Podría empezar escribiendo el nombre de beniner@s que en la actualidad se les puede colocar la etiqueta de “triunfadores” en muchas facetas y áreas de la vida. ¡Pero, (…)!. En Benínar se decía un refrán: “La vida pone a cada cual en su sitio”.
También existen beniner@s que después de estar pagando el “subsidio agrario” cuando se han jubilado: ¿Han triunfado?. No sé con exactitud si cobran sobre los quinientos euros. También es verdad; hay que reconocer que los padres de los que ahora están jubilados, cuando ya no podían trabajar estaban a expensas de lo que les daban de comer sus hijos. Pero me tengo que parar (me ha llegado a la mente la canción de la Bien Paga y me cabreo, por acordarme de los beniner@s cuyos autores son Ramón Perello-JuanMostazo) puesto qué, la herencia de Benínar, otros las administran y la cobran. Se olvidaron de los beniner@s. Por eso me tengo que parar puesto que me estoy acordando “de la madre que pario al tío del tambor”, que el autor de dicha frase (según ABC de Córdoba) es de un tal Irra Brioso.
Como el tema que pretendo escribir es sobre beniner@s, que nacieron mucho antes de poder “ser triunfadores” (lo vuelvo a poner otra vez entre comillas puesto que los triunfadores para el que escribe son aquellos que pueden dormir a pierna suelta, se han realizado en lo que ellos libremente decidieron, tienen unos hijos que los cuidan, tienen una vejez de cinco estrellas servidos en restaurante de cinco tenedores, en la casa de sus hij@s por supuesto), el triunfo, es llegar a la meta como triunfador aunque nunca se les haya mencionado ni aparecido en ningún medio de comunicación. Es decir, “nunca fueron importantes”.
Empiezo por el beninero qué, el que escribe conocía perfectamente.
Paco el de Ramón nació en el 1918, es decir en el año de la gripe en Benínar. Ya zagalón, le llegó el momento de irse a guardar los borregos destetados que tenía su padre en un corral en el Cejoz. Ya tenía que marcharse de la escuela puesto que destacaba de todos los demás. Viendo su maestro que sería un desperdicio que aquel adolescente no continuase estudiando, (pocos años antes que comenzase la guerra civil, es decir antes del 1936) maestro y cura del pueblo van a hablar con el padre y le hacen la siguiente propuesta:
- Ramón. Estamos dispuestos a costear parte de los estudios de tu hijo Paco en Granada, puesto que sería una pena que no continuase estudiando.
No necesitó mucho tiempo para encontrar Ramón el siguiente razonamiento:
- Tengo cinco hijos y lo que quiero para uno lo quiero para todos. Sé que Paco vale para estudiar, pero: ¿Qué hago con los demás?.
Después de guardar unos cuantos borregos, a los dieciocho años ya estaba en el frente, puesto que en aquel tiempo todos los que tenían esa edad, España estaba metida en una guerra civil y todos los jóvenes españoles se convirtieron en soldados. Tres años de guerra en el frente y después hacer tres años más de mili.
Los jóvenes de doce años en adelante en el año 1930 ya habían aprendido todas las ciencias que era capaz de impartir el maestro y por ello, ni el maestro podía encontrarle libros (en Benínar no había libros) para que el alumno progresase ni el maestro tenía más conocimientos.
lunes, 15 de marzo de 2010
miércoles, 10 de marzo de 2010
LOS BUÑUELOS DE GAICOS.
Los beniner@s cuando observamos un lebrillo con colmo de buñuelos, en esta ocasión en el Cerro de las Viñas, los de Gaicos la de Clarica, los buñuelos de toda la vida, los que se freían de forma abundante para llenar el estómago de los invitados a las bodas, de las antes, la que se celebraban hasta que llegaron los años sesenta en Benínar eran atacados saltándonos todos los protocolos puesto que siempre se actuó de dicha forma. Ni@s y mayores cuando entraban al recinto de la celebración, antes que se sentasen todos, no esperábamos que lo hiciesen los novios; cuando estos ocupaban la mesa de la presidencia ya la mayoría de las fuentes estaban por la mitad.
Como olvidarse los dulces repartidos por el pueblo (tal misión era encomendadas a las mocicas o solteras) una vez terminada la boda en el que el deliciosos buñuelo, soplillo, madalena y rosco de vino o fritos se consideraba una señal de satisfacción “por regalar” por parte de los novios y un “ser tenido en cuenta” por parte del obsequiado.
Como hemos progresado ¿”en educación”?. Los beniner@s cuando en la actualidad somos invitados a una boda, nos han enseñado una serie de protocolos que en las bodas de Benínar no existían.
Además de las amonestaciones (intención y fecha de casamiento escrito en la puerta de la iglesia) la mayoría de las bodas, el día que se celebraban se proclamaba por unanimidad fiesta local.
Sin dejar de recordar determinadas bodas celebradas en nuestro pueblo, continuo con el tema de los buñuelos.
- Prima, (le pregunta el que escribe) me tienes que dar la receta (mira que fisno el preguntaor) de cómo preparas la masa de los buñuelos.
Su hermana que estaba presente en la cocina cuando una masa totalmente deformada entraba en la sartén y salían deliciosos buñuelos, es la que me contesta:
- Ya lo hemos intentado a hacerlos casi toda la familia, pero a nadie le salen como a ella. Nadie le da el puntito como ella.
Sea como sea, si la masa se puede o no obtener en una thermomix, aunque se grabase en película paso a paso, el punto que le da Gaicos a los buñuelos es genuino, único. Para eso en Benínar existían las parteras, las dulceras, las matanceras, las consejeras, la que colocaba en su sitio los huesos rotos, las que eran capaces de quitar el mal de ojo o las culebrinas que salían en cualquier parte del cuerpo. No era ni es necesario, al menos para los beniner@s, sobre todo los de antes, cuando contemplaban los resultados, cuando una paisana se arremangaba y ponía sus manos en el lugar indicado, tod@s se quedaban con la boca abierta. Llegado el momento se mandaba aviso a través del primer crío (siempre presentes puesto que solo ellos eran capaces de ir volando) y dicha persona única en el pueblo acudía para arreglar el desaguisado. Distinciones divinas o gracia concedida a determinadas personas que hoy solo perviven l@s que curan el mal de ojo o las culebrinas. Manos especiales y oración trasmitida de algún mayor y “mano de santo”, como las de Gaicos para hacer la masa de los buñuelos.
No consientas prima Gaicos que a una máquina le salgan los buñuelos como los tuyos.
Como olvidarse los dulces repartidos por el pueblo (tal misión era encomendadas a las mocicas o solteras) una vez terminada la boda en el que el deliciosos buñuelo, soplillo, madalena y rosco de vino o fritos se consideraba una señal de satisfacción “por regalar” por parte de los novios y un “ser tenido en cuenta” por parte del obsequiado.
Como hemos progresado ¿”en educación”?. Los beniner@s cuando en la actualidad somos invitados a una boda, nos han enseñado una serie de protocolos que en las bodas de Benínar no existían.
Además de las amonestaciones (intención y fecha de casamiento escrito en la puerta de la iglesia) la mayoría de las bodas, el día que se celebraban se proclamaba por unanimidad fiesta local.
Sin dejar de recordar determinadas bodas celebradas en nuestro pueblo, continuo con el tema de los buñuelos.
- Prima, (le pregunta el que escribe) me tienes que dar la receta (mira que fisno el preguntaor) de cómo preparas la masa de los buñuelos.
Su hermana que estaba presente en la cocina cuando una masa totalmente deformada entraba en la sartén y salían deliciosos buñuelos, es la que me contesta:
- Ya lo hemos intentado a hacerlos casi toda la familia, pero a nadie le salen como a ella. Nadie le da el puntito como ella.
Sea como sea, si la masa se puede o no obtener en una thermomix, aunque se grabase en película paso a paso, el punto que le da Gaicos a los buñuelos es genuino, único. Para eso en Benínar existían las parteras, las dulceras, las matanceras, las consejeras, la que colocaba en su sitio los huesos rotos, las que eran capaces de quitar el mal de ojo o las culebrinas que salían en cualquier parte del cuerpo. No era ni es necesario, al menos para los beniner@s, sobre todo los de antes, cuando contemplaban los resultados, cuando una paisana se arremangaba y ponía sus manos en el lugar indicado, tod@s se quedaban con la boca abierta. Llegado el momento se mandaba aviso a través del primer crío (siempre presentes puesto que solo ellos eran capaces de ir volando) y dicha persona única en el pueblo acudía para arreglar el desaguisado. Distinciones divinas o gracia concedida a determinadas personas que hoy solo perviven l@s que curan el mal de ojo o las culebrinas. Manos especiales y oración trasmitida de algún mayor y “mano de santo”, como las de Gaicos para hacer la masa de los buñuelos.
No consientas prima Gaicos que a una máquina le salgan los buñuelos como los tuyos.
viernes, 5 de marzo de 2010
¿PLANTEARSE LO INCUESTIONABLE?.
Fueron testimoniales los cardos, las cerrajas, los mastranzos que Paco Ramón y María Dolores llevaron al último encuentro que los beniner@s pasamos en el Cerro de las Viñas el pasado día veintiocho de febrero. Los cardos que en este tiempo de matanzas formaban parte fundamental de los pucheros (los garbanzos con carne y huesos del cerdo todos los días se consideraba parte principal de la alimentación). Las cerrajas que desempeñaban el papel que en la actualidad forma parte del menú diario que hoy llamamos ensaladas. Los mastranzos que de forma resumida con el jabón casero es lo que hoy tenemos en todas las despensas como productos de limpieza.
El encuentro se centraba para que niñ@s y jóvenes aprendiesen parte del legado que formó parte de la niñez y juventud de sus mayores: Juegos, canciones, repostería y poco más. No es una crítica a la organización ya que allí todos éramos beniner@s, bien enseñantes, o bien enseñados.
Quiero centrarme en esta ocasión en el tema de todas aquellas plantas que acudíamos a ellas o ellas formaban parte de la alimentación de animales racionales e irracionales, de los aromas, de la desinfección o de combustible para calentarse en el invierno a la vez que se estaba preparándose la fritailla, el puchero o las migas. Como olvidar el esparto que estaba presente de casi todas las labores agrícolas o de las bolinas para fabricar una escoba.
Pocos días han pasado en el que los cristianos (es decir todos los beniner@s al menos de antaño) hemos celebrado el Miércoles de Ceniza, ceniza obtenida de los ramos de olivo guardados del año anterior, los que fueron portados en la procesión del Domingo de Ramos. Los ramos de olivo y los Roscos de san Marcos bendecidos se colocaban en todas las casas en lugar preferente para espantar a los “malos espíritus” durante ese año.
Hoy si se perdiesen la botella de butano, los agricultores dijesen, que cada cual sembrase, cuidase y cosechase sus cosechas, que cada cual preparase todos los productos de higiene y limpieza, desapareciesen las granjas donde se fuerza al crecimiento de los animales, etc., haber que beninerill@ aprende a marchas forzadas la supervivencia cuando sus padres dicha enseñanza la han resumido en recargar día a día el frigorífico.
El encuentro se centraba para que niñ@s y jóvenes aprendiesen parte del legado que formó parte de la niñez y juventud de sus mayores: Juegos, canciones, repostería y poco más. No es una crítica a la organización ya que allí todos éramos beniner@s, bien enseñantes, o bien enseñados.
Quiero centrarme en esta ocasión en el tema de todas aquellas plantas que acudíamos a ellas o ellas formaban parte de la alimentación de animales racionales e irracionales, de los aromas, de la desinfección o de combustible para calentarse en el invierno a la vez que se estaba preparándose la fritailla, el puchero o las migas. Como olvidar el esparto que estaba presente de casi todas las labores agrícolas o de las bolinas para fabricar una escoba.
Pocos días han pasado en el que los cristianos (es decir todos los beniner@s al menos de antaño) hemos celebrado el Miércoles de Ceniza, ceniza obtenida de los ramos de olivo guardados del año anterior, los que fueron portados en la procesión del Domingo de Ramos. Los ramos de olivo y los Roscos de san Marcos bendecidos se colocaban en todas las casas en lugar preferente para espantar a los “malos espíritus” durante ese año.
Hoy si se perdiesen la botella de butano, los agricultores dijesen, que cada cual sembrase, cuidase y cosechase sus cosechas, que cada cual preparase todos los productos de higiene y limpieza, desapareciesen las granjas donde se fuerza al crecimiento de los animales, etc., haber que beninerill@ aprende a marchas forzadas la supervivencia cuando sus padres dicha enseñanza la han resumido en recargar día a día el frigorífico.
martes, 2 de marzo de 2010
COMPLACENCIA.
El poder de convocatoria que tienen l@s abuel@s se ha demostrado una vez más en la cita que teníamos los beniner@s en el Cerro de las Viñas.
Padres de niñ@s que en la actualidad tienen sobre los treinta y cuarenta años, que en cierta medida solo existe para ellos los recuerdos que sus abuel@s y padres les han trasmitido sobre Benínar destinaron el día entero a estar donde decían sus mayores. Había que acudir al llamamiento.
Para l@s niñ@s el estar en dicho lugar no existieron problemas puesto qué, pertenecen a una generación, la cual, se les ha educado a vivir sin el más mínimo complejo y para ell@s ya no existe el concepto “catet@” que tanto desencajaba a sus abuelos cada vez que salían de Benínar. Complejo que por ejemplo al padre del que escribe le duró hasta que murió. Nunca encontró temas de conversación con los que les había tocado de tertulian@s. “Los beninerill@s” actuales rápidamente se incorporaron a los juegos y más si tienen a su alcance una pila de arena y espacio para correr.
El tema primordial era encontrar argumentos o temas de conversación para esos padres que vivieron su niñez y juventud en sitios tan distintos y tan dispares como son los que viven en el Puente del Rio, Almería, o en Manresa Cataluña. Generación que aún “están amarrados”, la cuerda no se ha roto la que les une a Benínar ya que l@s abuel@s se han encargado que dicha unión no se rompa. Visto desde otro punto de vista, la generación que destinan un día para que sus padres (ya abuel@s) hablen sin prisas y sin pausa con sus paisan@s pero sobre todo encontrarse con el valle que les vio nacer, visto desde el Cerro de las Viñas.
A esta generación que se encuentran en la actualidad entre los treinta y cuarenta años, de la misma forma que cargan sobre sus hombros las andas del patrón cuando éste sale en procesión, que destinan un día a que sus padres estén con sus paisanos, que están pendientes casi diariamente de lo que aparece de su pueblo en internet; esta generación: ¡La leche que han mamao!. Mira por donde, es el orgullo de sus mayores y mantendrán el riego para que la sabia mantengan viva sus rices, del que fuese un pueblo alpujarreño que se llamaba Benínar.
Padres de niñ@s que en la actualidad tienen sobre los treinta y cuarenta años, que en cierta medida solo existe para ellos los recuerdos que sus abuel@s y padres les han trasmitido sobre Benínar destinaron el día entero a estar donde decían sus mayores. Había que acudir al llamamiento.
Para l@s niñ@s el estar en dicho lugar no existieron problemas puesto qué, pertenecen a una generación, la cual, se les ha educado a vivir sin el más mínimo complejo y para ell@s ya no existe el concepto “catet@” que tanto desencajaba a sus abuelos cada vez que salían de Benínar. Complejo que por ejemplo al padre del que escribe le duró hasta que murió. Nunca encontró temas de conversación con los que les había tocado de tertulian@s. “Los beninerill@s” actuales rápidamente se incorporaron a los juegos y más si tienen a su alcance una pila de arena y espacio para correr.
El tema primordial era encontrar argumentos o temas de conversación para esos padres que vivieron su niñez y juventud en sitios tan distintos y tan dispares como son los que viven en el Puente del Rio, Almería, o en Manresa Cataluña. Generación que aún “están amarrados”, la cuerda no se ha roto la que les une a Benínar ya que l@s abuel@s se han encargado que dicha unión no se rompa. Visto desde otro punto de vista, la generación que destinan un día para que sus padres (ya abuel@s) hablen sin prisas y sin pausa con sus paisan@s pero sobre todo encontrarse con el valle que les vio nacer, visto desde el Cerro de las Viñas.
A esta generación que se encuentran en la actualidad entre los treinta y cuarenta años, de la misma forma que cargan sobre sus hombros las andas del patrón cuando éste sale en procesión, que destinan un día a que sus padres estén con sus paisanos, que están pendientes casi diariamente de lo que aparece de su pueblo en internet; esta generación: ¡La leche que han mamao!. Mira por donde, es el orgullo de sus mayores y mantendrán el riego para que la sabia mantengan viva sus rices, del que fuese un pueblo alpujarreño que se llamaba Benínar.
lunes, 22 de febrero de 2010
DESARRAIGO
Cuando el cuerpo está agotado, cuando apenas es capaz de incorporarse de la cama, cuando una persona ha llegado a un estado en que es incapaz de controlar su cuerpo y por ello depende de otras para el aseo personal y alimentarla, en estos tiempos que nos ha tocado vivir, se tienen dos alternativas:
- Encontrar argumentos para depositar dicho cuerpo en una residencia donde la mantengan con vida “hasta que Dios disponga de ell@s”.
- Dejar que dicha persona permanezca en casa y cuidarla como se solía hacer en Benínar.
Argumentos se pueden encontrar para ir tirando del hilo y rellenar unas cuantas páginas sobre la calidad de vida que les ha tocado vivir a nuestros ancian@s.
Que cada cual asuma sus decisiones como las crea convenientes, que se adapten a sus circunstancias y por ello, me centro en lo que he visto a principio de este mes de febrero cuando he visitado a unos paisanos en Almería.
Mientras tomábamos un cafelito se escuchaba el ronroneo de una anciana en la habitación al lado. Decía la hija:
- Ya ha perdido la noción del tiempo no sabe si es de día o es de noche. O está durmiendo o está cantando o hablando.
- ¿Qué canciones canta?.
- Canciones antiguas (contestaba la hija) que yo no recuerdo haberlas escuchado. Pero sobre todo establece conversaciones con personas que a unas recuerdo y a otras no.
Después en el camino de regreso rumiando sobre lo que decía la anciana, he pensado que con ella se pierde definitivamente la mitad de la memoria colectiva de Benínar. Recalco lo de la mitad, puesto que la otra, tiene que estar en lo que dicen en sus últimos días, postrados en sus camas todos aquell@s beniner@s que se marcharon en su juventud a Cataluña. Por muchos años vividos en dicha tierra seguro que les saldrían nombres de personas y vivencias relacionadas con Benínar.
Recuerdo que en los años cincuenta y sesenta se iba pasando de casa en casa una imagen (puede que de la Virgen de Fátima o de las Ánimas Benditas) metida dentro de una caja de madera; llegaba a cada vivienda donde estaba postrado en la cama un ancian@, unos cuantos días y en cada casa se le encendía mariposas flotando en aceite.
No estaría mal que en los tiempos que nos ha tocado vivir, en las casas donde se encuentren ancianos postrados en la cama que cantan y narran el pasado se pasase una cámara (de esas de los supermercados, por ejemplo) que fuese grabando lo que dicen en sus últimos días nuestros ancian@s.
¿Cuál es la razón que la naturaleza humana reaccione de dicha forma en sus últimos días?. Cantan y hablan de cuando ellos estaban en la flor de sus vidas.
En Benínar se decía una frase: "Igualico, igualico que su difunto aguelico".
Ya que no tenemos tiempo de escuchar y de escribir lo que los ancianos quieren dejarnos como testimonio de una forma de vida, si existiese dicha grabación puede que llegue el beninerill@ que prepare una tesis doctoral sobre cómo estaba montada la sociedad beninera a comienzos del siglo pasado.
- Encontrar argumentos para depositar dicho cuerpo en una residencia donde la mantengan con vida “hasta que Dios disponga de ell@s”.
- Dejar que dicha persona permanezca en casa y cuidarla como se solía hacer en Benínar.
Argumentos se pueden encontrar para ir tirando del hilo y rellenar unas cuantas páginas sobre la calidad de vida que les ha tocado vivir a nuestros ancian@s.
Que cada cual asuma sus decisiones como las crea convenientes, que se adapten a sus circunstancias y por ello, me centro en lo que he visto a principio de este mes de febrero cuando he visitado a unos paisanos en Almería.
Mientras tomábamos un cafelito se escuchaba el ronroneo de una anciana en la habitación al lado. Decía la hija:
- Ya ha perdido la noción del tiempo no sabe si es de día o es de noche. O está durmiendo o está cantando o hablando.
- ¿Qué canciones canta?.
- Canciones antiguas (contestaba la hija) que yo no recuerdo haberlas escuchado. Pero sobre todo establece conversaciones con personas que a unas recuerdo y a otras no.
Después en el camino de regreso rumiando sobre lo que decía la anciana, he pensado que con ella se pierde definitivamente la mitad de la memoria colectiva de Benínar. Recalco lo de la mitad, puesto que la otra, tiene que estar en lo que dicen en sus últimos días, postrados en sus camas todos aquell@s beniner@s que se marcharon en su juventud a Cataluña. Por muchos años vividos en dicha tierra seguro que les saldrían nombres de personas y vivencias relacionadas con Benínar.
Recuerdo que en los años cincuenta y sesenta se iba pasando de casa en casa una imagen (puede que de la Virgen de Fátima o de las Ánimas Benditas) metida dentro de una caja de madera; llegaba a cada vivienda donde estaba postrado en la cama un ancian@, unos cuantos días y en cada casa se le encendía mariposas flotando en aceite.
No estaría mal que en los tiempos que nos ha tocado vivir, en las casas donde se encuentren ancianos postrados en la cama que cantan y narran el pasado se pasase una cámara (de esas de los supermercados, por ejemplo) que fuese grabando lo que dicen en sus últimos días nuestros ancian@s.
¿Cuál es la razón que la naturaleza humana reaccione de dicha forma en sus últimos días?. Cantan y hablan de cuando ellos estaban en la flor de sus vidas.
En Benínar se decía una frase: "Igualico, igualico que su difunto aguelico".
Ya que no tenemos tiempo de escuchar y de escribir lo que los ancianos quieren dejarnos como testimonio de una forma de vida, si existiese dicha grabación puede que llegue el beninerill@ que prepare una tesis doctoral sobre cómo estaba montada la sociedad beninera a comienzos del siglo pasado.
viernes, 19 de febrero de 2010
BENINAR CADA VEZ MÁS INVISIBLE
Creo que comenzó a fraguarse su invisibilidad en el momento que un ignorante secretario (para acordarse de su casta entera), de cuyo nombre no me quiero acordar, cuando comenzó a arrancar páginas y páginas de los libros de actas que había en el ayuntamiento y a lanzarlas para que jugasen con dichos “papelillos” los beninerillos que estaban jugando en la plaza.
Perdón, la intención de hacer invisible el pueblo empezó en la Guerra Civil del 36, puesto que, cuando terminó en el 1939, todo el archivo del ayuntamiento desde el 1900, hasta aquellas fechas también desapareció.
Cuando se le entrega al Ayuntamiento de Berja en la década de los ochenta del siglo pasado todo el archivo que queda de Benínar, puede que en el camino se quedase también parte del pasado escrito, puesto que si acudimos a consultar lo que aún tenemos los beniner@s, se limita a unos cuantos libros que muchos de ellos al estar “custodiados por la humedad”, ya empiezan a dar muestra que todo lo poco beninero comienza a ser invisible.
A la salida de Berja siempre (en mi época de estudiante) me encontraba con una señal de tráfico que indicaba por donde se podía llegar a Benínar. Estaba en la pastelería que está en la esquina, saliendo de la plaza y comenzar la C/ Pago. También desaparecieron otras de los distintos cruces según salíamos del pueblo al que dicen los papeles oficiales que pertenecemos en la actualidad los beniner@s. Ahora, cuando le indicamos a un amigo que nombre se tiene que encontrar en la carretera para llegar a Benínar, le tenemos que decir que se siga la dirección de Turrón.
El colmo, la ocurrencia, o, (…), es, que para la actual administración ya somos invisibles (como lo hiciese el secretario que lanzaba papelillos a los críos desde las ventanas del ayuntamiento) en la última exposición en Dalias (que terminó el pasado día quince de este mes de febrero) sobre el futuro del agua en el Poniente de Almería, el Pantano de Benínar no cuenta para nada en el futuro de la provincia, al menos, eso, “la ausencia del pantano” (a pesar de sacrificar nuestro pueblo “por el bien de Almería”) para unos cuantos, los que nacimos en Benínar, es como si nos tocasen las dos bolas que tenemos en la garganta. Es lo que no aparece en todos los medios escritos de Almería cuando se hace referencia al futuro del agua en la provincia (posiblemente) más seca de la península.
Para la Agencia Andaluza del Agua (es un suponcio del que escribe), en la nota de prensa que manda a los medios de comunicación (y estos transcriben literalmente lo recibido) lo del Pantano de Benínar no ha durado ni treinta años. ¡Se ha escacharrao!. No es que se pierda el agua que le llega, es que el desagüe siempre está abierto y el agua se manda: ¡Al carajo!.
No sé si lo lograrán pero empeño pusieron y siguen poniendo para Benínar sea invisible.
Perdón, la intención de hacer invisible el pueblo empezó en la Guerra Civil del 36, puesto que, cuando terminó en el 1939, todo el archivo del ayuntamiento desde el 1900, hasta aquellas fechas también desapareció.
Cuando se le entrega al Ayuntamiento de Berja en la década de los ochenta del siglo pasado todo el archivo que queda de Benínar, puede que en el camino se quedase también parte del pasado escrito, puesto que si acudimos a consultar lo que aún tenemos los beniner@s, se limita a unos cuantos libros que muchos de ellos al estar “custodiados por la humedad”, ya empiezan a dar muestra que todo lo poco beninero comienza a ser invisible.
A la salida de Berja siempre (en mi época de estudiante) me encontraba con una señal de tráfico que indicaba por donde se podía llegar a Benínar. Estaba en la pastelería que está en la esquina, saliendo de la plaza y comenzar la C/ Pago. También desaparecieron otras de los distintos cruces según salíamos del pueblo al que dicen los papeles oficiales que pertenecemos en la actualidad los beniner@s. Ahora, cuando le indicamos a un amigo que nombre se tiene que encontrar en la carretera para llegar a Benínar, le tenemos que decir que se siga la dirección de Turrón.
El colmo, la ocurrencia, o, (…), es, que para la actual administración ya somos invisibles (como lo hiciese el secretario que lanzaba papelillos a los críos desde las ventanas del ayuntamiento) en la última exposición en Dalias (que terminó el pasado día quince de este mes de febrero) sobre el futuro del agua en el Poniente de Almería, el Pantano de Benínar no cuenta para nada en el futuro de la provincia, al menos, eso, “la ausencia del pantano” (a pesar de sacrificar nuestro pueblo “por el bien de Almería”) para unos cuantos, los que nacimos en Benínar, es como si nos tocasen las dos bolas que tenemos en la garganta. Es lo que no aparece en todos los medios escritos de Almería cuando se hace referencia al futuro del agua en la provincia (posiblemente) más seca de la península.
Para la Agencia Andaluza del Agua (es un suponcio del que escribe), en la nota de prensa que manda a los medios de comunicación (y estos transcriben literalmente lo recibido) lo del Pantano de Benínar no ha durado ni treinta años. ¡Se ha escacharrao!. No es que se pierda el agua que le llega, es que el desagüe siempre está abierto y el agua se manda: ¡Al carajo!.
No sé si lo lograrán pero empeño pusieron y siguen poniendo para Benínar sea invisible.
jueves, 4 de febrero de 2010
PARA LOS MILEURISTAS (I).
Cantaba Lola Flores magistralmente la canción de Rafael de León, cuando se escuchaba en Benínar por primera vez en la primer radio, la que montó Juanito el del Puente recién llegado de Barcelona en los años sesenta, (donde aprendió el oficio de montador de radios), la copla que dice:
“Hay pena penita pena, pena,/ pena de mi corazón/ que me corre por las venas / con la fuerza de un ciclón. Es lo mismo que un nublado de tinieblas y pedernal, / es un potro desbocado / que no sabe donde vá. (…)”.
“Me duelen los ojos de mirar sin verte, /reniego de mi, / que tienen la culpa de tu mala suerte / mis rosas de abril, /(…)”.
Nadie como los habitantes de aquel pueblo sabían, de las consecuencias de un nublado “de tinieblas y pedernal” y del “potro desbocado que no sabe donde vá”, (que al potro, en la zona, se le se solía nombrar al animal de compañía como “la bestias”, el que trabajaba a la par que el dueño para sacar a la familia adelante, de sol a sol todos los días del año para que en su casa se pudiesen cocinar unas migas) puesto qué, el animal estaba hasta las narices de trabajar de madrugada hasta bien entrada la noche que durmiese de pie y que le pusieran un bozal en la era y que además, no le dejarle probar un ramito de hierba tierna de la que nacía por el camino, porque el arriero tenía prisa para todo.
Parecía como si Rafael de León hubiese ido a Benínar para inspirarse en dicha letra y que Lola Flores viviese en Hirmes. Que copla más bien escrita y cantada para expresar el sentimiento que tenían los beniner@s. Ninguna letra escrita en aquella década podía expresar lo que sentían todas las personas mayores de aquel pueblo y que pasados los años fuese tan actual.
En los años sesenta comenzaba los sondeos que se hicieron en el pueblo para justificar (que se pasaron la justificación de los resultados de los sondeos los ingenieros del pantano por el forro de los cojones) la construcción de la presa (remito al lector que visite el Pantano de Benínar para comprobar que a comienzos del año 2010, que en estos momentos es el que está más vacío de toda España) y además, en ésta década coincide que todos los jóvenes estaban centrados en sus estudios (para desarrollarse profesionalmente fuera del pueblo) o en su futuro trabajo, posiblemente en el Poniente Almeriense.
En esta década ya se produce la catarsis del pueblo puesto qué, todas aquellas familias que tenían hi@s jóvenes sacaron la conclusión que tenían que emigrar para que su prole planificase su futuro fuera del pueblo, puesto qué, los recursos no llegaban para costear los estudios de todos sus hijos en la capital. Llegan a la mente el nombre de unas cuantas familias que sus hijos fueron compañeros de juego del que escribe.
Me centro en los años sesenta, para retroceder en futuros escritos hasta la década de los años treinta donde se escribió la letra de carnaval que decía: En Benínar no hay mozos, / porque se han ido todos a Figols, / (…).
Para los beniner@s mileuristas (que se quejan y con razón que el sueldo que tienen apenas les da para vivir) aparecerán en próximos escritos lo que ganaba un padre de familia trabajando como mulero arando en los Meloncillos, barcinando, trillando o transportando todo lo que se producía en los secanos y en la vega de aquel pueblo alpujarreño para ir a venderlo a los pueblo de alrededor.
Le ha llegado al que escribe a la memoria el relato, al invitarle anoche a ver imágenes de Chiracoro, un pueblucho de Bolivia que es igualico al pueblo alpujarreño en los años sesenta. Todos sus jóvenes se están preparando para dejar las labores agrícolas a los mayores y ellos marcharse a la capital.
Anoche se pedía la colaboración para montar en Chiracoro talleres de mecánica y soldadura. Como si en Benínar en los años sesenta se hubiesen montado dichos talleres con donaciones de los demás países que hoy forman la UE.
“Hay pena penita pena, pena,/ pena de mi corazón/ que me corre por las venas / con la fuerza de un ciclón. Es lo mismo que un nublado de tinieblas y pedernal, / es un potro desbocado / que no sabe donde vá. (…)”.
“Me duelen los ojos de mirar sin verte, /reniego de mi, / que tienen la culpa de tu mala suerte / mis rosas de abril, /(…)”.
Nadie como los habitantes de aquel pueblo sabían, de las consecuencias de un nublado “de tinieblas y pedernal” y del “potro desbocado que no sabe donde vá”, (que al potro, en la zona, se le se solía nombrar al animal de compañía como “la bestias”, el que trabajaba a la par que el dueño para sacar a la familia adelante, de sol a sol todos los días del año para que en su casa se pudiesen cocinar unas migas) puesto qué, el animal estaba hasta las narices de trabajar de madrugada hasta bien entrada la noche que durmiese de pie y que le pusieran un bozal en la era y que además, no le dejarle probar un ramito de hierba tierna de la que nacía por el camino, porque el arriero tenía prisa para todo.
Parecía como si Rafael de León hubiese ido a Benínar para inspirarse en dicha letra y que Lola Flores viviese en Hirmes. Que copla más bien escrita y cantada para expresar el sentimiento que tenían los beniner@s. Ninguna letra escrita en aquella década podía expresar lo que sentían todas las personas mayores de aquel pueblo y que pasados los años fuese tan actual.
En los años sesenta comenzaba los sondeos que se hicieron en el pueblo para justificar (que se pasaron la justificación de los resultados de los sondeos los ingenieros del pantano por el forro de los cojones) la construcción de la presa (remito al lector que visite el Pantano de Benínar para comprobar que a comienzos del año 2010, que en estos momentos es el que está más vacío de toda España) y además, en ésta década coincide que todos los jóvenes estaban centrados en sus estudios (para desarrollarse profesionalmente fuera del pueblo) o en su futuro trabajo, posiblemente en el Poniente Almeriense.
En esta década ya se produce la catarsis del pueblo puesto qué, todas aquellas familias que tenían hi@s jóvenes sacaron la conclusión que tenían que emigrar para que su prole planificase su futuro fuera del pueblo, puesto qué, los recursos no llegaban para costear los estudios de todos sus hijos en la capital. Llegan a la mente el nombre de unas cuantas familias que sus hijos fueron compañeros de juego del que escribe.
Me centro en los años sesenta, para retroceder en futuros escritos hasta la década de los años treinta donde se escribió la letra de carnaval que decía: En Benínar no hay mozos, / porque se han ido todos a Figols, / (…).
Para los beniner@s mileuristas (que se quejan y con razón que el sueldo que tienen apenas les da para vivir) aparecerán en próximos escritos lo que ganaba un padre de familia trabajando como mulero arando en los Meloncillos, barcinando, trillando o transportando todo lo que se producía en los secanos y en la vega de aquel pueblo alpujarreño para ir a venderlo a los pueblo de alrededor.
Le ha llegado al que escribe a la memoria el relato, al invitarle anoche a ver imágenes de Chiracoro, un pueblucho de Bolivia que es igualico al pueblo alpujarreño en los años sesenta. Todos sus jóvenes se están preparando para dejar las labores agrícolas a los mayores y ellos marcharse a la capital.
Anoche se pedía la colaboración para montar en Chiracoro talleres de mecánica y soldadura. Como si en Benínar en los años sesenta se hubiesen montado dichos talleres con donaciones de los demás países que hoy forman la UE.
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