No creo que las cosas pasan de una forma circunstancial ni que los seminaristas claretianos llegasen a Benínar (con la de pueblos que tiene La Alpujarra) justo en el tiempo en que dicho pueblo alpujarreño se encontraba planteándose cuál sería su futuro. La preocupación de aquellos habitantes no era precisamente definirse, entre una religión u otra como le ocurriese a Aliatar, el guerrero de Loja que construyó lo que en la actualidad es el seminario claretiano.
Los seminaristas llegaban en todas las Semanas Santas a aquel pueblo alpujarreño entre los años sesenta y setenta con la intención de aclarar a los beninerill@s cual debería ser su vida espiritual. No sé si se sentían o no como católicos aquellos jóvenes, pero al menos tenían claro que procedían de una sociedad católica, apostólica y romana, (no conocían otra), sabían con claridad que terminada la Cuaresma llegaba el tiempo específico de ponerse en paz con su Dios, pero, el gran interrogante que tenían que aclarar aquellos guerreros a aquella población joven, era si planificaban su futuro ligado a la Alpujarra o tomaban la decisión de marcharse (por supuesto fuera de su entorno), sin rumbo conocido, allí donde el destino, l@s beniner@s, “creían”, tenían un hueco para ellos.
Los que vivían, los que se estaban formando en la casa de Aliatar en Loja, de todas las asignaturas que tenían que aprobar para su formación nunca tuvieron aquel profesor que les formase en: Cómo deberían enfocar el futuro la juventud.
No creo que los seminaristas claretianos o los guerreros de Aliatar en la actualidad se les ha incorporado dicha asignatura aunque sea la que más necesitan ser formados los jóvenes africanos y sudamericanos. ¿Acaso la juventud de Guinea, los del Sudán, los de (…), el problema prioritario, el que ocupa más tiempo su cerebro, no es ser o no ser emigrantes?. ¿No se puede estar celebrando la Semana Santa mientras se está pensando en coger el petate y ponerse a andar?.