martes, 28 de junio de 2016

Las brevas no daban para tantas carreras

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Tenía que continuar con el tema de los animales, pero me ha llegado la necesidad o el recuerdo de mi abuelo paterno que en este tiempo era cuando maduraban las bravas en Benínar. 
En plaza de Benínar se están analizando las breveras o las brevas, pero de otra manera y ha sido el motivo de este escrito.
Me imagino aquellas tardes en Benínar donde parte de la familia salía a la vega para coger y envasar aquellas brevas que dentro de la zona alpujarreña nos identificaban. 
Mientras los hombres subían a aquellas breveras teniendo que afianzar las ramas para no caerse, la otra parte de la familia acudía a los brazales para coger manojos de mastranzos para forrar los capachos, con la intención que la piel de la brava no quedase dañada por el esparto con que se construían los capachos.   
Mi abuelo Ramón, por las tardes, con parte de la familia marchaba a La Vegueta donde estaban unas breveras gigantes que estaban llenas de fruto.
Lo primero era forrar los capachos de mantranzos una hierba con un olor especial que se empleaba siempre que estos se llenaban de fruta. 
Recuerdo la plaza de abastos de Berja (hoy vacía destinada a no se qué) que nada más entrar en ella el olor a maestranzos era lo primero que te impactaba.
En los pueblos cercanos cada vez que decíamos: 
Yo soy beninero. Contestaban: ¡Y con brevas!. 
De la misma forma que el vino de la zona Murtas y Turón era y lo es,  excelente,  que todos los de la zona preferíamos y degustábamos. Las brevas de mi pueblo eran únicas.

Ramón se levantaría de madrugada con el cielo lleno de estrellas, cargaría los dos capachos en la mula y cogido al rabo del animal tomarían los dos camino a Murtas. Digo Murtas por ser uno de los pueblos cercanos que menos árboles frutales tenía y por ello, ofrecerle a un murteño unas brevas ralladas se les haría la boca agua y compraría, cansados de la dieta única, comer matanza como en aquellos tiempos era casi lo único que se comía. Tocino y pan y por la noche al volver a casa después de estar todo el día trabajando en el campo un puchero con huesos de cerdo. También cabía la posibilidad de comerse unas migas de madrugada, para irse a trabajar al campo.  
Las frutas que se recolectaban en  Benínar al verlas, ellas solas se vendían, pero la influencia del vendedor era decisiva y la sonrisa de mi abuelo y la calidad de sus brevas eran las que primero se agotaban de todos los vendedores que acudía a vender.
De la misma forma que hoy nadie se extraña en ver a un perro como es capaz de llevar a su amo ciego donde está previsto llegar, de la misma forma, la mula de mi abuelo, nada más pasar por la puerta del herrador, o de la tía Leocadia, sabía donde era el destino. Mi abuelo desde ese momento cogido al rabo de la mula sabía que podía cerrar los ojos y en un duerme vela,  pasado la fuente del Murallón  mi abuelo estaba caminando y dormido  todo el trayecto de la rambla que al llegar a la Cuesta de Murtas. Empezaban las claras del día, mi abuelo ya había dado su cabezadita y ya le falta poco para entrar en el pueblo de Murtas y empezar a pregonar:
Mermelada de Brevas de la Contraviesa
¡A las buenas brevas, las de Benínar, las mejores!.
La mayoría de las veces se vendían por docenas a dos reales y las pequeñas, las perrunillas que se regalaban.
A Murtas acudían los compradores de los cortijos cercanos y por supuesto no se les podía vender igual (no erancompradores habituales) y en esta ocasión empezaba el regateo donde mi abuelo había obtenido la licenciatura en la universidad de la vida.
Como sabía identificar a los dueños de los cortijos , quizás por su vestimenta o por su forma de hablar, a estos les costaba la docena a peseta. Los señoritingos de Graná se les identificaba a la legua y mi abuelo era capaz de venderle las brevas y el cenachillo de esparto lleno de brevas. 
Los cenachillos se los hacía su prima Gaicos, la soltera que era una forma de ganarse la vida.
Con la sonrisa de oreja a oreja, viendo los capachos vacíos llegaba la segunda parte de aquel viaje. Ir a la taberna. Amarraba la mula a la ventana  de la taberna y a charlar con los que allí estaban para estar enterado del panorama de  aquellos momentos de los cortijos de Murtas y Turón . Era la hora de la siesta de la mula, cuando el animal se relajaba, cerraba los ojos y sabía que a partir de aquellos momentos el tiempo se detenía. No es que tomase el número de copas para emborrachase, pero si llegar al nivel inferior de coger una pea.
A la vuelta mi abuelo se solía comprar un kilo de sardinas (las arenques) que llegaban a La Alpujarra en unos toneles de madera, una buena hogaza de pan, llenaba su bota de vino, se subía en la mula y de vuelta de nuevo al pueblo.

En el camino de vuelta, a la altura del Cortijo del Canónigo, era cuando mi abuelo se enfrentaba a la realidad al contar las pesetas que llevaba.
El maestro del pueblo conjuntamente con el cura una noche se presentan en casa de mi abuelo y le proponen:
Tu hijo Paco destaca por encima de los demás críos de la escuela y el cura y yo hemos llegado a la siguiente conclusión. Costeamos parte de la carrera de tu hijo en Granada, pero tú tienes que aportar, más o menos  tanto, ... Mi abuelo en aquellos momentos piensa en la venta de las bravas y  en un principio acepta las condiciones impuestas por el cura y el maestro de escuela por lo menos hasta que pasase el verano.
Terminan las brevas, terminan los higos, terminan las frutas y hortalizas del verano, que mi abuelo fue a vender tanto a Murtas, Turón y Berja   y vuelven el cura con el maestro a casa de mi abuelo  para que se cumpliese la promesa de mandar a su hijo Paco a la universidad.
Mi abuelo saca la taleguilla con todo lo que había ahorrado con aquellas ventas , todo lo que tenía ahorrado, se queda un rato,  ¡largísimo! mirando a aquellas dos personas que están impaciente por la contestación, y mi abuelo Ramón le contesta:
Tengo cinco hijos y a los cinco no les puedo dar una carrera. ¿Qué pensarían sus hermanos si ellos se quedan en el pueblo trabajando y él se marcha a Granada?.
Mi abuelo Ramón en aquellos momentos no se podía imaginar que cuando llegase la Guerra Civil de España, a tres de sus hijos (unos no habían cumplido los veinte años y otros terminaban de cumplirlos) se los llevaron y en concreto mi padre, estuvo tres años de guerra y tres años haciendo la mili. 
Seis años que no apareció por el pueblo.
Cuando los adolescentes, vuelven de nuevo a incorporarse a  clase, aquel nuevo curso, el maestro pregunta por Paquito el de Ramón y alguien le contesta que Paquillo estaba guardando una piarilla de chotos en el Cejor y que no volvería ya más a la escuela.
De aquella historia el nieto de Ramón se entera  cuando termina la carrera y a la vuelva a Benínar toda la familia en la furgoneta, Paco el de Ramón con la mirada perdida le cuenta a su hijo que en él se cumple el sueño de su adolescencia.                       
   

sábado, 25 de junio de 2016

¿Quizás la muerte sea una bendición para el ser humano?.


Dicen unas sevillanas:                 
“Algo se muere en el alma cuando un amigo se va, es como un pozo sin fondo que no se vuelve a llenar”.
Anoche, Barcelona me ha llegado la noticia que se marcho ( ayer fue su entierro), para siempre Carmen la de Martirio, veo la alcazaba de mi juventud, con casi todas las tapias mordidas, caídas. La desolación de encontrarte con algo que fue,  al mirar al contemplar toda una vida y todo o casi todo se ha derrumbado. 
Carmen era la constancia, el esfuerzo, la obligación por encima de todo.
No recuerdo cuando empezó a trabajar en la casa de mis padres ni cuando fue el último día que dejo de ir, lo que es cierto es que toda mi juventud está ligada a ella. Al pie del cañón como ella solía decir. Fuí de los pocos privilegiados que Carmen besaba cada vez que me marchaba o regresaba a casa.
Decía Sócrates:
El temor a la muerte, señores, no es otra cosa que considerarse sabio sin serlo, ya que es creer saber sobre aquello que no se sabe. Quizá la muerte sea la mayor bendición del ser humano, nadie lo sabe, y sin embargo todo el mundo le teme como si supiera con absoluta certeza que es el peor de los males.
Carmen a lo largo de su vida “las paso canutas” unas cuantas veces y tal vez por ello se le formo ese carácter de ser fuerte por encima de todo.
El útimo palo que le dio la vida fue la muerte de su hija a los treinta años dejando un bebe en el mundo que ella en cierta medida tenía que cuidar.
Vuelvo a escribir:
“Quizás la muerte sea la mejor bendición del ser humano, …” por lo menos para descansar. 
Con ella quedan en el olvido las mejores recetas de los embutidos de las matanzas del cerdo que se hacían por navidad en Benínar y todas las recetas de los pasteles tradicionales que se hicieron en el pueblo durante bastantes décadas.
Vuelvo a colgar lo que ya escribí sobre ella en agosto del 2013.

 
Creo que a Carmen nada más nacer su madre Martirio le colocó un delantal para que se le fuese haciendo el cuerpo, que nada más clarear el día había que espabilarse y ponerse a trabajar hasta que apareciesen en el cielo las estrellas y así todos los días del año, durante toda su vida.
En Benínar se le asociaba como la mujer que supo vencer la hepatitis, estando tres meses enteros comiendo tan solo patatas cocidas, sin sal ni nada de nada. El que le diagnosticó dicha enfermedad fue Don Emilio Durán Mediavilla, en el tiempo en que Martirio la madre de Carmen fue criada del médico.
Carmen era de las  mujeres que en el pueblo no acudía a los rosarios, ni  a las misas, ni las procesiones, ni tampoco acudía un ratico para divertirse en la plaza durante las fiestas. No creo que acudiese por Navidad a los coros en la plaza ni a esperar la música de Eugijar cuando entraba al pueblo.  Para que nadie le contase como fueron todos los acontecimientos del pueblo, en un momento se asomaba a las escalerillas con su delantal puesto, en vivo y directo  ella valoraba como fueron dichas fiestas, sin esperar que nadie le aportase un juicio de cómo habían sido. 
Sumergida en una sociedad bastante dada al chismorreo ella, siempre valoró aquello que habían contemplado sus ojos y siempre enjuició en base a como ella hubiese actuado en dichas circunstancias.
Fue de las pocas que cada vez que se levantaba se ponía a trabajar no pensando en el dinero que recibiría a cambio, para después comprarse un vestido o unos zapatos, puesto que, al no ir a misa el Domingo de Ramos (por el dicho que se decía en el pueblo que el que en ese día no estrenaba algo se le caían las manos) ni pisar la plaza en los días de fiesta del pueblo cada vez que se cambiaba de vestido tenían que pasar años, por pura necesidad. Tampoco necesitaba ropa nueva para viajar, tendrían que pasar muchos años para que conociese su capital Almería y por cuestión de médicos.
A pesar que toda su familia eran emigrantes cada vez que se le sacaba el tema tanto ella como su marido haciendo espavientos contestaban: ¡Quita!. ¡Quita!. ¡Quita!, ...  "Que en Cataluña ni se amarran los perros con longaniza ni se apedrean con trozos de lomo en manteca".
Las  manos más expertas para en un santiamén elaborase todos los embutidos de una matanza. La que con más coraje cogía una canasta llena de ropa sobre su cadera  y río arriba,   hasta encontrar el agua para lavarla. En la era trabajaba a la par de los hombres y se cargaba con los mismos sacos. Solo la vi llorar en un velatorio y mientras lloraba, le pasaba un paño a los muebles, a las sillas, si es que no hacía falta estar en la cocina pendiente del puchero.
La mejor pastelera de Benínar y sabía cómo sabían los soplillos o las madalenas al meter el dedo en la masa para ver si estaban en su punto con todos los ingredientes. Si acudía a una boda era con su delantar para ayudar no para sentarse y que le sirviesen.
Nunca la vi sentada al caer la tarde en su puerta o en la de cualquier vecina con una canasta de ropa a su lado, para disfrutar de la tarde, de la charla entre vecinas, de la brisa que llegaba del Cejor. Nunca tomó la decisión de decirle al Lucero del Alba si lo tenía delante: Esta tarde me siento en la silla para descansar y mañana ya veremos.         
La vi totalmente derrumbada al visitarla por la muerte de una de sus hijas a la edad de treinta años. Me dieron ganas de abrazarla, apretarla y estar en esa posición un buen rato, pero no lo hice al recordar mi niñez y mi juventud, cuando trabajaba en casa de mis padres y hubo muchos momentos (sobre todo cuando mi madre se cabreaba conmigo y me encontraba solo e incomprendido) en los que necesite sus abrazos y sus besos y Carmen la de Martirio en aquellos momentos creo que no conocía, no había descubierto las sensaciones de los abrazos ni por supuesto los besos. No sé si con el paso de los años mi querida Carmen habrá encontrado la ternura de un beso, la descarga que representa cuando recibes  un abrazo. Veremos cómo reacciona  San Pedro cuando se entere que Carmen todo ese cargamento sentimental lo devuelve casi intacto.
No sé si fue el hambre, la orfandad, la guerra civil o todo junto le que marcó en su mente la frase: Trabaja, trabaja y trabaja hasta el límite de tus fuerzas. Si en vez de orientar su vida al trabajo lo hubiese dedicado a la oración, sin duda alguna hoy hasta los benineros agnósticos seguro que estarían planteándose la duda de si Carmen debería estar en los altares, como una santa.   
 Paco Ramón Maldonado


lunes, 6 de junio de 2016


VA DE AMIGOS QUE DEJAN HUELLA.
ANTONIO EL DE CARPO.

Gritando, Gritar, Persona, Hombre, Calvo


Los animales en Benínar siempre se vieron de dos formas; como ayuda al trabajo (burras y mulos) o como base del alimento, como eran los animales de corral. Si que había el ciento y la madre de cazadores (el "presidente de dicha asoción", el  líder, el cura del pueblo) Se podían contar con los dedos de la mano los perros que había en el pueblo. Otro tema eran los gatos que se reproducían de forma natural sin que las personas interviniesen. Nadie los alimentaba. Vivían de los alimentos que escasamente se olvidaban fuera de las despensas y de lo que cazaban sobre todo en los alrededores del pueblo.
Comentario aparte no sé si he colgado un artículo que tengo escrito sobre los gatos alpujarreños. Es de suponer que mucho más alpujarreños que los mismos moriscos, puesto que ellos estaban cuando llegaron los moros y siguen estando en los terraos y miradores alpujarreños. Cuando os los encontréis, fijaros en su mirada y preguntaros que es lo que os están diciendo.
Volviendo al tema de los dos animales de compañía perros y gatos, empezaré por los que recuerdo a finales de los años cincuenta en mi  pueblo Benínar.

Antonio el de Carpo.

Recuerdo que a finales de 1950, nuestro paisano Antonio, soltero y con escasísimas tierras que cultivar y por supuesto nadie le llamaba para darle un jornal, de alguna forma tenía que alimentarse, y lo tenía difícil, mejor dicho muy difícil, ya que de vestirse rompía todos los moldes establecidos en comparación de cómo vestían sus paisanos. Cualquiera que llegase al pueblo podía identificarlo por los andrajos que llevaba puestos. En la actualidad, en el 2016,  vive en mi barrio un alemán que viste con el mismo estilo que Antonio el de Carpo. Quizás fuese el primer jipi del mundo mundial, que nació en Benínar y nosotros sin apreciar dicha  forma de vivir que posteriormente apareció en la TV (dicen que nacieron en el 1960 en Estados Unidos) y los benineros no supimos asociar aquella forma de vivir, y de actuar de cómo era el creador, el primer jipi,  nuestro paisano Antonio el de Carpo.
Antonio montó un negocio basándose en los conejos y los que no vendía él se los comía, al menos estaba bien alimentado. Pero llegó la mixomatosis y arruinó su negocio, precintó su despensa.
Pronto tenía que montar otro y fue el de los perros de caza en el que puso más ilusión y explicaciones a sus paisanos que cuando montó el negocio de los conejos, pero como él tenía que alimentarse y después los perros y para todos no había alimentos pues a Antonio se les fueron muriendo los perros y otro negocio que había montado  que fracasó. Antonio tenía la cara deformada de tantos abrideros de boca.

Antonio tenía “yuyo” por las zorras. No podía soportar los ladridos del zorro; lo contó a algún beninerillo gracioso, este se fue de la lengua, lo fue contando  y todos los jóvenes para cabrear  a Antonio imitaban el ladrido del zorro para sacar de quicios al pobre hombre. Muchas noches, (casi todas del año) para la gente joven era su única diversión para correr y reír por las calles del pueblo y Antonio detrás de ellos, amenazándoles y tirándole piedras. 
Si se le preguntase a alguno de los benineros que aún viven dirían que se cachondeaban los jóvenes del pueblo del pobre hombre y yo creo que nadie valoró la posibilidad de una forma de interpretar Antonio por las calles del pueblo el coro de los esclavos de “Nabucco”,  de Verdi, que todos los benineros hemos cantado miles de veces.        

miércoles, 11 de mayo de 2016

Angelicas la ciega mi vecina.

Recuerdo con añoranza a mi vecina Angelícas la ciega que estoy seguro que  mi madre en determinados momentos cuando era un bebe, me dejaría en sus brazos para que me cuidase mientras mi madre necesitaba un respiro.
Siempre le vi vestida de la misma forma y para ella no existía, ninguna fiesta, ni Semana Santa, ni las fiestas de San Roque, ni invierno ni verano siempre igual. 
Nunca la vi llorar ni lamentarse. Casi siempre trabajando en aquellos trabajos como partiendo almendras, esfarfollando o haciendo tomiza de esparto. Su sobrina política llamada también Angelícas era la que en sus últimos días estaba pendiente de ella. No se la edad en la que quedó ciega. Lo que no recuerdo es ver a un médico que la visitase por estar enferma. Me daba compasión y cuando era un niño o un joven creo no haber tenido conciencia de su estado para poder ayudarle aunque nunca la vi lamentarse ni que pidiese ayuda. Viviendo en una casa con tres tramos de escaleras y yo viviendo frente a ella jamás escuche caer ni pedir ayuda.
Cada vez que me encuentro en la calle con alguna mujer ciega siempre me acuerdo de ella, mi vecina la ciega viviendo a tope con resignación la ceguera.  

Ciega pero estoy no torpe.
Ciega pero sorda no.
Ciega pero libre vivo.
En el sueño o durmiendo
Dios me manda a algún ángel,
y hablamos San Roque y yo.

Angelicas no se si lo intentó
que una caña la guiase
por las calles de su pueblo
para poder platicar, hablar compartir
con todas aquellas colegas
que estaban en su puerta sentadas al sol.

Que no niño que estoy ciega
y mi sitio; El que me toco.
Si yo he visto todas esas cosas
cuando cuando tenía visión,
que el sol tostase mi cara.
Me jarte de ver  estrellas
que la lluvia me empapase,
de coger y oler la mejor flor.

Viviendo en mi casa sola,
Dios me manda a algún angel
para platicar los dos

No  añoro otra vida.
Esta vida es la que me ha tocado.
Ellos, los que pueden ver, dicen la peor.

Le decía a mi vecina
al sentir la compasión:
Vente conmigo a la plaza
la banda de música comienza a tocar.
Vente conmigo pa el río
donde tú puedas lavar.
Vente conmigo a la fuente
que te puedas refrescar
Vente que se va la primavera
la vega huele a  azahar.
¡Que ciego es el mundo niño!.
¡Que ciego los hombres son!
Piensan, niño, que no existo
que también en mi cabeza
se ha apagado la luz.

Cuando por la calle voy
oigo hombres comentar.
De mi tienen compasión.
Que juntándose uno a otro
Hablan bajando la voz.
Que dicen: ¡Pobre ciega!
Que no ve la luz del sol.

Hay en mi  UNA LUZ DIVINA
que brilla en mi corazón.
Como negar que soy ciega 
pero mi espíritu no.

Yo pienso. ¿Lo dirán ellos?.
¡Pobre ciega!, digo yo:
¡Pobres ciegos!, ¡Que no ven
más luz que la luz del sol!


martes, 26 de abril de 2016

Los pobrecicos bandoleros de Benínar





  LOS BANDOLEROS EN BENINAR DEL SIGLO XIX.

Losé Luis Ruiz Marquez en su libro ADARA SIGLO XIX, editado en el 1981, refleja:
“En mayo de 1824 opera una gabilla de bandoleros en términos de Benínar que hacen imposible el paso hacia de la costa hasta Ugijar”.
Indaloxes en un artículo sobre los bandoleros en Benínar escribe:
El escritor Richard Ford llega a decir que “una olla sin tocino es tan insípida como un libro sobre España sin bandoleros”
 En este mismo libro del escritor Ruiz se refleja que aparecen dos figuras, una que es el estanquero de la Alquería  y otra es el bandolero “el  Maldonado” con su cuadrilla, (en el libro aparece que están  en activo al menos ocho años) son los que en cierta medida se enfrenta a todo aquel desarrollo sobre las minas de Sierra de Gador que en este siglo XIX, será la primera en el mundo en las explotaciones de las minas de plomo.
En este siglo son los ingleses los que acaparan todo el comercio internacional  y muy cerca tenían Gibraltar para tener en dicho peñón todo el control del Mediterráneo y por supuesto centralizado el negocio del plomo.
Después de visitar Inglaterra y ver la cantidad de edificios destinados en este siglo por la zona de Bradford al tema textil es. de suponer que los ingleses en vez de pagar (como se debía de haber hecho en metálico) tendrían establecido una especia de trueque entre el plomo y la ropa y otros productos que en aquellos tiempos formaban parte del estraperlo, no solo con nuestra zona sino con todo el sur de Andalucía.
Por nuestra TVA aparecen imágenes y representaciones casi a diario de los distintos actos donde se representan escenas teatrales de cómo actuaban los bandoleros por las zonas mencionadas. Como está ocurriendo siempre en nuestra zona de Almería en incorporarse en vivencias (imitar  ferias, trajes de faralay, pasos de Semana Santa y comprar caballos de pura raza en Jerez de la Frontera, para darse un paseo por la feria) yo espero que “de un momento a otro” los de la representación de los Moros y Cristianos serán sustituidas por la representación de escenas de bandoleros al menos por la zona de la Sierra de Gádor que era donde en aquellos tiempos las mismas de plomo floraban riqueza. Lo mismo que ocurre con otras imitaciones en este sentido lo tienen todo hecho los que se dedican a “la cultura”, para tener entretenida a la gente. Que se den un paseíto por Ronda y sus alrededores, tomen fotos y grabaciones y a aplicarlas en Berja por ejemplo, ya que Benínar la destruyeron.
El tema de los bandoleros de la zona de Benínar me interesa y como estoy a un tiro de piedra de Gibraltar, tendré que buscar un poco de tiempo libre para ir a la biblioteca del peñón para ver si encuentro la palabra Maldonado, en referencia a aquel bandolero que  sería contrabandista y revolucionario conjuntamente con el estanquero de La Alquería en Adra.
Será casi imposible encontrar donde tendrían su cuartel general sin en la Cueva Fifa, en  El Escariante o en el Cortijo de La Mecila para tener controlado El Cejól, o en el centro del pueblo de Benínar.
 Otro comentario relacionado con este tema, es:  Que pena que no surgiese una figura parecida  a la de Martín Heredia (personaje tan relevante en Málaga) que hacía casi lo mismo que los bandoleros de Benínar , pero este era más pillo que el estanquero y su colega el bandolero Maldonado, ya que sus movimientos los adoptaba a los poderes establecidos en aquellos tiempos en España. 

domingo, 10 de enero de 2016

Los sefardíes del siglo XXI

Resultado de imagen de fotos de raices de arboles
No me sale del alma pronunciar que soy de Cádiz, a pesar de llevar viviendo cuarenta años. Siempre que me preguntan sigo diciendo que soy de Almería.
“Los que vivimos en Cádiz decidimos  que nos sentimos gaditanos, ¡gaditanos! y pudimos nacer donde nos dio la gana”. Es un dicho (que puede que se lo inventase el mismísimo Antonio Burgos, al ser sevillano y sentirse gaditano o a lo mejor es más antiguo, que más da)  que se escucha en casi todas las esquinas y por personalidades destacadas; pero nada: ¿Cuál es la razón después de cumplir mis sesenta años y haber vivido en un buen puñado de sitios distintos que me brote como brotan las aguas de Cuesta Viñas de todos los sabores seguir diciendo cada dos por tres que soy de Almería si prácticamente desde que empecé a cotizar  a la Seguridad Social no tengo una sola hora de cotización en dicha tierra?. Almería jamás me dio de comer ni oportunidad alguna de desarrollarme profesionalmente. Sigo diciendo, ere que ere  cada oportunidad que me da el día, la ocasión, en una conversación en una tertulia, lo digo de una forma, que da la impresión, que me siento orgulloso de ser de la tierra de las tres cosechas. Muchas más veces me sale la frase, “de la tierra de tres cosechas, si no digo de la tierra las lagañas”. Para que no debo de escribir las susodichas tres cosechas ya que a la mayoría de mis paisanos yo sé que les sienta mal. En la actualidad cuando se está entre paisanos, pronunciar dicha frase es como decir sin venir  a cuanto, …,  como cuando se mienta, lagarto lagarto. Es como si se mentase  a alguien  de la familia que metió la pata y que desde siempre se ha evitado que dicha frase se pronuncie.   
Cuando yo nací  en el barrio de Pescadería, asustada mi madre de parir en Benínar al no tener ni comadrona. Estudie interno en el Colegio Diocesano, el que recuerdo estaba en la plaza de la catedral, también que estudie en la Escuela de Formación Profesional Francisco Franco. El tiempo de mi  formación profesional viví en  casa de unos paisanos que regentaban una tintorería que existía a la entrada de la que hoy se conoce cono Avda. Pablo Iglesias, a veinte pasos de Puerta de Purchena. Posteriormente mis padres se compraron un piso en C/ Velazco (justo a la espalda de los almacenes Escámez Moralez). Por eso cada vez que escucho en Cádiz la canción: “Y Tantos pasitos dí y tantos pasitos di, que antes de llegar a Sevilla la cuenta yo la perdí”. Para mi esa canción es de Puerta de Purchena no de Sevilla.  Que  llegué en los últimos coletazos de las tres cosechas y no eran por ser cosechadas por mí familia, era porque sus cosechadores comenzaron a marcharse masivamente a buscar trabajo fuera de su lugar de nacimiento, que se fueron tantos que cuando yo me marche a trabajar a Barcelona, estadísticamente eran muchos más los nacidos en Almería que estábamos  trabajando en Cataluña que todos los que aún seguían viviendo en su tierra de nacimiento.
Hablando recientemente con un ingeniro agrícola (muy bien situado en el sector), me decía que Almeria es la que sostiene a Andalucía. A este le pasa como a mí, el nombre de la provincia donde nació le rompe los esquemas del razonamiento.  Afortunadamente ya no es la tierra de las tres cosechas de antaño pero tampoco es para tanto presumir de dicha provincia ya que somos desgraciadamente muchos los que vivimos fuera y que yo conozca, una vez ya jubilados volver a terminar los días en la provincia de nacimiento es para pensárselo, tanto que los que nos fuimos nos lo pensamos y sacamos la conclusión del no retorno. Almería puede que sea tan rica y tan productiva que sea “la que sostiene a Andalucía”, pero en ese despegue ni ha pensado ni tiene presente a todos aquellos que nos hecho el hambre.
Los que estamos fuera añoramos entornos  que ya no existen, me refiero al huerto, la parra la higuera, el balate, la parata, la acequia, la era, etc.;  gentes y entornos que formaron parte de nuestra juventud que  ya no nos los encontramos. Almeria en la actualidad tiene formas y costumbres que son más, la feria  que marca Sevillana los  carnavales de Cádiz, o la Semana Santa de Málaga (se nota la educación de Andalucía Televisión). Somos los conversos del siglo XXI que si se volviese a repetir otro 28 de febrero esta vez si se superaría el 50 por ciento. Tierra que fue la nuestra, con sus características y idiosincrasia que cada vez que volvemos que vamos repletos de ilusiones, nada más pasar unos días las ilusiones son desencantos y las ganas de volver a volver, cada vez se hacen más distanciadas. A pesar de volver a La Alpujarra (que se vende en los medios de comunicación como morisca, es decir como si no hubiese sido transformada en una miguica desde los Reyes Católicos)  lugar donde me crié.
Aunque no venga a cuento si visitas los foros de los pueblos alpujarreños, compruebas como año tras año va menguando su población. La despoblación comenzó en los años sesenta y aún nadie ha sido capaz de pararla.
Cuando hablas con lagañosos que viven definitivamente en Cataluña se sienten orgullosos de todos los acontecimientos de Andalucía y menos de un cuarto de lo que acontece en Almería. Preguntarle a esos andaluces-catalanes por calles, plazas, barrios y seguro que te contestan de los lugares famosos de Andalucía donde  por supuesto no entra ninguna calle, ningún barrio ni ninguna plaza de su Almeria. Los lugares de su tierra nadie se los ha vuelto a recordar. De la misma forma que los medios de comunicación cuando hablan del Estrecho de Gibraltar es mencionar las toneladas de droga que capturan todos los años, cuando hablan de Almería hablan de plástico, plástico y más plástico, no escucho para nada de la revolución e investigación en agricultura que se lleva a cavo.    
A mi tierra la han modernizado tanto que ya no la conoce ni la madre que la pario.

Seguiré escribiendo no por esos derroteros de transformación y modernización, (al parecer sin agua y sin encontrar como encontrarla): escribiré sobre lo pasado y vivido de este almeriense que presume que nació y vivió sus primeros años en Almería pasando muchas veces al día por Puerta de Purchena aunque lo lleve muy a gala y le repita a sus nietos muchas veces cosas de mi tierra. Mi nieto Marco que nació en Cádiz pero se está criando  el Condado de York en el Reino Unido, eso sí que puntúa en cualquier  curriculum. Eso sí que mola ser bilingüe (que no es una indirecta a ninguno de nuestros políticos) presumir como yo presumo que soy alpujarreño, antes de ser de Cádiz. Prefiero presumir de ser alpujarreño de Hirmes. Ya no digo Benínar ya que se la cargo el progreso?. Benínar ya no existe. Me pregunto: ¿A quién le adjudicamos el papel en la actualidad al ejercido por los Reyes Católicos con los sefardíes, con los que en la actualidad, la mejor generación preparada se tiene que marchar de su tierra?.  

martes, 22 de diciembre de 2015

Villancicos cantados en ingles alpujarreño


Este año las navidades me va a tocar compartirlas con todos aquellos benineros que dejaron su tierra para incorporarse a una que no era propia ni en su idioma, ni en su forma de configurar estos días. Sobre todo añorando a toneladas esos mismos días vividos en su pueblo de procedencia. Me pasa lo mismo con todos aquellos que veo errantes, que a la legua se les nota que no son nativos, que no se la  tierra de donde vienen, que no se su idioma y sobre todo que no se si a ellos les ocurre como a mí me ocurre; en estos días estoy fuera de todo, como una gaviota en un campo de fútbol o un balón flotando en un lago. Es una situación que en otros momentos de mi vida me hubiese dado por beber (aunque no recuerdo estar borracho tan solo una vez en mi vida en la matanza de mis abuelos que cogí por mi cuenta una botella de anís) para pasar borracho todo ese tiempo, pero en estos momentos, me siento sereno compartiendo en la añoranza con parte de mi familia la Misa del Gallo (no sé si habrá en el pueblo donde me encuentro ya que he visitado diez veces la iglesia, estaba abierta pero no había nadie) en el piso de un bloque de apartamentos. 
Foto del eterno Camarón de la Isla 
Estar en un grupito flamenco con todos los instrumentos propios de estos días como se suele decir en Cádiz, (mi tierra adoptiva),  compartiendo todas esas cosas propias de estos días como siempre recuerdo he estado desde que vivo en mi querida tierra gaditana. Este año me ha tocado compartir la soledad de todos los emigrantes de mi tierra Andalucía  cuando llegaron por primera vez a Cataluña. Comparto la soledad en estos días con todos aquellos emigrantes que intentan llegar a nuestro continente y ven como los que viven en dicha tierra se divierten y ellos, los recién llegados les miran de lado como diciendo: “Que estarán haciendo esta cuadrilla de chalaos”. Lo de chalaos era el calificativo que utilizábamos en Benínar para explicar en una sola palabra aquello que no se comprendía o no éramos capaces de explicar.
Muy cerca de donde vivo existan dos residencias de ancianos que a la hora de la Misa del Gallo, iré a la puerta de cada una de ellas con una botella y dos copas, las llenaré, una me la beberé y la otra la dejaré en la puerta de cada una de las residencias que seguro que en esos momentos estarán en el undécimo sueño.
Seguro que al otro día cuando se despierten sus cuidadores, dirán que un chalao dejó una copa en la puerta de entrada, por supuesto que no dirán ni razonarán que el chalao que dejó  la copa de vino de madrugada quería compartir la soledad con el que en esos momentos estuviese despierto.
No se cuento tiempo estaré en este bando de personas fuera de sitio o fuera de sistema de mis estructuras mentales, de los que no celebran la Misa del Gallo. Antes de dormirme esa noche cantaré con la boca cerrada hasta quedar ronco los villancicos de siempre, beberé y comeré pestiños hasta que me entre el sueño.

Al fin, que no me puedo quejar ya que en la asociación de vecinos de mi bloque aquí en Inglaterra, se reúnen periódicamente y me ha invitado. La primera vez me he quedado un poco fuera de juego al ser todas mujeres (¿30?) menos yo. Había una que traducía que me decía que mientras las mujeres se reúnen en una casa los hombres se ven al bar. Yo he llevado de aperitivo tapitas de morcilla. 
Lo mejor ha sido cuando han empezado a cantar villancicos en su idioma y yo que me sabía unos cuantos  he dejado el pabellón español con dignidad al cantar dichos villancicos, como he podido en ingles, (ingles alpujarreño por supuesto).  
Me han pedido que cante un villancico de Cádiz. Les he mirado a los ojos y le he dicho al intérprete:
- ¿Ellas saben acompañarme con las palmas?.