada “ni tenían pelos en la lengua”. "Le hablaban de tu al lucero el Alba" (sobre todo si el lucero era beninero). Si en la alimentación el padre se desentendía, allí estaban aquel grupo de matriarcas, para que el alimento no faltase; y "se le restregase al padre cuando encartaba" su escasa o nula atención a lo que engendró.

Siempre existió una especie de comité de mujeres que cuando aparecía un problema de trascendencia, daban la cara al problema y era cuando las “chismosas”  reculaban ya que dicho problema quedaban en las mejores manos.    

El matriarcado era tan fuerte y con unos resultados que las respaldaban que cada una de ellas se consideraba imprescindible y en aquella civilización realmente lo era. La mayoría de los niños se les conocía en el pueblo por ser hijo-a de fulanica, no por su apellido. Bueno. Como todas las reglas tienen sus excepciones también habían críos identificados con el apellido de su padre.

Si algún paisano está pensando que yo puedo deducir que aquella criatura podía ser de los gitanos que acampaban en el río, tampoco podría ser de aquellas familias que periódicamente aparecían acampadas debajo del puente ya que dicha población, me refiero a los gitanos, siempre han demostrado ser respetuosas con la vida.


Si apareció un bebé ahogada en el río por lo vivido en aquella población de Benínar , seguro que su madre o sus padres no pertenecía a aquella población. 

PD.
He colocado dicha foto por llamarme mucho la atención por aquellos pueblos indígenas por la similitud que guardan con los beninaros. Somos barridos de la faz de la tierra por el "llamado progreso". Entre otras razones.

viernes, 11 de septiembre de 2015

Me duele más la pérdida del olfato que las articulaciones



 

El olor me llena de recuerdos.
El olfato, el sentido centinela.
El que  siempre está en vela.
En el que siempre confiamos, y nos fiaremos siempre,
aunque estemos a oscuras sin luna o sin estrellas
El que me avisa y me prepara,
me condiciona los pasos
me acerca o me retira.
Quien me prepara el cómo será la escena.
Que recibimos al nacer sin influencias.
Como el alfarero una masa de barro
que iremos formando siempre.
La orza, llenándola, de aromas y de esencias  
que hicimos y hacemos cada uno a nuestra manera.
El que nos une a la tierra de procedencia.

La llave de la memoria del fichero de la cabeza,
el que sabe en qué estantería está el documento,
qué página de nuestra historia tenemos que abrir.
El que nos llena de añoranza y nos serena.
Cuando te digo o te dije te quiero
será cierto o no tan cierto
dependiendo a lo que huela,
lo que muestras o demuestras.
Los olores siempre nos invaden
de los pies a la cabeza
dependiendo donde naces


Por las calles o veredas  que atraviesas.

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