El alimoche del Dr. Félix Rodríguez de la Fuente, es criado en cautividad, sin ningún contacto de sus congéneres y cuando llega a adulto, responde como siempre lo hicieron sus ancestros cuando se encuentran delante de una envoltura llena de alimento, con el pico coge piedras, las lanzan sobre el huevo, rompen su cáscara para conseguir lo que contiene su interior.
Si eso lo hacen los alimoches, es de esperar que tarde o temprano, los que ahora son beninerill@s vuelvan, puesto que está grabado en sus genes que tienen que volver a ese trozo del Globo Terráqueo para encontrar el equilibrio buscado. Lo mismo que vuelven los indígenas de toda la Tierra a sus lugares de procedencia. Eugenia Doucet me ha dicho por teléfono que su hija Susana está realizando un estudio sobre los indios de Canadá. Cuando me lo mande comprobareis la gran diferencia de cómo “son tratados” los indígenas, los que heredaron la tierra por los que tomaron posesión de ella en dicho país en comparación con nosotros l@s beniner@s.
En las fiestas de Benínar todos los años aparece alguien que sus raíces le reclaman. El año pasado fue un matrimonio de mi edad que vivía en Barcelona, que no conocía el pueblo nada más que por referencias de sus padres y abuelos. Este año, ha aparecido una mujer diciendo que ella está en una de las fotos que hacía referencia a una primera comunión.
A la vuelta de las fiestas de este año a Algecíras donde vivo, pase por Alhaurín,y uno de los sobrinos de mi mujer, casi nos estaba esperando, para darnos un par de palomas, para que él llegase al convencimiento que las palomas que le habían vendido eran realmente mensajeras. Las metió en una caja, la caja en el maletero y en esa tarde noche cuando llegamos a Algeciras teníamos instrucciones que las teníamos que soltar.
Con las medidas tan desfiguradas (la protección) que en la actualidad tenemos sobre los animales, tanto mi mujer como mi sobrino estaban llenos de dudas sobre el regreso al palomar y además de noche. El que estaba totalmente convencido que dicho experimento daría resultado positivo era yo, puesto que soy beninero y la llamada de la tierra, la experimento todos los años. El vínculo que se grava en la mente de casi todos los seres vivos con el lugar de nacimiento forma parte de nuestra genética aunque no se tenga la capacidad intelectual, u lo que sea, de un alimoche como de una paloma.
Mi mujer permaneció en un duerme vela esperando la llamada del sobrino y el sobrino aún con estrellas en el cielo se levantó para ver si las palomas cumplían con las características especificadas en el contrato de compra o comprobar a grandes rasgos la palabra genética.
Las palomas antes que saliese el sol en Alhaurín ya estaban de vuelta en el palomar después de haber estado volando toda la noche y haber superado una distancia de ciento y pico de kilómetros.
A los que no habéis nacido en Benínar os prometo que cuando regrese a Alhaurín entrevistaré a las palomas para justificar de alguna manera, de forma comparativa, la necesidad imperiosa de volver donde nacieron. Podemos aproximarnos a entender lo que les pasa a l@s beniner@s para volver año tras año, a la tierra donde nacieron.
Menudo chasco se hubiesen pegado las palomas si en vez de encontrar su palomar en dicho lugar se hubiese construido un pantano.
lunes, 23 de agosto de 2010
domingo, 22 de agosto de 2010
SÍNDROME BENINERO.
“El Síndrome de Estocolmo, es un estado psicológico en el que la víctima de secuestro, o persona detenida contra su propia voluntad desarrolla una relación de complicidad con su secuestrador, …”.
La definición la he copiado de: www.tuotromedico.com.
La reverencia al señorico, al terrateniente, al que tiene la llave, en la Andalucía profunda, necesito creer que morirá con los hijos de la generación que fueron obligados a firmar la destrucción de su pueblo.
En cada fiesta, cada vez que nos reunimos los beniner@s, en el Camping de Benínar para celebrar algún acontecimiento, siempre aparece la siguiente frase:
Por esta vez, el ayuntamiento nos ha dejado prestadas las instalaciones, para que celebremos las fiestas. Pero: ¿Qué ocurrirá cuando se alquile dicho edificio para ser explotado económicamente?.
Las instalaciones que tiene la Agencia Andaluza del Agua, donde no podemos entrar, no se pueden celebrar cualquier acontecimiento, aun está manteniendo (sus administradores) el culto añejo a la reverencia. Mejor dicho, aún no han llegado ni las personas que logren que se le entregue las llaves, o la persona que representa al organismo con competencia que nos las entreguen. Yo que vivo cerca de Gibraltar, es más o menos lo mismo. Es donde los beniner@s tienen que enseñar su carné de identidad para poder entrar. Es el lugar de todo el valle, el recinto por donde no puede pasar la procesión de San Roque y La Virgen del Carmen.
“Con la iglesia hemos topado querido Sancho”. Es decir que “alguien ha dejado caer, (…), que no es posible”. “A alguien se le ha dicho que diga, que ni se ponga a escribir tal petición, puesto que tal recinto (…)”.
Nos muestran (“como la zanahoria del burro”) la posibilidad de ceder las Viñuelas. Se nos sigue diciendo:
“Limpiaremos de maleza todo el recinto, se derribará un edificio en mal estado, (…). Uds., ponen el resto”. ¿Aun tenemos que seguir poniendo, aportando l@s beniner@s?. ¿No les basta y les sobra con treinta años de culto a la reverencia?.
Noticias de última hora dicha cesión está en el aire, por dos motivos:
- Cambio de gestores y lo firmado “lo están peinando”.
- La fuente mana gran cantidad de agua, como no está canalizada, (…), deslizamiento del terreno.
Aún no ha nacido l@s beniner@s, que “sin armarla, sin mal rollo, basándose en las reparaciones que suelen hacerse en democracia, en el diálogo, que el organismo correspondiente reconozca los atropellos realizados por sus anteriores gestores, (…). Mientras tanto, l@s beniner@s, estamos demostrando y educando a nuestros infantes que en Benínar están sus raíces, la tierra de sus antepasados, que a una generación se le obligo a firmar.
Los expulsados, todos los años, agradecen al ayuntamiento que les preste las instalaciones del camping (que no escatiman todo aquello que se le solicita) y a la agencia del agua, se le tramita todos los permisos (para no despertar a la fiera) para celebrar las fiestas. El eterno reconocimiento de que ellos son los dueños y ellos dan los permisos.
Psicológicamente estamos tocados puesto que nos planteamos:
- ¿El camping fue construido para ser arrendado o para que los beniner@s celebren sus reuniones y actividades?.
- ¿Las viviendas existentes fueron construidas para que sean disfrutadas por los empleados de dicho organismo (para que sus funcionarios pasen las vacaciones) o para que l@s beniner@s, puedan estar unos días para curar su nostalgia, volver a cargar la sabia de sus raíces?.
- ¿Actuaremos como los que tienen el Síndrome de Estocolmo que si llega la policía (algún día) defenderemos, a los que nos prestan (lo que ellos cogieron) y consienten que volvamos a estar donde nacimos y nacieron nuestros antepasados?. ¿Estamos convencidos psicológicamente que los que tienen las llaves son realmente los dueños?.
La reverencia al señorito, al terrateniente aún forma parte de nosotros, (todos, administradores y administrados) de la que fue la Andalucía profunda, la que exportamos los españoles a todas aquellas tierras conquistadas.
Síndrome beninero:
Se llega a un pueblo. Se valora sus casas, sus huertos, sus calles, sus esquinas (…), donde pasaron su infancia, se casaron, enterraron a sus muertos, (…). Se le hace firmar a una sola generación, de todas las pasadas y a las que les queda por vivir, que el cielo, la tierra, el agua, las plantas (…), no les pertenecen. Pero. Dejaron un cabo suelto. A los expulsados los dejaron vivos y llenos de recuerdos. Les pasa como a las golondrinas, a las cigüeñas o los vencejos, se fueron, pero todos los años en una determinada fecha vuelven.
Un fandango de Huelva para terminar, tiene la siguiente letra:
Que si me voy, no me voy, /que si me voy, no me ausento, / que si me voy no me voy, / que si me voy no me voy, / vives en mi pensamiento.
La definición la he copiado de: www.tuotromedico.com.
La reverencia al señorico, al terrateniente, al que tiene la llave, en la Andalucía profunda, necesito creer que morirá con los hijos de la generación que fueron obligados a firmar la destrucción de su pueblo.
En cada fiesta, cada vez que nos reunimos los beniner@s, en el Camping de Benínar para celebrar algún acontecimiento, siempre aparece la siguiente frase:
Por esta vez, el ayuntamiento nos ha dejado prestadas las instalaciones, para que celebremos las fiestas. Pero: ¿Qué ocurrirá cuando se alquile dicho edificio para ser explotado económicamente?.
Las instalaciones que tiene la Agencia Andaluza del Agua, donde no podemos entrar, no se pueden celebrar cualquier acontecimiento, aun está manteniendo (sus administradores) el culto añejo a la reverencia. Mejor dicho, aún no han llegado ni las personas que logren que se le entregue las llaves, o la persona que representa al organismo con competencia que nos las entreguen. Yo que vivo cerca de Gibraltar, es más o menos lo mismo. Es donde los beniner@s tienen que enseñar su carné de identidad para poder entrar. Es el lugar de todo el valle, el recinto por donde no puede pasar la procesión de San Roque y La Virgen del Carmen.
“Con la iglesia hemos topado querido Sancho”. Es decir que “alguien ha dejado caer, (…), que no es posible”. “A alguien se le ha dicho que diga, que ni se ponga a escribir tal petición, puesto que tal recinto (…)”.
Nos muestran (“como la zanahoria del burro”) la posibilidad de ceder las Viñuelas. Se nos sigue diciendo:
“Limpiaremos de maleza todo el recinto, se derribará un edificio en mal estado, (…). Uds., ponen el resto”. ¿Aun tenemos que seguir poniendo, aportando l@s beniner@s?. ¿No les basta y les sobra con treinta años de culto a la reverencia?.
Noticias de última hora dicha cesión está en el aire, por dos motivos:
- Cambio de gestores y lo firmado “lo están peinando”.
- La fuente mana gran cantidad de agua, como no está canalizada, (…), deslizamiento del terreno.
Aún no ha nacido l@s beniner@s, que “sin armarla, sin mal rollo, basándose en las reparaciones que suelen hacerse en democracia, en el diálogo, que el organismo correspondiente reconozca los atropellos realizados por sus anteriores gestores, (…). Mientras tanto, l@s beniner@s, estamos demostrando y educando a nuestros infantes que en Benínar están sus raíces, la tierra de sus antepasados, que a una generación se le obligo a firmar.
Los expulsados, todos los años, agradecen al ayuntamiento que les preste las instalaciones del camping (que no escatiman todo aquello que se le solicita) y a la agencia del agua, se le tramita todos los permisos (para no despertar a la fiera) para celebrar las fiestas. El eterno reconocimiento de que ellos son los dueños y ellos dan los permisos.
Psicológicamente estamos tocados puesto que nos planteamos:
- ¿El camping fue construido para ser arrendado o para que los beniner@s celebren sus reuniones y actividades?.
- ¿Las viviendas existentes fueron construidas para que sean disfrutadas por los empleados de dicho organismo (para que sus funcionarios pasen las vacaciones) o para que l@s beniner@s, puedan estar unos días para curar su nostalgia, volver a cargar la sabia de sus raíces?.
- ¿Actuaremos como los que tienen el Síndrome de Estocolmo que si llega la policía (algún día) defenderemos, a los que nos prestan (lo que ellos cogieron) y consienten que volvamos a estar donde nacimos y nacieron nuestros antepasados?. ¿Estamos convencidos psicológicamente que los que tienen las llaves son realmente los dueños?.
La reverencia al señorito, al terrateniente aún forma parte de nosotros, (todos, administradores y administrados) de la que fue la Andalucía profunda, la que exportamos los españoles a todas aquellas tierras conquistadas.
Síndrome beninero:
Se llega a un pueblo. Se valora sus casas, sus huertos, sus calles, sus esquinas (…), donde pasaron su infancia, se casaron, enterraron a sus muertos, (…). Se le hace firmar a una sola generación, de todas las pasadas y a las que les queda por vivir, que el cielo, la tierra, el agua, las plantas (…), no les pertenecen. Pero. Dejaron un cabo suelto. A los expulsados los dejaron vivos y llenos de recuerdos. Les pasa como a las golondrinas, a las cigüeñas o los vencejos, se fueron, pero todos los años en una determinada fecha vuelven.
Un fandango de Huelva para terminar, tiene la siguiente letra:
Que si me voy, no me voy, /que si me voy, no me ausento, / que si me voy no me voy, / que si me voy no me voy, / vives en mi pensamiento.
miércoles, 18 de agosto de 2010
LA NOCHE QUE MAITA COGIÓ EL MICRÓFONO
Nos estaban l@s titulares del primer equipo pero l@s suplentes respondieron y lo mejor fue la respuesta de la cantera y las bengalas de los mayordomos.
Faltaba Encicabaños y su hermano Francisquito. María la Plaza. María la de Sebastiana y su hija. Carmen la del Alcalde y sus dos hijas. Maricarmen la de José Mari. La memoria y las voces, donde siempre nos hemos apoyado el resto para seguir las canciones que se cantaban en la iglesia o en los remolinos en la plaza.
El trance. Los nervios. Las indecisiones de comenzar sin l@s titulares se palpaba. La seguridad que siempre nos dieron las cantaoras no la teníamos, nos faltaban. Nos hacían titubear para comenzar a cantar los himnos a San Roque. Tres nada menos nos hemos encontrado rebuscando en la memoria de nuestros mayores. Se habían repartido folios para casi todos los asistentes. La explanada del camping casi repleta. Tan solo un puñaillo nos acercamos para formar el coro para cantarle a San Roque. No temíamos miedo de hacer el ridículo. El deseo que se volviese a escuchar los himnos al patrón era superior. Que llegasen las indecisiones, que nos parásemos en mitad de la canción o apareciesen voces que distorsionasen (…). El miedo escénico nos frenaba pero nos empujaban (…), ¡Dios sabe quién!, a que en los montes y en el Valle de Benínar se volviese a escuchar después de treinta años los himnos. Pienso que las matas blancas, el esparto, la alcaparra, (…) tiraban de nosotros dando seguridad.
Maita junto con su hija cogió el micro y daba las entradas, el tono y la seguridad.
Faltaban palabras en algunos tramos del verso, pero la seguridad de Gaditor, Martín (…) a Clara le llegó el sosiego y la serenidad cuando terminaron los tres y grabados en el móvil tan solo le faltaba las notas musicales para que las generaciones posteriores puedan leer la partitura (…). A su lado su madre sacando pecho al ver que su hija se había convertido en el eslabón que nos faltaba a los beniner@s para poner en pentagramas todas las notas musicales de las canciones que nos cantan nuestros mayores.
No sonarían tan mal las voces, cuando al llegar a escucharlas San Roque en el silencio de las noches alpujarreñas, nos mando unas gotas de lluvia como señal que lo cantado le había llegado, nada más y nada menos que al Cielo donde también estaba en fiestas con todos los beniner@s nos dejaron.
Faltaba Encicabaños y su hermano Francisquito. María la Plaza. María la de Sebastiana y su hija. Carmen la del Alcalde y sus dos hijas. Maricarmen la de José Mari. La memoria y las voces, donde siempre nos hemos apoyado el resto para seguir las canciones que se cantaban en la iglesia o en los remolinos en la plaza.
El trance. Los nervios. Las indecisiones de comenzar sin l@s titulares se palpaba. La seguridad que siempre nos dieron las cantaoras no la teníamos, nos faltaban. Nos hacían titubear para comenzar a cantar los himnos a San Roque. Tres nada menos nos hemos encontrado rebuscando en la memoria de nuestros mayores. Se habían repartido folios para casi todos los asistentes. La explanada del camping casi repleta. Tan solo un puñaillo nos acercamos para formar el coro para cantarle a San Roque. No temíamos miedo de hacer el ridículo. El deseo que se volviese a escuchar los himnos al patrón era superior. Que llegasen las indecisiones, que nos parásemos en mitad de la canción o apareciesen voces que distorsionasen (…). El miedo escénico nos frenaba pero nos empujaban (…), ¡Dios sabe quién!, a que en los montes y en el Valle de Benínar se volviese a escuchar después de treinta años los himnos. Pienso que las matas blancas, el esparto, la alcaparra, (…) tiraban de nosotros dando seguridad.
Maita junto con su hija cogió el micro y daba las entradas, el tono y la seguridad.
Faltaban palabras en algunos tramos del verso, pero la seguridad de Gaditor, Martín (…) a Clara le llegó el sosiego y la serenidad cuando terminaron los tres y grabados en el móvil tan solo le faltaba las notas musicales para que las generaciones posteriores puedan leer la partitura (…). A su lado su madre sacando pecho al ver que su hija se había convertido en el eslabón que nos faltaba a los beniner@s para poner en pentagramas todas las notas musicales de las canciones que nos cantan nuestros mayores.
No sonarían tan mal las voces, cuando al llegar a escucharlas San Roque en el silencio de las noches alpujarreñas, nos mando unas gotas de lluvia como señal que lo cantado le había llegado, nada más y nada menos que al Cielo donde también estaba en fiestas con todos los beniner@s nos dejaron.
domingo, 8 de agosto de 2010
CENCERROS.
En estos días de fuerte calor me llega a la memoria que l@s pastor@s beniner@s, esos sí que sabían que donde había que estar los tres meses de verano era en las laderas de Sierra Nevada.
Podría poner los nombres de aquellos paisanos que con su morral, su bastón y el hatillo colocado en una burra, salían de Benínar, recién esquiladas las ovejas, con dirección a la sierra. Pero no puedo poner ni su nombres, ni sus apodos, ni na de na; ni escribir referencia alguna sobre ellos, puesto qué, los que seguimos el foro de nuestro pueblo, la intuición nos dice, (por lo que en él se escribe), a los beniner@s, “nos sienta mal, que nuestros nombres aparezcan en las pantallas del ordenador”.
Me explico: No es que le siente mal a los personajes que aparecen en una redacción, puesto que en su gran mayoría no suelen estar por estos lares; “les sienta mal a algunos de los que solemos entrar y salir en dicho foro que escribamos sobre un determinado paisano”. Perdón. Especifico. Podemos escribir sobre las manadas de cabras y ovejas y de las salidas de dichos rebaños del `pueblo que se convertía en todo un acontecimiento. Cada familia (que componían el rebaño) de cabras o de ovejas con su cencerro personalizado al recorrer las manadas el mismo itinerario que cuando se sacaba a San Roque en procesión, llenaban de sonidos imposibles de olvidar a los que vivimos en vivo y en directo tan acontecimiento, pero, “no debemos poner el nombre de los dueños de las manadas”.
Estoy leyendo un libro, que su autora es Angustias M. Martín que se titula: Soportújar pasado y presente y en él aparece el nombre de casi todos los habitantes del pueblo y su profesión. Es de suponer que la autora iría casa por casa del pueblo pidiendo autorización (…). Es uno de tantos pueblos de La Alpujarra, como Benínar y por ello desde el punto de vista social nos teníamos que parecer una jartá.
Como la marcha de los pastores a la sierra socialmente fue todo un acontecimiento anual, tendré que encontrar la autorización de los descendientes de los últimos pastores para escribir la historia con sus protagonistas.
Podría poner los nombres de aquellos paisanos que con su morral, su bastón y el hatillo colocado en una burra, salían de Benínar, recién esquiladas las ovejas, con dirección a la sierra. Pero no puedo poner ni su nombres, ni sus apodos, ni na de na; ni escribir referencia alguna sobre ellos, puesto qué, los que seguimos el foro de nuestro pueblo, la intuición nos dice, (por lo que en él se escribe), a los beniner@s, “nos sienta mal, que nuestros nombres aparezcan en las pantallas del ordenador”.
Me explico: No es que le siente mal a los personajes que aparecen en una redacción, puesto que en su gran mayoría no suelen estar por estos lares; “les sienta mal a algunos de los que solemos entrar y salir en dicho foro que escribamos sobre un determinado paisano”. Perdón. Especifico. Podemos escribir sobre las manadas de cabras y ovejas y de las salidas de dichos rebaños del `pueblo que se convertía en todo un acontecimiento. Cada familia (que componían el rebaño) de cabras o de ovejas con su cencerro personalizado al recorrer las manadas el mismo itinerario que cuando se sacaba a San Roque en procesión, llenaban de sonidos imposibles de olvidar a los que vivimos en vivo y en directo tan acontecimiento, pero, “no debemos poner el nombre de los dueños de las manadas”.
Estoy leyendo un libro, que su autora es Angustias M. Martín que se titula: Soportújar pasado y presente y en él aparece el nombre de casi todos los habitantes del pueblo y su profesión. Es de suponer que la autora iría casa por casa del pueblo pidiendo autorización (…). Es uno de tantos pueblos de La Alpujarra, como Benínar y por ello desde el punto de vista social nos teníamos que parecer una jartá.
Como la marcha de los pastores a la sierra socialmente fue todo un acontecimiento anual, tendré que encontrar la autorización de los descendientes de los últimos pastores para escribir la historia con sus protagonistas.
lunes, 2 de agosto de 2010
EL MEOLLO DE LA CUESTIÓN
En el blog que tiene nuestro paisano Pedro Medina, va colocando fotografías de los distintos parajes de Benínar y el nombre de cada lugar, espacios monótonos y uniformes, que si se visitan apenas se puede encontrar una tórtola, una perdiz o un conejo; posiblemente se pueda certificar que si existen es como consecuencia de las repoblaciones que realiza la Asociación de Cazadores de Benínar. Se eliminaron las cementeras y los árboles frutales, por ello, las semillas, su alimento.
En el foro aparece lo escrito por Indaloxes: “… y el día de mañana, nuestros nietos estudiarán la geografía, …”. Tendrán que averiguar la fauna y flora, (el meollo de la cuestión) pero sobre todo se preguntarán: ¿Cómo es posible que de este paisaje casi inerte pudiese vivir toda una población que en un momento de la historia estaban censados en Benínar más de mil habitantes?.
Pues sí, "queridos nietos" cuando os encontréis con dicha geografía dicho paisaje se parecía a una manta alpujarreña, llena de vistosos colores que en las distintas épocas del año tenía todos los del arco iris, con todas sus tonalidades. Otro dato: En un momento de la historia había unas diez manadas entre cabras y ovejas que a una media de 100 cabezas por manada, por la media de 1,5 crías por año (…), salían para su venta en el exterior unos cuantos kilos de carne. Majares en aquellos tiempos fuera del alcance de los beniner@s.
Enero blanco, parecido a lo creado por el rey moro que construyó Medina Azahara rodeado de almendros para en su floración, la amante de dicho rey viese un paisaje blanco como si estuviese nevado, pero el amado al color le añadió el aroma de las flores inmaculadas. El color oro de las cementeras, en junio, siendo antes verde, todo el tiempo casi toda la primavera lo que tarda para granar las espigas, las lentejas, los garbanzos, … El verde de los maizales y de las parras en verano. El color nazareno de las brevas. Las semillas y frutas que alimentaban a su población salía en el límite que marcan las fotos. El pan del trigo y el maíz para las migas, alimento básico por aquellos tiempos, gracias al pacto hombre-tierra. Los beniner@s, con sus animales ponían su trabajo y la tierra el vientre donde cada año nacían los alimentos.
Los que nacimos en las posguerras, (la propia y la de los demás) fuimos gañanes, segadores, recolectores de almendras y aceitunas, que en nuestros molinos y almazaras todo lo que producía la tierra se transformaba en alimento, que una vez alimentados los desperdicios en forma de estiércol volvían como nutrientes a la tierra.
Fueron las máquinas del pantano (contratadas por la persona cuyo nombre no quiero acordarme) las que entraron en Benínar como elefante en una cacharrería las que, según ellos: “Había que preparar las paredes del vaso del pantano, …”. Así fue como los secanos, las huertas desaparecieron y con ello también obligaron a buscar otro lugar para colocar sus nidos las aves. Los granos con que se alimentaban y los insectos que polinizaban, que todos los años acuden a la Alpujarra, y, por Benínar pasan de largo.
"Otra vez estoy llorisqueando" (como escribió anteriormente un anónimo). Pues sí. Tendré la misma enfermedad que en sus últimos días tenía Antoñico Cabras, que cada vez que se acercaba alguien comenzaba a llorar.
Las máquinas del pantano primero eliminaron (puede que en su huida alguno se salvase) a los más débiles a la flora y la fauna hasta que llegaron al pueblo, lo rodearon (…) y al igual que a los seres vivos escrito anteriormente, en la huida los humanos, cayeron unos cuantos, los ancianos, los más débiles y los más jóvenes se dispersaron.
Benínar “queridos nietos”, eran sus secanos como es a comienzos del siglo XXI, es toda la Contraviesa, pero nuestro pueblo tenía por añadidura un rio con una vega que en la actualidad se podría comparar a la que tiene el Rio Verde, el que llega al mar por Motril, pero en nuestra vega sin dudar destacarían las breveras.
En el foro aparece lo escrito por Indaloxes: “… y el día de mañana, nuestros nietos estudiarán la geografía, …”. Tendrán que averiguar la fauna y flora, (el meollo de la cuestión) pero sobre todo se preguntarán: ¿Cómo es posible que de este paisaje casi inerte pudiese vivir toda una población que en un momento de la historia estaban censados en Benínar más de mil habitantes?.
Pues sí, "queridos nietos" cuando os encontréis con dicha geografía dicho paisaje se parecía a una manta alpujarreña, llena de vistosos colores que en las distintas épocas del año tenía todos los del arco iris, con todas sus tonalidades. Otro dato: En un momento de la historia había unas diez manadas entre cabras y ovejas que a una media de 100 cabezas por manada, por la media de 1,5 crías por año (…), salían para su venta en el exterior unos cuantos kilos de carne. Majares en aquellos tiempos fuera del alcance de los beniner@s.
Enero blanco, parecido a lo creado por el rey moro que construyó Medina Azahara rodeado de almendros para en su floración, la amante de dicho rey viese un paisaje blanco como si estuviese nevado, pero el amado al color le añadió el aroma de las flores inmaculadas. El color oro de las cementeras, en junio, siendo antes verde, todo el tiempo casi toda la primavera lo que tarda para granar las espigas, las lentejas, los garbanzos, … El verde de los maizales y de las parras en verano. El color nazareno de las brevas. Las semillas y frutas que alimentaban a su población salía en el límite que marcan las fotos. El pan del trigo y el maíz para las migas, alimento básico por aquellos tiempos, gracias al pacto hombre-tierra. Los beniner@s, con sus animales ponían su trabajo y la tierra el vientre donde cada año nacían los alimentos.
Los que nacimos en las posguerras, (la propia y la de los demás) fuimos gañanes, segadores, recolectores de almendras y aceitunas, que en nuestros molinos y almazaras todo lo que producía la tierra se transformaba en alimento, que una vez alimentados los desperdicios en forma de estiércol volvían como nutrientes a la tierra.
Fueron las máquinas del pantano (contratadas por la persona cuyo nombre no quiero acordarme) las que entraron en Benínar como elefante en una cacharrería las que, según ellos: “Había que preparar las paredes del vaso del pantano, …”. Así fue como los secanos, las huertas desaparecieron y con ello también obligaron a buscar otro lugar para colocar sus nidos las aves. Los granos con que se alimentaban y los insectos que polinizaban, que todos los años acuden a la Alpujarra, y, por Benínar pasan de largo.
"Otra vez estoy llorisqueando" (como escribió anteriormente un anónimo). Pues sí. Tendré la misma enfermedad que en sus últimos días tenía Antoñico Cabras, que cada vez que se acercaba alguien comenzaba a llorar.
Las máquinas del pantano primero eliminaron (puede que en su huida alguno se salvase) a los más débiles a la flora y la fauna hasta que llegaron al pueblo, lo rodearon (…) y al igual que a los seres vivos escrito anteriormente, en la huida los humanos, cayeron unos cuantos, los ancianos, los más débiles y los más jóvenes se dispersaron.
Benínar “queridos nietos”, eran sus secanos como es a comienzos del siglo XXI, es toda la Contraviesa, pero nuestro pueblo tenía por añadidura un rio con una vega que en la actualidad se podría comparar a la que tiene el Rio Verde, el que llega al mar por Motril, pero en nuestra vega sin dudar destacarían las breveras.
sábado, 31 de julio de 2010
PAMPLINAS
No pretendo empequeñecer las formas y maneras que utilizaron mis padres o todos los beniner@s para darme la educación que demuestro ante los demás. Es la educación que ellos heredaron y por ello trasmitida, pero sin sufrir una pequeña revisión en cada generación anterior. He escrito mis padres y mis paisanos, puesto que nuestra, mi forma de reaccionar, tiene como base lo que se aprende en casa y en el caso de Benínar lo que aprendíamos en la calle. Desde casi comenzar andar ya estábamos entre paisanos y delante de nosotros en su su forma de actuar teníamos los actores, los buenos y los malos, los que teníamos que aprender de ellos (de los buenos que sus acciones eran palpables) y los que no debíamos de imitar (los comportamientos dudosos los que actuaban no con buenas intenciones). No entraré en el tema de la AUTORIDAD, (base fundamental en la educación) al tener distintas valoraciones los de mi generación a los que nos preceden.
En mi casa, o en toda la educación a mis hijos se utilizaron y se sigue utilizando expresiones que si pasásemos las vacaciones en mi casa, la que teníamos en Benínar, seguro que unos cuantos de mis paisanos al escucharlas seguro que dirían: Pamplinas.
Lo más moderno, la forma de localizar en el móvil a mis hijos: Nene o nena. Aunque en la actualidad sean unos profesionales y estén trabajando para lo que se prepararon, para sus padres al utilizar la palabra nen@, es manifestar que esa dependencia afectiva mutua no debe retroceder lo más mínimo. La expresión: Mi vida, tanto mi mujer como el que escribe, cada vez que la utiliza, la dice de verdad y además, es un sentimiento que seguro tenían mis padres y todos los beniner@s, pero, muy poco utilizada.
En la salida o en la entrada a casa, pero sobre todo cuando se sale de viaje: El beso y el abrazo. Dichos gestos salían de forma espontánea cuando la gente se marchaba a Barcelona o a cualquier sitio de España. ¿Que dichas expresiones fuesen cotidianas entre padres e hijos en el pueblo?. Raro. Raro. Raro.
Todos los beniner@s, se esforzaban por darle a sus hijos la mejor comida y mejor cocinada, el máximo de bancalillos pero en cambio los sentimientos de ternura no recuerdo si no se daban por lograr que los beninerill@s se hiciesen “fuertes ante la vida” (como se educaba a los gladiadores) o por seguir la tradición de no manifestar los sentimientos de afecto y cariño ni en público ni en privado. Luego pasa lo que pasa, que cuando los seres queridos no los tienes, siempre te queda ese nudo que te indigesta los recuerdos. Ese montón de besos y abrazos no dados o reprimidos. Entre analizar si era o no era el momento o qué pensarían los que estaban delante, (…), otra ocasión desperdiciada. Carga que se lleva en la espalda que en sus momentos se tenía que haber descargado.
No recuerdo a nadie que en éste sentido diese un paso al frente, convocase a todos en la plaza, se colocase en las escalerillas y dijese:
¡Pero esto qué es lo que es!. ¡No podéis continuar reprimiendo vuestros sentimientos!. ¡No tenéis que ocultaros para que no os coja infraganti, dando un beso o un abrazo!. No tenéis ninguna base en que apoyaros que los sentimientos para vuestros seres queridos se tienen que tragar; y sobre todo, dicho comportamiento no forman parte del chismorreo.
En mi casa, o en toda la educación a mis hijos se utilizaron y se sigue utilizando expresiones que si pasásemos las vacaciones en mi casa, la que teníamos en Benínar, seguro que unos cuantos de mis paisanos al escucharlas seguro que dirían: Pamplinas.
Lo más moderno, la forma de localizar en el móvil a mis hijos: Nene o nena. Aunque en la actualidad sean unos profesionales y estén trabajando para lo que se prepararon, para sus padres al utilizar la palabra nen@, es manifestar que esa dependencia afectiva mutua no debe retroceder lo más mínimo. La expresión: Mi vida, tanto mi mujer como el que escribe, cada vez que la utiliza, la dice de verdad y además, es un sentimiento que seguro tenían mis padres y todos los beniner@s, pero, muy poco utilizada.
En la salida o en la entrada a casa, pero sobre todo cuando se sale de viaje: El beso y el abrazo. Dichos gestos salían de forma espontánea cuando la gente se marchaba a Barcelona o a cualquier sitio de España. ¿Que dichas expresiones fuesen cotidianas entre padres e hijos en el pueblo?. Raro. Raro. Raro.
Todos los beniner@s, se esforzaban por darle a sus hijos la mejor comida y mejor cocinada, el máximo de bancalillos pero en cambio los sentimientos de ternura no recuerdo si no se daban por lograr que los beninerill@s se hiciesen “fuertes ante la vida” (como se educaba a los gladiadores) o por seguir la tradición de no manifestar los sentimientos de afecto y cariño ni en público ni en privado. Luego pasa lo que pasa, que cuando los seres queridos no los tienes, siempre te queda ese nudo que te indigesta los recuerdos. Ese montón de besos y abrazos no dados o reprimidos. Entre analizar si era o no era el momento o qué pensarían los que estaban delante, (…), otra ocasión desperdiciada. Carga que se lleva en la espalda que en sus momentos se tenía que haber descargado.
No recuerdo a nadie que en éste sentido diese un paso al frente, convocase a todos en la plaza, se colocase en las escalerillas y dijese:
¡Pero esto qué es lo que es!. ¡No podéis continuar reprimiendo vuestros sentimientos!. ¡No tenéis que ocultaros para que no os coja infraganti, dando un beso o un abrazo!. No tenéis ninguna base en que apoyaros que los sentimientos para vuestros seres queridos se tienen que tragar; y sobre todo, dicho comportamiento no forman parte del chismorreo.
domingo, 25 de julio de 2010
!MÁS SIMPLE!.
En una ocasión, uno de mis alumnos me estaba protestando utilizando su boca y todos los miembros de su cuerpo para reclamar lo que él consideraba sus derechos. Se me acerca otro alumno por detrás que era vecino del protestón y me dice:
- No se preocupe, que ése, es más simple que un nido de tórtolas.
Los nidos de dicho pájaro están formados por cuatro ramitas, colocadas en una cruz en la copa de cualquier árbol, que cualquier movimiento termina con uno de los huevos en el suelo.
Pues así eran la mayoría de las cocinas de las casas de los pobres en Benínar. La chimenea situada en el centro, siempre encendida o con un ascua enterrada en cenizas, que cuando se retomaba otra vez el fuego, se le buscaba con las tenazas, (si había desaparecido se le pedía a la vecina), se utilizaba el soplador, se le ponía encima unas cuantas ramitas y una vez emprendido el fuego, se colocaban las estreves (trípode de hierro unido por un círculo de dicho material) y encima el puchero o la sartén, únicos utensilios de cocina.
Algún lebrillo, una orza, con remaches, una cantarera y muy pocos platos, con las características pinturas azules, cerámica granaina. Platos los justos que eran utilizados para los cocidos de lentejas judías o garbanzos. La madre terminaría comiendo de pie y por supuesto sin tener asignado un plato.
El puchero de barro para los cocidos y la sartén para, las migas, las gachas o las fritadas. Por supuesto que no faltaba el estropajo de esparto que antes había sido una soga.
Las cucharas y tenedores muy escasos (no sé de qué material estaban fundidos) ya qué, sus comensales, pasando de los cuarenta años comenzaban a quedarse sin muelas en principio y les seguían los dientes, arrancados ya picados por el herrador del pueblo, puesto qué, fuese, era la única persona que tenía unas tenazas.
Nada más comenzar a dar los primeros pasos a los niños (no he colocado niñ@s, puesto que así era) se agenciaban una navajilla que ya mayores la navaja en vez de ser recta, terminaba en una en un medio arco. La navaja corva que hace poco me la mostraba un paisano en Hirmes. Hasta el cuchillo no era frecuente en aquellas cocinas, puesto que, quien partía el pan (antes de dar el primer corta a la hogaza se le hacía una cruz) y dicha distinción le correspondía al padre o jefe de la casa.
Los conejos y los pollos se solían trocear con un hacha en un trozo en forma de cono, de madera, que estaba a la entrada de la casa que a su vez se utilizaba como asiento.
Los filetes de ternera, los beniner@s se encontrarían con ellos ya muy entrados los años ochenta. Seguro que los que fueron obligados a marcharse de su pueblo en los años ochenta no presagiaban, que un buen día (como Colón cuando descubriera América) se tropezarían con ellos. ¿No tendrá algún paisano una foto de tal encuentro?.
Los vasos apenas se conocían. Los que podían beber vino lo hacían en una bota y los que bebían agua utilizaban una calabaza, cultivada en el huerto que también se utilizaba para llenar el cántaro en las pozas construidas en el río para que filtrase el agua y fuese clara. Bueno, puede que hubiese un tazón para las sopas del abuel@ que al no tener dientes, todo lo tenía que remojar.
El su gran mayoría el pueblo llano de Marruecos (sobre todo la gente de campo) para comer utiliza un trozo de pan y todos casi siempre sentados en el suelo meten las manos en el lebrillo o en la sartén. Los que tienen relaciones con los europeos o piensan tener son los que se plantearon entrar en el mundo de mesa, platos y cubiertos.
Me llega a la mente uno de los piropos que solían decir (nosotros los catetos) en los años setenta cuando se encontraban con una mujer hermosa:
- ¡Niña estás más güena que comer con los dedos!.
El tema escrito me ha surgido al ver y escuchar una pareja de tórtolas que año tras año, suelen hacer el nido en una mimosa que tengo en casa. Supongo que continuarán cada año construyendo su nido, puesto que un vecino de los bloques frente a mi casa, al intentar anidar una pareja de ruiseñores (en el mismo árbol meses atrás) y el macho está cantando durante el celo las veinticuatro horas, al vecino no le dejaba dormir, dicho humano se planteó: Hasta aquí hemos llegado. Os marcháis vosotros o me marcho yo.
¿Quién gano en el desafío?.
- No se preocupe, que ése, es más simple que un nido de tórtolas.
Los nidos de dicho pájaro están formados por cuatro ramitas, colocadas en una cruz en la copa de cualquier árbol, que cualquier movimiento termina con uno de los huevos en el suelo.
Pues así eran la mayoría de las cocinas de las casas de los pobres en Benínar. La chimenea situada en el centro, siempre encendida o con un ascua enterrada en cenizas, que cuando se retomaba otra vez el fuego, se le buscaba con las tenazas, (si había desaparecido se le pedía a la vecina), se utilizaba el soplador, se le ponía encima unas cuantas ramitas y una vez emprendido el fuego, se colocaban las estreves (trípode de hierro unido por un círculo de dicho material) y encima el puchero o la sartén, únicos utensilios de cocina.
Algún lebrillo, una orza, con remaches, una cantarera y muy pocos platos, con las características pinturas azules, cerámica granaina. Platos los justos que eran utilizados para los cocidos de lentejas judías o garbanzos. La madre terminaría comiendo de pie y por supuesto sin tener asignado un plato.
El puchero de barro para los cocidos y la sartén para, las migas, las gachas o las fritadas. Por supuesto que no faltaba el estropajo de esparto que antes había sido una soga.
Las cucharas y tenedores muy escasos (no sé de qué material estaban fundidos) ya qué, sus comensales, pasando de los cuarenta años comenzaban a quedarse sin muelas en principio y les seguían los dientes, arrancados ya picados por el herrador del pueblo, puesto qué, fuese, era la única persona que tenía unas tenazas.
Nada más comenzar a dar los primeros pasos a los niños (no he colocado niñ@s, puesto que así era) se agenciaban una navajilla que ya mayores la navaja en vez de ser recta, terminaba en una en un medio arco. La navaja corva que hace poco me la mostraba un paisano en Hirmes. Hasta el cuchillo no era frecuente en aquellas cocinas, puesto que, quien partía el pan (antes de dar el primer corta a la hogaza se le hacía una cruz) y dicha distinción le correspondía al padre o jefe de la casa.
Los conejos y los pollos se solían trocear con un hacha en un trozo en forma de cono, de madera, que estaba a la entrada de la casa que a su vez se utilizaba como asiento.
Los filetes de ternera, los beniner@s se encontrarían con ellos ya muy entrados los años ochenta. Seguro que los que fueron obligados a marcharse de su pueblo en los años ochenta no presagiaban, que un buen día (como Colón cuando descubriera América) se tropezarían con ellos. ¿No tendrá algún paisano una foto de tal encuentro?.
Los vasos apenas se conocían. Los que podían beber vino lo hacían en una bota y los que bebían agua utilizaban una calabaza, cultivada en el huerto que también se utilizaba para llenar el cántaro en las pozas construidas en el río para que filtrase el agua y fuese clara. Bueno, puede que hubiese un tazón para las sopas del abuel@ que al no tener dientes, todo lo tenía que remojar.
El su gran mayoría el pueblo llano de Marruecos (sobre todo la gente de campo) para comer utiliza un trozo de pan y todos casi siempre sentados en el suelo meten las manos en el lebrillo o en la sartén. Los que tienen relaciones con los europeos o piensan tener son los que se plantearon entrar en el mundo de mesa, platos y cubiertos.
Me llega a la mente uno de los piropos que solían decir (nosotros los catetos) en los años setenta cuando se encontraban con una mujer hermosa:
- ¡Niña estás más güena que comer con los dedos!.
El tema escrito me ha surgido al ver y escuchar una pareja de tórtolas que año tras año, suelen hacer el nido en una mimosa que tengo en casa. Supongo que continuarán cada año construyendo su nido, puesto que un vecino de los bloques frente a mi casa, al intentar anidar una pareja de ruiseñores (en el mismo árbol meses atrás) y el macho está cantando durante el celo las veinticuatro horas, al vecino no le dejaba dormir, dicho humano se planteó: Hasta aquí hemos llegado. Os marcháis vosotros o me marcho yo.
¿Quién gano en el desafío?.
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