miércoles, 20 de abril de 2011

LOS GUERREROS DE ALIATAR LLEGABAN A BENÍNAR


No creo que las cosas pasan de una forma circunstancial ni que los seminaristas claretianos llegasen a Benínar (con la de pueblos que tiene La Alpujarra) justo en el tiempo en que dicho pueblo alpujarreño se encontraba planteándose cuál sería su futuro. La preocupación de aquellos habitantes no era precisamente definirse, entre una religión u otra como le ocurriese a Aliatar, el guerrero de Loja que construyó lo que en la actualidad es el seminario claretiano.

Los seminaristas llegaban en todas las Semanas Santas a aquel pueblo alpujarreño entre los años sesenta y setenta con la intención de aclarar a los beninerill@s cual debería ser su vida espiritual. No sé si se sentían o no como católicos aquellos jóvenes, pero al menos tenían claro que procedían de una sociedad católica, apostólica y romana, (no conocían otra), sabían con claridad que terminada la Cuaresma llegaba el tiempo específico de ponerse en paz con su Dios, pero, el gran interrogante que tenían que aclarar aquellos guerreros a aquella población joven, era si planificaban su futuro ligado a la Alpujarra o tomaban la decisión de marcharse (por supuesto fuera de su entorno), sin rumbo conocido, allí donde el destino, l@s beniner@s, “creían”, tenían un hueco para ellos.

Los que vivían, los que se estaban formando en la casa de Aliatar en Loja, de todas las asignaturas que tenían que aprobar para su formación nunca tuvieron aquel profesor que les formase en: Cómo deberían enfocar el futuro la juventud.

No creo que los seminaristas claretianos o los guerreros de Aliatar en la actualidad se les ha incorporado dicha asignatura aunque sea la que más necesitan ser formados los jóvenes africanos y sudamericanos. ¿Acaso la juventud de Guinea, los del Sudán, los de (…), el problema prioritario, el que ocupa más tiempo su cerebro, no es ser o no ser emigrantes?. ¿No se puede estar celebrando la Semana Santa mientras se está pensando en coger el petate y ponerse a andar?.

jueves, 14 de abril de 2011

EL LENGUAJE DE LA TIERRA.

El Ayuntamiento de Los Barrios, pensó en su día que el huerto forma parte de la cultura de casi todos los pueblos, de todas las culturas del Mediterraneo y habilitó una zona a las afueras del pueblo donde todos los jubilados que quieren tienen un espacio para sembrar en el huerto asignado. Todo un acierto volver a la utilidad los espacios de las Calzadas Reales.
Puede que naciese la idea cuando los políticos de dicho ayuntamiento andaban casi desesperados buscando espacios para los polígonos industriales, cuando los mayores sentados en los bancos de la plaza del pueblo, se pusieron de acuerdo que ellos forman parte de la población, que ellos necesitan también un espacio.
No queremos parques para sentarnos, queremos huertos para ejercitarnos. Me recuerda mi amigo Manuel que dicha frase era su eslogan lo que gritaban en la puerta del ayuntamiento. Barreños que empezaron ejercieron su profesión en las labores del campo y con la industrialización se reconvirtiron en albañiles; les llegó la jubilación y quieren retomar el pacto con la tierra. No aceptan los sabores de las hortalizas modernas pero sobre todo quieren volver a renacer con los brotes de las habas, a fertilizar con estiércol la tierra.
Mi amigo hortelano coge la tierra una y otra vez entre sus manos y la desmenuza, para ver su textura. Se siente satisfecho cuando ve que sus pies se hunden en la tierra suelta. Con la azada arremete en todos aquellos espacios hasta conseguir la receptividad de experto en germinaciones de semillas. Como el pintor que da una pincelada y se retira para ver lo trazado desde otra perspectiva, de la misma forma está viendo Manuel la erilla dentro del huerto preparada para las papas.
Siempre que paso por dicho lugar me arrancan una sonrisa el ver a las personas mayores, que entre parrafada y parrafada con el vecino, cada día (son los dueños del tiempo) la zona labrada avanza un poquito más, con el mismo ritmo que avanza los minutos de sol que va alumbrando la tierra. Sin prisa, pero dentro del tiempo. Ellos saben mejor que nadie los márgenes de la siembra, que les marca la lluvia los calores y el estado de la luna.
Recuerdo a los abuelos benineros pendientes de la acequia, de ir arrancando la hiervas nada más nacer antes que ahogasen las matas de berenjena. Al caer el sol con su azada al hombro, regresaban por el Cajorrillo con la satisfacción de haber cumplido otro día más en lo pactado con la tierra. La mujer de Manuel duda de ser en el amor ella la primera.
Mi amigo, como él y su mujer no son capaces de consumir toda la producción, a la entrada de la casa siempre tiene una espuerta llena de productos del huerto, que se pueden llevar el hijo que le visita, el vecino, el amigo. Todo lo mejor del huerto a cambio de una palmada en el hombro, un elogio al mejor de los manjares al mejor hortelano que con sus conocimientos, sacaron a medias, el hombre y la tierra.
Manuel disfruta de su huerto, aún cuando dice:
- “Vengo eslomao de la pechá de cavar preparando la tierra, pero mientras estas manos puedan, … ”.
No es mérito solo mío, lo más importante es saber interpretar el lenguaje de la tierra.

martes, 12 de abril de 2011

EN MOMENTOS ASÍ.

En Coin, en el pueblo de mi mujer la muerte iguala a todos los coinos. Al ser una sociedad donde existen viejos, niños y toda la gama de población comprendida entre ambos extremos cada vez que suenan las campanas de la Iglesia de San Juan con el toque específico de un fallecimiento, todos están avisados que en esa tarde, en esas veinticuatro horas han de dedicar un tiempo para asistir a la misa de cuerpo presente del paisan@ fallecido. La iglesia se llena de gente con independencia que el finado sea o pertenezca a una familia determinada u ocupaba tal o cual puesto distinguido.

Aunque existe el tanatorio correspondiente como en cada pueblo, aún el progreso no ha logrado erradicar la costumbre de respetar a aquellos que han manifestado que quieren morir en su cama, en su casa. Es decir, que estar rodeados de los suyos en tal trance continúa vigente. La muerte en el Valle del Azahar, se vive desde chiquitit@. La muerte se acepta como algo natural, cuando se escucha tantas veces en la casa: “Tengo que ir al duelo; tengo que ir a cumplir; se ha muerto fulanico con el que te has cruzado tantas veces por la calle”.

Siempre aparece la vecina o el familiar que acude con la taza de puchero calentito, mientras dura el duelo y de todas aquellas personas allegadas la que son capaces de arreglar, rellenar cada papel que en estas circunstancias son necesarios tramitar.

En la homilía, siempre el cura se ha informado para que surjan detalles personales de la persona que termina de abandonarnos.

Después llega, parece “un suplicio” en un principio que se presenta toda una quincena de tener la casa llena de gente para dar el pésame.

Todo este ritual, en ocasiones se analiza y sobre todo la gente joven da a entender que: “estas costumbres ancestrales ellos no están dispuestos a que continúen”; pero siempre he pensado que siempre lo dicen con la boquilla chica, puesto que pasado el tiempo siempre se suele repasar la lista de todos aquellos familiares, vecinos, amigos y allegados y aparecen los que faltaron en un momento tal vital para una familia.

Como soy beninero y todo tiene que ser analizado por el prisma alpujarreño, una de las muertes que en su día me marcó fue cuando se me comunicó que la prima de mi madre, Eugenia la hija del tío Facundo se había muerto en Granada. No puedo olvidar el detalle, que cuando fue necesario transportar la caja, no había suficientes personas y fue necesario recurrir, a un Cirineo, a una persona que pasaba por la calle para que ayudase.

Cada vez que escucho la muerte de algún beniner@ totalmente fuera de su entorno natural, no lo puedo evitar, me llega a la memoria la muerte de todos los paisanos que tienen algún familiar de cuerpo presente, que suele ser un espacio mucho más amplio que un campo de futbol y tan solo están sus hijos. No están allí, (quizás porque nadie ha levantado el teléfono para avisar) los allegados, no llegan los paisanos, las personas que siempre estuvieron presentes en los acontecimientos cotidianos de Benínar, pasa el tiempo y no aparecen. Llega el momento del entierro y no aparecen.

Recordar a la última paisana que aparece en el foro que ha fallecido, cuando yo a esa persona la recuerdo llena de energía, su cordialidad, su comportamiento en el pueblo no dejaba a nadie indiferente, con una personalidad bastante definida, era una de las pocas paisanas (cinco benineras tan solo en toda la Historia de Benínar) que aparece en una letra de carnaval que dice:

Y Anica la P., / que estaba cogiendo habas, / se ha encontrado un papelillo/ que era la Feria de Cádiar.

lunes, 28 de marzo de 2011

MILONGAS PARA LOS POLLOS


Los últimos datos que termino de bajar de la red sobre el contenido de agua embalsada del Pantano de Benínar.

Agua embalsada (22-03-2011): 26hm3 41.27 %.

Las últimas fotos también bajadas de la red, el pantano tiene abiertas las compuertas y está expulsando agua a pesar de estar a un tercio de su capacidad.

Junto a los datos bajados, al estar en la “semana del agua”, “jornadas de puertas abiertas”, los alumnos de unos cuantos institutos de la zona tienen o han tenido programado visitar las instalaciones del pantano.

Que me hubiese gustado estar presente cuando los alumnos han visitado las instalaciones para escuchar los argumentos de sus profesores y las explicaciones de los empleados de la agencia, … Por supuesto que para cualquier beninero/a, que los hubiese escuchado, responderían sin ninguna duda: ¡Milongas!. Y más milongas, que les han contado a los angelicos. Que de pamplinas para “correr un tupido velo” sobre la realidad de lo ocurrido sobre Benínar y sus habitantes.

Tampoco se trata de empezar contándoles a los adolescentes que el pantano está escacharrao, puesto que los alumnos responderían, que en su entorno, en su cultura, (el coche, la lavadora, el ordenador, etc.), cuando cualquier cosa deja de funcionar se llama o se lleva al especialista y en dos o tres días está arreglado. Que donde está el vaso del pantano había un pueblo, (los palestinos de Almería) que a sus habitantes lo expropiaron y los expulsaron. Todos los que fueron bautizados en la iglesia del siglo XVI, (monumento que fue destruido por las máquinas) periódicamente se reúnen (la llamada de la tierra) para, en cierta medida, homenajear a sus muertos y volver a sacar a sus santos en procesión. Es que resulta, qué, poco tiempo después de la construcción del pantano, han descubierto que existe una vasija subterránea, en el mismo lugar, que almacena agua con la capacidad de siete pantanos. Que han construido pozos, y, que todo el agua que se necesita en los invernaderos sale de los pozos (agua subterráneos), no del pantano. Es qué, resulta, que todos los pinos que se ven, en este espacio, nunca existieron. Lo que recogen las crónicas antiguas, es, que los montes desde Sierra de Gador a las laderas de Sierra Nevada, lo que siempre existió, los árboles autóctonos eran las encinas, los algarrobos, las higueras, los castaños, los cerezos, etc., una flora y fauna, que los pinos han alterado por completo.

Más o menos, que las instalaciones que estáis contemplando, lo real, lo que está recogido en la HISTORIA de la Alpujarra, en concreto sobre Benínar, es: Desde el punto de vista humano, a sus habitantes los expulsaron los arrancaron de sus raíces. Desde el punto de vista social, (está demostrado) los que realmente cuidan de su entorno son sus habitantes, los oriundos con su cultura que representa la producción y aprovechamiento de la tierra. A sus habitantes con la cultura del huerto y corral familiar, se les fijo su casa, su vivienda en un bloque de pisos. Desde el punto de vista ecológico, se destruyeron sus acequias, sus olivos centenarios, sus pequeños ecosistemas y una vez que la tierra fue rotulada, es decir arrasada, se sembró de pinos. Desde el punto de vista de rentabilidad, se tienen unas instalaciones que solo se puede sacar de ellas nada más que un tercio de lo inicialmente proyectado.

Alumnos de los institutos del poniente, pasen, vean y escuchen las milongas:

Del mecanismo,/ tira palante/, de la manera más bonita y popular, … Si Carlos Cano se hubiese enterado de la existencia del pantano de Benínar.

martes, 22 de marzo de 2011

EL RIELAR DE LA LUNA


Palabra nueva para los benineros/as, muy difícil de explicar para el que está escribiendo, teniendo presente, que, sería en los años sesenta cuando aquellos habitantes de un pueblo llamado Benínar, descubren el mar y los/as jóvenes que se podían bañar en el.

Qué lejos estaba por aquellos tiempos que aquellos alpujarreños se sentasen en la playa, en la arena, en luna llena y contemplasen el reflejo de la luz de la luna sobre las aguas cuando los puñeteros vientos, el levante o el poniente las dejan tranquilas.

A tan solo una distancia dos horas de camino de herradura de la playa, se sabía que existía el mar al llegar los pescadores a vender lo recién pescado al pueblo. Trascurrieron los siglos y aquellos alpujarreños morían sin haber conocido el mar y sin que aquellos rudos vendedores de pescado supiesen crear el más mínimo interés en su clientela que lo mejor que tenía el mar, no era solo los peces capturados. También es verdad que tanto los vendedores como los compradores, su objetivo era la supervivencia y ésta, empieza por el principio que era alimentar el cuerpo, puesto qué, lo de alimentar el alma, eran otros cantares.

Me temo que aún existen paisanos (que nadie se lo ha dicho) que cuando la luna está llena, en su plenitud, y comienza a salir por el horizonte, es de noche y se encuentra uno en la playa, el espectáculo está servido. No es mi intención explicar lo que aparece ante los ojos, ver la luna llena cuando sale por el horizonte, es de noche y la estamos esperando que salga en la playa. Cada noche para mí que estrena manto la luna lunita cascabelera.

No se parece para nada a un amanecer, aunque el sol intente pintar el horizonte con los mejores colores, ni al manto estrellado que lleva la Macarena, o la Esperanza de Triana por las calles de Sevilla, ni a los fuegos artificiales que se lanzan el día de San Roque, estallan, estando de fondo las aguas del pantano. No existe comparación alguna ver el manto de estrellas, borrachas, flotando sobre el mar que se prepara la luna cuando el mar está en calma y ella en su plenitud. No importa en qué época del año estemos para que la luna baje tantas estrellas como les hace falta para confeccionarse el manto que se prepara.

Si los mortales necesitamos cargarnos de energía sin duda alguna el momento es estar en el sitio para contemplar el rielar de la luna. Bueno, también suele tomar energía el que escribe todos los años a principios de septiembre cuando la Virgen de la Luz en Tarifa, le pone su manto nuevo y todos los tarifeños, con toda la familia, nos ponemos en fila en la Calzada para pasar por debajo de su manto.

Tendré que estudiar mucho más haber si encuentro las palabras certeras para describir lo del rielar de la Luna y los efectos en los tarifeños cuando pasan todos los años por debajo del manto de su patrona.

domingo, 20 de marzo de 2011

ESTÁ VISTO QUE EL ESPECTÁCULO NO ES SOLO PARA MI.


Durante toda esta semana la luna llena ha preparado todo un espectáculo en el Estrecho de Gibraltar, haciendo que el mar retroceda como hacía mucho tiempo no se veía. Hoy precisamente después de ser avisado por una vecina que era el momento de ver la bajamar, la mayor, la más grande, ver los erizos, los burgaillos, lapas, las ortigas de mar, (…), las algas de la horilla que parecían estar en una profunda siesta, hoy he cogido a mis dos perros y he escogido el momento cuando más gente estaba en la playa o en los salientes de la tierra al mar del estrecho.

Me he acordado de dos paisanas. La Sebastiana y de la Bizcocha. Las dos vecinas, y ambas vivían en la plaza del pueblo. Benínar. La Alpujarra. Una sacaba la silla y se sentada en la puerta los tres días que duraban las fiestas y en cambio la otra, cerraba su casa con los cuatro cerrojos y aguantaba las fiestas históricamente encerrada en su casa escuchando como la gente se divertía.

Mi perro spi, se lo ha pasado en grande puesto que ha encontrado en la playa a un gran número de perros que a todos los tenía que saludar, oler, moverle el rabo, todo tipo de carantoñas caninas; en cambio mi perra china, pegada a mis piernas, y diciéndome con la mirada, que cual era el motivo de concentración de tanto perro y por ello que regresásemos cuanto antes a casa.

No sé hasta qué punto me parezco más al spí o a la china. No sé hasta qué punto disfruto más con la playa vacía, cuando les saco de paseo, o con la playa llega de conocidos y todos con ganas de dar una parrafada. No sé hasta qué punto me parezco más a mi perra china, que ha salido a disfrutar de las orillas del mar cuando estan luciendo lo escondido como las mocicas benineras la carnes blancas por encima de las rodillas, al arremangarse las faldas cuando tenían que pasar el río, por éste tiempo primaveral, sus tesoros casi siempre escondidos o tapados.

Me parezca a quien me parezca, intento por todos los medios no ser etiquetado tan extrovertido como La Sebastiana que vivía los tres días de fiesta disfrutando a tope, ni introvertido como la Bizcocha que se encerraba y soportaba el bullicio de la gente divirtiéndose. Ni saludando a todo el mundo conocido o desconocido como el spí, ni huyendo de todo bicho viviente por sistema como mi perra china.

Me llega a la mente el comportamiento de algunos paisanos, cuyos nombres, Dios me libre, dejar escrito, de unos cuantos benineros/as, que ni escucharon ni pusieron en práctica la palabra divertimiento.

viernes, 11 de marzo de 2011

ENTRE CALAS Y ZAPATEROS


Todos los años por este tiempo nos podemos encontrar con una señora mayor que porta una gran capacha llena de calas a la entrada de la Plaza de Abastos de Algeciras.

- ¡Manojitos a cinco euros!.

Va diciendo la señora al que pasa por su vera.

Los madrileños tienen la violetera, los de Málaga al biznaguero y los algecireños tenemos a la tarifeña que empezó vendiendo calas para alimentar a los críos y ahora por este tiempo, que ya sus pájaros volaron del nido, es capaz de regalar manojitos de calas.

En una ocasión le sugerí que en dicho manojito pusiese unos ramitos de mimosas (que tantas tenemos y tan variadas en cualquier sitio del Campo de Gibraltar) y la señora me miró de arriba abajo dándome a entender que la profesional era ella.

La imagen de dicha flor ( Zantedeschia aethiopica, que en esta tierra gaditana las podemos encontrar en cualquier humedal y son unos cuantos) yo la tengo asociada (como tantas otras) al Molino de Lola la del Canónigo, el que fuese con anterioridad como el Molino de Constanza, el que estaba encima de una gran roca como si fuese un mirador del río. Era el lugar de Benínar de donde salían la mayoría de las flores con las que se adornaban el altar en la iglesia desde el Miércoles de Ceniza hasta todo el mes de mayo. Aún tengo en los pelillos de la nariz, el olor que tenía la iglesia (al abrirla cuando ejercía la labor de monaguillo), desde marzo a agosto. En aquellos tiempos olían las flores y la cera de las velas.

Recuerdo que en la zona donde estaba la compuerta por donde entraba el agua al cubo del molino, en ese lugar estaban los bulbos de las calas, las azucenas en la variedad “Lirio de San Antonio”, las rizomas de los lirios o los túberos de los nardos. Flores de gran perfume que comenzaban a florecer con las calas en febrero y terminaban con los nardos en agosto.

Creo que, por el mes de marzo, en especial, además de las calas el olor a azahar de los naranjos, los melocotoneros, los ciruelos y los albaricoqueros en flor, (los ramos a lo bestia, con que obsequiaban los dioses griegos a sus diosas), el sonido del agua brabucona al obligarla la molinera a mover la piedra del molino, que después, ya sin fuerzas se despeñaba entre las rocas, hasta volver de nuevo al río. El trinar de todos los pájaros que llegaban para pasar el invierno, que se picaban con el croar de las ranas, para atestiguar quien lo hacía más fuerte y mejor. Todo aquel conjunto bien merecía la pena encontrar una piedra, sentarse y esperar a irse del molino cuando el sol lo decidía. Por todo esto y por la amabilidad de la molinera Lola y su hija Mercedes, era obligado llevar a dicho lugar, a todos los “extranjeros” (que podían estar viviendo o ser de la capital, Almería, pero como no era del pueblo, así se catalogaba a todo aquel que llegase). El jardín botánico que tenía Benínar.

No me puedo olvidar de los que se llevaban mi mirada durante mucho tiempo cuando estaba sentado en la piedra, que eran, los zapateros de agua (esquiadores de fondo) en aquella acequia, la que más caudal podía llevar en Benínar. Tardes llenas de sosiego entre calas y zapateros de agua.

Me queda por describir dos espacios únicos (que el pantano se los llevó por delante), además del molino mencionado, el Cortijo de la Mecila, su paseo, (espacio comprendido del cortijo a la fuente) bajo la sombra de un frondoso parral, con rosales y claves de todos los colores sembrados a ambos lados y la bóveda del paseo que también tenía el cortijo de arriba del Marchar de Turón, que puede que sea el que aún podemos visitar.

Termino reivindicando: ¿Fueron enterrados?. ¿Vendidos?. Desgraciadamente para los benineros, desaparecidos, las máquinas y utensilios de los tres molinos de harina y de las tres almazaras, industrias que tendrían casi seguro siglos sirviendo a Benínar y a todos los pueblos cercanos. Aún viven los responsables de aquel atropello del patrimonio industrial de aquel pueblo alpujarreño.