jueves, 28 de junio de 2012

VOLVER A EMPEZAR




Dos meses antes que terminase el curso un amigo me pidió que le acompañase para que escuchase un profesor de la Universidad de Cádiz que durante el curso, todos los meses nos visitó en el Campo de Gibraltar.
Como los que vuelven de nuevo a las aulas y más que aprender quieren encontrar  a la persona que le vuelvan a motivar.
Espero con incertidumbre que vuelva de nuevo a empezar el curso.
Cuelgo a continuación lo que el profesor me ha mandado.   

Nuestras vacaciones
                                                                    José Antonio Hernández Guerrero

Las vacaciones nos proporcionan la ocasión propicia para dormir y para soñar, esas dos actividades tan eficaces y tan baratas que, al mismo tiempo, nos ayudan a descansar y a divertirnos. Las historias que protagonizamos mientras dormimos como las que elaboramos cuando estamos despiertos, amplían los estrechos límites de nuestras experiencias cotidianas, nos proporcionan goces y, también, nos producen unos dolores que, en ocasiones son agudos, pero que la mayoría de las veces nos evitan las consecuencias realmente negativas de los actos que realizamos en plena vigilia: nos hacen intérpretes de acciones que, "realizadas realmente", nos harían correr peligros graves y amenazarían nuestra salud o, incluso, nuestras vidas. Hemos de advertir, sin embargo, que para mantener el equilibrio psíquico, sólo es necesario que aceptemos una condición: que marquemos claramente los límites que separan la realidad del sueño.
Les confieso que, durante los paseos matutinos que estoy realizando estos días de poniente por el Balneario Victoria, aprovecho para olvidarme durante un rato de las inquietudes y de los pronósticos que los medios de comunicación –tanto los afines al Gobierno como los más próximos a la oposición- nos hacen sobre ese futuro inmediato cubierto de densos nubarrones. Reconozco que, a veces sueño, con la realización de los proyectos económicos, urbanísticos, educativos, culturales, deportivos y sociales que se han elaborado para conmemorar el segundo centenario de la Pepa y que me he imaginado, por ejemplo, recorriendo el nuevo puente, viajando en el AVE y aplaudiendo el ascenso del Cádiz.
Pero, ya que se trata de soñar, he apoyado mi reflexión en ese conjunto de valores permanentes que como la amistad, la generosidad y la tolerancia, definen –a juicio de algunos- nuestra peculiar idiosincrasia. Qué bien nos iría si esta nuestra naturaleza mestiza de tiempos y de civilizaciones, acogedora, rica, profunda, culta y universalista, equilibrada y profundamente humana y humanista, se completara con la reflexión, con la laboriosidad y con el diálogo. Sólo así construiremos una Provincia que, sin olvidar la tradición, se encamine a un futuro que ha de hundir sus raíces en la autenticidad de un patrimonio cultural rico y vivo. Frente a una sociedad competitiva y deshumanizada, copia de los mitos televisivos, hemos de cultivar esos rasgos humanistas, solidarios e integradores que, como humus, nos alimente, como tierra fecunda nos sostenga y como clima estimulante nos enriquezca con nuevas ideas y con proyectos renovadores.
Desde una perspectiva realista, razonable y positiva, tras un análisis riguroso, de nuestras posibilidades y de las dificultades, deberíamos aprovechar la oportunidad para iniciar una nueva etapa que estuviera apoyada en la construcción de un entramado ciudadano, mediante la apertura de cauces de diálogo, de discusión y de debate, y a través de un diseño de vías de colaboración de todos los ciudadanos y de aquellos colectivos que tengan ganas, ilusiones, ideas y medios. No sé si, soportando el peso de los tópicos repetidos durante siglos, podremos proyectar una imagen seria, de decidido compromiso con el trabajo y con la modernidad. Tras soltar algunos de nuestros atávicos lastres, deberíamos analizar minuciosamente y desmentir con realidades muchos de esos lugares comunes y, al mismo tiempo, orientar nuestros esfuerzos por unos caminos diferentes a los del anquilosamiento y del ensimismamiento más estériles. Insistimos en que imaginar también es una manera de realizar hechos y de vivir la vida.

domingo, 3 de junio de 2012

DIFUNTOS SIN CEMENTERIO



En estos  últimos días de mayo del 2012, cuando el paro nos ataca directamente a través de nuestros hijos, cuando la banca “dicen que se desmorona”, cuando tantas cosas que escuchamos a través de los medios de comunicación nos llena de zozobra y preocupación, cuando existen más motivos de estar cabreado que optimista, al ir a tirar la basura, me encontré que a todo el rededor del contenedor, el suelo estaba lleno de libros.
Lo primero que pensé fue rescatarlos.  Llenar de libros el carrillo y seguir llenando estanterías en mi casa, pero conforme fui leyendo títulos, me di cuenta que la mayoría ya los tenía y no encontré mentalmente gente entre  mis conocidos  para regalar tantos libros. En aquellos momentos me vi rodeado de los espíritus de los autores con los brazos cruzados esperando que me pusiese en acción.     
Comencé a sacar conclusiones y la primera fue que el que se desprendió de tantos libros, al menos tuvo el detalle de no tirarlos directamente al contendor y pensó que alguien (los traperos de ahora) de los que visitan los contenedores de basura se los llevaría para: “¿Sacar algún dinero por ellos?”. Sin duda alguna es sacar una conclusión positiva de la persona que de esa forma tan macabra se desprende de tantos libros. No es justo que el que tiró tanta enseñanza, historia, pensamientos, progreso, (…), esté sentado, descansando delante de un ordenador o una TV, y satisfecho (sin una mijita siquiera de pesadumbre) con eliminar de esa forma tan poco ética la librería de su casa.
Por otra parte empecé a tomar conciencia de lo acontecido al pensar: ¿Qué medidas tomarán mis herederos cuando hereden todos los libros que tengo si en las nuevas viviendas (y también en las de mis hijos) ya no tienen un sitio destinado a librería?.
Tal y como están de ocupados ahora los políticos como para sugerirles (o que a ellos se les ocurra) un lugar digno para los libros en estos tiempos que se avecinan en los que la junta, la consejería de educación ya comenzó a eliminarlos de las aulas y sustituirlos por el ordenador personal. Ésta nueva generación que empuja, son híbridos parecidos a las rosas y los claveles, son preciosos, pero no huelen. Dicen que a los claveles se les ha eliminado el olor al ser imposible trabajar dentro del invernadero, que se colocan los trabajadores.    
Consolé un poco mí conciencia rescatando:
-          León el Africano, de Amin Maalouf.
-          Utopía, de Tomás Moro.

lunes, 21 de mayo de 2012

SORBITOS DE BREVA




Paratas, (mitad vitoriano y mitad beninero) en el foro de nuestro pueblo para despertar las papilas gustativas de los asiduos, pone, escribe, argumenta algo sobre un solomillo pieza de carne que ya casi en los años ochenta descubrimos los beniner@s su existencia. Comida que hace balate en el estómago, paisano, (se decía en Benínar a la comida con consistencia que por supuesto no entraba ni los caldos de puchero ni los de pescao, ni por supuesto la fruta). 
Tomando la palabra, propongo la fruta de temporada, lo que representaba las delicias para los críos que al ir a la escuela a la ida y la venida se controlaba  el estado de madurez de unos cuantos árboles frutales que cultivaba Juan Román en la zona conocida como Las lomillas.
Siempre había alguien que se nos adelantaba bien el dueño que prefería coger la fruta con color aún por madurar (metidos en capachos para vender en los pueblos cercanos de Berja o Murtas) antes que se la robasen o el hambriento que se comía la fruta aún verde antes de dejarla para que se la comiesen otros. El dueño del árbol atracado solía decir casi boceando, a la entrada del pueblo, cuando se encontraba con cualquier persona, para que se enterase todo el mundo: “Que le salgan boqueras como las que tienen los  golondrinillos”.
Para llegar aquel árbol siempre cargado por este tiempo de fruta espectacular, nada más saltar la Acequia la Vega ya estabas dentro de la parata. El albaricoque que cuidaba Juan Román era estudiado desde que empezaba a tomar color la fruta por todos los escolares. El sigilo, las orejas en todo su potencial, como los caballos, orientadas una para delante y otra para atrás para controlar el más leve ruido. Cada pisada era meticulosa procurando que no se rompiese alguna que otra ramilla, para no ser delatado, para que el silencio fuese el aliado. En aquellos momentos se miraba al cielo y se decía en voz baja pero con energía: “¿Por qué no se me ha dotado de alas como los gorriones y los mirlos para poder llegar volando hasta los más maduros y más gordos que siempre estaban al alcance tan solo de los pájaros en las ramas últimas en la periferia del árbol”?.  Observar en el suelo si existía alguna pisada reciente, si era de babucha, de albarca, su tamaño, medirla con la mirada y si las había, si las pisadas llegaban hasta el albaricoque, antes de llegar al tronco, darse la vuelta puesto que los maduros ya habían sido cogidos y comidos.
Todos los infantes que por aquel tiempo asistíamos a la escuela teníamos presente que el subirse a un árbol que no fuese propio, era lo más peligroso del mundo por dos motivos: El primero, era perder el control cuando uno de aquellos albaricoques  desafiante por sus colores y su tamaño nos cegaba, hasta el punto de no saber donde se ponían los pies. Avanzando, poner el pie en una rama tierna, perder el equilibrio y caer al suelo desde una buena altura, no suponía lo peor, romperse algún hueso llegaría después su razonamiento y el dolor, (el tener que ir a Clemencia la de la Tienda dotada con poderes especiales para arreglar los huesos), lo lamentable en aquel momento, era, que se espachurrara la fruta conseguida guardada en los bolsillos. Lo que le pasó a Frasquito el cojo (llegue a conocer su historia no al personaje) , que estando cogiendo huevos de gorrión en los nidos que habían sido construidos en el  tejado de la iglesia, perdió el equilibrio y al llegar al suelo, sus lamentos, lo que no dejaba de repetir, era que se le habían roto todos los huevos conseguidos. Sus espavientos se dirigían una y otra vez a aquellos bolsillos manchado por donde se escapaba la mejor comida soñada, estando con hambre permanente desde hacía años. El  segundo motivo y más peligroso, era, lo que le pasó a uno de los gitanillos (compañero de escuela) que ya subido en el árbol para coger un nido de jilguero, al mirar para abajo se encontró que estaba Simón el dueño del naranjo y del nido con la correa en la mano dispuesto a defender su propiedad  invadida.    
Lo que representaba el sabor, (en los meses de abril, mayo y junio), los árboles del paraíso (los beninerillos no necesitábamos una Eva que nos tentase con el sabor prohibido) que había en Las Lomillas, lo que labraba Juan Román, que era propiedad de Facundo: 
- Unos nísperos, maduros, cuando tomaban un color entre amarillo y naranja sin ser sometidos a ningún tipo de estrés para que madurasen con una piel tan tensa como las mejillas de una quinceañera. 
- Unos albaricoques, gordos con todas las gamas  del rojo, amarillo y verde que algunos tenían alguna que otra grieta al madurar de prisa para satisfacer al que cuidaba su árbol,  seguro, que al entrar en la boca estallaban, con un sabor imposible de describir. Puede que se pareciesen a las rosetas (a las palomitas de maíz)  de cuatro cascos. 
- Unos ramilletes de peritas pequeñas de san Juan que ya empezaban, por este mes a madurar.  La gama de melocotones que duraban casi todo el verano como las peras. Qué decir de los melocotones cuando en Benínar se decía que las alpujarreñas serranas: “Mocicas  con la cara del color del melocotón al pasar del frío al calor tan deprisa como se le pasó la juventud a un viejo”.
- Pero sobre todo esperar unos días que ya las brevas les faltaba un píz paz, na, para en una noche estallar de golpe, que se llenaban de estrías toda su piel, como se llenan la barriga de las embarazadas. 
Todos estos sabores los beninerrillos, sabían dónde estaban, en que huerto maduraban las frutas de dichos árboles. Aquellos críos al nacer y criarse en contacto permanente con la naturaleza llegaban antes a la cosecha que los gorriones. Tan solo faltaba estudiar la rutina de su dueño y adelantarse, para cogerlo desprevenido y poder disfrutar de aquellos manjares antes que él. Como le pasa a mi níspero, a mi albaricoque y a mi brevera, que todos los años sus frutos nos los disputamos los gorriones, los mirlos, y yo como siempre,  siempre llego tarde a comer sus sobras. A estas alturas de la vida siempre me queda la satisfacción, que antes están sus necesidades al tener en el nido muchos picos abiertos esperando sorbitos de brevas. 


sábado, 5 de mayo de 2012

PROCESIONARIA Y CARACOLES SERRANOS




En el último encuentro en el mes de abril en el Cerro de las Villas, ha sido totalmente diferente a todos los demás. La diferencia esta vez es que de un momento a otro se esperaba la lluvia. Al vernos en nuestros cerros, los que nos vieron corretear cuando niños, en aquellos momentos la Tierra y el Cielo nos regalarían  la lluvia y  nos llegaron los mejores recuerdos. Supuso  revivir las espigas, desde su siembra a la era, de la era hasta los atrojes, el molino y convertido en harina, masa de pan en la artesa. En aquel tiempo la lluvia representaba el tener  agua en el verano, que no se secaran las fuentes, que el agua de la acequia de la vega llegase hasta el último bancal de toda la vega del pueblo. La abundancia de los alimentos en los huertos. Que funcionaran todos los molinos de harina, que la gente joven se bañase en el río y que nuestras madres no recorriesen kilómetros cargadas con las canastas de ropa para encontrar donde lavarla.  Agua en abundancia que eliminaba en aquel año los enfrentamientos entre los que regaban y los que no regaban. ¡Dios!. El agua evitaría las caras serias, las malas contestaciones, las enemistades, vecinos que no se hablaban, en fin, amargura y tristeza. ¡Agua abundante en abril que todo lo demás es cuento!.
Como siempre ocurría, cada vez que se llegaba al pueblo, se salía a la calle, se miraba por la ventana, se miraba al Cielo, si estaba   cubierto de nubes, el mes de abril nos hacía el mejor de los regalos. Como me ocurre a mí en estos momentos que me estoy acercando a mí tierra, a mi pueblo.
Qué más da que para elaborar estas líneas no recurra a las estadísticas de cuantos litros por metro cuadrado caen en la zona, de la Baja Alpujarra Almeriense. Qué más da que cite cuantos litros de lluvia se registraron en este mes dentro de uno de los años más secos que se recuerda. Qué más da citar, de todas las veces que nos citamos en nuestro valle cuantas veces en ese día de encuentros (de los tres o cuatro en el año) estuvo lloviendo. Qué más da justificaciones estadísticas, si mi instinto de ser vivo presiente que de un momento a otro va a llover.
Bajado del coche y una vez en el lugar citado, lo grandioso, era contemplar desde la amplia balconada del camping construido en la cima de una montaña, unos cuantos (los suficientes para gozar por el mero hecho de compartir) estábamos viendo como aparecía la cortina de lluvia por donde siempre aparecía en Benínar, por el Cerrajón de Murtas.  Como sale un olé unánime en una plaza de toros, la frase nos sale a casi todos a la vez: “!Qué buen día para buscar caracoles!”.
Por citar grandes personajes y grandes pronunciamientos que en cierta medida viene a cuento:        

Roberto Miguel Palomino de la Gala de la UNIVERSIDAD  MAYOR DE SAN MARCOS DE PERÚ LA DECANA DE AMÉRICA.

La desnutrición crónica en la niñez, aumenta la vulnerabilidad en la adultez de contraer males cardíacos, infartos, diabetes y otras enfermedades crónicas y posiblemente también obesidad.
Por eso, como consecuencia de la creciente demanda mundial de alimentos y sobre todo de proteínas de origen animal de alta calidad y bajo costo, se debe recurrir a nuevas fuentes alternativas de producción y la cría de caracoles terrestre (Hélix aspersa) es una de ellas.
Pues sí, los que nos mirábamos nos acordamos de los caracoles serranos que aparecían en aquellos días de lluvia y que la mayoría de los niños y jóvenes corríamos a los secanos a cogerlos. Mira por donde, después hemos sabido que era una de las pocas veces que  entraban proteínas por las bocas de un gran número de beniner@s tan solo en los días de lluvia.
Qué más da en aquellos momentos el recordar en aquel  encuentro, quien comía o no comía en los años de las hambres que en La Alpujarra fueron muchos y en  Benínar unos cuantos; lo trascendente en aquellos momentos es que estaba lloviendo.
El placer para todos los paisanos cuando aparecía las lluvias en abril no era solo de encontrar el mayor número de caracoles, para otros era agradecer al Cielo las lluvias. “El pan nuestro de cada día”, en los  año que llovía  se cumplía.
Termino diciendo a aquellos paisanos que decían, discutían  y creen que los caracoles seranos han desaparecido del Meloncillo, de Las Coscojas, del Cucanal, (…), de todos los que eran los secanos de Benínar, culpando, con el argumento: “Los caracoles son los jabalíes se los que se los comen”. Dicha teoría no tiene fundamento, lo comprobé cuando terminó la reunión y dediqué parte de la tarde a andar por los cerros. Pude comprobar que los caracoles desaparecieron en el mismo momento que apareció en aquel valle una  avioneta fumigando los pinos para eliminar la pasionaria sin pensar en los caracoles serranos. Me pregunto: ¿Nada más eliminaron de aquel valle esas dos especies?.

domingo, 1 de abril de 2012

QUISIERA SACAR DEL PECHO

Casualmente hoy, que empieza la Semana Santa quisiera estar en la de mi pueblo, Benínar. Preferiría ir en procesión (cuando a la Inmaculada de mi pueblo, vestida para la ocasión de dolorosa), donde nací, que ir a tan solo hora y media de donde vivo que sacan a la Esparanza Macarena o la Amargura de Málaga. En la ciudad donde vivo El Medinaceli, el Señor de Algeciras.
Preferiría la procesión de Semana Santa de mi pueblo, en La Alpujarra, cuando se sacaba a un niño Jesús (por no tener en la iglesia ningún crucificado), que ir a Málaga estando tan cerca ( la capital donde nació mi mujer, donde nació mi hijo el mayor) para ver sacar al Cristo de Mena por los legionarios de la iglesia de Santo Domingo.
¿Porqué me quitaron el pueblo para construir un pantano, que está vacío, que no se puede llegar al estar lleno de boquetes por donde se escapa el agua, …?.

Ay mísero de mí, y ay, infelice me siento!.
Apurar, cielos, pretendo, ya que me tratáis así qué delito cometí contra vosotros naciendo; aunque si nací, ya entiendo qué delito he cometido. Bastante causa ha tenido vuestra justicia y rigor; pues el delito mayor del hombre es haber nacido en Benínar.

Hoy precisamente Domingo de Ramos (que en Benínar se decía: que el que no estrenaba algo se le caían las manos), me encuentro en mi salón, en mi butaca, totalmente solo y lleno de recuerdos. Si estuviese en mi pueblo, ¿cómo iba a consentir mi madre que estuviese solo, estando el pueblo entero en ebullición, todos estrenando ropa, de bar en bar, …).

Sólo quisiera saber para apurar mis desvelos (dejando a una parte, cielos, el delito de nacer), qué más os pude ofender para castigarme más. ¿No nacieron los demás? Pues si los demás nacieron, ¿qué privilegios tuvieron qué yo no gocé jamás?.

¿Acaso no vuelven todos los capitalinos a su pueblo, a su casa, donde nació y correteó por sus calles, donde están los recuerdos de su infancia?. ¿Acaso no acuden a La Alpujarra entera todos sus hijos repartidos por toda la geografía nacional, a sus casas y sus pueblos, todos están llenos de gentes y de recuerdos?. ¿Cuál es la razón de escoger a Benínar de todos los pueblos alpujarreños, para destruirlo, que no quedase piedra sobre piedra?.

Nace el ave, y con las galas que le dan belleza suma, apenas es flor de pluma o ramillete con alas, cuando las etéreas salas corta con velocidad, negándose a la piedad del nido que deja en calma; ¿y teniendo yo más alma, tengo menos libertad?.

Para más cachondeo, para más sufrimiento, por estas fechas donde vivo, llegan todos los años por esta fecha todos los ruiseñores y comienzan a cantar día y noche, que en vez de disfrutar de sus trinos, de sus cantos, para mí es un recordatorio de los que llegaban a Benínar, anidaban en todas las alamedas del río, por toda la vega y que además mi pueblo entero olía a azahar, como las calles de la ciudad donde vivo.
¿Qué delito cometieron los benineros para ser expulsados de su pueblo, de su entorno con el argumento que el Poniente de Almería necesitaba agua para el llamado progreso?. Seguro que Calderón de la Barca, para escribir esta desgarradora poesía, que he colocado en éste escrito, escuchó los lamentos de un alpujarreño, como yo, que por aquellos tiempos fueron expulsados de sus pueblos.

Termino:
En llegando a esta pasión, un volcán, un Etna hecho, quisiera sacar del pecho pedazos del corazón.

martes, 21 de febrero de 2012

El Ejido: ¿Un lugar para viejos?.


"El programa prevé actuar en ámbitos como el empleo, la sanidad, los servicios sociales, la vivienda, el voluntariado o el transporte".

21.02.12 - 01:47 – El periódico Ideal de Almería.

ALMUDENA FERNÁNDEZ | EL EJIDO.

Por supuesto que El Ejido tiene un tremendo problema con sus mayores, ya que ninguno de ellos (vale, para que no me critiquen del rigor de un dato, un 5% del total) han nacido en dicha población, han sido niños jugando en sus calles o en sus campos. Es más, un tanto por ciento muy elevado, se enamoró, pelo la pava, se casó en dicha población. En resumidas cuentas, muy pocos tienen sus raíces en El Ejido.

El que escribe tiene entre sus recuerdos acompañar a su padre en un motocarro para vender tomates pesados con una romanilla, donde acudían la gente, al lado del edificio de la Alsina, que en muchos de los casos existía una especie de trueque de cambiar hortalizas por quesos.

Me decía mi primo Paco hablando del tema: Si difícil es mantener una conversación con cualquiera de nuestra edad que han nacido en La Alpujarra, imagina, mantener diálogo con los que nacieron en Camerún o en Marruecos, culturas totalmente distintas, obligadas a vivir juntas.

Existe, (que aún no he visto) una película con el título: No es país para viejos es una novela de 2005 escrita por el autor estadounidense Cormac McCarthy, aunque la temática de la película mencionada no se parezca en nada a lo cotidiano lo del vivir día a día en El Ejido o en cualquier pueblo del Poniente de Almería, al pronunciar dicha frase a cada uno de los beniner@s (no metería la pata si en vez de poner el nombre de mi pueblo pusiese el nombre de cualquier pueblo de La Alpujarra) que viven en dicha población, al pronunciar dicha frase, que El Ejido no es una población para viejos, soltarían una sonrisa y confirmarían que es una definición creada para ellos.

En dichas propuestas del ayuntamiento no está recogido: Se crearán en los puestos de trabajo suficientes guarderías para descargar a las abuelas del cuidado de sus nietos. O, no se dará permiso de obra a todas aquellas empresas que no tenga en sus instalaciones (donde la mano de obra femenina es mayoritaria) la guardería. Termino de continuar creando una frase donde relaciono guaderías-mujeres. No la borro, puesto que en estos momentos en dicha población es mayoritaria pensar o relacionar, guardería-mujeres que guardería-padres.

Menciono lo de las guarderías, ya que cada vez que hablo con mi prima Lola, me dice que está hasta el moño de tanto tiempo dedicado a criar a sus nietos ya que sus madres están trabajando (y la pueden llamar a las doce de la noche y volver a las ocho de la mañana), para que se quede al cuidado de sus nietos ya que su madre la han llamado a esas horas para envasar tomates.

En otra ocasión escribiré sobre: Los huertos terapéuticos para la tercera edad en El Ejido o en cualquier pueblo del poniente, ya que las propuestas que han salido de las cabezas pensantes del ayuntamiento son tan amplias y tan ambiguas que al final se queden en agua de borrajas.

lunes, 13 de febrero de 2012

LA PENICILINA LLEGA A BENÍNAR

La llegada de la penicilina al pueblo los benineros la situamos entre la muerte del hijo de Moñico y la sanación de Pedro el de Emilia, bien por dicho antibiótico o la llegada de la imagen de la Virgen de Fátima en el coche de Pedro el de la rubia por la carretera de Darrícal, es de suponer procedente de Ugijar.

Si para la mejor memoria de Benínar, mi compadre Frasquito Rodríguez Romera, invocaba a Facundo por considerar que era la cabeza mejor amueblada de todos los del pueblo, de todos los tiempos, imaginen que Facundo dejo reflejado en su testamento que fuese Moñico su albacea cuando él faltase, el que repartiese la herencia entre sus hijas. Sin duda que para Facundo, Moñico superaba con creces el puesto que desempañaba dentro de la función pública.

Todos los benineros conocíamos a Moñico por ser el aguacil del pueblo. El que con trompetilla en mano, convocaba a todos los paisanos para que acudiesen a su presencia para que escuchasen en forma de cantinela (por orden del Sr. Alcalde, se hace saber, …,) lo que en cada momento decidía la corporación municipal.

Lo que identificaban los beniner@s de Mañico, es que era empleado municipal y que se le había muerto su único hijo, justo antes de marchase a la mili al parecer por culpa de un ataque miserere. Después los benineros supimos que dicha muerte pudo ser por culpa de la peritonitis. Cuando Moñico, su mujer, todos los vecinos (cuando en Benínar se llegaba a la impotencia, a perder la capacidad de tomar una decisión los vecinos te empujaban), el enfermo, todos, no podían aguantar más tiempo soportando tanto dolor. Al enfermo lo subieron en un mulo, lo llevaron a Berja, lo subieron en un coche hasta llegar al Hospital Civil de Almería. En Almería falleció y allí fue enterrado.

Hoy los tanatorios y las empresas funerarias forman parte de nuestro mundo pero hasta los años ochenta donde moría un beniner@ allí se enterraba.

Me decía mi abuela Mamanona que la mujer de Moñico como su hijo murió en sus brazos, no paró ni un momento, ni la más mínima ocasión por encontrase con la muerte, para estar con su hijo.

Puede que fuesen de la misma edad, por la misma fecha, el hijo mayor de Emilia Martín que estrenando juventud cae postrado en la cama, y nadie daba con la solución para que aquel joven volviese a las calles del pueblo con la vitalidad que tenían todos los jóvenes. Por aquella fecha aún no se había empezado a construir la vivienda que ocuparía Don Emilio Durán Mediavilla, el médico que conjuntamente con la Niña Carlota colocarían a Benínar en la alimentación, seguridad e higiene como estarían los españoles capitalinos a final de siglo XX.

Emilia Martín logra que llegase un médico con la penicilina suficiente para que su hijo sanase. Pero no fiándose Emilia que aquella medicación fuese tan milagrosa, se marchó a Granada compró la imagen de la Virgen de Fátima la mejor, la más grande que encontró, alquiló un transporte para dicha ocasión y se encargó que fuese todo un acontecimiento sin parangón la llegada de dicha imagen a Benínar. La Virgen de Fátima fue colocada en uno de los laterales de la iglesia, y el mes de las flores, el mes de mayo, fue dedicado a su culto, mientras que a San Roque solo se le hacía una novena.

Así que la penicilina llega a Benínar a la par que la imagen de la Virgen de Fátima, por ello, los benineros siempre que le ponen unas inyecciones de dicho antibiótico ponen en la cabecera de la cama una imagen de dicha virgen.

Es curioso pero en esa fecha se borra de las cabezas benineras todos los remedios naturales (cataplasmas, plantas medicinales, el que hasta entonces era el chamán) que habían pasado de generación en generación todos los siglos atrás y tan solo quedan como desinfectantes, la cal, el azufre, el zotal y el jabón casero cuyo uno de sus ingredientes es sosa caústica.