viernes, 12 de junio de 2020

Y sin tierra donde sembrar

Se decía en mi pueblo una frase: No siento que mi hijo enfermó lo peor es la reliquia  que le quedó.
Pasará todo lo que está causando el coronavirus como ocurrió con la gripe del 1918, lo peor entre (otras cosas) es el número de parados que deja. 

Una persona parada
su mirada no es normal
tiene la cara cambiada, seria,
le cuesta bastante
que le salgan las palabras.
Y sin tierra donde sembrar

Piensa que alguien se esta comiendo su pan
le hierve la sangre, sus manos no alcanzan la calma
sabe que la tiene cerca
pero no acierta donde atraparla
Y sin tierra donde sembrar.

Cuando sale a la calle piensa que los que le miran
se  fijan por que va vestido de ropa vieja y mal.
Siempre en guardia si no viendo escuchando
a los diablos cargados con armas para atacar.
Y sin tierra donde sembrar.

La sensación de no hacer nada
anuló cada día la sensación de tararear
la sonrisa espontánea, buenas tardes, !buenas ...!,
se le olvidó decírselo con el que se cruza,
con las manos en los bolsillos
no sabe si sentarse o caminar.
Y sin tierra donde sembrar.

Generación que rompió el vinculo con la tierra
ni sembró ni vio sembrar
la lluvia y la tierra, el sol, la luna
la siembra, la siega, la harina
el solo conoce y saborea el pan.
Y sin tierra donde sembrar.

Vivir en un bloque de pisos
no es lo mismo que vivir en una calle de un pueblo
Todos los que viven en la calle de ese pueblo
están pendientes todos de todos
te obligan a ejercitar la sonrisa y el hablar
en un pueblo tienes donde sembrar.

Pasan las horas, los días, los meses, ...
todavía, no te ha vuelto el tararear.
El paseo por la calles de una ciudad,
pasarán los días y no va a lograran.
Que el semblante, se te cambie
te lo cambiará la vida en al campo.
alguna de las cuatro estaciones
un insecto, una flor, una fruta. un olor, un sabor,
todo lo que guarda un huerto.

Cuando se tiene un huerto,
hasta vivir no es igual,
hasta andar ni se parece,
el horario de trabajo lo marcas el cielo.
La calidad de envejecer
no lo haces solo lo haces en una calle
o acompañas o te acompañan.

La frase tan célebre, tan significativa.
Yo escuche por primera vez en mi pueblo,
No le des un pez enséñale a pescar.
Darle comida a todos aquellos que están
en las colas del hambre
pero dedicarle un tiempo para enseñarlos a sembrar,
y no es que no existan espacios rodeando la ciudad
donde se puede sembrar

Ya termino acordándome de mis abuelos y abuelas.
Ellos murieron sin saber ni escribir ni leer
pero eran unos expertos en la siembra en general.
Sus descendientes, mis nietos y nietas saben manejar
todos los medios de internet,
pero ese conocimiento no les acredita que saben sembrar
que acaben en una cola del hambre.
En los colegios a los jóvenes se les enseña de todo lo moderno
pero no a sembrar a vivir la naturaleza, las estaciones,
a identificar los sabores, los olores, las texturas
a saber que desperdicios  se incorpora a la tierra o al mar. 



domingo, 22 de marzo de 2020

Pario cuando dejó de sonar la campana.


En estos días de coronavirus en España, en el mundo, que los medios de comunicación no tienen otra noticia que ponernos en la televisión, y todos obligados a estar dentro de la vivienda las 24 horas, no puedo quitarme de la cabeza el recuerdo de mi abuela Antonia que murió el mismo año que nacio mi primer hijo.
El año que nació mi padre, en febrero del 1918 el año de la gripe, en un pueblo de la Alpujarra que precisamente en ese año no había médico en el pueblo. No se como imaginarme aquel parto de mi abuela. En un pueblo que tendría cerca de los mil habitantes llega la epidemia de la gripe y se lleva por delante el 20% de la población,  sin que se conociera los medicamentos que en la actualidad tenemos a nuestra disposición, ni mascarillas, ni guantes ni ...., y mi abuela se pone de parto. ¿Estaría ella sola en el parto?. Mi abuelo seguro que no estaba junto a ella, puesto que, en aquellos tiempos cuando la esposa se ponía de parto había que quitarse de enmedio, había que desaparecer de aquel lugar.
Recuerdo una frase que mi abuela me dijo unas cuantas veces:
- Yo estuve sin parar quince años amamantando a mis hijos. Cada tres años nacía uno, dejaba de darle el pecho al primero y empezaba otro el recién nacido.
Una semana antes de los dolores de parto, el cura había tomado la determinación que la campana de la iglesia dejase de sonar, de llamar a los feligreses a los entierros de los paisanos que morían casi a diario ya que eran tantos los que morían todos los días que cada vez que sonaban las campanas los que estaban afectados por la gripe y sus familiares escuchar el sonido de la campana sonaba a amenaza de muerte.
El cementerio que había era pequeño. Deciden crear otro más grande. Deciden comprar un atauz
y en el transportaban a todo el que moría en ese día. Dicha caja permaneció en el cementerio hasta que llegaron los del pantano y desapareció como tantos otros recuerdos.
Por la segunda prueba que pasó mi abuela fue cuando llega la Guerra Civil a  España y le llaman a la puerta de su casa tres veces para llevarse a sus hijos al frente. A uno de ellos se lo llevaron al barco cárcel que había en el puerto de Almería con condena que desconozco. Debe ser tremendo que se lleven a tus hijos a la guerra y no tener noticias de ellos hasta los seis años que es cuando vuelven al pueblo después, ya que al salvarse de no morir en el frente,  después estos jóvenes tuvieron que hacer tres años de mili. Ese tiempo de tres años de guerra se los pasó en la batalla del Ebro y los tres años de la mili mi padre se los pasó en Marruecos marcando la frontera entre este país con su vecino  de occidente. Al menos así fue la historia de aquellos años de mi padre ya que cada hermano tiene la suya.
La tercera etapa y creo la mas dolorosa fue cuando llego a la vejez y las fincas que tenía, los hijos se la reparte sin establecerse que cantidad de dinero o que alimentos tiene derechos ella a recibir todos los días del año.
Recuerdo los años cincuenta y sesenta a mi abuela viviendo en la parte alta de su vivienda con un fuego de leña para hacer la comida y calentarse. Recuerdo que como en mi casa había una tienda de comestibles, un trozo de bacalao, unos cuantos garbanzos, un poco de arroz, azúcar, ... Todo eso se lo llevaba a escondidas sin el consentimiento de mis padres. Recuerdo hablar con la que tenía una manada de cabras, Encarnilla la Hogirre, que  repartía diariamente la leche que le ordeñaba a las cabras, vendía le leche por las calles del pueblo. En secreto  darle el dinero que costaba llevarle todos los día un cacharrillo de leche. O se lo pagaba yo a espaldas de mis padres siendo yo un adolescente o mi abuela, no desayunaba.  En aquel tiempo no llegaba el café al pueblo. No tenía nada para desayunar si no tenía leche y a esta echarle unos trozos de pan. Muy escaso dinero tenía, lo imprescindible guardado en su faltriquera, (una bolsa de tela que tenía amarrada a la cintura, debajo de todas las faldas que tenía puestas o podía disponer de ellas). No creo que mi abuela tuviese dinero ahorrado y por ello no se lo gastaba en el día a día. Si hubiese sido así seguro que ella no hubiese aceptado todo lo que yo le llevaba o me lo hubiese pagado. La sonrisa que me daba como precio  a lo que le llevaba era para mí más que suficiente. Este tiempo de estrecheces se termina cuando su hija pone una tienda de comestibles en los bajos de la vivienda y su nieto que le proporcionaba la comida se marchó a estudiar a la capital.
Por supuesto que todas las mujeres de su generación fuesen o no fuesen "ricas", (es decir tuviesen o no bancales donde sembrar frutas y hortalizas), hablarían de la comida diaria cada vez que se juntaban todas todos los días cuando sonaba la campana convocándolas para rezar el rosario en la iglesia.
Lo último. Cuando se muere las autoridades  que estaban construyendo la presa, el pantano, impiden que sea enterrada en el nicho familiar, su marido, sus hermanos, ya que el cementerio de Benínar, el pueblo, sería destruido en poco tiempo y por ello es enterrada en el cementerio del pueblo cercano, el de Berja.     

jueves, 20 de febrero de 2020

Eugenia Doucets la canadiense.

Me he encontrado con un sobre que pone Eugenia y dentro he encontrado unos cuantos folios escritos que corresponden al periodo 1973 al 1980.
En estos folios queda escrito en primer lugar aquellos años en que Eugenia con su marido y tres hijos, procedentes de Canada, recorren toda La Alpujarra buscando un lugar donde quedarse a vivir y deciden por fin  alquilar una casa en mi pueblo, Benínar, y allí se quedan  unos cuantos años. Allí escribe su único libro que se agota al poco tiempo de ser publicado y que no se ha vuelto a editar. En este libro queda reflejada su vivencia en el pueblo y el trato diario con sus vecinos.
En ese periodo de tiempo el que escribe pasa por dos periodos marcados por unos cuantos acontecimientos.
El primero el terminar la carrera en la universidad. El casarse. El buscar trabajo por primera vez. El sentirse emigrante al tener que marcharse a Cataluña para buscar trabajo, para sentir  las mismas sensaciones que sienten en la actualidad cualquiera de los que en patera cruzan el Estrecho de Gibraltar. Lo último marcado en mi mente  es la impotencia que aun sigo sintiendo de no poder regresar al pueblo donde nací, crecí y pase mi juventud,  ya que fue destruido y en su lugar construyeron una presa para abastecer de agua a parte de la provincia de Alnería.
Eugenia cerca de cumplir los cien años regresó a Canada y alguna de sus hijas y nietas de vez en cuando regresan a volver a pisar  España por lo menos unos días.
De la misma forma que la universidad me llenó de conocimientos mi cabeza, para que me ejerciera  como un profesional, al establecer una amistad con Eugenia, mete las manos en mi cabeza y manipula mis sentimientos. Seguiría siendo un alpujarreño pero analizándolo todo con los criterios establecidos por ella. Disfrutando y sufriendo como si ella estuviese a mi vera marcándome de que debo disfrutar y de todas aquellas cosas que aparecen en la vida de una persona que no merece la pena sufrir o arreglarlas lo antes posible.
No creo que yo llegue a los cien años como llegará Eugenia ya mismo, ni tendré los reaños que ella siempre tubo como por ejemplo, dejar su país Canada y venirse a España con sus tres hijos pequeños y volver de nuevo a su pueblo, a su país, Canada, cuando los años le marcaron que tenía que volver.
Una mujer madre de once hijos y que ellos están pendientes de ella siempre, que supongo que por ello, que pasen los años para ella no es un problema. Le aparecerán problemas físicos pero los otros los sentimentales cada año que va pasando brotan y florecen como los árboles en primavera.
En una de sus cartas me escribe lo siguiente:
Al leer tus cartas me siento una supermujer, me siento una persona extraordinaria. Como es posible. Tu tienes el alma de un poeta , sí, y vale una fortuna conocer a una persona como tú. Cuantas veces tu has venido, como un caballero  en  caballo blanco a salvarme, de todo tipo de desastre, desastres pequeños y grandes desde el primer día de nuestra llegada a Benínar. Tu siempre estabas allí para mi o para algún miembro de mi familia. Doy gracias a Dios para tí.
Termino este escrito y ya iré colgando las poesías que nos mandábamos en el periodo de tiempo del 1973 al 1980, este ultimo año  que nos tuvimos que marchar del pueblo Benínar ya que las piedras de los barrenos llegaban a todas las casas del pueblo.   

viernes, 20 de diciembre de 2019

Cruzar fronteras


Ya estamos todos los que formamos el coro otro día más de ensayo. El almirez, el triángulo, las panderetas, los palillos, la zambomba la flauta y como no las guitarras.
Desde hace cerca de treinta años,  por estas fechas, se nos da por escrito los villancicos seleccionados y en  un folio todas las citas con sus fecha y hora para actuar en las parroquias;  donde los descapacitados y ancianos.
Empezamos todos los que formamos el coro cuando teníamos  hijos pequeños. Mientras sus padres ensayaban las canciones y villancicos, ellos jugaban en el patio de la parroquia. Ya están estos descendientes nuestros casados y todos los que formamos el coro tenemos unos cuantos nietos. Alguien ha sacado este tema. Todos nos hemos callado y nadie quiere seguir hablando de "él tema", y mucho menos que ninguno de nuestros hijos se han incorporado al coro y los nietos, crecen y crecen. Pero tampoco se incorporan. Estas nuevas generaciones, creo que no está en sus sueños sustituirnos.
Me dice Merche con los puños colocados en las caderas:
- !Por ahora!.
   !Espera!.
    Yo sueño con que los míos se incorporarán pronto. ¿Y los tuyos?. 

La Virgen sueña caminos
está a la espera,
la Virgen sabe que el niño
está muy cerca.

De Nazaret a Belén
hay una senda,
por ella van los que creen
en las promesas.

Estrivillo:

Los que soñáis y esperáis
la Buena Nueva
abrid las puertas al niño
que está muy cerca.
El Señor, cerca está
el viene con la paz.
El Señor, cerca está
Él trae la verdad.

En estos días del año
el pueblo espera
que venga pronto el Mesías
a nuestra tierra.

En la ciudad de Belén
llama a las puertas,
pregunta por las posadas
y no hay respuesta.

La tarde ya lo sospecha
está alerta
el sol le dice a la luna
que no se duerma.

A la ciudad de Belén
vendrá una estrella,
vendrá con todo el que quiere
cruzar fronteras.

Estrivillo.

sábado, 14 de diciembre de 2019

Yo quiero ser un loco

Cuando llegan estas fechas, no lo puedo evitar. tengo que recurrir a todo el archivo que tengo de todos los villancicos, que fueron aportando todos los que estamos en el coro. Ir al grupo de ensayo y volver acumular más papeles donde se reflejan los villancicos que este año se van a ensayar, se van a cantar.
Vuelvo a reclamar que en cada uno de ellos se refleje el autor y me vuelven a decir que yo soy el        " ere con ere, ...." (el que cansa por volver a exponer los mismos argumentos una y otra vez) con la misma cantinela.
El que a continuación copio no encontré el autor.

Aunque intento a veces
comprender al mundo
me es imposible,
me siento incapaz.
Dicen que es locura
tener ideales
que es mejor vivir
cantando sin cesar.

Estrivillo:

Señor yo quiero ser un loco
pero mi locura serás tú.
Yo quiero ser la hoz
que corte ese trigo;
para convertirlo
en alimento de amor.

Muchas son las bocas
pocas las semillas
para alimentar
al mundo con tu pan.
Yo quisiera Cristo
seguirte y amarte
que es mejor vivir
contigo hasta el final.

Estrivillo.
Señor yo quiero ser un loco. ,,,,

Nota:
Pondré unos cuantas letras de villancicos que cantamos este año y volveré a colgar más artículos que reflejan la vida de mi pueblo alpujarreño. Benínar.  El pueblo que fue destruido y sus habitantes expulsados de él con el argumento que se construiría un pantano.
Me es difícil comprender que tenga el blogs más de setenta mil entradas y que dichas entadas correspondan a entrar desde Italia. Canadá. EEUU. Rusia. etc. Mi patria. Si estuviese en mi pueblo, Benínar y esto lo comentase con mis paisanos estoy seguro que todos nos quedaríamos con la mirada perdida intentando encontrar una razón de que lo ocurrido en nuestro pueblo tuviese trascendencia miles de veces superior en todo el mundo que en los pueblos de alrededor que contemplaban como Benínar paso a paso desaparecía del mapa.

Lo último:
No creo que el que escribió este villancico pensara que en este diciembre del 2019 en Madrid se celebraría la cumbre del clima. 


domingo, 12 de mayo de 2019

Color de esperanza. Creer que se puede.

Hoy en el día de San Isidro nos hemos incorporado a otro nuevo coro unos cuantos disidentes del coro que se formó hace treinta años y hemos estado cantando  en la capilla que dicho santo tiene aquí en Algeciras.
Lo que me ha llegado al alma fue cuando una mujer mayor se me acerca y me pide la letra de la última canción que cantamos en la misa.
Cuando he llegado casa he buscado el autor sin dejar de pensar en la letra de dicha canción. El autor es el argentino Coti Sorokin.
La letra dice:

Se que hay en tus ojos con solo mirar,
que estás cansado de andar y de andar
y caminar gritando siempre en un lugar.

Se que las ventanas se pueden abrir,
cambiar el aire depende de ti
te ayudará, vale la pena una vez más.

Saber que se puede, querer que se pueda
quitarse los miedos, sacarlos afuera,
pintarse la cara color de esperanza
tratar el futuro con el corazón.

La verdad es que "saber  que se puede, querer que se pueda",... hay veces que uno se debe plantear casi sin esperar ayuda del exterior.

martes, 30 de abril de 2019

Las palomas que marcaron etapas en mi vida

Palomas, Par, Blanco, Afecto

Este es un escrito que me he encontrado con él y fue uno de los primeros que dejé en el archivo.
Lo escribiría en el 2007 o 2008 y me ha recordado las palomas que regalaron a mi hijo cuando  tan solo tres años. Vivíamos en un piso y por ello las situamos en la pequeña terraza que al poco tiempo las regalamos al ayuntamiento. Las pusieron en un parque público y antes de una semana ya habían desaparecido. No he vuelto a ver esta variedad de palomas, blancas y con la cola siempre abierta. Nos las regaló un viejo que vivía en uno de los barrios aquí en Algecíras, que ingresó en el hospital y ya se veía cerca de la muerte. Creyó que sus palomas nosotros las protegeríamos.
El escrito narra una de mis primeras salidas al campo para estar todo el día cuando yo apenas tendría seis o siete años.
Mi padre me llevó un día de agosto a coger almendras al Meloncillo, pero el calor, los pinchos que guardaban a las almendras que habían sido abareadas, el agua que tenía un sabor, que no era cardo, pero que tampoco era agua, al estar el cántaro tapado con la albalda de la burra, y sobre todo – aún retumba en mis oídos – era el incesante canto de las chicharras. Canto realmente insoportable que se sumaba al calor de agosto, a la pelusa que soltaban las pelusas de los capotes de las almendras y – no entiendo la razón de denominarlo canto – la lamentación de aquellos insectos que puede que fuese por el calor más la época de celo que el sonido que salía de ellos, se asemejaba a las cuerdas de un violín tocado por un loco.
Cuando mi padre ve que estoy más interesado en correr detrás de las chicharras, que de coger almendras, – no se la razón – me dice que fuese al cortijo que estaba al otro lado de la rambla, que preguntase por el hijo de los dueños y le dijese que mi padre quería hablar con él.
Me monto en mi burra desaparejada, con mi sobrero de paja y me dirijo a aquella construcción que sobresalía en aquella ladera, rodeada de almendros y de olivos. El que me llevase la burra, fue una recomendación, puesto que aquella burra, jamás reculó cuando se encontraba con un perro, por muy enfadado que éste mostrase sus colmillos. Aquella burra, jamás retrocedía, al ser sorprendida o asustada por alguna animal, o al ir por los caminos, y cayese algo rodando. Por supuesto que las sombras que se desplazaban en la noche le hacían pararse, orientar las orejas hacia ella para avisar a su dueño, pero ella impasible, esperaba acontecimientos. Cualquier animal de su especie reaccionaba dando un brinco y tirando al suelo al jinete. ¿Qué beninero no se ha caído de su bestia al asustarse ésta?. Como los melones cuando se abren, que no se sabe su dulzor, cuando se compraba una burra en la feria de Ugijar, aquel animal, no se sabía sus intenciones. A mi padre le toco la mejor burra, con diferencia de las demás. A mediación de la cuesta antes de llegar al cortijo, me encuentro con una fuente, que apenas cinco metros de donde salía el agua había una balsa llena de agua.Como todas las fuentes que teníamos en Beninar, aquella también estaba llena de sanguijuela y había que tener un cuidado grande para al acercarse a beber, una de ellas no entrase con el agua.
Quizás aquella balsa llena de agua en pleno verano, sería la razón de que aquella zona se le conociese por el Meloncillo. El que iba encima de la burra, quiere recordar, que en la ladera y ya en la rivera de la rambla, en medio de aquellos impresionantes olivos y almendros, había visto matas de melón y de sandía. Quiero recordar y a su vez centrar el tema con el mapa que ha aparecido en el foro, creo que los olivos más altos y con el tronco más viejo, se encontraban en los Majalones y en la zona pegada a la rambla que tenía aquel cortijo. Si aquellos olivos permanecen vivos – los del cortijo del Canónigo – en ellos se puede saber, el tiempo que alguien los sembró. Creo recordar que estos olivos no son acebuches que es la variedad de donde parten los olivos actuales. Los olivos de referencia se puede saber si están injertados y si es así, sería otro dato a tener en cuenta, para averiguar su edad.
Allí solos, la burra y el arriero, y sin tiempo controlado de llegada, haber quién le impedía darse un baño en aquellas aguas. Cuando se acercó al borde de la balsa y ve como las culebras se le habían adelantado, vuelve de nuevo a vestirse y a retomar el camino para llegar al cortijo.
Si ya el estar en el Meloncillo, era estar, en el centro del silencio, cuando se entraba en aquel cortijo, - era obligatorio pasar por una reja que siempre estaba abierta, un pasillo empedrado que a mano derecha había balcones casi a nivel de suelo con rejas, hasta que se llegaba a una especie de recibidor techado, posiblemente, donde los animales de carga, descasaban comiendo un poco de verde, mientras el gañán a su vez, descansaba dentro de la casa, – el silencio a uno le envolvía, que se hacía latente en las pulsaciones del corazón dentro de las orejas.
Por más veces que preguntaba si había alguien, allí no respondía nadie.Sentado en la sombra, ya desestimado que en aquel cortijo hubiese persona alguna aparece una mujer, diciendo que estaba lavando y que las palomas le habían avisado que alguien había llegado al cortijo.
– Es verdad – le dice el chaval a la dueña – que aquí no tenéis perros.
– ¡Déjate de perros, que los perros no traen nada más que pulgas!. Aquí, quien me avisa que alguien se acerca al cortijo son las palomas.
– ¿Las palomas?
– ¡Si hijo, sí! Cuando detestan la presencia de alguien, todas salen volando del tejado, van a donde yo me encuentro o comienzan a dar vueltas volando por encima del cortijo. Para las palomas tú no puedes ser peligroso puesto que no han ido a avisarme, se han quedado dando vueltas por encima del cortijo.
Mientras aquella mujer estaba dándome toda una lección sobre el comportamiento de las palomas, se calla en seco, se me queda mirándome y dice que “no me saca por la pinta”. Los benineros cuando nos encontramos fuera del pueblo y si hace mucho tiempo que no nos vemos, solemos decir: “hasta que no he sacado la pinta, no sabía quién eras”. A aquella mujer le fallaba “la pinta” y por ello, le pregunta a recién llegado:
– ¿Y tu quien eres?. No te encuentro la pinta.
Al identificarse el chaval, le dice la dueña del cortijo:
– Es verdad, esta mañana casi despuntando el día, vi como aparecisteis por la rambla. A coger las almendras como todos los años, supongo. ¿A qué has venido?. Anda, amarra la burra en el pesebre que coma verde y me acompañas donde estoy lavando y de camino, haber si encuentras alguna fruta en el huerto.
Aquel cortijo tenía dos fuentes. La que estaba por encima del cortijo, regaba un impresionante huerto con tomates, pepinos, calabazas, etc. Desde aquel lugar se podía ver, como ya los terraos de launa del cortijo comenzaban a ser ocupados por los tomates secados al sol, los higos, los zamborinos, – era una variedad de la calabaza que se utilizaba en Beninar para alimentar a los cochinos – y las ristras de pimientos. ¡!Que ricas estaban las migas, con pimientos y tomates secos fritos – solo pasados por la sartén con un poco de aceite – y una ensalada de la habitualla – era el nombre de todo lo que producía un huerto en Beninar – con aquel aceite de color verde!. Frutas en aquel cortijo – como en todos los de la zona, – empezaban la temporada con los nísperos, los albaricoques, las brevas, los melocotones, los higos, las ciruelas, los melones, las sandías, … y aún se podían comer antes o después de los nísperos, naranjas – que empezaban en el mes de octubre y podían llegar al mes de mayo y aún los naranjos las tenían en el suelo – que aún permanecían en el árbol de la temporada pasada.
Aquel cortijo, su dueña me lo enseño por dentro y podría describirlo, pero como en la actualidad se encuentra de pié y dicen en foro “con gente dentro”, que el interesado lo visite. Lo que sí recuerdo, en especial, es que, lo que no definí como la cocina, era la primera vez, que vía una cocina en pendiente, que en el fondo estaba la gran chimenea, para calentarse y para hacer la comida.
Al otro día estaba de nuevo en el cortijo, puesto que la dueña me ofreció un par de pichones, mejor dos de un mismo nido – macho y hembra – y un tercero que estaba solo, que también me dijo que me lo podía llevar.
Los cortijos de nuestro entorno se medían por las arrobas de almendras, de aceite y de higos que producían. Nadie decía las hectáreas o metros cuadrados que tenía, se valoraba el cortijo también por las cuartillas de grano – que después de ser trilladas las gavillas de trigo o de cebada – se medían en su propia era. En nuestros cortijos se tenían los mejores pares de mulos  con diferencia de los que existían en el pueblo. Los que mejor araban, trillaban, los más grandes y sobre todo, los más nobles y los mejor cuidados. Quizás estos animales, su padre fuese un caballo y su madre una burra. El par de mulos que tenía Julio el del Marchar, eran la referencia de todos los demás animales de su especie no solo en Beninar, en Turón y en Murtas. Sería interesante que nos dijese su procedencia. Lo escribo por lo siguiente:
En un libro escrito por Marañón sobre los Marqueses de los Vélez, – zona que se encuentra en el naciente de Almería – estos personajes, iban a comprar los caballos y los mulos a Jerez de la Frontera.
Los cortijos en cierto modo se diferenciaban poco unos de otros. Los cortijos eran representativos en la media de la personalidad,  laboriosidad de quien los estaba labrando. Desaparecía la persona o familia de dicho cortijo “que era la envidia de los demás” y dicho cortijo con sus tierras entraban en el abandono y en el olvido.Todos coincidían en sus esplendidos huertos, sus árboles frutales, sus atrojes, y el tiempo centenario que tenían sus almendros y sobre todo sus olivos.Dichos cortijos que en el 1600, se caracterizaban por la cantidad y ornamentación – estructura y frondosidad – de sus moreras, el que escribe, no se acuerda que en dichos cortijos se conservasen alguno de dichos árboles.
Termino, destacando unos puntos interesantes:
¿Qué opinaban los cortijeros de los que vivían en los pueblos?¿Qué opinaban los que vivían en el pueblo de los cortijeros? Se pueden enlazar con: ¿Qué opinaban los de la capital de todos aquellos que llegaban de los pueblos? ¿Y los de la capital, cuando llegaban al pueblo? Afortunadamente esta temática se va “disolviendo como el azúcar en el café”, pero en aquellos tiempos el tema se consideraba de cierta importancia y de cierta relevancia.